6 de noviembre de 2020

TROPEL 2 DEL 06.11.2020.

 

A partir de la asunción del gobierno 

popular en Bolivia, es imprescindible 

que recupere su libertad y vuelva al 

país el periodista Facundo Molares


Por Carlos Aznárez. Resumen latinoamericano, 5 de noviembre de 2020.

Estamos a pocas horas del momento en que el pueblo boliviano pueda festejar en las calles la asunción del binomio del MAS, representado por Lucho Arce y David Choquehuanca. Una auténtica victoria de los más humildes frente al despotismo de una dictadura que en un año devastó el país, persiguió y detuvo a muchos y muchas militantes populares y produjo también la masacre en Sacaba y Senkata bajo la total responsabilidad de Jeaninne Añez y el ministro Arturo Murillo.

Pero también hay que recordar que hace un año ya que Facundo Molares Schoenfeld, fotoperiodista argentino y luchador popular internacionalista fue hecho prisionero en Santa Cruz de la Sierra por la policía. Vale recordar además que, a pesar de estar gravemente enfermo (sufría una severa insuficiencia renal en el momento de su detención) se lo maltrató con violencia tanto a él como a su padre y su esposa que viajaron a Bolivia para procurar rescatarlo y explicar que las acusaciones que se le endilgaban a Facundo eran falsas. En todo momento, el régimen dictatorial entorpeció las gestiones, detuvo en una comisaría al padre durante 24 horas y finalmente bajo amenaza de muerte lo obligaron a volverse a Argentina.

A partir de ese momento, para nuestro colega Facundo todo se precipitó para peor, ya que sin esperar que su estado de salud mejorara lo trasladaron al tristemente célebre penal de Chonchocoro, ubicado a 4500 metros de altura y famoso por el mal trato a los prisioneros.

En el transcurso de todo este año, el padre de Facundo, el abogado Hugo Molares, ha hecho lo posible y lo imposible para conseguir que su hijo fuera repatriado para ser tratado de su enfermedad en Argentina, pero en todo momento el gobierno fascista se negó, argumentando mil y una mentiras sobre los motivos de la detención. Por otra parte, a nivel de la solidaridad, llegaron múltiples pedidos similares, incluso hasta el propio Papa Fransisco hizo gestiones planteando al Obispo de El Alto, en Bolivia, que se interesara y presionara por este caso.

A nivel de la militancia argentina se realizaron marchas a la Cancillería, actos, acciones de propaganda, recogida de firmas y todo lo que generalmente se hace en estos casos extremos. Para ello, motorizada por varias organizaciones sociales y contando con la adhesión de personalidades y referentes de Derechos Humanos (el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, Linea Fundadora, entre otros), se formó una Coordinadora de solidaridad. En lo que hace a la Cancillería, hay que señalar que lamentablemente ha actuado con extrema lentitud para responder y exigir al gobierno boliviano por su libertad, haciéndolo recién a principios de octubre.

Lo cierto es que nuestro compatriota y compañero Facundo sigue preso en Bolivia, de alli que ahora, que el pueblo boliviano ha derrocado por la vía electoral a la dictadura y dentro de pocas horas ha de asumir el cargo el nuevo gobierno del MAS, esperamos, solicitamos y nos preparamos a aplaudir que muy pronto Facundo salga de la prisión adonde nunca debería haber entrado y vuelva a nuestro país para reencontrarse con su familia y sus compañeros.

De la misma manera que pedimos esto para Facundo lo extendemos a todas y todos los prisioneros ligados al MAS contra quienes la dictadura se ensañó brutalmente.

En el marco de las acciones solidarias con Facundo Molares, este próximo lunes habrá una concentración en la Cancillería argentina a las 12 horas. Sería deseable que seamos muchos y muchas para respaldar una vez más: Libertad y repatriación para Facundo.






Toma de tierras en Los Hornos: 

«estigmatizarnos es una forma de 

deshumanizar cualquier discusión 

política»


Resumen Latinoamericano, 5 de noviembre de 2020.

Laly Machado vive en la toma de Los Hornos y desde alli ofrece un impactante testimonio sobre cuál es la realidad de los de abajo y como permanentemente los de arriba tratan de excluirlos en todos los sentidos. Una entrevista que convoca a la reflexión.

Pinchar en el link para escuchar la entrevista radial:

http://221radio.com.ar/v2/toma-de-tierras-en-los-hornos-estigmatizarnos-es-una-forma-de-deshumanizar-cualquier-discusion-politica/



Aborto: Feministas de la Campaña

nacional por el Aborto se reunieron

con Sergio Massa

Resumen Latinoamericano, 05 de noviembre de 2020.

Un paso hacia el #AbortoLegal2020, la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito se reunió este jueves con el Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa, para manifestarle que es urgente el tratamiento y la aprobación de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Comunicado de la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito

Nos reunimos este jueves con el Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa,para manifestarle que es urgente el tratamiento y la aprobación de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Recordamos que en 2019 presentamos el proyecto de ley que elaboramos desde la Campaña y que el mismo aún tiene estado parlamentario.

Reiteramos que la criminalización del aborto agrava el acceso la salud y que las complicaciones por abortos inseguros suman más demanda al sistema sanitario. Por eso reiteramos que es esencial ampliar el marco de derechos y que la legalización del aborto voluntario contribuirá a descomprimir los servicios de salud.

El presidente de la Cámara propuso el armado de una Mesa de trabajo con las autoridades de la comisión de Mujeres y Diversidades: Mónica Macha y Silvia Lospennato, para incluir el tema en la agenda parlamentaria. Ambas legisladoras estuvieron presentes en la reunión, junto a la diputada Jimena López y a Malena Galmarini.

Massa sostuvo que el mejor momento para discutir el tema será cuando el presidente Alberto Fernández presente el proyecto del Ejecutivo. Informó que la ante la excepcionalidad de la pandemia las sesiones continuarán hasta febrero.

Desde la Campaña intensificaremos la presión para que se inicie el tratamiento. No podemos esperar más y exigimos al Congreso de la Nación y al presidente Alberto Fernández hechos concretos para que tengamos Aborto Legal 2020.

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir

Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito



La telaraña del teletrabajo

Por Pablo Marrero, RedEco. Resumen Latinoamericano, 5 de noviembre de 2020.

Relato de Pablo Marrero que obtuvo el segundo premio en el concurso “Sin presiones” del Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente.

El horario de atención al público se había cumplido y las puertas del banco ya estaban cerradas. El almuerzo era distendido y como siempre a pura charla.

-Es fantástico-dijo Nora, nuestra compañera cajera de la sucursal.

Se refería a la gente que tenía la suerte de trabajar desde su casa. Todavía no le llamábamos teletrabajo.

-Te ahorrás el tiempo de viaje, te acomodás los horarios, cuando tenés ganas te preparas un mate. Estás en tu casa y es como si no trabajaras- comentó Raúl, activador comercial.

Así que, meses después, pandemia de por medio, yo recibí con entusiasmo la propuesta del gerente de la sucursal de trabajar desde mi casa. Mi función sería llamar a una lista de clientes para venderles distintos productos que ofrecía el banco para su profesión, comercio o empresa.

A la semana me trajeron a mi domicilio una computadora y un celular, pero no me dejaron la silla ergonómica que había solicitado para proteger a mi sufrida espalda.

A pesar de la ausencia de la silla fue un lunes que arranqué mi labor con entusiasmo, con la promesa que durante la semana me llegaría.

Nos organizamos las oficinas con Sofía. Mi señora trabaja por su cuenta, con varios programas instalados en su computadora y, también, con su celular, contactándose con los clientes. A ella le tocó la pieza y a mí la cocina.

La primera semana todo marchó más o menos bien e incluso disfrutamos descansos en común en el jardín observando los brotes que ya empezaban a nacer en los árboles. “Esto está bueno”, nos dijimos, sin darle relevancia a los pequeños inconvenientes, como los gritos que se mezclaban cuando ella hablaba con sus clientes y yo con los del banco o cuando Sofía, sin darse cuenta, venía a la cocina y ponía el televisor a todo volumen para desenchufarse un rato, o cuando yo iba a la pieza a recostarme un rato en la cama para aliviar mi dolor de espalda y la encontraba a ella en plena batalla telefónica con algún proveedor.

Tampoco le di importancia al hecho que el sábado tuve que hacer algunas llamadas ya que estaba retrasado con la lista que me habían dado para contactar. El domingo descansé y disfrutamos de un rico asado.

El lunes a la mañana me llamó el gerente consultándome como iba con mi trabajo y me sugirió que le pusiera más pilas. Cerca del mediodía vino Nati, una amiga de Sofía que habla a los gritos y tuve que mudar mi oficina a la pieza, haciendo malabares para acomodar la computadora arriba de mi mesita de luz y trabajar sentado en la cama. Pasada una hora mi cintura estaba insoportable.

El miércoles de la segunda semana de trabajar en casa se cortó internet y faltó durante toda la mañana. Tuve que ponerme a trabajar por la tarde y dejar de lado mi clase virtual de stretching que tomo los miércoles y viernes a las 18 hs. Cené sin intercambiar palabras con Sofía. Una nube de mal humor rondaba mi cabeza.

Fue el lunes, comienzo de la tercera semana de mi nueva modalidad laboral, que me llamó el gerente para decirme, con toda amabilidad, que tenía hasta el viernes para terminar con la lista y que debía colocar un producto al menos al veinte por ciento de los contactados. “De tus resultados depende el cumplimiento de los objetivos de la sucursal”, me comprometió. “Vos podés”, me alentó. En cuanto a la silla ergonómica me anunció que en la semana me estaba llegando.

Esa semana trabajé bastante más de las siete horas y medias que marca el Convenio de mi gremio, sin ninguna expectativa de cobrar horas extras. Logré contactar al noventa por ciento de la lista: todo un éxito. Coloqué una tarjeta de crédito y un seguro de vida: un verdadero fiasco. Así me lo hizo saber el gerente que de inmediato me pasó otro listado, como dándome otra oportunidad. Yo me encargué de aclararle que nunca había realizado ese tipo de trabajo, que no era mi función y que no era capaz de vender absolutamente nada. “Vos podés”, me contestó. De la silla, ni noticias y mi espalda ya se había enterado.

Pasado un mes de teletrabajo nuestro “nido de amor” se había convertido en dos oficinas con computadoras, celulares, papeles, lapiceras, reglas, todo esparcido a lo largo y ancho de la casa. Solo el  baño indicaba que eso era un hogar.

En una de las cenas inicié una conversación con Sofía, que me escuchaba en silencio. Le hablé de las paritarias que aún no se discutían y ya habíamos pasado mitad del año, sobre el protocolo de prevención del Covid 19, que en muchos bancos no se estaba cumpliendo, sobre la situación económica y los clientes más atentos que me decían que en estos momentos no necesitaban nada, gracias y los más desconsiderados que directamente me cortaban. Sobre mi espalda que cada vez me dolía más.

-Todo eso lo tenés que charlar con tus compañeros- me contestó.

Sí, pero ellos están en la sucursal y yo acá, pensé.

Un día me desperté y no pude levantarme de la cama. Lo intenté, pero al darme cuenta que no lograba agacharme para ponerme las zapatillas me volví a acostar. Con la mirada puesta en el techo pensé en mis compañeros, en las bromas, en los almuerzos donde charlábamos sobre nuestros problemas personales y los comunes como laburantes. Noté que los extrañaba. Noté que los necesitaba. Después hice un repaso de lo que había sido mi trabajo todo ese tiempo y me di cuenta que las horas que me ahorraba en viaje lo terminaba trabajando de más, sin darme cuenta, para cumplir con el objetivo que me había encargado el gerente. En cuanto a lo que me ahorraba en plata por viaje o almuerzo lo gastaba en luz, agua, yerba, café, galletitas, que en la sucursal lo paga el banco. Y ni hablar de la Internet. Es cierto que estaba más en casa, pero yo quería una casa y no una oficina y la verdad que extrañaba llegar de mi jornada cansado y compartir un mate con Sofía y contarnos pausadamente los avatares que nos había traído el día a cada uno. Un momento placentero, amable. Esa amabilidad que desde hacía varios días se había troncado en gruñidos.

Al fin pensé que el teletrabajo es como una telaraña de promesas que poco a poco te envuelve y cuando te das cuenta ya estas atrapado y te cuesta salir. Decidí que ese no sería mi caso.

Llamé al trabajo para que me enviaran médico.

Después del mediodía escuché en el teléfono la voz del gerente que me preguntaba sobre el estado de mi espalda. Le dije que muy dolorida, que me habían recetado unas inyecciones desinflamatorias y, que según el médico, no podía seguir trabajando sin una silla adecuada. Y agregué: “Ni bien pase esto de la cuarentena yo quiero volver a la sucursal. Vuelvo a mi puesto de trabajo”, afirmé, lo saludé con amabilidad y, aduciendo que llamaban en la puerta de casa, le corté.

Recuerdo que esa noche, después de un par de inyecciones, estaba bastante aliviado. Sofía preparó una cena esplendida: carne al horno con papas y batatas. Yo descorché una botella de vino y serví un poco en cada copa. Comimos en paz, con intercambio suave de palabras, con sonrisas y un par de brindis. Hacía más de un mes que no sucedía eso.

Fuente: RedEco



Ivonne: «Pido castigo»


JUICIO AL POLICÍA LUIS CHOCOBAR QUE EJECUTÓ POR LA ESPALDA AL JOVEN PABLO KUKOC

Por Oscar Castelnovo. Resumen Latinoamericao/ 5 de noviembre 2020.- .

Mirando de frente al edificio de los Tribunales de Comodoro Py, este miércoles, se recortaba, nítido, un trazo de la Argentina misma. A la derecha, un grupo de defensoras del policía Luis Chocobar, mayoría de mujeres rubias, entonaban el himno nacional, marchas cuarteleras y agitaban banderas celestes y blancas entre otros símbolos de lo que algunos llaman «Patria».

De espaldas a ellos, unos 50 policías de la Ciudad, formados marcialmente, portaban grandes escudos, tonfas y con una rodilla flexionada, listos para el ataque, intimidaban a los familiares de la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil y a militantes solidarios, con mayoría de piel trigueña. Allí, decenas de pibxs ejecutadxs por la Fuerzas de Seguridad sonreían desde las pancartas y las remeras junto a las banderas rojas, mapuches, negras y del Che. La sangre de los fusiladxs inunda una tierra que no les perteneció, les fue arrebatada. Un puñado de madres y padres exhiben una rabia que sí le es propia. Tan visible en su alma, sus ojos, en los gestos que atravesaban el aire, unidos a los insultos lanzados contra a los uniformados.

Entre ellos se destacaba Belén (22), dos hijos, hermana mayor de Pablo Kukoc, asesinado por la espalda, el 8 de diciembre de 2017, en las calles de La Boca por Chocobar, cuando el joven ya no era un amenaza para nadie. Todos vinieron a «hacerle el aguante» a Ivonne Kukok, mamá de Pablo, quien declaró en el juicio a este policía de Avellaneda, por vía virtual, desde Salta. Belén recuerda su infancia en esa provincia: «Mi mamá nos crió a nosotros sola, ella trabajaba todo el día en la plantación de tabaco, éramos seis hermanos, yo como era la mayor me hacía cargo a los más chicos, tenía 9 años. Después venía Pablo, se puede decir que no tuvimos mucha infancia.

lla nos daba todo lo que podía, pero cuando se acababa la cosecha de tabaco, salíamos a vender pan casero y otras cosas. A veces ella trabajaba de noche en la clasificación del tabaco, nosotros ayudábamos a cocinar y a hacer las cosas de la casa. Casi siempre nos regalaba útiles en vez de juguetes porque para ella lo importante era que vayamos a la escuela».

ESPEJOS

Mientras adentro avanza la audiencia, afuera los uniformados montan una provocación contra Rubén Alcorta, padre de «Paly». Aglomeración, empujones, puteadas, los policías, tonfa en mano, amenazan con iniciar la represión. «Veni, vení», grita Rubén en guardia. En un segundo las familias y militantes se aglutinan y corean: «Como a los nazis/les va a pasar/adonde vayan/ los iremos a buscar». Una compañera escribe en el piso, con pintura blanca, «Asesinos» y «yuta tranza asesina» al borde mismo de los borceguíes policiales. Luego, con tranquilidad prodigiosa, pega un espejo sobre un cartón que reza «yuta asesina» y lo enfoca, uno por uno, ante cada policía. Entre ellxs había una mujer y la muchacha le grita: «Que vergüenza, traicionaste a tu clase y a tu género».

Por su parte, Sandra Gómez consideró una barbaridad lo que están haciendo en este caso, donde todo el mundo vio como Chocobar mataba a Pablo: con alevosía y bronca lo remató , cuando podía haberlo detenido y hoy Pablo estaría vivo con su familia. La mayoría de los asesinos que llegan a juicio lo hacen por la lucha de las familias, pero luego fiscales y jueces trabajan para la impunidad, mientras la policía planta pruebas, como en el caso de hijo, luego nos reprime».

¡FUERZA, MAMÁ!

En minutos iba a declarar Ivonne y estaba nerviosa, con temor y con rabia, según manifestó, por el celular conectado a los parlantes que irradiaron su voz en la brisa de Comodoro Py: «Chocobar no asumió su crimen, porque su deber no era matar». «Vos tranquila, Ivonne, el que tiene que tener miedo es Chocobar, no es un héroe, es un asesino. La víctima es tu hijo, decí desde el corazón lo que te salga como mamá, que estamos todos acá, para apoyarte», le dijo Emilia Vassallo. Cada una de las otras madres le dio el mismo respaldo a Ivonne. Luego, tronó el «¡fuerza, mamá!», de Belén.

Las provocaciones de la policía se sucedían una tras otra. Y los cánticos les respondían: «El policía es cagón/ con un fierro y chapa/ Defiende a los que tienen plata/mientras el pueblo va a prisión/ un mano a mano vamo’ a hacer/ aunque vengan con bastones/ porque son unos cagones y los vamos a correr «. Cuando lxs militantes llegaban a la parte de «un mano a mano vamo’ hacer», dos uniformados asentían y miraban desafiantes a un sector donde solo había mujeres. Todas las amenazas y las cámaras de los policías de la Ciudad estaban dirigidas a la Marcha Nacional, ninguna estuvo orientada al patriótico bando que defendía a Chocobar quien, como se recordará, fue recibido con honores en la Casa Rosada por el expresidente Mauricio Macri.

En tanto, la abogada Gabriela Conder, de La Gremial, y Angélica Urquiza, mamá de kiki Lezcano, preparaban un guiso, que chirriaba a fuego medio, en una gran olla popular.

Desde los parlantes, Víctor Jara, Carmelo Santo, Mano Negra y los Fabulosos Cadillacs invitaban moverse y escuchar para quitar, con el ritmo, ansiedad a la espera. «¿Adónde van los desaparecidos/ busca en el agua y los pajonales/¿Y por qué es que se desaparecen?/ Porque no somos todos iguales», cantaba Vicentico.

Las conversaciones iban desde cómo era cada hijx, hasta la reciente Toma de Guernica, donde 1400 familias fueron desalojadas a balazos, gases y topadoras bajo comando del ministro de Seguridad Sergio Berni, en la provincia que gobierna Axel Kicillof. Una militante de Correpi dijo a esta Agencia, que hasta octubre el Gobierno de Alberto Fernández, lleva 310 asesinadxs por Gatillo Fácil, torturas en sitios de encierro y desapariciones forzadas, entre otras modalidades represivas.

La policía de Rodríguez Larreta volvía a la carga y se recogía otro cántico: «No son obreros/ no son trabajadores/ son los milicos cuidando a los patrones». El contrapunto duró toda la jornada bajo el solazo en este rincón de la ciudad de Buenos Aires.

«CHOCOBAR MATÓ A TODA MI FAMILIA»

Al fin, el teléfono sonó e Ivonne anunció que ya había declarado: «Quiero contarles que salió todo bien, que tuve fuerzas gracias a ustedes, en un momento me quebré porque es muy difícil hablar de la persona que mató a mi hijo. Le pregunté al juez si el deber de un policía era matar de esa manera. Hoy el policía Chocobar tiene la posibilidad de ser juzgado, algo que no tuvo mi hijo porque fue asesinado por la espalda, escapando, sin representar un peligro para nadie. Por eso le pedí al juez castigo para este asesino. Porque Chocobar mató a toda mi familia, no solo a mi hijo, nos destrozó».

Gritos de aprobación y aplausos despidieron a Ivonne.

El guiso de verduras, arroz y alas de pollo había llegado a su punto de cocción y, sabroso, se compartió con un vaso de agua para cada quién, en la vereda, de este lado de las rejas de los juzgados.

Del otro lado, otro tipo de asunto empezaba a fermentar. Chocobar llegó al juicio acusado por la fiscalía por el delito de «homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber», que tiene un máximo de 5 años de prisión. En tanto, el abogado de la familia Kukoc, Pablo Rovatti, solicitó «homicidio agravado», que contempla prisión perpetua.

De ese modo, Ivonne kukoc, llamó a las cosas por su nombre y pidió castigo. El tema no involucra solo el caso de Pablo. La impunidad de Chocobar, si eso están cocinando los jueces, será un enorme empuje para continuar el genocidio de miles y miles de jóvenes bajo la bandera, los estrados, las leyes malparidas, las marchas cuarteleras y las balas para pobres, entre otros símbolos de los que algunos llaman «Patria».

Presencias

Emilia Vassallo y Rubén Alcorta, padres de Paly Alcorta, fusilado el 18-5-13

Sandra Gómez, mamá de Omar Cigarán, asesinado 15-2-13

Angélica Urquiza, mamá de Kiki Lezcano, ejecutado 8-7-09/Roxana Cainzos, mamá de Nehuen Rodríguez, ultimado el 15-12-14

Julia Lara, mamá de Agustín Lara, asesinado el 30-5-20

Alfredo Cuellar, padre de Florencia, matada el 23-12-12/Colectivo Contra el Gatillo Fácil La PlataHijos La Plata/ Colectivo Luciano Arruga/ Correpi/ Centro de Acción Cultural Diego Cagliero/ /Gabriela Conder, Rosario Fernández y Eduardo Soares, Gremial de Abogados y Abogadas/ Claudia Agüero, de la Comisión contra la Represión Policial/ Convocatoria Segunda Independencia/ / Laura Marrone- exlegisladora Izquierda Socialista / Opinión Socialista/ Juventud Revolucionaria-Che y Liga Socialista Revolucionaria, entre muchos otros.

Fuente: Agencia Para la Libertad

Fotos: Juan Cicale

Envio:RL



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