26 de abril de 2022

FRANCIA.

 

Ganó Macrón, pero…

Por Atilio A. Boron, Resumen Latinoamericano, 25 de abril de 2022.

Emmanuel Macron derrotó a su rival, la ultraderechista Marine Le Pen, resultado harto significativo por cuanto la victoria de una representante de esa tendencia política en Francia habría tenido un devastador impacto a escala europea. No obstante, el crecimiento de su fuerza política no deja de ser preocupante: si en la segunda vuelta de las elecciones del 2017 cosechó un 33.9 por ciento de los votos, en la de este domingo trepó al 41.8 por ciento, al paso que Macron disminuyó su caudal electoral desde el 66.1 del 2017 al 58.2 por ciento actual. Es evidente que su capacidad para captar votos a su izquierda o centro-izquierda fue muy limitada, pese el temor que suscitaba la eventualidad de una presidencia en manos de Le Pen. 

La ortodoxia neoliberal de sus políticas económicas y sociales unidas al estilo gerencialista de su gestión y la ferocidad de la represión ordenada en contra de las reiteradas protestas de los “chalecos amarillos” mermaron su base electoral. No sería un error afirmar que Macron fue electo más por el espanto que suscitaba su contrincante que por el amor que le profesaban grandes sectores de la sociedad francesa. Fue, como asegura la encuestadora IPSOS, “un voto sin entusiasmo». 

Estas elecciones mostraron otra faceta que describe en un cierto sentido el malhumor social reinante: tuvieron la menor tasa de participación ciudadana desde la elección presidencial de 1969, la misma que instaló a Georges Pompidou en el Palacio del Elíseo luego del terremoto político desatado por la renuncia del general Charles de Gaulle. Sería exagerado -aunque no del todo desacertado- hablar de una “victoria pírrica” de Macron porque en poco más de un mes, el 12 de junio, se celebrarán las elecciones legislativas para renovar la Asamblea Nacional de 577 miembros y los primeros sondeos realizados por IPSOS la noche misma del domingo revelan que la nueva composición de la Asamblea Nacional podría traducirse en un serio revés para Macron. 

No sería una total anomalía en Francia, porque ya en el pasado hubo casos de “cohabitación”. En 1986 François Mitterrand, presidente socialista, nombró al gaullista Jacques Chirac como primer ministro tras su victoria en las elecciones legislativas de ese año; y en 1993 Mitterrand tuvo que encargarle la formación del gobierno al conservador Édouard Balladur. Y entre 1997 y 2002, Chirac como presidente tuvo que designar al socialista Lionel Jospin como primer ministro. Esa parece ser la apuesta de Jean-Luc Mélenchon, que ha llamado a sus numerosos partidarios (obtuvo casi un 22 por ciento en la primera vuelta) a cerrar filas y construir una mayoría electoral en la Asamblea Nacional que se oponga al proyecto de Macron.



Los desafíos para Macron, el 

«presidente de los ricos»

Por Eduardo Febbro, Resumen Latinoamericano, 25 de abril de 2022.

Democracia, política social, fracturas entre muy ricos y muy pobres, ecología y una nueva configuración industrial de un país desindustrializado constituyen, entre tantos, los desafíos que esperan a Emmanuel Macron en los próximos cinco años. La apatía o la fragilidad democrática preceden en mucho las dos elecciones de Macron. La abstención viene de lejos y es el síntoma de un malestar que se acentuó durante su primer mandato en el curso del cual el ejercicio vertical del poder, cierto menosprecio por la Asamblea, los sindicatos y las asociaciones dieron la impresión que importaba más mandar que gobernar. También, los golpes de comunicación suplantaron muchas veces la auténtica concertación democracia y la acción política. 

Hubo, en esos cinco primeros años, un evidente empobrecimiento de la práctica democrática del cual Marine Le Pen sacó mucho provecho. Reparar la confianza de los franceses ante la política es una de las grandes deudas que el macronismo tiene con la sociedad si se busca realmente desactivar la pujanza de la ultraderecha.

El éxito de Marine Le Pen se apoyó muchísimo en las cuestiones sociales. Pareció, a lo largo de la campaña, la única que se ocupaba del poder adquisitivo y del sufrimiento social. La temática será este año tanto más decisiva cuanto que la guerra en Ucrania ha provocado el aumento del precio de los suministros energéticos y una ola inflacionaria considerable en todos los productos de primera necesidad, desde el pan hasta las pastas. 

Macron todavía lleva colgada la etiqueta de “presidente de los ricos”. Atenuar los fines de mes sin plata de millones de personas será una de las tareas más urgentes que le esperan y una condición para recuperar la confianza de las clases sociales menos favorecidas a las que sí dejó por el camino entre 2017 y 2022. 

Antes de ser reelecto este domingo, Emmanuel Macron prometió la adopción de una ley a favor del poder adquisitivo a partir del mes de junio de este año. Sería, si así ocurre, una dirección muy diferente a la que tomó en 2017 cuando sus primeras decisiones fueron la modificación del código de trabajo y el reemplazo del impuesto sobre las grandes fortunas por otro muy favorable a los ricos.

La política ecológica figura entre las grandes decepciones del mandato que concluye. El macronismo utilizó la ecología como una variable seductora con medidas de corto aliento y no como la urgencia climática lo exige con una refundación del funcionamiento del sistema y medidas más amplias, más drásticas, con visión de futuro ante la catástrofe ecológica. 

Jubilación, salud y educación constituyen los otros tres ejes de su nuevo mandato. La primera temática es tanto más conflictiva cuanto que en el programa electoral de 2022 figura una nueva reforma del sistema de jubilaciones con la ambición de ampliar hasta los 65 años la edad para jubilarse. Sin embargo, durante la campaña y luego en su primer discurso, Macron empleó varias veces el término de “benevolencia”. Palabra nueva en la boca de un mandatario acusado de arrogancia y que, ahora, admite que “la sociedad está tan fracturada y desorientada” que hace falta “benevolencia” en la aplicación de las “medidas sociales y económicas”. En este sentido, Macron propuso le eventualidad de un referendo sobre el tema de la reforma del sistema de jubilaciones.

Dotar al sistema de salud y a la educación nacional de medios renovados y misiones revalorizadas es otra de las deudas que el macronismo arrastra del mandato precedente. Quien dice educación dice juventud y allí Macron ha puesto el rumbo desde las primeras horas de su reelección. Faltan, por ahora, los medios concretos. El presidente prometió una revalorización salarial para los maestros y los profesores que estos ya juzgaron insuficiente. No se trata solo de sueldos sino del sentido de una educación nacional con tradición republicana abierta no sólo hacia el éxito individual promovido por la competencia liberal sino hacia un nuevo contrato social y educacional. Por segunda vez, los electores ponen a Emmanuel Macron como muralla ante la ultraderecha. Si fracasa en estas misiones qué él mismo fijó, tal vez sea la última.

Envio:RL



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