3 de enero de 2021

COLOMBIA.

Comienzo de año con más violencia: nueva masacre en el Valle del Cauca


Resumen Latinoamericano, 1 de enero de 2021.

Seis personas fueron asesinadas y una más resultó herida, en la ciudad de Buenaventura, departamento colombiano Valle del Cauca, en las últimas horas. Según las primeras informaciones que han entregado las autoridades, se trataría de un caso de ajuste de cuentas por parte de las bandas al margen de la ley que se disputan el territorio. Según Indepaz, el 2020 dejó 90 masacres con 375 víctimas; además de 310 líderes sociales y 64 excombatientes asesinados en el país.

El alcalde encargado de Buenaventura Mauricio Aguirre Obando, manifestó que los hechos se registraron en diferentes lugares de la ciudad como: el sector del Retén, entrada al barrio el Triunfo; barrio Santa Cruz; Calle la Unión en el barrio Juan XIII; barrio San Buenaventura, conocido popularmente como R9; barrio Los Ángeles;  Gamboa, y el sector de la vía Férrea.

Según las autoridades de inteligencia, los homicidios registrados obedecen a una disputa entre las bandas criminales conocidas como la «Local» y la «Empresa».

La situación, según señalan, es aún más preocupante en Buenaventura,  porque al parecer un hombre se movilizó en una motocicleta con fusiles y recorrió durante toda la noche diferentes barrios del puerto intimidando a la comunidad. Circulan por redes sociales videos mostrando esta situación.

Las víctimas fueron identificadas como: Alfonso Rentería Torres,  Jeferson Fajardo Riascos, Dennis Mauricio Sánchez Ortiz,  Donald Ligui Rentería Riascos, Jhon Andrés Riascos y Edwin Fernando Sandoval Hernández. Varios de ellos contaban con menos de 30 años de edad.

Las autoridades locales realizarán un consejo de seguridad extraordinario en aras de adelantar estudios, estrategias y análisis de lo ocurrido. 

Por su parte, el alcalde encargado Mauricio Aguirre Obando, invitó a la comunidad a acatar las medidas de seguridad que se han decretado en el puerto, para garantizar la seguridad de la comunidad.

Así mismo, las autoridades judiciales aseguraron que avanzan con las investigaciones, para dar con el paradero de quienes serían los responsables de estos hechos violentos. 

Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), el 2020 dejó en Colombia 91 masacres con 383 víctimas; además de 310 líderes sociales y 64 excombatientes asesinados.

Fuente: TeleSUR



Denuncian el asesinato del líder 

social Norbey Antonio Rivera en el 

Cauca // Es el tercero en la misma 

semana

Resumen Latinoamericano, 31 de diciembre de 2020.

A pocas horas del fin del año 2020, el asesinato de líderes sociales en Colombia no se detiene, al reportarse la muerte de Norbey Antonio Rivera, defensor de derechos humanos en Popayán, departamento del Cauca. Indepaz reveló que con el de Rivera ya son 309 los líderes sociales asesinados en el 2020. Además, es el referente número 97 asesinado en el Cauca.

Norbey Rivera pertenecía a la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (Ascamta), organización que estaba en la mira de grupos irregulares que enviaban carteles intimidatorios.

Rivera era esposo de la concejal Nancy Santa Cruz, quien recibió varias amenazas de muerte este año.

Según el comunicado de Ascamta, el defensor de DD.HH. «había denunciado con anterioridad haber recibido amenazas» por parte de grupos armados que disputan el control del territorio. Sin embargo, agregan, «no hay respuesta por parte de las autoridades de proteger la vida y los derechos humanos».

De acuerdo al Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), Rivera se desplazaba en su carro en el barrio La Ladera, Popayán cuando fue interceptado por los asesinos, que le propinaron varios disparos en su cuerpo.

Al confirmarse el asesinato de Norbey Antonio Rivera , la senadora e integrante del partido FARC, Sandra Ramírez, lamentó que estos hechos ocurran «ante la mirada cínica y cómplice» del Gobierno de Iván Duque.

El departamento del Cauca se ha convertido en uno de los territorios más hostiles para los líderes sociales. 

La organización Somos Defensores publicó un informe en noviembre de este año en el que asegura que en el 48 por ciento de los casos el autor es desconocido y  el 30 por ciento serían paramilitares.

Indepaz reveló que con el de Rivera ya son 309 los líderes sociales asesinados en lo que va del año. Además, es el luchador número 97 asesinado en el departamento del Cauca, la zona del país suramericano más afectada por la violencia.

Fuente: TeleSUR



La estrategia televisiva de Iván Duque 

se marchita


Por Santiago Torrado. Resumen Latinoamericano, 31 de diciembre de 2020.

El set es prácticamente el mismo desde que el programa arrancó a finales de marzo, con una pequeña bandera y un frasco de desinfectante sobre la mesa. Los colombianos ya no están sometidos a la estricta cuarentena nacional que se prolongó por cerca de un semestre, pero todas las tardes, al final de la jornada, el presidente Iván Duque aún recita las estadísticas sobre el coronavirus en el país y en el mundo al inicio de Prevención y Acción, el especial televisivo de una hora que presenta a las 18.00 horas y se transmite por las plataformas de la Presidencia de la República y varios canales. Menciona el número de pruebas, nuevos casos, pacientes recuperados y fallecidos. Se le nota cómodo, desenvuelto, y se ha convertido en su espacio favorito para hacer todo tipo de anuncios, que suele enunciar mirando fijamente a la cámara sin nadie que lo interpele.

“Hemos cerrado las negociaciones bilaterales con dos compañías farmacéuticas”, Pfizer y AstraZeneca, anunció complacido a mediados de mes, al revelar que Colombia ha asegurado dosis de vacunas para 20 de sus 50 millones de habitantes. Esa emisión, precedida por la expectativa que no suele acompañar al espacio, recordó su propósito original: atender la inédita crisis sanitaria. De allí su nombre, pero con el paso de los meses se ha desdibujado hasta convertirse en una suerte de programa de variedades sobre el Gobierno. El mandatario entrevista a alcaldes, gobernadores, expertos, dirigentes gremiales o miembros de su Gabinete. El ministro de Salud, Fernando Ruiz, ha sido un invitado casi permanente. En un primer momento, siempre se originaba desde la Casa de Nariño –la sede presidencial– pero Duque reactivó sus viajes hace meses y lo sigue presentando desde donde se encuentre.

Ha transmitido desde la isla caribeña de San Andrés para mostrar la respuesta a los estragos causados por el huracán Iota y ha llevado militares para hablar sobre operativos. También ha anunciado decisiones variopintas que van desde prohibir la pesca de tiburones hasta su terna de candidatos para formar parte de la Corte Constitucional. En varias ocasiones ha contado con invitados internacionales. Este diciembre, estuvo acompañado por el presidente Sebastián Piñera en una emisión desde Santiago de Chile, a donde viajó para asumir a nombre de Colombia la presidencia rotativa de la Alianza del Pacífico. También invitó al líder opositor venezolano Leopoldo López, de visita a Bogotá, lo que reavivó el debate sobre la pertinencia de esa elevadísima exposición mediática y su aprovechamiento para temas ajenos a la salud pública.

Antes de que irrumpiera la covid-19 para trastocar la agenda política, Duque atravesaba una prolongada crisis de popularidad y los analistas coincidían en que su Gobierno carecía de rumbo definido. El mandatario, que acabó el 2019 asesiado por la oleada de protestas que sacudió al país, encontró oxígeno en la gestión de la pandemia. El escenario de crisis le permitió construir una narrativa de Gobierno, multiplicar sus apariciones y levantar su imagen. Con Prevención y Acción al aire, Duque repuntó en abril hasta el 52 % de aprobación por 39 % de desaprobación en la medición bimensual de Gallup. Pero ese idilio televisivo fue fugaz, y regresó pronto a los números rojos. Para octubre registró 31% de aprobación y 61% de desaprobación, unas cifras más en línea con las que mostraba antes del coronavirus.

“Cuando un presidente habla todos los días, como lo está haciendo Duque, genera varias consecuencias nefastas para él en términos de imagen”, apunta Eugénie Richard, docente experta en comunicación y marketing político de la Universidad Externado de Colombia. Las intervenciones de un mandatario deben mantener cierta aura y solemnidad, señala, estar reservadas a grandes momentos en los que hay que convocar a la nación. “Esta saturación del espacio mediático hace que la palabra presidencial pierda su importancia. Y eso es grave en términos de reputación”.

Durante la fase más aguda de la crisis, el mandatario colombiano, de corte conservador, comunicó mucho pero no mostraba acciones concretas, advierte la experta. Más que un escenario de rendición de cuentas, su programa se siente como un monólogo. Y desde que Hugo Chávez hizo alarde de su retórica en las maratónicas emisiones de Aló Presidente, en América Latina eso ha tendido a asociarse con líderes populistas de izquierda. “Duque toma el riesgo de ser comparado a un Chávez, un [Nicolás] Maduro o un AMLO [Andrés Manuel López Obrador]”, valora Richard. “El programa perdió su finalidad y empieza a tomar tintes de propaganda, que no es el tipo de comunicación que los colombianos están esperando de su Gobierno”, concluye.

Prevención y Acción, que se acerca a 200 emisiones a lo largo de 10 meses, se ha convertido en parte del paisaje: ha perdido audiencia, acusa el desgaste y la oposición lo considera, entre otras, una maniobra para evitar las réplicas. Regresó este lunes después de unos días de pausa navideña. Duque pretende “ejercer un control cada vez más fuerte sobre la información que circula sobre su Gobierno”, apunta un reciente análisis de La Silla Vacía, el portal político de referencia en Colombia, que lo describe como un espacio televisivo “donde cuenta lo que él quiera, sin someterse a las preguntas de los periodistas ni a la edición de los medios de comunicación”. Sin contar entrevistas exclusivas, el presidente ha hecho solo siete ruedas de prensa en este 2020. La última fue el 19 marzo, días antes de que el Ejecutivo decretara las estrictas medidas de confinamiento que se desmontaron gradualmente, señala La Silla en su recuento.

En el último año ha quedado muy claro que la estrategia ha consistido en alejar al presidente de la prensa, limitarlo a espacios cómodos y concertados, y mantener un control sobre la narrativa oficial, apunta Jonathan Bock, director de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip). Esa imposibilidad de contrapreguntar, verificar, validar o ampliar la información “empieza a generar una pared con los periodistas”, valora, una tendencia agravada por cierta propensión a considerarlos como oposición. “Esto de cara al 2021, un año previo a elecciones, cuando no han dado señales de que el programa vaya a interrumpirse, es preocupante”.

Fuente: El País


Envio:RL


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