6 de julio de 2020

OPINION.

La Córdoba paradojal
Por Juan Carlos Giuliani*, Resumen Latinoamericano, 3 julio 2020
foto: Agustín Tosco, paradigma del sindicalista revolucionario.
Córdoba es el rostro anticipado de la Argentina. En sus hechos heroicos y en sus miserias. Luces y sombras que reflejan, mejor que nada, las contradicciones de este país hecho de pan y en el que siguen muriendo chicos de hambre.
La Córdoba del Cordobazo, el Viborazo y el sindicalismo revolucionario, fue también el escenario del primer contragolpe monárquico contra la Revolución de Mayo; de la Reforma Universitaria -poco más de un siglo después- que se extendió como un reguero de pólvora por toda América; del amplio triunfo electoral de Amadeo Sabattini en la década del fraude patriótico conservador; del inicio de la Revolución Fusiladora que derrocó al peronismo en 1955; del Gobierno de Obregón Cano y Atilio López en 1973; del Navarrazo, grotesco golpe policial apañado por Perón que terminó con ese mismo gobierno un año después; del terror y la muerte sembrados por los grupos paramilitares del Comando Liberadores de América; del silencio de los cementerios que impuso el genocida Luciano Benjamín Menéndez; del mutismo cómplice de la cúpula eclesiástica; de las plazas repletas de pueblo para acelerar el retorno de la democracia y para defenderla frente a las asonadas de los carapintadas; de las movilizaciones populares contra el derrumbe del Estado provincial con Angeloz y el feroz ajuste de Mestre; del conflicto político-sindical consecuente y unitario en defensa de la Empresa Provincial de Energía (EPEC) y el Banco de Córdoba en los primeros gobiernos de José Manuel De la Sota; de la resistencia a la precarización laboral, la práctica antisindical y los extendidos niveles de pobreza durante la administración de Schiaretti y, particularmente, a la lucha sin cuartel para frenar el desguace de la ciudad acometido por Kamerath, el desmanejo de Ramón Mestre y el perfil antiobrero de la administración que ocupa actualmente el Palacio 6 de julio con el Intendente Martín Llaryora a la cabeza.
A casi 37 años del retorno de la democracia, la UCR y el PJ se han turnado en gobernar la provincia bajo la concepción del “Cordobesismo”. Por ende, son responsables del actual estado de postración, endeudamiento y desigualdad social, un descalabro promovido por el Pacto de Gobernabilidad del Partido Único Cordobés (PJ-UCR-PRO).
La Córdoba monacal y reaccionaria y la Córdoba popular y revolucionaria viven en permanente tensión. Los antagonismos y las paradojas dominan el paisaje mediterráneo y se codean en la Peatonal.
Esa ciudad, sumida en sus propios consensos y desacuerdos, en el folcklore de sus personajes inmortalizados en Hortensia, que bebe a granel su más típica invención autóctona: El fernet con coca, y baila al ritmo del cuarteto, cumple hoy 447 años. Y lo celebran los hinchas de Belgrano y de Talleres, los estudiantes universitarios y los trabajadores del cordón industrial, los curas de las villas y los cantores de las peñas que pueblan la ciudad surcada por La Cañada.
La Capital de una provincia gobernada por los gerentes de los que mandan: Urquía, Roggio, Pagani, el Grupo de Entidades Empresarias de Córdoba (G6).
Un cumpleaños que se festeja con la chispa de los negrazones que cultivan inmaculada la clásica tonada cordobesa.
Una fecha para recordar a nuestros próceres y mártires y para no olvidar a los traidores y vendepatria.
*Periodista y escritor




La economía más allá de la pandemia y la cuarentena: el problema es el capitalismo
Por Julio Gambina, Resumen Latinoamericano, 04 de julio de 2020
No hay dudas que la pandemia por el coronavirus agravó la situación económica global, pero más allá de cualquier forma de confrontación de la cuestión sanitaria, el mundo presenta un cuadro de recesión con alarmante impacto sobre la sociedad empobrecida, lo que se mide en desempleo, caída del salario, flexibilización salarial, laboral y sobre explotación de la fuerza de trabajo.
El FMI actualizó a junio los datos ofrecidos en abril sobre perspectivas de la economía mundial para el 2020. Si en abril sostenía una caída de -3%, la actualización asume una baja del -4,9% para todo el mundo, con la sola previsión del crecimiento del 1% para China. Recordemos que las autoridades chinas no establecieron meta concreta de expansión de su economía para el presente año, más preocupada por resolver el fuerte impacto en desempleo causado por el receso derivado de la pandemia y que arrastraba la desaceleración económica que venía de antes.
Para esa caída del -4,9% el principal problema está en los países del capitalismo desarrollado, con EEUU cayendo a un -8% y la zona del euro un -10%, con Alemania en -7,8%; Francia -12,5%; Italia -12,8%; igual que España con -12,8%. El Reino Unido, que nunca integró la zona euro y ahora en proceso Brexit, un -10,2%; Canadá -8,4%; Japón -5,8%. El registro de los países emergentes indica una baja del -3%, donde la peor situación es la de América Latina y el Caribe con una caída de -9,4%, donde México lidera con -10,5%; Argentina -9,9% y Brasil con -9,1%. Rusia bajará a un -6,6%; la India un -4,5% y como mencionamos se indica que China crecerá 1%.
La cuestión se agrava cuando el FMI destaca en el informe la perspectiva de caída del -11,9% para el comercio mundial durante el 2020. Es cierto que existe la guerra comercial entre EEUU y China y cuantiosas sanciones a variados países instrumentadas desde la política exterior estadounidense, pero la realidad es la tendencia al cierre de las fronteras, situación agravada en tiempos de pandemia. Más aún, el Fondo señala que el aumento del gasto público para atender la emergencia dispara una aceleración del déficit fiscal muy por encima de lo acontecido en la gran recesión del 2009. Lo mismo acontece con la deuda pública, muy superior a la consignada hace una década. Eso permite inferir una crisis muy superior a la ya visto hace una década y quizá la asistencia a la mayor crisis capitalista mundial.
El problema es el capitalismo y ¿qué hacer?
Más allá de las respuestas de cada país a la crisis sanitaria, prevención o desaprensión, aislamiento o no, cuarentenas suaves o estrictas, la realidad es que todo el mundo presenta una tendencia a la recesión.
El problema no es la cuarentena, ni la pandemia, sino el capitalismo en crisis.
Las autoridades estadounidenses son el ejemplo de la desatención y del otro lado está el ejemplo de China, su planificación y capacidad de mando y control; sin embargo, de modo diferenciado, la tendencia a la baja de la producción es una realidad en los dos países.
En la región nuestramericana se verifican matices en las políticas contra la emergencia sanitaria por la pandemia asumidas entre los tres más grandes economías, Argentina, Brasil y México. Sin embargo, los tres caerán en su actividad económica entre -9,1 y -10,5%.
No es que resulte igual como se aborde el problema de la pandemia, sino que el trasfondo del problema está más allá de la pandemia y de los modos de aplicación de las cuarentenas.
En todo caso interesa considerar como, más allá de la situación económica, se exacerban los esfuerzas por cuidar la salud de la mayoría de la población.
Lo que debe discutirse es el orden capitalista, su crisis actual y su superación, lo que supone iniciativas contradictorias según el lugar que se ocupe en el proceso de producción y circulación.
Una respuesta proviene del capital más concentrado, que presiona por la vuelta a la “normalidad” de la producción.
Los propietarios de medios de producción necesitan del “trabajo vivo” para poner en funciones el “trabajo pretérito o muerto” expresado en máquinas, herramientas, materias primas o materiales, lo que Marx denominó “capital constante”.
Si lo invertido en “capital variable”, el costo en salarios, no cumple con la función específica de generar ganancias en el proceso de trabajo y valorización del capital, lo que ocurre es que engorda la cuenta de pérdidas en el balance empresario y agudiza la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de los capitales.
Por eso la presión para volver a la producción y a la circulación. No es solo una demanda de los fabricantes, sino también del comercio y las actividades de servicios.
El interrogante es si el problema de la producción y la circulación se puede resolver más allá de la pandemia y del aislamiento de cuarentenas, lo que requiere ir más allá y en contra de la organización capitalista, lo que supone otra lógica de pensar y actuar.
Se conocen las dificultades para llevar adelante el aislamiento en los sectores más empobrecidos, lo que llevó a considerar oportunamente las “cuarentenas comunitarias”.
Sobre esa base puede pensarse en políticas públicas que además de acercar alimentos, medicamentos y recursos dinerarios a los más pobres, planificar el acceso a capital de trabajo (constante y variable) para organizar la economía popular en los territorios en aislamiento comunitario.
Organizar de manera alternativa la producción y circulación es algo que puede hacerse desde ahora, siendo a la vez un mecanismo imprescindible para pensar en la transición del modelo productivo y de desarrollo que muestra evidencias ostensibles de crisis.
Articular la demanda social y económica de sectores afectados por el cierre de la actividad con la posibilidad de una producción de bienes y servicios de carácter comunitaria supone una mirada diferenciada sobre la atención de la crisis.
¿Con que recursos hacerlo? Las premisas del cambio
Se impone suspender los pagos de la deuda pública, al tiempo que se audita la misma con participación popular para evidenciar el carácter odioso, ilegal e ilegitimo de la misma, liberando recursos públicos para atender el proceso de acumulación bajo nueva modalidad como sugerimos.
Al mismo tiempo es hora de hacer realidad la imposición de un tributo a las grandes fortunas para ampliar la capacidad de inversión comunitaria y autogestionaria para resolver las imperiosas necesidades sociales, ampliadas en tiempos de coronavirus.
Son premisas a completar con reformas estructurales que alienten reformas en el modelo productivo del agro negocio de exportación, no solo el caso Vicentin.
También transformaciones de fondo del modelo industrial para reestructurar el carácter de armaduría vigente para reorientar el sistema fabril en función de las necesidades del modelo comunitario y autogestionario que sugerimos.
Para ello se requiere transformar las formas de intervención productiva del Estado y desandar el camino de las privatizaciones.
No se trata de la “vuelta al Estado”, sino de ensayar mecanismos que involucren a la fuerza laboral y a la sociedad en su conjunto en la elaboración y ejecución de la política económica.
Todo ello implica discutir las formas de producción y circulación en su conjunto, en el ámbito local y en el mundo, recuperando soberanía sobre las finanzas y el comercio exterior.
Nada de los sugerido es sencillo, y constituyendo un programa en sí mismo, demanda la construcción de un sujeto consciente suficiente amplio para hacerlo realidad.
Lo que sustentamos no es una sugerencia a ningún gobierno, sino una propuesta a ser asumida por una parte importante de la sociedad, que pueda estar en condiciones de disputar la hegemonía política en el país.
Fuente:
El FMI actualizó a junio los datos ofrecidos en abril sobre perspectivas de la economía mundial para el 2020. Si en abril sostenía una caída de -3%, la actualización asume una baja del -4,9% para todo el mundo, con la sola previsión del crecimiento del 1% para China. Recordemos que las autoridades chinas no establecieron meta concreta de expansión de su economía para el presente año, más preocupada por resolver el fuerte impacto en desempleo causado por el receso derivado de la pandemia y que arrastraba la desaceleración económica que venía de antes.
Para esa caída del -4,9% el principal problema está en los países del capitalismo desarrollado, con EEUU cayendo a un -8% y la zona del euro un -10%, con Alemania en -7,8%; Francia -12,5%; Italia -12,8%; igual que España con -12,8%. El Reino Unido, que nunca integró la zona euro y ahora en proceso Brexit, un -10,2%; Canadá -8,4%; Japón -5,8%. El registro de los países emergentes indica una baja del -3%, donde la peor situación es la de América Latina y el Caribe con una caída de -9,4%, donde México lidera con -10,5%; Argentina -9,9% y Brasil con -9,1%. Rusia bajará a un -6,6%; la India un -4,5% y como mencionamos se indica que China crecerá 1%.
La cuestión se agrava cuando el FMI destaca en el informe la perspectiva de caída del -11,9% para el comercio mundial durante el 2020. Es cierto que existe la guerra comercial entre EEUU y China y cuantiosas sanciones a variados países instrumentadas desde la política exterior estadounidense, pero la realidad es la tendencia al cierre de las fronteras, situación agravada en tiempos de pandemia. Más aún, el Fondo señala que el aumento del gasto público para atender la emergencia dispara una aceleración del déficit fiscal muy por encima de lo acontecido en la gran recesión del 2009. Lo mismo acontece con la deuda pública, muy superior a la consignada hace una década. Eso permite inferir una crisis muy superior a la ya visto hace una década y quizá la asistencia a la mayor crisis capitalista mundial.
El problema es el capitalismo y ¿qué hacer?
Más allá de las respuestas de cada país a la crisis sanitaria, prevención o desaprensión, aislamiento o no, cuarentenas suaves o estrictas, la realidad es que todo el mundo presenta una tendencia a la recesión.
El problema no es la cuarentena, ni la pandemia, sino el capitalismo en crisis.
Las autoridades estadounidenses son el ejemplo de la desatención y del otro lado está el ejemplo de China, su planificación y capacidad de mando y control; sin embargo, de modo diferenciado, la tendencia a la baja de la producción es una realidad en los dos países.
En la región nuestramericana se verifican matices en las políticas contra la emergencia sanitaria por la pandemia asumidas entre los tres más grandes economías, Argentina, Brasil y México. Sin embargo, los tres caerán en su actividad económica entre -9,1 y -10,5%.
No es que resulte igual como se aborde el problema de la pandemia, sino que el trasfondo del problema está más allá de la pandemia y de los modos de aplicación de las cuarentenas.
En todo caso interesa considerar como, más allá de la situación económica, se exacerban los esfuerzas por cuidar la salud de la mayoría de la población.
Lo que debe discutirse es el orden capitalista, su crisis actual y su superación, lo que supone iniciativas contradictorias según el lugar que se ocupe en el proceso de producción y circulación.
Una respuesta proviene del capital más concentrado, que presiona por la vuelta a la “normalidad” de la producción.
Los propietarios de medios de producción necesitan del “trabajo vivo” para poner en funciones el “trabajo pretérito o muerto” expresado en máquinas, herramientas, materias primas o materiales, lo que Marx denominó “capital constante”.
Si lo invertido en “capital variable”, el costo en salarios, no cumple con la función específica de generar ganancias en el proceso de trabajo y valorización del capital, lo que ocurre es que engorda la cuenta de pérdidas en el balance empresario y agudiza la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de los capitales.
Por eso la presión para volver a la producción y a la circulación. No es solo una demanda de los fabricantes, sino también del comercio y las actividades de servicios.
El interrogante es si el problema de la producción y la circulación se puede resolver más allá de la pandemia y del aislamiento de cuarentenas, lo que requiere ir más allá y en contra de la organización capitalista, lo que supone otra lógica de pensar y actuar.
Se conocen las dificultades para llevar adelante el aislamiento en los sectores más empobrecidos, lo que llevó a considerar oportunamente las “cuarentenas comunitarias”.
Sobre esa base puede pensarse en políticas públicas que además de acercar alimentos, medicamentos y recursos dinerarios a los más pobres, planificar el acceso a capital de trabajo (constante y variable) para organizar la economía popular en los territorios en aislamiento comunitario.
Organizar de manera alternativa la producción y circulación es algo que puede hacerse desde ahora, siendo a la vez un mecanismo imprescindible para pensar en la transición del modelo productivo y de desarrollo que muestra evidencias ostensibles de crisis.
Articular la demanda social y económica de sectores afectados por el cierre de la actividad con la posibilidad de una producción de bienes y servicios de carácter comunitaria supone una mirada diferenciada sobre la atención de la crisis.
¿Con que recursos hacerlo? Las premisas del cambio
Se impone suspender los pagos de la deuda pública, al tiempo que se audita la misma con participación popular para evidenciar el carácter odioso, ilegal e ilegitimo de la misma, liberando recursos públicos para atender el proceso de acumulación bajo nueva modalidad como sugerimos.
Al mismo tiempo es hora de hacer realidad la imposición de un tributo a las grandes fortunas para ampliar la capacidad de inversión comunitaria y autogestionaria para resolver las imperiosas necesidades sociales, ampliadas en tiempos de coronavirus.
Son premisas a completar con reformas estructurales que alienten reformas en el modelo productivo del agro negocio de exportación, no solo el caso Vicentin.
También transformaciones de fondo del modelo industrial para reestructurar el carácter de armaduría vigente para reorientar el sistema fabril en función de las necesidades del modelo comunitario y autogestionario que sugerimos.
Para ello se requiere transformar las formas de intervención productiva del Estado y desandar el camino de las privatizaciones.
No se trata de la “vuelta al Estado”, sino de ensayar mecanismos que involucren a la fuerza laboral y a la sociedad en su conjunto en la elaboración y ejecución de la política económica.
Todo ello implica discutir las formas de producción y circulación en su conjunto, en el ámbito local y en el mundo, recuperando soberanía sobre las finanzas y el comercio exterior.
Nada de los sugerido es sencillo, y constituyendo un programa en sí mismo, demanda la construcción de un sujeto consciente suficiente amplio para hacerlo realidad.
Lo que sustentamos no es una sugerencia a ningún gobierno, sino una propuesta a ser asumida por una parte importante de la sociedad, que pueda estar en condiciones de disputar la hegemonía política en el país.
Fuente:
El FMI actualizó a junio los datos ofrecidos en abril sobre perspectivas de la economía mundial para el 2020[1]. Si en abril sostenía una caída de -3%, la actualización asume una baja del -4,9% para todo el mundo, con la sola previsión del crecimiento del 1% para China. Recordemos que las autoridades chinas no establecieron meta concreta de expansión de su economía para el presente año, más preocupada por resolver el fuerte impacto en desempleo causado por el receso derivado de la pandemia y que arrastraba la desaceleración económica que venía de antes.
Para esa caída del -4,9% el principal problema está en los países del capitalismo desarrollado, con EEUU cayendo a un -8% y la zona del euro un -10%, con Alemania en -7,8%; Francia -12,5%; Italia -12,8%; igual que España con -12,8%. El Reino Unido, que nunca integró la zona euro y ahora en proceso Brexit, un -10,2%; Canadá -8,4%; Japón -5,8%. El registro de los países emergentes indica una baja del -3%, donde la peor situación es la de América Latina y el Caribe con una caída de -9,4%, donde México lidera con -10,5%; Argentina -9,9% y Brasil con -9,1%. Rusia bajará a un -6,6%; la India un -4,5% y como mencionamos se indica que China crecerá 1%.
La cuestión se agrava cuando el FMI destaca en el informe la perspectiva de caída del -11,9% para el comercio mundial durante el 2020. Es cierto que existe la guerra comercial entre EEUU y China y cuantiosas sanciones a variados países instrumentadas desde la política exterior estadounidense, pero la realidad es la tendencia al cierre de las fronteras, situación agravada en tiempos de pandemia. Más aún, el Fondo señala que el aumento del gasto público para atender la emergencia dispara una aceleración del déficit fiscal muy por encima de lo acontecido en la gran recesión del 2009. Lo mismo acontece con la deuda pública, muy superior a la consignada hace una década. Eso permite inferir una crisis muy superior a la ya visto hace una década y quizá la asistencia a la mayor crisis capitalista mundial.
El problema es el capitalismo y ¿qué hacer?
Más allá de las respuestas de cada país a la crisis sanitaria, prevención o desaprensión, aislamiento o no, cuarentenas suaves o estrictas, la realidad es que todo el mundo presenta una tendencia a la recesión.
El problema no es la cuarentena, ni la pandemia, sino el capitalismo en crisis.
Las autoridades estadounidenses son el ejemplo de la desatención y del otro lado está el ejemplo de China, su planificación y capacidad de mando y control; sin embargo, de modo diferenciado, la tendencia a la baja de la producción es una realidad en los dos países.
En la región nuestramericana se verifican matices en las políticas contra la emergencia sanitaria por la pandemia asumidas entre los tres más grandes economías, Argentina, Brasil y México. Sin embargo, los tres caerán en su actividad económica entre -9,1 y -10,5%.
No es que resulte igual como se aborde el problema de la pandemia, sino que el trasfondo del problema está más allá de la pandemia y de los modos de aplicación de las cuarentenas.
En todo caso interesa considerar como, más allá de la situación económica, se exacerban los esfuerzas por cuidar la salud de la mayoría de la población.
Lo que debe discutirse es el orden capitalista, su crisis actual y su superación, lo que supone iniciativas contradictorias según el lugar que se ocupe en el proceso de producción y circulación.
Una respuesta proviene del capital más concentrado, que presiona por la vuelta a la “normalidad” de la producción.
Los propietarios de medios de producción necesitan del “trabajo vivo” para poner en funciones el “trabajo pretérito o muerto” expresado en máquinas, herramientas, materias primas o materiales, lo que Marx denominó “capital constante”.
Si lo invertido en “capital variable”, el costo en salarios, no cumple con la función específica de generar ganancias en el proceso de trabajo y valorización del capital, lo que ocurre es que engorda la cuenta de pérdidas en el balance empresario y agudiza la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de los capitales.
Por eso la presión para volver a la producción y a la circulación. No es solo una demanda de los fabricantes, sino también del comercio y las actividades de servicios.
El interrogante es si el problema de la producción y la circulación se puede resolver más allá de la pandemia y del aislamiento de cuarentenas, lo que requiere ir más allá y en contra de la organización capitalista, lo que supone otra lógica de pensar y actuar.
Se conocen las dificultades para llevar adelante el aislamiento en los sectores más empobrecidos, lo que llevó a considerar oportunamente las “cuarentenas comunitarias”.
Sobre esa base puede pensarse en políticas públicas que además de acercar alimentos, medicamentos y recursos dinerarios a los más pobres, planificar el acceso a capital de trabajo (constante y variable) para organizar la economía popular en los territorios en aislamiento comunitario.
Organizar de manera alternativa la producción y circulación es algo que puede hacerse desde ahora, siendo a la vez un mecanismo imprescindible para pensar en la transición del modelo productivo y de desarrollo que muestra evidencias ostensibles de crisis.
Articular la demanda social y económica de sectores afectados por el cierre de la actividad con la posibilidad de una producción de bienes y servicios de carácter comunitaria supone una mirada diferenciada sobre la atención de la crisis.
¿Con que recursos hacerlo? Las premisas del cambio
Se impone suspender los pagos de la deuda pública, al tiempo que se audita la misma con participación popular para evidenciar el carácter odioso, ilegal e ilegitimo de la misma, liberando recursos públicos para atender el proceso de acumulación bajo nueva modalidad como sugerimos.
Al mismo tiempo es hora de hacer realidad la imposición de un tributo a las grandes fortunas para ampliar la capacidad de inversión comunitaria y autogestionaria para resolver las imperiosas necesidades sociales, ampliadas en tiempos de coronavirus.
Son premisas a completar con reformas estructurales que alienten reformas en el modelo productivo del agro negocio de exportación, no solo el caso Vicentin.
También transformaciones de fondo del modelo industrial para reestructurar el carácter de armaduría vigente para reorientar el sistema fabril en función de las necesidades del modelo comunitario y autogestionario que sugerimos.
Para ello se requiere transformar las formas de intervención productiva del Estado y desandar el camino de las privatizaciones.
No se trata de la “vuelta al Estado”, sino de ensayar mecanismos que involucren a la fuerza laboral y a la sociedad en su conjunto en la elaboración y ejecución de la política económica.
Todo ello implica discutir las formas de producción y circulación en su conjunto, en el ámbito local y en el mundo, recuperando soberanía sobre las finanzas y el comercio exterior.
Nada de los sugerido es sencillo, y constituyendo un programa en sí mismo, demanda la construcción de un sujeto consciente suficiente amplio para hacerlo realidad.
Lo que sustentamos no es una sugerencia a ningún gobierno, sino una propuesta a ser asumida por una parte importante de la sociedad, que pueda estar en condiciones de disputar la hegemonía política en el país.
Fuente: AnRed
Envio:RL

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