28 de noviembre de 2015

OPINIÓN.

Un paso atrás. Macrilandia Carlos Villalba ·
24/11/2015 ·

El triunfo de Cambiemos no fue una “ola” ni un aplastamiento de lo hecho en doce años. Este domingo volvió a mostrarse el mapa de un país dividido en dos, con una diferencia de votos muy inferior a la que vaticinaban.

Sucedió, aquello que mostró la cola en las últimas horas del domingo 25 de octubre se presentó de cuerpo entero el domingo pasado a las 18. Mauricio Macri, el preferido del “círculo rojo” de las principales empresas transnacionales y locales aliadas a ellas, miembro él mismo de uno de esos grupos económicos concentrados; beneficiario de las privatizaciones y sus negocios de los ’90, enjuiciado por algunas de esas maniobras, fue elegido por el voto de la mayoría de los ciudadanos argentinos y será presidente a partir del próximo 10 de diciembre.

Aquel día de la primera vuelta, el Frente para la Victoria quedó en estado de shock, su triunfo por más de 700 mil votos se convirtió enseguida en sensación de victoria de Cambiemos, por la forma en que achicó las diferencias que traía desde las PASO de agosto y, sobre todo, apoyada en la instalación de María Eugenia Vidal en la gobernación de la Provincia de Buenos Aires.

Esta no es una mera derrota electoral, no es un mero paso de la alternancia presidencial en un régimen constitucional. No. Es el final de una etapa y el comienzo de otra, cuyas diferencias, vendidas como cuestiones de “formas”, serán políticas, en particular de las relacionadas con la redistribución de la renta, la inclusión y el proceso complejo de ampliación de derechos iniciado hace doce años en la Argentina.

Con una salvedad, el triunfo amarillo no fue una “ola”, ni un aplastamiento de lo hecho en doce años; volvió a mostrarse el mapa de un país dividido en dos. Incluso los números de la legitimidad de la victoria amarilla lo indican, con esa diferencia de 2,8%, muy inferior a lo que indicaban sus mediciones y, sobre todo, sus anuncios intencionados. Muchísimo más si se reitera e invierte aquel cálculo de los que “no los votaron”, con que azuzaban al kirchnerismo.

Contra los 12.903.301 sufragios obtenidos, hay 18.524.294 que no los votaron, si se suman los 12.198.441 propios del FpV a los 6.325.763 de ciudadanos que decidieron no concurrir a las urnas.

Campaña contra propuesta 

Las acciones electorales fueron diferentes, se diferenciaron entre un mensaje propositivo y otro evasivo, mucho más “emotivo” que, paradójicamente, fue el que quería escuchar la mayoría de los argentinos que acaban de optar, el que logró anclar en la sensación de distintos sectores sociales que sintieron que ya estaba bien de aquello que arrancó en 2003 y quisieron una alternativa. Entre la disputa entre la “victoria” y el “cambio”, se impuso este último.

La campaña triunfante fue palabra hueca, felicidad, tranquilidad, amor, alegría, paz, cercanía de Dios y las seis letras mágicas que dieron nombre a la nueva alianza de gobierno.

Sin embargo, bajo esa pátina edulcorada, existe una propuesta concreta, un plan de acción y medidas que empezarán a tomarse el mismo 10 de diciembre y que tendrán un impacto negativo muy fuerte sobre la economía, en particular de los que menos tienen.

Del otro lado se dieron precisiones sobre medidas y políticas a desplegar; el candidato del FpV puso al desarrollo nacional como el instrumento maestro de su potencial acción presidencial, con ingreso de divisas a partir de negociaciones directas con bancos estatales como los de Brasil, México y China, y organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento, además de aumento de la base no imponible para el pago de ganancias y 82% móvil para los jubilados con la mínima.

Pero no perforó el pensamiento del electorado, no le alcanzó. A diferencia de todas las elecciones presidenciales anteriores, la situación económica no fue la variable determinante a la hora de la decisión del voto; la tasa de desocupación más baja de la historia o el consumo sostenido tampoco; las conquistas, disfrutadas por todos, fueron adoptadas como propias por la gente, tomadas como propias y, de alguna manera, ya se habían votado favorablemente en 2011, cuando Cristina Kirchner terminó imponiéndose con el 54% de los votos.

Mercado en reemplazo del Estado 
El pensamiento esencial del macrismo, sin eufemismos, fue planteado con claridad por su jefe y su círculo de de hierro, el mercado es el que debe “acomodar” las cargas y el Estado debe replegarse y abandonar las políticas activas que desarrolló en los últimos doce años, tomando recursos para destinar a los sectores más marginados de la economía, formal e informal. Las políticas que decidan los seis funcionarios del “gabinete económico” que anunció el presidente electo mostrarán hasta qué punto dañarán esa malla de contención que ayudó la salida del país de aquel “infierno” que siempre preocupó al kirchnerismo. 

Salvo con la elección de Marcelo Torcuato de Alvear en 1922, los grupos más fuertes de la economía jamás habían logrado instalar un presidente en la Casa Rosada, como no fuese a punta de fusiles como en 1930, 1955, 1962, 1966 y 1976. 2015 se inscribirá en esa línea de tiempo como el año en que lo lograron sin las armas.

 Así se producirá ese “fin de época”. Empezando por las decisiones económicas que se encubren, por ejemplo, bajo el concepto de “desarrollo”, que compartieron Macri y Scioli, sólo que los asesores del ganador se refieren al ingreso de capitales extranjeros con nulas o bajas barreras de protección, a diferencia del planteo del candidato de FpV, que apunta al desarrollo de los sectores del capital nacional.

Cambiemos habló poco y, más bien, mandó a callar a sus sincericidas. Desde concebir a los derechos humanos como un “curro”, lectura que ya se reflejó en las pintadas agresivas en las instalaciones del campo de concentración Gorki Grana en Morón, hasta el desprecio hacia el interior expresado en el racismo de Alfonso Prat Gay.

Desde Marcos Peña calificando negativamente a Scioli a partir de rotularlo con el nombre de una enfermedad muy dolorosa para los padres de autistas, hasta el propio Macri a quien le costó despegarse de su idea despectiva de la homosexualidad, calificando de “maricón” a quien no apoyaba sus propuestas, como el propio Gustavo Posse.

Lo que vendrá 
Para muestra del pensamiento del inminente oficialismo, los botones ya mencionados de las figuras del equipo del PRO; para muestra de la ansiedad de los grupos de poder, alcanza con el editorial de La Nación cuando todavía ni se habían terminado de contar los votos.

El diario fundado por Mitre, que tampoco había tardado en plantarle un “pliego de condiciones” a Néstor Kirchner apenas electo, esta vez le plantó “cuestiones urgentes por resolver” a Macri tratándolo como si fuese un juez y no el inminente jefe del Ejecutivo, y le exigió que se compadezca del “vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad”, considerando que la justicia aplicada sobre quienes cometieron delitos de lesa humanidad, en realidad “constituye una verdadera vergüenza nacional”.

Hace casi cuatro décadas, el régimen impuesto por los grupos económicos concentrados fue de imposición sin límite del mercado con endeudamiento externo que destruyó la industria y el conjunto de la economía nacional. En lo político, un genocidio que uno de los voceros de esos grupos ahora pretende poner bajo un manto de olvido. Las cartas están echadas; el Presidente tendrá su gestión para armar su propio rumbo.
Fuente:MiradasalSur

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