Una foto para construir la memoria
Por Claudia Rafael /Agencia Pelota de Trapo /Resumen Latinoamericano, 19 de diciembre de 2020.
Fotos: Juan José Thomes
(APe).- El cuerpo contraído de Facundo Agüero. El pibe que no fue ícono, memoria y pancarta simplemente porque sobrevivió a la golpiza policial cuando lo acusaron injustamente del robo de un perfume que acababa de comprar. Y una silla de ruedas, una cama ortopédica, una vida atada a voluntades ajenas lo siguen reteniendo a la vida. En la imagen, se revela el instante en que le van presionando cada tramo de su piel. Para distender las manos y los pies que denotan la historia entera de estos más de dos años de una gestualidad congelada. El rostro desnuda una mueca que confunde sufrimiento, falta de comprensión o quizás el deseo de huir quién sabe dónde. Tal vez a un mundo donde ese marzo de 2018 no hubiera formado parte de los calendarios. Donde los policías Pablo Escudero, Lucas Medina y Romualdo Mardónez Vázquez sencillamente no hubiesen existido.
Hace apenas unos días la fotografía de su lenta y definitiva crucifixión se hizo historia cuando integró la Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino (Argra) en la decisión del reportero Juan José Thomes de retener el martirio de Facundo Agüero para no dejarlo ir a los arcones del olvido. Facundo está ahí. Con sus 25 años y un cuadro neurológico irreversible.
Un perfume Invictus de 1550 pesos fue la excusa perfecta para que Escudero, Medina y Mardónez Vázquez lo golpearan con saña hasta dejarlo simplemente sobrevivir. “Se cayó desde cuatro metros de altura”, dijeron. “Se robó el perfume”, argumentaron. En sus bolsillos su madre encontraría luego ticket y factura de la compra en una perfumería neuquina. ¿Cambia en algo? Después de todo, antes, mucho antes, está la determinación de Pablo Escudero, Lucas Medina y Romualdo Mardónez Vázquez de aleccionar a los no habilitados para acceder al mundo de los incluidos. Repitieron que “robó en un edificio vecino”, que “se autoinfligió los golpes”.
Juan José Thomes decidió rescatar a Facundo del pactado olvido social al que fue despeñado porque simplemente no murió. A un Facundo que hoy tiene 25 años y que aquel 8 de marzo tenía 22 y todavía entonces corría, se reía desmedidamente, jugaba al fútbol, trabajaba en un supermercado neuquino, extrañaba a su Picún Leufú natal. Durante un año y medio, hasta octubre pasado, vivió con su mamá en el hospital Bouquet Roldán, en donde tuvo que permanecer a pesar de que en febrero de 2019 ya había obtenido el alta pero no había un hogar al que ir.
Escudero, Medina y Mardónez Vázquez fueron condenados pero sólo Escudero sigue detenido. Mardónez Vázquez tuvo una pena excarcelable de 2 años. Medina logró una condicional en julio pandémico. Y Facundo sigue en su propia cárcel definitiva por la decisión de ellos tres de salir a golpear hasta casi matar.
Fue exactamente el 8 de marzo de 2018. El mismo día en que a más de 1600 kilómetros los policías de la Motorizada 911 de Tucumán, Nicolás Montes de Oca y Mauro Díaz Cáceres, le dispararon a matar, con éxito, a otro Facundo. A Facundo Ferreyra, de 11 años. Un Facundo que fue brevemente bandera. Facundo Agüero, en cambio, fue arrinconado en la nebulosa creciente de la amnesia social.

La muestra de la Argra 2020 lo rescató, en la cuidada pero cruda imagen de Juan José Thomes. En una feroz bofetada a la historia. Para rescatar del extravío con un clic de la cámara. Para que el dolor de su rostro construido a los golpes se transforme en la furia que no habilita para la desolación ni dibuja el olvido. Para que Facundo pueda ausentarse definitivamente del exilio de la memoria.
OLP-Resistir y Luchar recuerda el
Argentinazo
Resumen Latinoamericano, 19 de diciembre de 2020.
Comunicado de las Organizaciones Libres del Pueblo-Resistir y Luchar
HOY, COMO EN 2001, SÓLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO
A principio de los años 70, la política de poder gestada por el pueblo argentino al cabo de casi 18 años de proscripción de las grandes mayorías nacionales se sintetizó en la consigna Luche y Vuelve, un sobreentendido que no requería de traducción alguna, porque existía consenso en que quien retornaba garantizaría el bienestar colectivo. No pudo ser por múltiples razones: el regreso se convirtió en tragedia y equivocada confrontación con quienes exigían revolucionarlo todo. Así se abrió en solo 3 años la puerta al comienzo del exterminio de los sectores más combativos de nuestra sociedad.
Al cabo del genocidio que escarmentó a la sociedad argentina y recortó gran parte de su conciencia crítica, en un contexto de fragmentación social extrema y ya sin liderazgos providenciales, la consigna que emergió hacia el 2001 se sintetizó por la negativa: Que se vayan todos, que no quede ni uno solo. Pero no alcanzó a proponer un horizonte alternativo.
Los cantos de sirena del sistema comenzaron a oírse nuevamente a partir de 2003, y buena parte de aquel Nuevo Movimiento Social integrado por piqueteros, clubes de trueque y asambleas barriales sucumbió a la tentadora idea del Estado en disputa, que a instancias de los centros de poder financiero mundial ha aprendido a domar a una sociedad otrora rebelde con millonarias sumas de dinero en planes sociales, al punto de generar la paradoja de encontrarnos aún fuera de sintonía con la ola de protestas que crece a lo largo de Nuestra América.
El Argentinazo que hoy reivindicamos dejó alrededor de 38 pibes asesinados a lo largo del país, algunos tan conocidos como aquel salesiano llegado al Rosario comegato desde Entre Ríos, “Pochito” Lepratti, fusilado por una policía cómplice del narcotráfico sobre el techo de un comedor comunitario del barrio Ludueña, en donde rescatara de la falopa a gran cantidad de guachines, para convertirse más tarde en el Ángel de la Bicicleta. Claro que también hubo muchos héroes y heroínas anónimos, como los motoqueros de SIMECA, que rescataron gente de los gases para que se oxigenara en la 9 de Julio. Y esxs aún viven entre nosotrxs como células dormidas de la rebelión que viene. Porque, digámoslo con todas las letras: No evocamos las jornadas del 19 y 20/12 de 2001 para llorar sobre la leche derramada, sino porque creemos en la vigencia de sus lecciones: La de la autogestión y autodefensa, la de mandar obedeciendo, en fin, la de un mundo donde quepan todos los mundos.
Estamos aquí, entonces, para que cuando se escriba la historia de este tiempo que nos tocó vivir se diga que no estuvimos de acuerdo. ¡Y que todavía hay subversivxs en Argentina!
Unirse desde abajo, organizarse combatiendo
En un vibrante acto varias organizaciones sociales recordaron en Buenos Aires el
Argentinazo del 2001 / Homenaje a
los caídos y renovado compromiso
de lucha
Resumen Latinoamericano, 19 de diciembre de 2020.
Ya han pasado 19 años del Argentinazo de 2001, cuando el pueblo en la calle volteó varios presidentes y proclamó la consigna que luego se hizo famosa en todo el continente: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, referida a los políticos y gremialistas que traicionaron los intereses de las mayorías.
Por eso, este sábado, frente al Obelisco porteño, miles de militantes de organizaciones sociales y populares recordaron a los 37 luchadores y luchadoras asesinados por la policía (varios de ellos en esas mismas calles) y proclamaron en sus discursos que la lucha continúa, ya que los “todos” a los que se había maldecido, se las ingeniaron para retornar poco a poco usando las mil triquiñuelas del sistema demoburgués.
En ese marco colorido que dan las banderas y estandartes del pueblo, contagiaba la alegría de los reencuentros entre la vieja y la nueva militancia, en la que veteranos guerreros de los 70 se abrazaban con la juventud peleona que hoy pide pista para emprender las nuevas batallas que hacen falta para dar vuelta todo lo que sea necesario.
En los discursos se proclamó varias veces la necesidad de homenajear a los caídos «siguiendo su ejemplo de lucha», también de proclamar la necesidad de «acabar con las recetas de una democracia mentirosa y hecha a la medida de los explotadores», porque por otra parte “cuando se escriba la historia de este tiempo que nos tocó vivir se diga que no estuvimos de acuerdo”. La “necesaria formación para aprender a luchar y saber por qué se toma cada camino” no desechó tampoco la idea de que todo lo que se viene haciendo tiene sentido: desde la autoorganización, la autodefensa, la pelea por los recursos básicos, las ollas populares, la soberanía alimentaria a través de la construcción de huertas, pero por sobre todas esas necesidades, calle y más calle como buena consejera. “Lo que no se gana en la calle nunca tendrá la misma solidez que lograrlo por otras vías”. se dijo.
Voces y más voces, consignas calientes de tantos años de bronca contenida y de un año dificilísimo donde faltan la comida, la vivienda y el trabajo. Sin embargo, sobra la fuerza ancestral de unir todo lo que pueda unirse porque como dijo un veterano: “el enemigo que tenemos enfrente es peligroso para enfrentarlo desarmados ideológicamente y además, fragmentados”.
19 años después, el Argentinazo fue evocado por los que siguen teniendo memoria y no compran los espejos de colores del sistema. Mientras tanto, la Patria del 17 de Octubre, la del Cordobazo, la de los piqueteros y los heroicos combatientes barriales del 2001 sigue esperando por nuevas insurgencias libertarias.
Videos y fotos:Resumen Latinoamericano















































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