29 de noviembre de 2013

Cine y construcción de la memoria.

29.11.2013
el paradigma que instala la ley de medios
Cine y construcción de la memoria 
La búsqueda de un cine y una televisión de alta calidad para el pueblo como instrumentos para construir la identidad colectiva. 
Por: Paula de Luque
Cuánto dura una película? ¿Es el tiempo que transcurre entre el comienzo y el final? ¿O es el tiempo que da vueltas en la cabeza de los espectadores? ¿La marca que deja en nosotros?
Fijar la mirada es eso, el efecto posterior. Y ese efecto posterior es precisamente la memoria, que es el pilar más fuerte de la construcción de la identidad.

La política cultural tiene su razón de ser en la protección de aquellas obras que no se evalúan de acuerdo a las reglas del mercado. Por eso, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual significa, en términos simbólicos, y también en términos concretos, la consolidación de un proyecto de país en el cual el Estado protege y resguarda la identidad, la memoria, los múltiples puntos de vista, la diversidad de opiniones en pos de garantizar la igualdad de oportunidades para aquello tan humano como es la subjetividad de cada mirada.
Porque la identidad bien entendida, la verdadera libertad de expresión, es la garantía de la democracia. La única opción es la honestidad. Y esa honestidad radica en producir contenidos que nos representen y que reflejen aquello que somos.

Diseñar una política es diseñar una política para todos. La frase "La Patria es el Otro" no es una frase vacía, no es un eslogan comercial; es precisamente eso, la síntesis de un concepto de proyecto colectivo donde todos, con nuestra diversidad de opiniones y miradas, tengamos lugar.

¿Es mejor por definición cualquier contenido mediático que venda? ¿A costa de qué? ¿A costa de quiénes?
Esa es la vieja antinomia. Esa zoncera propiciada desde cierto periodismo "entendido" que instaló la idea de un cine elitista y "culto", con la convicción (encubierta o descarada) de que las masas populares son, por definición, incultas. Una zoncera con aires de viveza para seguir alentando un discurso único sin que nadie diga que el rey está desnudo. Aunque se trate de películas o programas olvidables, que duren en las cabezas de los espectadores lo que dura el rodante final. O peor aún, aunque se trate de mensajes de los grandes monopolios mediáticos repetidos hasta el cansancio hasta conformar una idea tergiversada y mentirosa de la realidad que queda en la cabeza de miles de personas como la verdad objetiva, cuando no es más (en el mejor de los casos) que un mero punto de vista que responde a intereses concretos.

Dice Lacan que la realidad tiene estructura de ficción, y paradójicamente, las reglas de la ficción indican que, cuanto más ficcional es una escena, más verosímil genera. Ignorar que las noticias autodenominadas independientes son construcciones ficcionales que responden a intereses económicos concretos, es seguir creyendo que el rey está vestido.

Por eso, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual constituye un cambio de paradigma cultural que visibiliza, por fin y gracias a la fuerte voluntad política del gobierno, un instrumento fundamental en la construcción de la identidad colectiva. Hoy nos encaminamos a un cine y a una televisión de alta calidad para el pueblo, que no invalida ni compite en absoluto con joyas de valor cinematográfico o artístico o testimonial u histórico, y que están protegidos más allá de las leyes del mercado por constituirse como parte de esa identidad colectiva.

Recordemos. Hubo un tiempo en que fue horrible. Hubo un tiempo en que un señor como López Murphy quiso cerrar el INCAA porque lo consideraba un gasto.



EL DETALLE
En su página 2 de  ayer, el diario La Nación reproduce una columna publicada en el madrileño El País, con la opinión del analista político y profesor Antonio Elorza, en la que su autor desarrolla un análisis crítico de Silvio Berlusconi y el uso que el “Cavaliere” hace de sus medios, –en particular del periódico Il Giornale– para denostar la figura del presidente italiano Giorgio Napolitano. Destaca Elorza que en ese periódico “los insultos dejan atrás a los de la antigua prensa fascista”, y cita un textual de Il Giornale contra Napolitano: “Es la cabeza de una conspiración que trata de subvertir la voluntad popular. Es un viejo amargado y de mala fe, indigno de ocupar los más altos cargos del Estado”. El título original de la columna en España fue “El subversivo”, en tanto, en la adaptación del diario de los Mitre-Saguier  fue “el reto subversivo del Cavaliere”. Un detalle menor. Lo que no es un mero detalle es la elección por parte de La Nación de una opinión en la que el autor se indigna y cuestiona ante la virulencia mediática de la prensa berlusconiana. Que escribiría Elorza, destacado académico y fundador de Izquierda Unida española, frente a las editoriales apologéticas de los golpes de Estado o los ataques contra gobiernos democráticos y populares con los que cada tanto se envalentona La Nación.
Fuente:TiempoArgentino

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