Oesterheld, radiografía de una historia argentina reciente
Se cumplen 104 años del nacimiento de Héctor Germán Oesterheld,
guionista, historietista, militante montonero que continua desaparecido junto a
tres de sus hijas. En el libro “Los Oesterheld”, Fernanda Nicolini y Alicia
Beltrami cuentan por primera vez la intimidad y la militancia de una familia
mutilada por la última dictadura cívico militar. En esta nota, conversamos con
una de sus autoras.
Publicado el domingo 23 de julio de 2023
La historia argentina recuerda a
Héctor Germán Oesterheld como el creador de El Eternauta, el
relato de ciencia ficción más poderoso que se ha escrito en el país. Para 1957,
el año de su publicación, las revistas de historietas eran un género muy
popular, salían por entregas semanales y en toda casa había un fascículo de las
desventuras de Juan Salvo ilustradas por Francisco Solano López.
Durante sus casi 60 años de vida,
Oesterheld creó numerosos personajes como Bull Rocket y el Sargento Kirk; Ernie
Pike, un corresponsal de guerra que relata batallas de la Segunda Guerra
Mundial. Ticonderoga; Randall the Killer, con ilustraciones de Arturo del
Castillo; Sherlock Time, con Alberto Breccia; Joe Zonda y Rolo, el marciano
adoptivo, con Francisco Solano López. También creó su propia editorial:
Frontera, que funcionó durante cinco años y por donde pasaron los mejores
historietistas del momento. Luego del cierre de Frontera, Oesterheld siguió
creando: publicó Misterix, Rayo Rojo, Mort
Cinder, y siguen los nombres. Sin embargo, fue ese héroe colectivo el que
pudo atravesar las dimensiones del tiempo y el espacio y con la vuelta a la
democracia se convirtió en ícono y bandera.
El Eternauta, el viajero de la eternidad.
Muchos especialistas han analizado
la obra de Oesterheld y a cada uno de sus personajes pero poco se sabía de su
militancia y la de sus hijas Beatriz, Diana, Estela y Marina; de
ese padre que cambiaba pañales, pasaba tardes enteras charlando con sus hijas y
sembrando flores en los jardines de su casa de Beccar; poco se sabía de ese
hogar que alojó a los más reconocidos dibujantes del momento, en los que se
discutía de cultura, arte y política; poco se sabía de la historia de la
intimidad de esa familia que recibía en su mesa a todos amigos posibles, que
tenía dificultades para pagar las cuentas, que se sumó a la lucha armada y que
fue desmembrada de manera salvaje por la última dictadura cívico militar. De
estos temas nos habla Los Oesterheld -editado por
Sudamericana-, una investigación periodística realizada por Fernanda Nicolini y
Alicia Beltrami, que a través las cartas, algunos archivos documentales y por
sobre todo, los testimonios de más de doscientos entrevistadas y entrevistados,
reconstruyen los sueños, los amores, los miedos, los inicios de la militancia,
la clandestinidad, la tragedia y las pequeñas alegrías de la vida cotidiana de
cada uno de los integrantes de lo que supo ser la familia Oesterheld.
Héctor Oesterheld junto a su esposa Elsa Sánchez y
sus hijas Estela, Diana, Beatriz y Marina.
-"Prefiero recordar los
años en los que fui feliz" dice Elsa Sánchez de Oesterheld en un
pasaje del libro. Diez personas desaparecidas y asesinadas en su familia: sus
cuatro hijas, su marido, sus dos yernos, otro yerno que no conoció y dos nietos
que estaban en la panza. En Los Oesterheld hay un relato
central que es el de Elsa, ¿Cómo fueron las charlas con ella? ¿Cómo logro
sobrevivivir a semejante tragedia?
-Fernanda: Elsa es la única
sobreviviente. La entrevistamos muchas veces y también usamos entrevistas que
ella fue dando a lo largo de los años. Dejamos su testimonio en primera persona
sin intervención. Fue una voz muy importante para conocer cómo vivía esa
familia, cómo era la personalidad de cada una y también lo que pasó después
cuando se empezó a quedar sola. Elsa sobrevivió porque tuvo que criar a uno de
sus nietos, Martín, hijo de su hija Estela y de su yerno "el Vasco".
Martín tenía tres años cuando secuestraron a sus padres. Estuvo en el centro
clandestino El Vesubio y compartió momentos con su abuelo que también estaba
secuestrado. Oesterheld le pidió a un guardia que lo lleve con su mujer y nunca
se va a saber por qué, cumplió. De allí sacó la fuerza Elsa para levantarse y
seguir adelante. Cuando la entrevistamos, conocimos a una Elsa que había
procesado un montón de cosas. Si escuchás las entrevistas de ella siendo más
joven, se ve una mujer con mucha polenta, muy alineada con Abuelas de Plaza de
Mayo para encontrar a sus nietos, pero muy enojada con su ex marido,
responsabilizándolo de no haber cuidado a sus hijas. Y en el libro se muestra,
a través de las cartas y relatos, que en realidad fue una elección personal de
cada una, incluso fueron ellas las que, de alguna manera, le mostraron el camino
a Héctor. Con el paso del tiempo, sobre todo durante el gobierno de Cristina
Kirchner, reivindicaron la figura el Elsa y ella también empieza a entender y
valorar la militancia de sus hijas y encuentra, de algún modo, "cierta
paz" -ella no lo dice en esos términos- pero puede compartir su historia
desde un lugar que ya no es tanto desde el enojo y el dolor.
Una de las últimas fotos tomada durante en el
verano de 1976. Diana con Martín en brazos. Marina y Elsa, de pie. Debajo,
Beatriz, y Estela con Fernando bebé.
-En Los Oesterheld las
cartas que se escribían entre padres, hijas y hermanas tiene un lugar especial.
¿Qué aportes hacen al relato de la historia familiar?
-En el caso de las cartas que
Elsa le escribió a Héctor y a sus hijas podemos ver que son una radiografía de
momento, que habla de sus pasiones, sus reclamos, su amor. Entonces podemos ir
descubriendo a una mujer muy inteligente, que le tocó atravesar una historia
que ella no había elegido. Cuando empiezan a desaparecer sus hijas, ella
escribe cartas a amigas, a familiares, incluso a Héctor, en las que aparecen
todas las contradicciones juntas, que son como una síntesis de lo que le pasó a
muchos padres que no comprendían del todo la militancia de sus hijos. Y en el
caso de Héctor y las chicas, las cartas son fundamentales porque son el único
material directo en el cual nosotros podemos llegar a esas voces. Ahí están los
modos de escribir, de pensar, de expresarse, el tipo de vínculo que tenían. Son
cartas que van mostrando la relación intrafamiliar y que dan cuenta de ese
vínculo tan cercano que tenían y que hace que no sea casual que Héctor termine
militando a la par de sus hijas. Hay muchas cercanías, no solo afectiva sino
también ideológicas.
Beatriz junto a su novio y vecino Miguel Fernández
Long, en 1972. Beatriz fue la única hija que Elsa pudo sepultar.
-En una parte del libro Elsa
dice: "La casa estaba lleno de chicos y vecinos, primero para jugar con
las nenas, y después bueno, después cambió". ¿Cómo fue que ese
historietista tan reconocido en el mundo se convirtió militante montonero? ¿Qué
rol tuvieron sus hijas en esa decisión?
-La casa fue muy importante en la
vida de los Oesterheld porque fue como el espacio de creación donde empezó suceder
todo. En la casa de Beccar se reunía Héctor y sus compañeros de la editorial;
las y los amigos de las chicas de la escuela, después de la facultad, luego de
la militancia. Las conversaciones que antes eran acerca de películas, arte o de
novedades editoriales, cambiaron. Las chicas se comenzaron a preguntar ¿por qué
nosotras nunca vivimos en democracia?, ¿qué está pasando con las luchas de
liberación?, ¿qué pasó en Cuba, qué en Argelia?. Empezaron a circular otros
libros, se empezó a leer sobre marxismo, a entender el peronismo desde una
mirada de la izquierda. Y de esas charlas se pasó al territorio. Las chicas
comenzaron a militar: Beatriz en la villa Sauce, cerca de Beccar; Estela fue
para zona Sur; Diana primero en la facultad y después se instaló en Tucumán;
Marina, la más chica que tenía 14 años, comenzó a militar en la Unión de
Estudiantes Secundarios. Y Héctor era parte de ese universo. En ese caldo de
cultivo familiar, cada uno fue buscando su camino. Además, Héctor tenía una
fascinación con la juventud, tenía el oído puesto en los jóvenes, en sus hijas
que eran sus interlocutoras y le traían las novedades del mundo juvenil. Al
escribir historietas, Héctor sabía que le hablaba a generaciones que tenían
entre 12 y 20 años, que crecieron leyendo El Eternauta, y él creía
que las historietas eran un medio de transmisión de ideas. Cuando se encuentra
más comprometido políticamente, empieza a pensar la historia latinoamericana
desde otro punto de vista, a contar partes de la historia argentina desde un
punto de vista rosista y no mitrista, porque había una nueva generación que
estaba hablando de eso.
Diana, Beatriz y Estela.
- ¿Por qué les pareció recuperar
la trayectoria militante de Héctor y de sus hijas? ¿Cómo realizaron esa
reconstrucción?
-Había mucho escrito sobre Héctor
como guionista, una biografía unidireccional del autor de El Eternauta y
después cuando pasaba a la parte de la militancia era como una línea, una
definición de él como persona que no estaba narrada. Y con las chicas también
pasaba parecido, se hablaba de ella como pobrecitas, las cuatro chicas hermosas
de zona norte que están desaparecidas, y en el medio había como un silencio que
no es inocente, sino que es parte de lo que hizo dictadura que fue quebrar la
historia, mantener una estructura de silencio que provocó que miles de historia
no se narraran y que necesitó de una mirada política y de una reivindicación de
la militancia de los años 70 para que esas historias se pudieran empezar a
contar. A nosotras nos interesó recuperar los relatos, no solo desde son
secuestrados o desaparecidos, que eso es lo más conocido porque es lo que se
cuenta en los Juicios, sino recuperar las historias de vida previas para
entender por qué eligieron la militancia. Y también nos interesó narrar la
militancia de 'los comunes'. Muchas de las personas que nosotras entrevistamos
era la primera vez que contaban, no sólo que habían conocido a algún integrante
de la familia Oesterheld, sino su propia historia. Entonces nos pareció muy
importante poder narrar, a través de esta familia, una militancia común a toda
una generación, contar la historia de una época que es clave en Argentina.
Héctor junto a sus hijas Marina y Estela.
-En todas esas horas de
entrevistas, charlas, intersecciones de datos, lectura de cartas que realizaron
durante la investigación, ¿con qué Héctor Oesterheld te encontraste?, ¿qué
pasajes de su vida te sorprendieron?
-Hay muchos momentos tiernos. Las
personas que entrevistamos y que los conocieron siempre tienen algún recuerdo
de ternura con Héctor, una sensación paternal. Cuando él comienza a militar
tenía cerca de 50 años y había pocos militantes tan grandes, 'Germán, el viejo'
lo llamaban. Varios de los entrevistados nos contaron que Héctor les daba
consejos de cómo racionar los alimentos para no morirse de hambre si no tenían
mucho dinero, o si se encontraba con algún compañero de militancia de sus
hijas, lo invitaba al cine, entonces se ve como que nunca pierde esas ganas de
disfrutar la vida, desde un lado muy humanista, como un tipo que le gustaba
disfrutar de todo. Entonces, hay algo como muy luminoso cuando Héctor aparece
en las vidas de estas personas. Es esos momentos muy duros, el recuerdo de
Héctor aparece como una luz, como un recuerdo donde hay calidez. Y después, hay
algo muy fuerte que es cuando, estando clandestino y ya militando en
Montoneros, Héctor empieza a escribir una segunda parte de El Eternauta mucho
más politizada, en la que crea un personaje central que se llama María. Ese era
el nombre de guerra de su hija Beatriz, y cuando él lo escribe ya sabía que a
su hija la habían matado y estaba totalmente destruido con eso. Creo que ahí se
sintetiza algo de Héctor, que es que con todo ese dolor que tenía, su manera de
de procesarlo fue armar un personaje y no para cualquier historieta, sino
para El Eternauta. A ese nivel tenía la herramienta de la
historieta como parte de su vida.
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