15 de diciembre de 2013

ABUELAS DE PLAZA DE MAYO-ROSA ROISINBLIT: “Podría haberme quedado llorando, pero salí por mi hija”.

“Podría haberme quedado llorando, pero salí por mi hija”
15 dic, 2013
Por Luciana Sosa
Rosa Roisinblit, de 94 años y vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, estuvo en Rosario por los 30 años de democracia. En la dictadura perdió a su hija y 21 años después logró recuperar a su nieto: su historia es un símbolo de lucha.
La vitalidad y la fuerza de Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, cautivó el miércoles desde el auditorio de la Facultad de Ciencias Médicas durante una charla que brindó en el marco de los festejos por los 30 años de la democracia. La mujer, de 94 años, que durante la última dictadura militar perdiera a su hija embarazada y lograra recuperar a su nieto 21 años después, asegura que el secreto de su jovialidad tiene que ver con “el mirar siempre adelante, ser optimista y transformar el dolor en energía positiva”.

Rosa prefiere hablar de “gobiernos constitucionales” en vez de democracia, y relata cómo es la relación –“con altibajos”– con su nieto recuperado. Pero se planta y sostiene: “Podría haberme quedado llorando en casa, como muchas otras madres, pero decidí, como cualquier mujer, salir a buscar a mi hija”.

—¿Cómo se viven estas tres décadas de democracia? Sobre todo desde su historia personal.
—Yo no hablo todavía de democracia. La democracia no es algo que uno lo consigue así de fácil y tenemos que construir entre todos los habitantes del país, día a día. Yo hablo de gobiernos constitucionales y eso es mucho decir.

—Sorprende escucharla decir eso…
—Es mi opinión. Porque todos los países que tuvieron dictaduras casi simultáneamente con la Argentina en la década del 70, no pueden decir que tienen un gobierno constitucionalista, y nosotros, a los tumbos, lo tenemos. Sé que la democracia va a venir, está viniendo poco a poco, pero aún no la tenemos por completo.

Fuerza desde el dolor
Su vida dio un vuelco importante tras la desaparición de su hija. Partera de profesión, se recibió en la Facultad de Medicina de Rosario y, ya jubilada, enfrentó el mayor dolor de su vida: la pérdida de su hija.

Patricia Julia Roisinblit (su hija) y José Manuel Pérez Rojo estaban casados. José fue secuestrado en un comercio de Martínez el 6 de octubre de 1978 y ese mismo día, los represores se llevaron de su casa a Patricia, que estaba embarazada de ocho meses. La hija mayor del matrimonio, Mariana, que tenía 15 meses, fue entregada a la familia paterna.

De allí, comenzó la búsqueda de su hija, impulsada por el sentimiento de madre, sin banderas ni ideologías, pero con el paso del tiempo, esas mujeres que se reunían con el mismo objetivo debieron organizarse y hasta contar con una personería jurídica y fue en esa instancia que comenzaron a tener un nombre en común: Abuelas.

“Siempre he sido una luchadora. Hacía rato que era una abuelita jubilada y fue muy duro asumirlo. Inmediatamente después que se llevaran a mis hijos, me subí a la lucha. Creo que le debo a esa salida inmediata a la lucha haber llegado donde llegué, ser la vicepresidenta de esta institución”, confió.

—¿Cómo fue ese impulso por salir a la búsqueda?
—Fue con una inconciencia total. A los pocos días que se llevaron a mi hija, me presenté en la Justicia para denunciar la privación ilegal de la libertad de mi hija. Ahí nomás podría haber desaparecido, como muchos otros. Pero mi dolor  no me dejó pensar en el riesgo.

—Y no tenía distinción política…
—Nada de nada. Cuando se llevaron a mis hijos no me transformé en una montonera: salí a buscar a mi hija. Que después se hizo una cosa tan grande y comenzamos a trascender de tal forma que necesitamos organizarnos, fue otra cosa. Pero salí como hubiera salido cualquier otra madre. Si me hubiera metido en casa a llorar, como muchas mujeres hicieron, seguramente, hoy, después de 36 años no estaría en Rosario dando esta charla y compartiendo mi experiencia.

—Ni hubiera encontrado a su nieto…
—Eso no es así. Porque las abuelas que no los han buscado, se los estamos buscando nosotras. Las otras abuelas que sí trabajan, me lo hubieran encontrado si yo me hubiera quedado en casa. Confieso que estoy muy contenta del trabajo que estoy haciendo y seguiré mientras me dé la fuerza.

—¿Cómo se llega a los 94 años de esta manera?
—Tengo un médico clínico, desde hace muchos años y me dice que hay dos tipos de vejez. Una cuando las mujeres pierden la memoria, no se relacionan con su intelecto, pero tienen un físico enérgico. La otra vejez es cuando tiene lucidez pero tienen las piernas flojas, y él no tiene remedio para la vejez. Se llega, a tropezones, pero se llega, siempre fui optimista y gracias a mi optimismo, o por lo menos cuando supe que mi nieto nació en la Esma y sabía el nombre que le habían puesto y muchas cosas más, supe que era una privilegiada, porque había otras abuelas que trabajaban exactamente igual que yo y que de sus nietos no sabían nada. Nunca pienso en la edad, sí en lo que aún tengo que hacer.

—¿Cómo fue encontrarse con su nieto?
—De las pistas que tenía, pasó el tiempo y las perdimos a todas, hasta que un día una llamada telefónica anónima me dio todos los detalles, con pelos y señales. Entonces ahí, mi nieta, Mariana, la hermana de Guillermo, salió corriendo a buscar a su hermano, sin ninguna duda. Nos encontramos con un chico que aparentemente no sabía nada, pero parece que sospechaba, pero le era cómodo no saber nada.

—¿Y hoy cómo se relacionan?
—Nuestra relación oscila un poco. Cuando lo encontramos, era un chico de 21 años, de barrio, que vivía  en una ciudad pequeña de la provincia de Buenos Aires y los domingos a la tarde se ponía a ver a las chicas y le decía piropos, como dice el tango. Entonces no le interesaba investigar. Hoy por hoy, está trabajando en Abuelas de Plaza de Mayo, colabora, está casado, tiene dos hijos, que son mis bisnietos y nuestra relación va y viene. Pasa por muy buenos momentos y por otros decae, porque es un muchacho que no abandona a su apropiadora, no la rechaza, se crió 21 años con esa mujer. Y tampoco se lo puede criticar, pero yo pretendo otra cosa, soy su abuela y su madre es mi hija, no esa otra mujer que lo robó. Eso duele profundamente.

De profesión: partera
Rosa Roisinblit se recibió en Rosario de partera y en su visita a la ciudad también apoyó el pedido de la reapertura de la escuela de obstetricia. Si bien se espera que el año próximo se abra la escuela en la ciudad de Santa Fe, en la Universidad Nacional del Litoral, desde Rosario afirman los interesados que una vez abierta en la capital provincial se podrá seguir con la apertura de una sede rosarina.

“El papel de la partera es fundamental en un alumbramiento. Tiene que ver también con solidarizarse con el sexo femenino, ayudarla a que esté tranquila”, compartió Roisimblit.

“Sólo en casos de partos patológicos se llamaba al médico obstetra, pero nosotras estábamos totalmente capacitadas. Para eso estudiamos tantos años en la facultad, sobre todo anatomía de la pelvis y del resto del cuerpo”, cuenta.

La abuela también mencionó que durante su carrera atendía “de 7 a 8 partos en 24 horas”, lo cual le dio una gran experiencia. “Inclusive venían muchas mujeres que jamás habían visto al médico en todo su embarazo, lo cual transformaba ese parto en todo un desafío. Espero que pronto se reabra la escuela, y se vuelva a respetar y a contar con el rol de la partera”.
Fuente:ElCiudadanoyLaGente

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