5 de enero de 2014

CUBA.

Ignacio Ramonet
Dos horas más con Fidel
1 enero 2014-CUBADEBATE
Fidel y Ramonet el pasado 13 dediciembre de 2013. Foto: Alex Castro
Hacía un día de primaveral dulzura, anegado por esa luz refulgente y ese aire cristalino tan característicos del mágico diciembre cubano. Llegaban olores del océano cercano y se oían las verdes palmeras mecidas por una lánguida brisa. En uno de esos “paladares” que abundan ahora en La Habana, estaba yo almorzando con una amiga. De pronto, sonó el teléfono. Era mi contacto: “La persona que deseabas ver, te está esperando en media hora. Date prisa.” Lo dejé todo, me despedí de la amiga y me dirigí al lugar indicado. 

Allí me aguardaba un discreto vehículo cuyo chófer puso de inmediato rumbo hacia el oeste de la capital.

Yo había llegado a Cuba cuatro días antes. Venía de la Feria de Guadalajara (México) donde estuve presentando mi nuevo libro Hugo Chávez. Mi primera vida (1), conversaciones con el líder de la revolución bolivariana. En La Habana, se estaba celebrando con inmenso éxito, como cada año por estas fechas, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Y su director Iván Giroud tuvo la gentileza de invitarme al homenaje que el Festival deseaba rendirle a su fundador Alfredo Guevara, un auténtico genio creador, el mayor impulsor del cine cubano, fallecido en abril de 2013.

Como siempre cuando arribo a La Habana, había preguntado por Fidel. Y a través de varios amigos comunes le había transmitido mis saludos. Hacía más de un año que no lo veía. La última vez había sido el 10 de febrero de 2012 en el marco de un gran encuentro “por la Paz y la preservación del Medio Ambiente”, organizado al margen de la Feria del libro de La Habana, en el que el Comandante de la revolución cubana conversó con una cuarentena de intelectuales (2).

Se abordaron, en aquella ocasión, los temas más diversos empezando por el “poder mediático y la manipulación de las mentes” del que me tocó hablar en una suerte de ponencia inaugural. Y no se me olvida la pertinente reflexión que hizo Fidel al final de mi exposición: “El problema no está en las mentiras que los medios dominantes dicen. Eso no lo podemos impedir. Lo que debemos pensar hoy es cómo decimos y difundimos nosotros la verdad.”

Durante las nueve horas que duró esa reunión, el líder cubano impresionó a su selecto auditorio. Demostró que, a sus entonces 85 años de edad, conservaba intacta su vivacidad de espíritu y su curiosidad mental. Intercambió ideas, propuso temas, formuló proyectos, proyectándose hacia lo nuevo, hacia el cambio, hacia el futuro. Sensible siempre a las transformaciones en curso del mundo.

¿Cuán cambiado lo hallaría ahora, diecinueve meses después? Me preguntaba yo a bordo del vehículo que me acercaba él. Fidel había hecho pocas apariciones públicas en las últimas semanas y había difundido menos análisis o reflexiones que en años anteriores (3).

Llegamos. Acompañado de su sonriente esposa Dalia Soto del Valle, Fidel me esperaba a la entrada del salón de su casa, una pieza amplia y luminosa abierta sobre un soleado jardín. Lo abracé con emoción. Se le veía en estupenda forma. Con esos ojos brillantes cual estiletes sondeando el alma de su interlocutor. Impaciente ya de iniciar el diálogo, como si se tratase, diez años después, de proseguir nuestras largas conversaciones que dieron lugar al libro Cien horas con Fidel (4).

Aún no nos habíamos sentado que ya me formulaba infinidad de preguntas sobre la situación económica en Francia y la actitud del gobierno francés… Durante dos horas y media, charlamos de todo un poco, saltando de un tema a otro, como viejos amigos. Obviamente se trataba de un encuentro amistoso, no profesional. Ni grabé nuestra conversación, ni tomé apunte alguno durante el transcurso de ella (5). Y este relato, además de dar a conocer algunas reflexiones actuales del líder cubano, sólo aspira a responder a la curiosidad de tantas personas que se preguntan, con buenas o malas intenciones:¿cómo está Fidel Castro?

Ya lo dije: estupendamente bien. Le pregunté por qué aún no había publicado nada sobre Nelson Mandela, fallecido hacía ya más de una semana. “Estoy en ello, me declaró, terminando el borrador de un artículo (6). Mandela fue un símbolo de la dignidad humana y de la libertad. Lo conocí muy bien. Un hombre de una calidad humana excepcional y de una nobleza de ideas impresionante. Es curioso ver como los que ayer amparaban el Apartheid, hoy se declaran admiradores de Mandela. ¡Qué cinismo! Uno se pregunta, si unicamente tenía amigos ¿quién entonces metió preso a Mandela? ¿Cómo el odioso y criminal Apartheid pudo durar tantos años? Pero Mandela sabía quienes eran sus verdaderos amigos. Cuando salió de prisión, una de las primeras cosas que hizo fue venir a visitarnos. ¡Ni siquiera era todavía presidente de África del Sur! Porque él no ignoraba que sin la proeza de las fuerzas cubanas, que le rompieron el espinazo a la élite del ejército racista sudafricano en la batalla de Cuito Cuanavale [1988], y favorecieron así la independencia de Namibia, el régimen del Apartheid no se hubiese derrumbado y él se hubiera muerto en la cárcel. ¡Y eso que los sudafricanos poseían varias bombas nucleares, y estaban dispuestos a utilizarlas!”

Hablamos después de nuestro amigo común Hugo Chávez. Sentí que aún estaba bajo el dolor de la terrible pérdida. Evocó al Comandante bolivariano casi con lágrimas en los ojos. Me dijo que se había leido, “en dos días”, el libro Hugo Chávez. Mi primera vida. “Ahora tienes que escribir la segunda parte. Todos queremos leerla. Se lo debes a Hugo”, añadió. Ahí intervino Dalia para señalarnos que ese día (13 de diciembre), por insólita coincidencia, se cumplían 19 años del primer encuentro de los dos Comandantes cubano y venezolano. Hubo un silencio. Como si esa circunstancia le confiriera de pronto una indefinible solemnidad a nuestra visita.

Meditando para sí mismo, Fidel se puso entonces a recordar aquel primer encuentro con Chávez del 13 de diciembre de 1994. “Fue una pura casualidad, rememoró. Me enteré que Eusebio Leal lo había invitado a dar una conferencia sobre Bolívar. Y quise conocerlo. Lo fui a esperar al pie del avión. Cosa que sorprendió a mucha gente, incluido al propio Chávez. Pero yo estaba impaciente por verlo. Nos pasamos la noche conversando.” “Él me contó, le dije, que más bien sintió que usted le estaba haciendo pasar un examen…” 

Se echa a reír Fidel: “¡Es cierto! Quería saberlo todo de él. Y me dejó impresionado… Por su cultura, su sagacidad, su inteligencia política, su visión bolivariana, su gentileza, su humor… ¡Lo tenía todo! Me di cuenta que estaba frente a un gigante de la talla de los mejores dirigentes de la historia de América Latina. Su muerte es una tragedia para nuestro continente y una profunda desdicha personal para mí que perdí al mejor amigo…”

“¿Vislumbró usted, en aquella conversación, que Chávez sería lo que fue, o sea el fundador de la revolución bolivariana?” “Él partía con una desventaja: era militar y se había sublevado contra un presidente social-demócrata que, en realidad, era un ultraliberal… En un contexto latinoamericano con tanto gorila militar en el poder, mucha gente de izquierda desconfiaba de Chávez. Era normal. Cuando yo conversé con él, hace hoy pues diecinueve años, entendí inmediatamente que Chávez se reclamaba de la gran tradición de los militares de izquierda en América Latina. Empezando por Lázaro Cárdenas [1895-1970], el general-presidente mexicano que hizo la mayor reforma agraria y nacionalizó el petroleo en 1938…”

Hizo ahí Fidel un amplio desarrollo sobre los “militares de izquierda” en América Latina e insistió sobre la importancia, para el comandante bolivariano, del estudio del modelo constituido por el general peruano Juan Velasco Alvarado. “Chávez lo conoció en 1974, en un viaje que efectuó a Perú siendo aún cadete. Yo también me encontré con Velasco unos años antes, en diciembre de 1971, regresando de mi visita al Chile de la Unidad Popular y de Salvador Allende. Velasco hizo reformas importantes pero cometió errores. Chávez analizó esos yerros y supo evitarlos.”

Entre las muchas cualidades del Comandante venezolano, subrayó Fidel una en particular: “Supo formar a toda una generación de jóvenes dirigentes; a su lado adquirieron una sólida formación política, lo cual se reveló fundamental, después del fallecimiento de Chávez, para la continuidad de la revolución bolivariana. Ahí está, en particular, Nicolás Maduro con su firmeza y su lucidez que le han permitido ganar brillantemente las elecciones del 8 de diciembre. Una victoria capital que lo afianza en su liderazgo y le da estabilidad al proceso. Pero en torno a Maduro hay otras personalidades de gran valor como Elías Jaua, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez, Jorge Rodríguez… Todos ellos formados, a veces desde muy jóvenes, por Chávez.”

En ese momento, se sumó a la reunión su hijo Alex Castro, fotógrafo, autor de varios libros excepcionales (7). Se puso a sacar algunas imágenes “para el recuerdo” y se eclipsó luego discretamente.
También hablamos con Fidel de Irán y del acuerdo provisional alcanzado en Ginebra el pasado 24 de noviembre, un tema que el Comandante cubano conoce muy bien y que desarrolló en detalle para concluir diciéndome: “Irán tiene derecho a su energía nuclear civil”. Para en seguida advertir del peligro nuclear que corre el mundo por la proliferación y por la existencia de un excesivo número de bombas atómicas en manos de varias potencias que “tienen el poder de destruir varias veces nuestro planeta”.

Le preocupa, desde hace mucho, el cambio climático y me habló del riesgo que representa al respecto el relanzamiento, en varias regiones del mundo, de la explotación del carbón con sus nefastas consecuencias en términos de emisión de gases de efecto invernadero: “Cada día, me reveló, mueren unas cien personas en accidentes de minas de carbón. Una hecatombe peor que en el siglo XIX…”

Sigue interesándose por cuestiones de agronomía y botánica. Me mostró unos frascos llenos de semillas: “Son de morera, me dijo, un árbol muy generoso del que se pueden sacar infinitos provechos y cuyas hojas sirven de alimento a los gusanos de seda… Estoy esperando dentro de un momento a un profesor, especialista en moreras, para hablar de este asunto.”

“Veo que no para usted de estudiar”, le dije. “Los dirigentes políticos, me respondió Fidel, cuando están activos carecen de tiempo. Ni siquiera pueden leer un libro. Una tragedia. Pero yo, ahora que ya no estoy en la política activa, me doy cuenta de que tampoco tengo tiempo. Porque el interés por un problema te lleva a interesarte por otros temas relacionados. Y así vas acumulando lecturas, contactos, y pronto te das cuenta de que el tiempo te falta para saber un poco más de tantas cosas que quisieras saber…”

Las dos horas y media pasaron volando. Empezaba a caer la tarde sin crepúsculo en La Habana, y el Comandante aún tenía otros encuentros previstos. Me despedí con cariño de él y de Dalia. Particularmente feliz por haber constatado que sigue teniendo Fidel su espectacular entusiasmo intelectual de siempre.
Notas
(1) Ignacio Ramonet, Hugo Chávez. Mi primera vida, Debate, Barcelona, 2013.
(2)http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/02/11/nueve-horas-de-dialogo-con-el-lider-de-la-revolucion/
(3) Léase, en particular, Fidel Castro: “Las verdades objetivas y los sueños” Cubadebate, La Habana, 14 de agosto de 2013. http://www.cubadebate.cu/fidel-castro-ruz/2013/08/14/las-verdades-objetivas-y-los-suenos/
(4) Titulo de la edición cubana de Fidel Castro. Biografía a dos voces, Debate, Barcelona, 2006.
(5) Todas las citas de Fidel Castro en este artículo son de memoria; no son textuales. Se trata de una reconstrucción a posteriori basada en los recuerdos del autor. En ningún caso pueden atribuirsele tal cual a Fidel Castro.
(6) Fidel Castro, “Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?”, Cubadebate, 18 de diciembre de 2013. http://www.cubadebate.cu/fidel-castro-ruz/2013/12/19/articulo-de-fidel-mandela-ha-muerto-por-que-ocultar-la-verdad-sobre-el-apartheid/
(7) Léase, en particular: Alex Castro et alii, Fidel, fotografías, Ediciones Boloña, La Habana, 2012.
(Tomado de Le Monde Diplomatique)
Envío:Amarelle


Una transición ambigua
Año 6. Edición número 294. Domingo 05 de enero de 2014
Por Eduardo J. Vior, periodista
internacional@miradasalsur.com
Otros tiempos. Cuando los combatientes bajaron de la sierra, el futuro era una promesa al alcance de la mano / Piloto de tormentas. Raúl Castro timonea un tránsito no traumático hacia un sistema mixto.
Mientras se resuelve la sucesión de la “Generación de la Sierra Maestra”, el corporativismo garantiza la estabilidad de Cuba, que avanza hacia formas capitalistas de mercado, aunque frena las necesarias reformas políticas.

El 1° de enero pasado entraron en vigor en Cuba nuevas medidas de liberalización del mercado que continúan el curso de las paulatinas reformas que Raúl Castro va realizando en el socialismo de Estado local, siempre con el ojo puesto en el el control de la sucesión de la “Generación de la Sierra Maestra”. Sin embargo, este orden de prioridades crea inevitables contradicciones con las necesarias reformas económicas. Entenderlas es entender por qué la transición es el estado de Cuba en el largo plazo.

A partir del pasado viernes 3 de enero quedó liberada la venta de autos nuevos en Cuba. El gobierno ya había autorizado en 2011 la compraventa de autos entre particulares, pero para la adquisición de vehículos al Estado, que tiene el monopolio de la venta de coches nuevos, había que tener una carta de autorización que sólo se otorgaba a determinados grupos sociales. El gobierno dijo que los ingresos adicionales que se obtengan por la venta liberada de vehículos serán destinados a un fondo financiar el “desarrollo del transporte público”.

Ya una semana antes, el sábado 28 de diciembre, el gobierno cubano flexibilizó el otorgamiento de préstamos, para que los habitantes de la isla inicien negocios privados. Los cubanos ahora podrán pedir préstamos por montos más pequeños y pagarlos en más tiempo, pues los plazos de cancelación aumentaron de cinco a diez años. Aunque, desde que el gobierno comenzó a ofrecer oportunidades para los negocios privados, unas 440.000 personas han solicitado licencias de funcionamiento, sólo 550 solicitaron créditos oficiales. Se supone que el resto recibió transferencias de sus familiares en el exterior.

Al mismo tiempo abrió en La Habana el primer mercado mayorista de productos alimenticios, “El Trigal”. La Empresa Provincial de Mercados Agropecuarios en La Habana arrendó la instalación a una cooperativa integrada por 10 socios, quienes subarrendarán 292 espacios a los productores que concurran a vender sus mercancías excedentes, tras haber cumplido los compromisos con el Estado. En “El Trigal” ofrecerán sus productos empresas y granjas estatales, cooperativas de créditos y servicios y de producción agropecuaria, unidades productoras, agricultores pequeños y la nueva figura de vendedor mayorista. Al mercado pueden acudir a comprar frutas, hortalizas, viandas y granos todas las personas jurídicas y naturales, incluyendo aquellas familias que deseen adquirir alimentos al por mayor, así como entidades incluidas en el “consumo social”.

Una transición de larga duración. En un texto publicado en 2007 (“Cuba: ¿transición o continuidad?”) en la revista virtual Herramienta debate y crítica marxista, pero que tiene aún hoy total vigencia, el intelectual cubano Haroldo Dilla Alfonso analizó detalladamente las contradicciones del proceso cubano de transición económica y política. Según él, la transición cubana comenzó en realidad ya durante el llamado “período especial” en los años ’90, cuando la desaparición de la Unión Soviética dejó a la isla atenazada por la crisis económica y por las exigencias de la inserción en el mercado mundial capitalista. Tanto Fidel Castro como su hermano Raúl que lo sucedió en 2006 y su vieja guardia pudieron estabilizar el régimen político, pero debieron convivir con la aparición del mercado y de formas diferentes de propiedad grupal y privada, legales o no.

Este proceso, en primer lugar, agrietó el esquema de control sociopolítico que daba al Estado y a la clase política una condición cuasi monopólica en el manejo de la economía, la producción ideológica y la administración de la movilidad social, sin considerar al cuerpo social, en tanto los subsidios soviéticos les permitía desconsiderar la productividad y la eficiencia de la economía.

Rápidamente surgieron múltiples ocupaciones alternativas al empleo estatal o complementarias de éste, vinculadas con las diferentes nuevas formas de propiedad. Las remesas de los cubanos emigrados, por su parte, no sólo han implicado una fuente de vida autónoma para millones de personas y de desigualdad social, sino también de revalidación de esa comunidad emigrada como otro actor potencial del complejo escenario insular.

En segundo lugar, continúa el autor, esta apertura parcial creó un nuevo sector tecnocrático-empresarial formado por los gerentes de las firmas comerciales y de propiedad mixta, los empresarios del mercado informal e ilegal y los administradores de las grandes empresas estatales que pronto adquirieron modos de vida, aspiraciones y modus operandi internacionales. Aun cuando es un sector políticamente débil, sus vínculos con la política le otorgan influencias insospechadas. Por otra parte, su ubicación en los comandos de las actividades económicas más dinámicas los hace imprescindibles para la reproducción del esquema de poder político. Finalmente, este grupo emergente ejerce también una gran influencia ideológica, al demostrar a la empobrecida población cubana que el éxito social depende del acceso al mercado internacional.
En tercer lugar la inserción de Cuba en la economía global ha fragmentado su estructura económica y territorial. El país vive nuevamente una desigualdad espacial que había sido paliada por las políticas territoriales. Y también, en consecuencia, la isla está cruzada por flujos migratorios que multiplican la complejidad de los conflictos sociales.

Por su lado, en un análisis publicado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Quito en mayo de 2012 (“Reformas y transición en Cuba: una evaluación de desarrollos recientes [2010-2012]”) los investigadores Armando Chaguaceda y Ramón I. Centeno señalaron las contradicciones existentes entre reformas económicas y políticas:

Hace veinte años, las transformaciones más profundas se dirigieron al sector externo de la economía, con la esperanza de obtener las divisas que financiaran la inmutabilidad de la economía interna. La hipertrofiada expectativa de éxito de esta medida hizo que el gobierno cubano postergara mayores reformas al interior de su estructura socioeconómica que recién están encarándose ahora. A juicio de los autores, la actual reforma obedece más a imperativos políticos que económicos, ya que la sucesión de la generación de “combatientes de la Sierra Maestra” es inminente. Sin embargo, ningún aspecto es tan trascendente como la próxima ausencia de Fidel Castro, el Comandante en Jefe, quien dejará en Cuba un vacío de figura carismática.

La forma en que se resuelva (o no) este problema determinará el carácter de la transición política. Raúl Castro parece querer heredar la Revolución en las instituciones del régimen, reordenándolas para ello. Se trata no tanto de saber quién sustituirá a Fidel, sino en qué contexto institucional actuará la próxima dirigencia. Para resolver esta cuestión, la dirigencia ha decidido dar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Partido Comunista de Cuba el predominio en la transición. Por esta opción el modo de transición cubano es diferente al del Este europeo, donde sectores de la burocracia estatal y partidaria impulsaron las reformas políticas, y al asiático, donde el partido dirige la reforma económica, sin promover cambios políticos sustanciales.

En Cuba, los militares ocupan un rol cualitativamente diferente al resto de las experiencias socialistas. Por un lado, el actual Presidente fue el jefe de las FAR durante medio siglo, fomentando en ellas la eficacia administrativa y disciplinaria en la que formó a su actual equipo de colaboradores. Por otro, la agenda económica emanada del VI° Congreso del PCC realizado en 2010 está más cerca de los experimentos de mercado de los militares que de la ortodoxia estatista del Partido. Y aunque es cierto que la dirigencia de ambas instituciones forma un equipo de poder, Raúl Castro, confió más en los militares para emprender “una mayor apertura de mercado” que en el grupo más conservador de la burocracia partidaria [del PCC], señalan los autores.

Preponderancia militar y “cuentapropismo”. El cambio en la correlación de fuerzas FAR-PCC explica la proyectada expansión del “cuentapropismo”. Conviene además recordar que la reinserción de Cuba en las relaciones económicas internacionales fue una tarea emprendida por personal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Gracias a ello, la recomposición en la elite dirigente está en condiciones de conducir la reforma económica incluyendo en roles subordinados a los gerentes de las empresas cubanas que operan en el mercado mundial e integran una elite profesional que ya es parte de la actual dirigencia política, aunque por ahora tienen un rol pasivo gracias a un selectivo y riguroso reclutamiento.

Además, el Estado ha creado la Cámara de Comercio de la República de Cuba para sujetar los intereses gerenciales. Como consecuencia, la pequeña elite de cubanos que se han beneficiado de la reorientación del comercio exterior no cuestiona el statu quo, sino que lo perpetúa.

La reforma económica en curso no supone cambios políticos, porque el PCC aún no confía en la lealtad de los cuentapropistas. Por eso, el régimen es ambiguo hacia los actores del mercado cubano: mientras permite a los gerentes un nivel de vida privilegiado, trata con cautela a la pequeña propiedad privada y restringe sus ingresos. Es que unos provienen de la elite, los otros no. Con los gerentes siempre ha imperado el silencio público y el amor privado.

Por lo pronto, se está repitiendo la receta: enganchar a los cuentapropistas bajo una fórmula corporativa, pero afiliándolos a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en su calidad de trabajadores y no creando una estructura especial para ellos.

Debe observarse también la decisión incluida en el “Documento Base” del Congreso de 2010 por la que “se limita a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales”. Para preparar su sucesión, Raúl Castro ha decidido organizar un mecanismo de circulación pacífica de los cargos burocráticos, para evitar que se produzcan disputas insalvables entre futuros agrupamientos de dirigentes.

Desde el punto de vista de la estabilidad política el problema que enfrenta Raúl Castro es el siguiente: las transformaciones deben ser suficientemente profundas como para aliviar la crisis crónica de la economía cubana y asegurar la gobernabilidad, pero lo suficientemente cuidadosas como para impedir la formación de actores autónomos que escapen al manejo corporativo del Estado cubano.

Raúl Castro, consciente del malestar social que las reformas pueden propiciar e interesado en maximizar la estabilidad política, ha apostado por postergar o dosificar ciertas medidas que pudieran desatar la ira popular. Por ello, con base en los resultados de la consulta popular conducida por el PCC, el Gobierno suspendió los despidos masivos de personal del Estado que habían sido anunciados en 2010 y los remplazó con otro grupo de medidas realizables. La primera fue la autorización para la compraventa de automóviles y casas.

Después, las peluquerías pasaron a manos de los peluqueros (barberos les llaman allí) como cuentapropistas y las cooperativas agropecuarias fueron autorizadas a vender sus productos sin intermediarios en los mercados y a las empresas turísticas. Luego se extendió la autorización para fundar cooperativas en otros sectores seleccionados no agrarios. Más adelante llegó una modesta reforma financiera por la que cuentapropistas y agricultores pequeños fueron autorizados para recibir créditos bancarios para inversión.

Todos los cubanos fueron autorizados a solicitar crédito para reparaciones y remodelaciones habitacionales.
La propia elite gobernante actual es en parte producto del ascenso de burócratas ligados a los nuevos grupos de interés. Este fenómeno es resultado de las luchas entre articulaciones diversas de militares con burócratas y gerentes. El comercio exterior cubano post-soviético, realizado en divisas y en asociación con el capital extranjero, produjo inéditos privilegios de carácter monetario y en especie al que tiene acceso el sector de la elite hoy dominante. Sin embargo, la opulencia de estos individuos depende de su control temporal del cargo burocrático. Mientras esta situación dure, existe un interés colectivo en asegurar que las reformas económicas no socaven la dominación del sistema que asegura su posición social actual, con lo que queda prácticamente descartado que la elite conduzca una democratización que modifique el orden sociopolítico autoritario vigente en la Isla.

Quienes están más perjudicados en este proceso de transición son los sectores más pobres que no reciben divisas del exterior ni logran obtenerlas en la isla y no tienen ni siquiera un “microcapital” para emprender el trabajo por cuenta propia. Sobre ellos –que conforman la mayoría de la población cubana– es más acuciante la amenaza de pauperización, aumentada además por el riesgo del desempleo.

Hoy existen en el imaginario social cubano dos visiones predominantes sobre los cauces posibles de la economía. Para unos, la privatización de los centros de producción y servicios sería la panacea que resolvería el proverbial déficit de bienes de consumo, aportando la eficacia necesaria. Para el extremo “opuesto” es necesario persistir en el socialismo centralista y verticalista. Sin embargo, ambos proyectos excluyen formas democráticas y horizontales de gestión pública y actividad económica.

Frente a este falso dilema entre la restauración capitalista y el monopolio burocrático, poco a poco va ganando espacio un espectro de opciones alternativas relacionadas con la promoción de redes productivas sostenibles y de consumo solidario en zonas urbanas y rurales, con experimentos de autogestión en cooperativas y de interconexión entre cuentapropistas y con autoridades y poblaciones locales para la prestación de servicios en el espacio local.

Ciertamente se trata de experiencias escasas, aún aisladas y de futuro incierto, pero representan una opción alternativa que podría rescatar las conquistas sociales de la Revolución de 1959 bajo las condiciones de un mercado libre regulado y asegurar que la sucesión del poder omnímodo de los hermanos Castro se realice de modo verdaderamente democrático.

Cuba es nuestroamericana. Tanto los críticos internos del régimen cubano como la derecha internacional en todas sus variantes siguen comparando el proceso cubana con las transiciones a la democracia liberal y al capitalismo en los países que salieron de la hegemonía soviética en Europa Oriental. Sin embargo, tanto por los acentos nacionalistas de la ideología dominante, como por la importancia del liderazgo personal de los hermanos Castro, por el poder de las Fuerzas Armadas y su asociación con grupos empresarios enquistados en posiciones burocráticas y por la fuerza que tienen las llamadas “organizaciones de masas” como herramientas de movilización y control social la transición política cubana se parece más a los procesos de crisis y evolución de los nacionalismos de “Nuestra América”, como la llamó José Martí, que a cualquier experiencia europea.

Desde que la Revolución Bolivariana en Venezuela comenzó a tener dificultades económicas y ella misma afronta el problema de la sucesión después de la muerte de Hugo Chávez Frías, sus posibilidades de subvencionar a Cuba se redujeron. Esta limitación de los recursos externos obliga a la conducción cubana a acelerar los tiempos de la transición económica.

No obstante, la transición política aún no está definida. En ella se pueden reconocer dos etapas:
1) el gobierno de Raúl Castro, caracterizado por el mayor poder adquirido por las Fuerzas Armadas y los intereses corporativos de los gerentes de aquellos aparatos estatales que están vinculados con el comercio exterior;

2) cuando Raúl deje el poder, etapa cuya articulación dirigente aún se desconoce. Para prever esta futura segunda etapa de la transición compiten tres líneas de interpretación:
a) quienes calcan las transiciones de los regímenes stalinistas de Europa Oriental al capitalismo y la democracia liberal y construyen una sucesión de pasos que van de la transición política administrada por fuerzas internas al régimen, pasando por su crisis total (acelerada por la intromisión occidental), para llegar a la fundación de un nuevo régimen político y económico liberal;
b) quienes aplican los modelos chino y vietnamita en los que el cambio de régimen económico se realizó junto con el mantenimiento del régimen de partido único y
c) quienes comparan la transición política cubana con los procesos nacionalistas latinoamericanos y prevén una larga y difícil convivencia de estructuras corporativas de poder, con un rol central para las Fuerzas Armadas, junto con el ascenso de nuevas fuerzas sociales y políticas encontradas. Entre éstas pueden primar, como en México, elites neoliberales vinculadas al capital internacional o, como en Bolivia, Ecuador y Venezuela, nuevos actores políticos surgidos de movimientos populares y democráticos.

La transición no termina, hasta que nuevas reglas de juego se imponen a todos los actores. En Cuba hasta entonces será permanente y su curso, impredecible.
Fuente:MiradasalSur

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