14 de febrero de 2020
BUENOS AIRES, 14 (NA). - En medio de la polémica en torno a los "presos políticos", el ex ministro de Planificación Federal Julio De Vido organizó un encuentro junto a un grupo de dirigentes kirchneristas para pedirle al gobierno de Alberto Fernández una reforma de la Constitución Nacional.
Entre los dirigentes que apoyaron el pedido de reforma constitucional aparecen Amado Boudou -que se encuentra detenido en Ezeiza-, Gabriel Mariotto, Roberto Feletti, José María Olazagasti y Fernando Esteche, entre otros.
La reunión se llevó a cabo en la casa del ex funcionario de Néstor Kirchner, ubicada en Zárate, donde se encuentra detenido con un dispositivo electrónico de control por la causa de los Yacimientos Carboníferos de Río Turbio.
Tras el encuentro, los concurrentes hicieron público un comunicado que lleva el nombre "Restaurar los valores de la Constitución de 1949 para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria", en el que remarcan que esa Carta Magna "representa la historia de nuestro país" ya que se trata de "la máxima expresión de la voluntad popular constituyente puesta al servicio de los intereses de la Nación y de su pueblo".
En se sentido, proponen "restaurar la vigencia de los principios básicos de la CN49 a través del debate masivo de los derechos que plantea" y avanzar "hacia nuevas reformas aún más profundas y acordes a las necesidades y a los tiempos que tenemos por delante".
"No es posible ejercer plenamente los derechos individuales, sociales, culturales de las y los trabajadores en un país dependiente que no ejerce su soberanía económica y política", indicaron.
"La derrota del macrismo no implica la derrota del neoliberalismo en la Argentina. Este presente no da lugar para más fracasos ni nuevas crisis", señalaron.
Mientras tanto, el presidente Alberto Fernández busca dejar de lado la discusión en torno a los presos políticos, lo que considero un debate "semántico" que tiene que esperar a que primero se solucionen otros problemas más prioritarios.
En esa ocasión, a través de Twitter, De Vido le respondió al primer mandatario: "Lamento molestar al Presidente con la cuestión de los presos políticos pero debo decirle que esta vez el tema lo instaló su Jefe de Gabinete (NdE: Santiago Cafiero). Creo que está nombrado por decreto".
Fuente:LaOpinion
Para el nuevo presidente del Consejo de la Magistratura, hubo abusos en las prisiones preventivas
El flamante funcionario cuestionó que haya sentencias que se basen "en un testigo que arregló el precio de su testimonio".
Feb 14, 2020
El nuevo presidente del Consejo de la Magistratura, Alberto Lugones, dijo este viernes que en Argentina «no hay presos políticos», pero admitió la existencia de un ‘lawfare’, por medio del cual «hubo abusos en las prisiones preventivas», situación ante la cual consideró necesario «esclarecer si el Estado estuvo detrás de perseguir» personas de distinta opinión política.
Ante una consulta en diálogo con Radio 10, Lugones aseveró que «no hay presos políticos en Argentina: lo que sucede en Argentina es un ‘lawfare‘ porque hubo abusos en las prisiones preventivas, y hay que esclarecer si el Estado estuvo detrás de perseguir a personas que son ‘del otro palo'».
El flamante funcionario cuestionó el hecho de que «si una sentencia se basa en un testigo que arregló el precio de su testimonio, eso está mal», y dijo que «se le causa mucho daño a la gente que está presa sin el debido proceso».
Lugones, integrante de la Cámara Federal de San Martín, asumió este jueves como presidente del Consejo de la Magistratura, cargo para el que fue votado por unanimidad por los 12 integrantes del organismo encargado de proponer y destituir magistrados.
Al ser consultado hoy por las publicaciones periodísticas que lo tildan de ser «cercano al kirchnerismo», Lugones se definió como «un viejo radical alfonsinista» y agregó: «no reniego de tener amigos K».
Fuente:Conclusion
15 de febrero de 2020
Panorama Político: Debilidades y fracturas
El sueño mediático de la interna Alberto contra Cristina
Los mismos medios que festejaron el unicato macrista, con control judicial y represivo, ven signos de fractura en los debates oficialistas sobre cómo superar las trampas políticas y económicas sembradas por el gobierno de Juntos por el Cambio.
Por Luis Bruschtein
Cristina Krichner y Alberto Fernández.
Imagen: NA
Imagen: NA
La prensa que respaldó al gobierno de Mauricio Macri, los analistas y periodistas que prepararon el terreno como parte del lawfare y aplaudieron el proceso de endeudamiento, ahora ven como fractura y debilidad en el Frente de Todos, a los debates o voces que intervienen en la búsqueda de soluciones para estos temas que crearon ellos. Se trata de un acto de militancia ideológica que pone de manifiesto que para el macrismo, pluralismo es debilidad y la uniformidad les representa el orden democrático. Justamente los presos políticos del macrismo son la expresión más clara de esa esencia autoritaria que tuvo el gobierno de la alianza entre el PRO, los radicales y el grupo que acaudilla Elisa Carrió.
En realidad, la diversidad y el pluralismo constituyen un rasgo de fortaleza y no de debilidad. Es lo que en parte permitió que la democracia superara como sistema a otros intentos de organización de las sociedades porque la democracia es capaz de contener todas las posiciones en un esquema donde cada quien tiene un lugar. Los esquemas rígidos y uniformes como el que planteó Cambiemos durante la gestión de Mauricio Macri terminan por resquebrajarse.
En la interna de la alianza derechista siempre primó una sola voz. El sector que se imponía, callaba a las demás. La gran víctima de ese funcionamiento fue el radicalismo, que fue un socio callado y al mismo tiempo complaciente. La inversión en equipos y tecnología de vigilancia y represión, el show de terror permanente de la ex ministra Patricia Bullrich y el despliegue agresivo de las fuerzas de seguridad fue otra expresión de la esencia autoritaria, al igual que la manipulación de la información y de fiscales y jueces.
Como Cambiemos, el Frente de Todos es una fuerza heterogénea. Los dos caminos son: respetar esa cualidad o aplanarla por la imposición del más fuerte como hizo Cambiemos en su interna.
En un programa de radio, Alberto Fernández señaló que la muerte de chicos wichis en Salta por tomar agua contaminada “debe avergonzarnos a todos”. Es lo que se espera del presidente elegido por el Frente de Todos. Podría haber dicho, “la pobreza existió desde siempre” o “están agrandando un problema endémico” o “es un problema del gobernador” o cualquier otra excusa. Pero el hambre fue asumido en la campaña como un problema material y también moral para los que no sufren ese flagelo.
La existencia de los presos políticos del macrismo genera también vergüenza. Es una reacción moral que pone al oficialismo en un lugar de superioridad moral sobre el macrismo, igual que en el tema del hambre. Uno --el macrismo-Cambiemos-- promovió la persecución mediático-judicial de los que piensan diferente. El otro reacciona con vergüenza y busca una solución con justicia.
Ese debate fortaleció al oficialismo porque lo puso en ese lugar de superioridad moral. Y además lo fortaleció porque no hubo ruptura. Los medios que respaldaron al gobierno anterior, hablan de “fracturas” en el Frente de Todos (siempre con el kirchnerismo por un lado y los demás por el otro). Pero las encuestas demuestran que si en este momento se votara, Alberto Fernández ganaría por 20 puntos de diferencia sobre Mauricio Macri. Doce puntos más de diferencia sobre los ocho que sacó en las elecciones pasadas. No se ven “fracturas”, sino que, por el contrario, ha incorporado mucha gente que antes no lo votó.
Hubo intervenciones de oportunistas de izquierda y derecha a los que los presos políticos del macrismo les interesan un pepino y trataron de aprovechar ese debate para esmerilar al gobierno. Pero la mayor cantidad de voces que intervienen, lo hacen con los atributos del lugar que ocupa cada quien.
El presidente intervino para explicar desde la responsabilidad que ocupa cuál es su pensamiento y sus limitaciones para interferir en las decisiones del Poder Judicial. Los mismos presos se hicieron escuchar, algunos a través de declaraciones en los medios y otros a través de sus abogados defensores.
En la base de esa pirámide de responsabilidades, el ciudadano de a pie, se expresó en parte como acción solidaria, en parte con vergüenza y en parte en defensa propia. Eugenio Zaffaroni lo aclaró: “Hasta cuándo estaremos sueltos nosotros”, planteó en un artículo que publicó la Agencia Paco Urondo. “No se trata únicamente del dolor de los presos que no debieran estarlo, que en modo alguno paso por alto, sino de la amenaza institucional que pesa sobre los que hoy estamos sueltos”.
Con esa pregunta Zaffaroni habló en representación del ciudadano común y subrayó que, como ex juez, confía en la sensibilidad y el conocimiento del presidente Alberto Fernández. Hubo intervenciones con lógico desconocimiento legal o desde fuera de la política, algunas con ingenuidad y otras como fuertes demandas. Hay sensibilidad, pero también hay inquietud cuando hay presos en forma arbitraria por su pensamiento político. Si lo hacen con ellos, mañana lo pueden hacer conmigo. Es inevitable la inquietud que produce y el consecuente debate.
Con la deuda se produce un fenómeno similar en los medios que respaldaron al macrismo. Inmediatamente detectan “fracturas”. Vislumbran una posición “amistosa” y otra “confrontativa”. Por supuesto, la posición “amistosa” con el Fondo Monetario, sería la del presidente y la “confrontativa”, la de la vicepresidenta. Entonces el presidente tiene que salir a aclarar.
Para el macrismo, calificar de “amistosa” a la posición presidencial es una valoración muy positiva, porque durante los cuatro años que gobernaron, el único punto de vista “razonable” o “justo” fue el del acreedor. Todos los argentinos tenían que “enamorarse” de la presidenta del Fondo Monetario, según Mauricio Macri.
El gobierno macrista armó la trampa de la deuda, muchos de sus simpatizantes se favorecieron y fugaron sus ganancias. Eran el gobierno de los argentinos, pero en la negociación, ellos asumían el lugar y los argumentos de los prestamistas en contraposición del lugar, los argumentos y los intereses del pueblo argentino. No conciben otra forma de encarar una negociación con los prestamistas que asumiendo como propios sus puntos de vista. Confrontar, pugnar o disputar con los prestamistas les parece un rasgo de populismo. Y la reina del populismo ya se sabe quién es.
Cuando Cristina Kirchner dijo que el Fondo había transgredido sus estatutos con el préstamo a la Argentina, el vocero del FMI, Gerry Rice salió a rechazar la acusación. La vicepresidenta había sugerido que esa transgresión que efectivamente se realizó para financiar la campaña electoral de Macri con la subsecuente fuga de dólares, habilitaba para que Argentina aplicara una quita a la suma adeudada, lo que también está vedado en los estatutos del organismo financiero.
Sin hablar de quita, Alberto Fernández aclaró no solamente que pensaba lo mismo, sino que se lo había planteado a los directivos del Fondo. La negociación no es una rendición como hizo Cambiemos con los fondos buitre, a los que les pagó más de lo que le habían pedido al gobierno kirchnerista.
Cuando gobernó la alianza entre el PRO, los radicales y la gente que sigue a Carrió, la economía estuvo manejada por empleados de los organismos financieros, fondos de inversión, calificadoras de riesgo y demás. Al sentido común que instalaban las corporaciones de medios y sus periodistas, esa situación tan bizarra les parecía de gran nivel.
Ahora podrá haber un debate sobre la negociación porque habrá negociación y no capitulación ante los acreedores. La corporación mediática está atenta para detectar tintes extremistas en la negociación. Y serán denunciados por el sentido común de las corporaciones mediáticas los que sean demasiado efusivos al defender los intereses propios.
Porque, según esa manera de ver, los prestamistas siempre son más sensatos y más razonables. Y el que pidió prestado se tiene que jorobar porque son las reglas de juego. Quieren la chancha y los veinte chanchitos porque los que pidieron prestado fueron los del gobierno anterior con el respaldo de esos medios. Y los que se tienen que jorobar son los demás, la inmensa mayoría, el país.
Fuente:Pagina12
Mural de Eva Perón en el edificio del Ministerio de Obras Públicas, Buenos Aires. (archivo, marzo de 2016)
Lucha simbólica: el peronismo intenta recuperar símbolos que el macrismo trató de borrar
15 de febrero de 2020
Escribe: Cecilia Pérez en Política internacional | Foto: Santiago Mazzarovich
Dos días después del cambio de gobierno en Argentina, el 12 de diciembre, dos enormes murales de acero con la imagen de Eva Perón se iluminaron en la Avenida 9 de Julio y Moreno. Habían sido inaugurados en 2011 por la entonces presidenta Cristina Fernández, sobre el exterior del edificio del Ministerio de Obras Públicas, de más de 90 metros de altura. Pero desde la llegada de Mauricio Macri al gobierno, en diciembre de 2015, la iluminación que permitía verlos de noche en el centro de Buenos Aires se mantuvo apagada.
Algún funcionario argumentó que se trataba de una medida de ahorro, pero la decisión se enmarcó en una larga lista de iniciativas que buscaban eliminar símbolos peronistas y, sobre todo, los que representaban al kirchnerismo. Una de esas medidas, que nunca se concretó, fue la de cambiarle el nombre al Centro Cultural Néstor Kirchner. Pero hubo muchas otras, y varias implicaban retirar las imágenes y el nombre del ex presidente de diversos espacios públicos.
Con el final del gobierno de Macri, además del cambio político, llegó, una vez más, el simbólico, y los murales de Evita se iluminaron de nuevo. Los integrantes de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) convocaron al acto del 12 de diciembre con la consigna: “Iluminada y eterna. Evita se vuelve a encender”. En la ceremonia participaron dirigentes políticos, diputados y ministros del gabinete del nuevo presidente, Alberto Fernández. “Esto es un acto de pura justicia”, dijo al diario Página 12 el titular de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, mientras que su par de Cultura, Tristán Bauer, afirmó que “quisieron apagar la luz de Evita, pero esa era una tarea imposible”.
“[En Tecnópolis] Nos encontramos con una imagen que me produjo una tristeza hasta el llanto”. Tristán Bauer, ministro de Cultura de Argentina.
Pocos días después, Bauer se refirió en Twitter a otro sitio emblemático de la gestión kirchnerista, el parque Tecnópolis, y al estado en que quedó después de la administración Macri. “Nos encontramos con una imagen que me produjo una tristeza hasta el llanto. Parecía el resultado de una verdadera batalla”, dijo.
El ministro recorrió el predio de Tecnópolis –también inaugurado en 2011–, en el Parque del Bicentenario, y difundió un video con imágenes del lugar. Lamentó especialmente la destrucción de los grandes muñecos que representaban al personaje de televisión Zamba, estrella del canal estatal infantil Pakapaka, y a los próceres argentinos San Martín y Belgrano tal como estaban representados en esa serie animada.
La popularidad que tuvieron el personaje y la serie Zamba –que tuvo su última temporada en 2016– llevó a que se fabricaran juguetes, ropa y afiches con sus imágenes, en algunos casos producidos por cooperativas de trabajo con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social.
“Volvió Alberto, volvió Zamba”. Placa de Crónica TV
Esa serie es una muestra de la política de medios del kirchnerismo y de su política de medios públicos, que incorporó una mirada histórica nacional y latinoamericana en sus contenidos. Tanto así, que durante la campaña electoral de 2018 Alberto Fernández prometió que en un gobierno suyo Zamba iba a volver. Cuando asumió la presidencia, el 10 de diciembre, el canal Crónica TV publicó una de sus conocidas placas con la frase: “Volvió Alberto, volvió Zamba”.
Una vez que se instaló el nuevo gobierno, Bauer lo confirmó a la FM Futuröck: “Podemos afirmar que vuelve Zamba, pero mejor. Estamos trabajando la cuestión de género en esos personajes”.
Hoy Tecnópolis vuelve a abrir sus puertas, después del receso que comenzó en noviembre. Su directora, María Rosenfeldt, dijo a la radio AM750: “A Tecnópolis, como a todo el Estado argentino, lo encontramos desfinanciado, con trabajadores maltratados y todo lo simbólico destruido”, en particular el “parque Zamba”.
El cóndor pasa
El ministro de Cultura, en la misma entrevista con Futuröck, se refirió también a la decisión de Macri de imprimir billetes con la imagen de animales autóctonos: la ballena franca austral, el guanaco, el hornero, el cóndor andino, el yaguareté y la taruca. “Para avanzar en el individualismo, en el ‘sálvense quien pueda’, tenés que borrar la historia. Eso intentaron hacer con los billetes y les resultaba ‘lindo’. Nosotros tenemos una concepción totalmente distinta”, dijo Bauer.
Durante el gobierno de Cambiemos, el cóndor reemplazó en los billetes de 50 pesos a las imágenes que recordaban la reivindicación argentina de soberanía sobre las Islas Malvinas. El gobierno kirchnerista había incorporado a esos billetes la imagen de las propias islas; la del Gaucho Antonio Rivero, una figura histórica vinculada con ese reclamo; la del Cementerio de Darwin, donde se encuentran enterrados combatientes de la Guerra de las Malvinas; y la del Crucero General Belgrano, que participó en ese enfrentamiento.
Durante el primer año de la administración de Macri, en 2016, el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Federico Sturzenegger, anunció el cambio de diseño y argumentó: “Nuestro país es mucho más que hombres y mujeres. Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro medioambiente”. Ahora que el macrismo dejó el gobierno, también se van los animales.
El nuevo presidente del BCRA, Miguel Pesce, anunció que vuelven a los billetes los próceres y las personalidades destacadas, aunque todavía no están definidos sus nombres.
Trapos sucios
Tanto el gobierno de Macri como el de Alberto Fernández llegaron a la Casa Rosada y a la residencia presidencial de Olivos con críticas al estado de conservación de esos edificios durante la administración anterior. En un artículo sobre las condiciones en las que dejó Olivos la presidencia de Cristina Fernández, el diario Clarín enumeraba hace cuatro años: “Árboles caídos en todo el predio, lagos con agua podrida y suciedad en todos los sectores: encontraron ratas y otras plagas en el sótano del chalet presidencial”.
“Hay que pensar que durante muchos años vivió allí una mujer sola”, publicaba por entonces La Nación, citando a un “alto funcionario de la Casa Rosada al tanto de las obras” que la familia de Macri estaba haciendo en esa residencia para darle “calor de hogar”.
Según publicó en su momento Clarín, en tiempos de Macri una auditoría “reveló el mal estado de la Casa Rosada”, pese a que “la última presidenta dedicó tiempo –y grandes cifras de dinero–” a crear galerías, como la de los Patriotas Latinoamericanos, o salones, como el de las Mujeres.
Ahora, terminada la administración Macri, es él quien recibe acusaciones, en su caso incluso ante la Justicia. Uno de los puntos más polémicos de la reforma que inició el ex gobernante en la Casa Rosada fue la decisión de retirar una escalera de 1890, de mármol de Carrara, para construir allí una salida de emergencia, pese a la recomendación de mantenerla allí que emitió la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos.
“[Mauricio Macri] quiso meter en la histórica Casa Rosada una Trump Tower, con una total falta de respeto por la historia”. Oscar Parrilli, senador kirchnerista.
Oscar Parrilli, que fue un cercano colaborador de la actual vicepresidenta, Cristina Fernández, y es ahora senador del gobernante Frente de Todos, dijo a la agencia de noticias Sputnik que el gobierno de Macri “quiso meter en la histórica Casa Rosada una Trump Tower, con una total falta de respeto por la historia”. Agregó que el plan de reformas del ex presidente “implicaba básicamente la destrucción de partes históricas”, y en particular la escalera de mármol de Carrara.
Por eso el 7 de febrero Parrilli denunció ante la Justicia a Macri y a su secretario general de la Presidencia Fernando de Andreis, por omisión de los deberes de funcionario público y “destrucción irreparable de parte del patrimonio histórico y cultural” de Argentina. “Lo que hicieron con la Casa Rosada es lo que hicieron con el país, no es casual. Para ellos no hay historia”, dijo, y se preguntó si la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos fue “cómplice”.
En respuesta, De Andreis mostró una serie de fotografías y afirmó: “Cuando asumimos el 10 de diciembre de 2015 encontramos la Casa Rosada en un estado lamentable”. Según publicó el diario Perfil, el ex funcionario agregó: “Por donde se mirara la Casa Rosada era una ruina: los tapices históricos sin color, los baños hediondos, pasillos y patios con baldosas rotas, cerramientos sucios, las alfombras llenas de ácaros, la iluminación propia de una pensión sin mantenimiento, la impericia arquitectónica por todos lados, la improvisación, el peligro de incendios... Así la vimos en diciembre de 2015”.
Por sorteo, el juez que está a cargo de investigar la denuncia de Parrilli es Julián Ercolini, quien también se ocupa de varias denuncias contra ex funcionarios kirchneristas.
Los planes de un gobierno y otro para la Casa Rosada son representativos de la lucha simbólica entre los dos proyectos políticos. Según recordó la agencia Paco Urondo, allí donde el kirchnerismo había instalado un Salón de las Mujeres Argentinas, con imágenes de Tita Merello, Victoria Ocampo y las Madres de Plaza de Mayo, el macrismo, apenas llegó al gobierno, desmontó parte de esa exposición para convertir el lugar en una oficina y call center. Entre los objetos que retiró del salón aparece, una vez más, la imagen de Evita: en una réplica gigante de un billete conmemorativo que le rendía homenaje y en una miniatura del edificio de Obras Públicas con sus murales.
Pañuelos blancos
La política de derechos humanos del kirchnerismo fue percibida y asumida como parte de su identidad, también por sus rivales políticos. En cambio, Mauricio Macri, desde muchos antes de convertirse en presidente argentino había tomado distancia al respecto y había dicho que si ocupaba ese cargo terminaría con “el curro de los derechos humanos”.
La lista de políticas alineadas con ese discurso fueron muchas: desde la reducción de presupuesto para el área hasta la decisión del Ejecutivo de dejar de apelar los fallos que dictaban prisión domiciliaria para represores que estaban en la cárcel.
Una muestra del cambio de ambiente que llegó con el macrismo fue lo que ocurrió en 2018, cuando se acercaba el Día Nacional de los Derechos Humanos, el 24 de marzo. Las Madres de Plaza de Mayo salieron a pintar pañuelos blancos en las calles como parte de una campaña, un “pañuelazo”. Entre otros lugares, los pintaron en el lugar donde funcionó el centro clandestino de tortura conocido como Mansión Seré, y el intendente de Morón, el macrista Ramiro Tagliaferro, ex esposo de la entonces gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal, ordenó borrarlos. Su decisión fue repudiada por militantes por los derechos humanos y por el kirchnerismo.
Terminado el gobierno de Macri, el nuevo presidente, Alberto Fernández, designó al frente de la Secretaría de Derechos Humanos a Horacio Pietragalla, el nieto número 75 cuya identidad fue restituida gracias a las Abuelas de Plaza de Mayo.
Al salir de una reunión con él y con otros militantes por los derechos humanos, Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, manifestó: “La sensación que tuve es que los pañuelos blancos han vuelto a la Secretaría de Derechos Humanos”.
Fuente:LaDiaria 


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