SEGUNDO EXILIO - PRESENTACIÓN Y DEBATE
21 DE MARZO- 19.30 HS
ARCHIVO PROVINCIAL DE LA MEMORIA
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Prólogo
En Segundo Exilio, Luis Urquiza narra los hechos sucedidos en su vida desde que denuncia a ex represores cordobeses cumpliendo funciones públicas, más precisamente altos cargos de la Policía de Córdoba, durante el gobierno de Ramón Mestre (padre).
Un relato en primera persona que cuenta sobre las amenazas recibidas, su posterior exilio en la democracia de los ´90, y el largo peregrinar en busca de justicia alternando entre una Dinamarca lejana y una Argentina demasiado conocida.
Conocer su historia es conocer una parte del funcionamiento de algunos rasgos de la política en la Argentina: la corrupción de los poderosos para perpetuarse en el poder, la necesidad de silenciar al opositor, y la creencia de que la impunidad es la moneda corriente en una justicia kafkiana.
Leyendo este libro, o aun viendo las noticias en esta Argentina del 2016, a cuarenta años del inicio de la dictadura más atroz de nuestra historia, uno tiene la sensación de que aquel canto entonado por el pueblo en el ´83, o incluso meses antes: “¡Se va a acabar la dictadura militar!”, no fue real, ya que ciertas maneras de operar propias de los totalitarismos -y ciertos oscuros personajes-, siguieron actuando en la escena pública de los años posteriores, increíblemente hasta la actualidad.
Cuando conozco a algún sobreviviente de los ´70, siento que estoy ante un fragmento vivo de historia, y que su relato constituye un testimonio para comprender aquella época de plomo, muchas veces incomprensible para los que crecimos en democracia. Al conocer a Luis sentí que su cuerpo cargaba con la tortura, la soledad, y la desesperación de un sobreviviente de la dictadura.
Al profundizar sobre su caso, podemos ver una contradicción extrema, en la que “para los militares, era un infiltrado de izquierda; para los de izquierda era un policía…”. Es por esto, que su caso muestra el nivel de persecución (y auto persecución) ideológica de los sectores del poder, que se valían (y se valen) para encontrar chivos expiatorios necesarios a sus oscuros intereses. Pablo Feinman, analizando las características del terrorismo de estado, dice que los “totalitarismos matan inocentes para que todos sientan que no hay inocentes, que todos son culpables y que cualquiera puede ser víctima del terror”.
De estos mecanismos se sirvieron los militares para poder “chupar”, torturar y hacer desaparecer a todo posible infiltrado (aunque no lo fuera) en un clima de anomia social tan grande que posibilitaba la impunidad de sus atroces actos. Y, como sabemos, el discurso dominante de una época es controlado por los medios de comunicación vinculados al poder, lo que le permitió a los militares dominar cualquier discurso menor que intentara oponerse al generalizado “algo habrán hecho”.
Este diario de viaje, nos cuenta las vicisitudes de una víctima del terrorismo de estado, con la necesidad de que se haga justicia por tantos años de sufrimiento y vejación humana. Por eso está escrito desde las entrañas del propio autor, que lo único que desea es dejar testimonio de esa extensa lucha que se ha convertido en el motor que lo impulsa a seguir, y que se constituyó en la verdad de su vida.
Es por esto que este libro es fundamental para comprender una parte de la historia de un los últimos tiempos en nuestra Córdoba, y para seguir luchando no sólo porque aquellos años terribles de dictadura no vuelvan Nunca Más, sino también porque los gobiernos democráticos garanticen los Derechos que nos permitan vivir humanamente y con dignidad.
Envío:Luis Urquiza

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