Romero Victorica y sus escandalosos vínculos con represores
Dinosaurio en acción
El fiscal del caso Herrera de Noble será investigado penalmente por su trato con Herman Tetzlaff, apropiador de la hija de desaparecidos Victoria Montenegro. Mirá la galería de fotos.
Victoria Montenegro le hizo honor a su nombre y a su sangre, aquella que recién asumió como propia hace apenas unos años. Su historia es uno de los tantos ejemplos que demuestran lo complejo y difícil que resulta para un hijo de desaparecidos, apropiado durante la última dictadura militar, asimilar la realidad a la que fue sometido. Por eso, el testimonio que Victoria brindó el pasado 25 de abril ante el Tribunal Oral Federal Nº 6, en el marco del juicio sobre el plan sistemático de robo de bebés por parte del terrorismo de Estado, fue un triunfo para la causa de los derechos humanos. Una clara muestra de que la lucha no fue –no es– en vano.
Victoria nació el 31 de enero de 1976. Tenía apenas 13 días cuando sus padres, los militantes Hilda Ramona Torres y Roque Orlando Montenegro, fueron asesinados en un operativo en Boulogne, partido de San Isidro. Su apropiador fue el jefe de aquella redada: el agente de inteligencia del Ejército Herman Tetzlaff, ya fallecido. Victoria no sólo relató a la Justicia su historia de vida, sino que ahondó en aquello que su apropiador le contó durante sus años de convivencia. Entre esas revelaciones, sobresalieron los vínculos que Tetzlaff –jefe del Grupo de Tareas que operaba en el centro clandestino de detención El Vesubio– mantenía con el actual fiscal de la Cámara de Casación Juan Martín Romero Victorica, quien hoy interviene en la causa que busca determinar si los jóvenes Noble Herrera son hijos de desaparecidos.
“Sé que ese fiscal era amigo de mi apropiador, que sabía que yo era una niña apropiada y que Herman fue el asesino de mis padres”, aseguró Victoria ante el TOF 6. En otra parte de su declaración, aportó que Romero Victorica llamaba a su casa y pasaba información. “Veinte días antes, Herman sabía lo que iba a pasar. Al momento de su primera detención, yo fui quien le atendió el teléfono, llorando. Me pegó dos gritos, me dijo que me quedara tranquila”, detalló. También dejó en claro el entendimiento entre el actual fiscal y el represor: “Herman decía que Romero Victorica era de la causa”.
Victoria sostuvo que el vínculo de ambos hombres es previo a 1992 y también contó que fue Romero Victorica quien le acercó tres abogados a Tetzlaff –que de otra forma jamás hubiera podido pagar– cuando la causa por apropiación comenzó a comprometerlo.
En sus conversaciones, el represor fallecido le narraba al fiscal algunos de sus operativos. En una ocasión, cuando Victoria fue a los tribunales de Comodoro Py a ver al “Potro” –como apodan a Romero Victorica–, le escuchó decir la siguiente frase: “Sabés las veces que estuvo el Gordo sentado acá. Cuánto sabía del tema”. El fiscal estaba añorando los años de plomo y “el Gordo” no era otro que Tetzlaff.
Victoria se enteró que no era hija de este militar en el despacho del ex juez federal Roberto Marquevich. Pero le costó aceptarlo, a pesar de la contundencia del examen de ADN, que arrojó un 99,9 por ciento de coincidencia con sus padres desaparecidos. “En aquel entonces yo pensaba que en la Argentina hubo una guerra, a Herman lo consideraba como mi papá y para mí la subversión se estaba vengando de ellos, que habían sido soldados”.
Victoria reconstruyó dos escenas que bien podrían sintetizar lo que fue su vida con sus apropiadores. “Herman terminaba las conversaciones con la 45 arriba de la mesa, diciendo: ‘Yo siempre tengo razón y más cuando no la tengo’”, relató. También recordó un día en que rompió una taza de porcelana y su apropiadora, María del Carmen Eduartes, “Mary”, le dijo que no la quería más en la casa, que la devolvería a las monjas. Se refería a la “nursery” que en la dictadura se había montado en una comisaría de San Martín, donde Victoria pasó los primeros cinco meses de vida, junto a otros hijos de desaparecidos. A ese lugar había llegado tras el operativo en Boulogne y justamente de allí la retiraron el militar y su esposa. Según la versión de Tetzlaff, la niña se crió junto a cinco o seis hijos de desaparecidos. Entre ellos estaba Horacio Petragalla, quien fue entregado a la señora que trabajaba en su casa.
A pesar de la postura reticente que Victoria tuvo en un primer momento, el juez Marquevich siguió avanzando con la causa. Un día le pidió más sangre para compararla con otras muestras del Banco Nacional de Muestras Genéticas, pero ella se negó. Quería frenar la causa. Un mes más tarde, su apropiador, que sabía lo que estaba pasando, le avisó que la iban a llamar de la Cámara de San Martín. Le advirtió que había tres jueces, “uno subversivo y montonero” y dos de los que el represor llamaba “los nuestros”. Después de la entrevista, la Cámara emitió un fallo en el que avaló la actitud reticente de Victoria a la extracción sanguínea. Ese fue un punto de inflexión en su vida: “Ahí me hice cargo de la otra historia”, enfatizó. Finalmente, no hizo falta una nueva extracción. El Banco incorporó un nuevo mecanismo y con la sangre que ya tenía logró hacer el cruce de ADN.
El tiempo pasó y Victoria procesó su dura historia. Hoy, tiene claro el rol que desempeñó cada cual en esta tragedia. “Yo de Romero Victorica nunca dije nada porque estaba convencida de que soy una persona sumamente leal y que le debía lealtad a él, porque había ayudado a mi papá. Hace poco me di cuenta de que a este señor no le debo nada, que no me ayudó nunca. Que mi papá está desaparecido. Y que él hizo todo lo contrario: ayudó a que yo apareciera más tarde.”
Otro de los pasajes esclarecedores del testimonio de Victoria ante la Justicia fue cuando se refirió a la propuesta de complot que le hicieron los abogados de su apropiador, con el fin de destituir a Marquevich: “Me propusieron decir que fui víctima de malos tratos por parte del juez para que lo corrieran de la causa”. Ella aceptó la oferta pero los abogados no avanzaron porque la vieron muy temerosa. A la hora de ubicar este hecho temporalmente, Victoria precisó: “Creo que fue cuando el juez ordenó la detención de la señora (Ernestina Herrera) de Noble. Decían que había pasado todos los límites”.
A raíz de su contundente declaración, los magistrados del TOF 6 dieron curso al pedido de las querellas y del fiscal, y enviaron una grabación del testimonio a la Cámara Federal para que se abra una denuncia penal que investigue si Romero Victorica incurrió en delito de acción pública. Los jueces también giraron copia de la declaración a la Procuración General, a pedido de su titular, Esteban Righi.
Luego del trámite administrativo, el fiscal de Casación tendrá cinco días para emitir su descargo. Recién entonces se conformará un consejo de fiscales que decidirá si sanciona a Romero Victorica o le inicia un juicio político. Por lo pronto, el fiscal ya dejó entrever su defensa. En declaraciones a Radio América, sostuvo: “No fui amigo de Tetzlaff, hay muchos que consideran que estoy a favor de los militares porque tuve presos a terroristas y subversivos, pero en la Justicia no tenemos amigos o enemigos”. Sin embargo, admitió conocer a la hija de desaparecidos: “Me acuerdo de esa chica Victoria Montenegro. Ese es el nombre nuevo, María Sol era el nombre anterior”, chicaneó.
Ahora, el futuro de Romero Victorica dependerá de un grupo de fiscales que deberá determinar si hay pruebas que ameriten enviarlo a un jury de enjuiciamiento, lo que podría derivar en su destitución. Quizá por eso, el “Potro” se desbocó e intentó buscar auxilio entre sus viejos colegas.
Esta vez, nadie le atendió el teléfono.
FuentedeOrigen:Revista23
Fuente:Agndh

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