20 de noviembre de 2014

ENTREVISTA A HUGO VACA NARVAJA.

Jueves 20 de Noviembre de 2014
“Voy a ser un juez que va a ir a todas las marchas”

Lo dijo Hugo Vaca Narvaja, que hoy asumirá el Juzgado Federal N°3 de Córdoba. Su historia familiar está atravesada por la tragedia de la dictadura cívica militar. Querellante en los juicios por delitos de Lesa Humanidad, dijo a El Argentino que “esto es posible gracias a los cambios de la última década”.

Siesta en Córdoba. El calor de noviembre derrite el empedrado de la Peatonal. Enfundado en un traje impecable, un rubio de metro noventa, pelo a los hombros y rasgos afilados avanza elegante bajo el sol. En una esquina, un morocho que lo reconoce lo saluda:

–Cómo le va, su señoría –le dice con una reverencia.
Miguel Hugo Vaca Narvaja se ríe por la broma. Él, que se define como un “abogado de calle”, no acepta esos cargos. Dice que son “usanzas antiguas de la Justicia”. Incluso ahora, que la presidenta Cristina Fernández lo propuso como titular del Juzgado Federal N°3 de Córdoba, vacante desde 2009. Hoy, al mediodía, jurará “por la patria y el honor”. 

Eligió esa fecha porque un 20 de noviembre, hace 39 años, su padre fue detenido en las escalinatas de Tribunales Federales y cuatro meses después, fusilado por la dictadura.


A sus 47 años Miguel Hugo se convertirá en el primer juez Federal de la Nación que es víctima del terrorismo de Estado; hijo y nieto de fusilados, exiliado en México a los 9 años, e integrante de una familia diezmada por la dictadura cívico militar.

Hasta ayer, representaba a los familiares de 50 víctimas del Centro clandestino La Perla, en el megajuicio que empezó hace dos años. En el 2010 fue querellante en el juicio donde se condenó a Jorge Rafael Videla y otros 14 represores, por los crímenes de 31 presos políticos de la UP1, el penal de barrio San Martin. Entre esos fusilados estaba su padre, abogado de 35 años y apoderado del Peronismo Auténtico. Antes había sido secuestrado y asesinado su abuelo. Ambos –padre y abuelo– se llamaban Miguel Hugo y el heredó sus nombres por ser primogénito.

–Yo decidí cortar con la estirpe. Era mucha carga –cuenta–. A mi hijo le puse Emiliano, como el revolucionario mexicano.

La paradoja es desgarradora y simbólica. Su padre había sido detenido en 1975 por orden del Poder Ejecutivo Nacional en las escalinatas de Tribunales Federales, cuando salía de hacer una presentación a favor de su cliente, Miguel Ángel “Chicato” Mozé, el jefe de la Juventud Peronista y preso político. Aunque el edificio no es el mismo, ahora su hijo ocupará un cargo en esa institución tan anquilosada.

–Esto solo es posible gracias a todos los cambios que vivimos en estos últimos 11 años. Los derechos ganados, la inclusión, la igualdad, la equidad, son las bases para que yo pueda llegar a ser juez. Estoy seguro que mi historia familiar no fue ajena a la presidenta cuando me eligió. Hasta que Néstor Kirchner descolgó los cuadros, no nos imaginábamos que esa escena era posible. Veíamos la escena y no lo podíamos creer, era como ver un cuento. Y ese simple acto permitió esto otro.

A Vaca Narvaja no le gusta anteponer su historia personal a todo. Es perfil bajo, sereno y afectuoso. Responde con evasivas a las preguntas que buscan sacarle una frase impactante sobre su historia. Dice, por ejemplo: “También es revolucionario que un abogado de calle como yo llegue a ser juez Federal”.

En 2010, durante el juicio de la UP1, un abogado defensor recusó a uno de los magistrados porque se tomó una foto frente a un ex centro clandestino mientras marchaba un 24 de marzo. Aquel incidente demoró el juicio y abrió un debate anacrónico en medio del proceso. 
Con su asunción aquel momento parece remoto.
–Yo voy a ser un juez que va a ir a todas las marchas –sentencia– Quién te va a decir que no podés ir porque sos juez. La marcha del 24 es un compromiso con los derechos humanos y la democracia, se marcha para repudiar la abominación que fue la dictadora. Lo que sería normal es que todos los jueces, los gobernadores, los legisladores tuvieran ese compromiso.

– ¿Cómo se ve dentro de la justicia cordobesa, tan corporativa y conservadora?
Sobre todo hay una cuestión generacional. Yo tengo 47 años, varios menos que muchos jueces de Córdoba. Mi formación arranca con la nueva Constitución Nacional del 94, con el ingreso de los tratados internacionales. Es otro derecho, más moderno. Además fui durante 20 años abogado de la calle, por lo que conozco bien cuáles son las demoras y falencias de la justicia.

– ¿Qué opina de las reformas judiciales que impulsa el Gobierno Nacional?
–Es acorde a las políticas de los últimos años. Es muy importante que las personas puedan acercarse a la Justicia, entender que no es algo ajeno y lejano. Por ejemplo, como abogado, yo ahora estoy terminando un juicio por daños y perjuicios que empezó hace 17 años. ¿Cuál es la reparación después de haber trascurrido tanto tiempo? Eso no puede seguir pasando.

– ¿Qué opina del fuero provincial de Lucha Control el Narcotráfico? Usted tendrá a su cargo las causas por grandes cantidades.

Hoy en Córdoba todavía se mete presa a gente porque tiene un porro encima. A pesar del fallo de la Corte Suprema que sostiene que son cuestiones privadas que no deben penarse. Eso sucede en Córdoba porque se desfederalizó la persecución del narcomenudeo. Pero es un dispendio jurisdiccional innecesario e inútil. Porque el problema no es ni la droga ni el consumidor, el problema es el tráfico. El gran negocio. Y hay que discutir qué hacer con él. 

Si lo atacamos o lo regulamos.

Hugo Vaca Narvaja era hasta ayer procurador del Tesoro de la Provincia de Córdoba y asesor letrado de la seccional Córdoba de ANSES. En el Juzgado Federal de primera instancia N°3 reemplaza a la jubilada Cristina Garzón de Lascano. En esa dependencia recaen las causas por Terrorismo de Estado.

– ¿Se va a apartar cuando le toque intervenir en esos casos?
– Solo me apartaría contra las personas que he acusado como querellante. Pero apartarme solo por mi historia personal, no me parece que sea correcto. No es motivo de recusación. El motivo es el interés en el pleito y yo demostré que no lo tengo porque, en el juicio de mi padre, cuando la prueba no fue suficiente para pedir la condena de una persona, pedimos la absolución. Además cada uno tiene su historia personal, su carga. Que la de unos sea más o menos conocida o más o menos dolorosa, no tiene que ser motivo.
Fuente:ElArgentino

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