Chicha, los asesinos y las cartas mentirosas
Año 4. Edición número 178. Domingo 16 de octubre de 2011
Por Raúl Arcomano
Testimonio. Pese a su delicada salud, chicha declaró esta semana. (TELAM)
Las estrategias de los represores. Los represores Etchecolatz y Cozzani dijeron que Clara Anahí murió carbonizada en 1976.
"Yo he sido un represor, y no me asusta la palabra represión”, le dijo hace unos años Norberto Cozzani a Horacio Palma, un contador entrerriano que suele oficiar de vocero y escribe en sitios de propaganda de la última dictadura. Cozzani es un ex cabo primero de la Bonaerense que se vanagloria de haber acompañado a sus jefes Ramón Camps y Miguel Etchecolatz en el desbaratamiento del Grupo Graiver. Tan orgulloso está de su pasado que lo plasma seguido en cartas, proclamas y libros. Escribió, entre otros, Yo asumo y Yo acuso, que sonrojaría a Émile Zola. Este ex policía fue el principal interrogador –entiéndase torturador– de Lidia Papaleo y otros detenidos-desaparecidos. En la tortura, la viuda de Graiver fue picaneada en sus genitales y violada. Hoy, Etchecolatz y Cozzani siguen aplicando tormentos. Psicológicos. Como al que sometieron esta semana a Isabel Chicha Chorobick de Mariani.
Chicha declaró el miércoles ante el tribunal que juzga a 26 represores que actuaron en centros clandestinos de detención que funcionaron durante la última dictadura bajo jurisdicción de la Policía Bonaerense, conocido como “Circuito Camps”. Hace más de treinta y cinco años que Chicha busca a su nieta, Clara Anahí Mariani. Sus padres eran Diana Teruggi y Daniel Mariani, su hijo. Clara Anahí fue raptada el 24 de noviembre de 1976. Tenía tres meses. Ese día al mediodía hubo un operativo que incluyó fuerzas con tanques, bazukas, camiones militares y helicópteros. Daniel había salido y en la casa se encontraban Diana y tres de sus compañeros de Montoneros: Juan Carlos Peiris, Daniel Mendiburu Eliçabe y Roberto Porfirio.
Los cuatro fueron asesinados durante el ataque, que duró cuatro horas y se escuchó varias manzanas a la redonda. La Justicia determinó que allí estuvieron Camps, Etchecolatz y su chofer, Hugo Guallama, entre otros. Chicha aportó un dato nuevo: que el ex director del diario La Prensa, Máximo Gainza Castro, fue testigo presencial del ataque. No se sabe aún qué hacía allí el periodista.
El miércoles Cozzani presentó una carta ante el TOF 1 de La Plata. El represor leyó con su vozarrón que Clara Anahí murió carbonizada y argumentó que en el operativo de la casa de calle 30 entre 55 y 56 el Ejército utilizó dos cohetes con un poder calórico de 2500 grados, por lo que nadie salió vivo. Sostuvo que no entiende el silencio de sus camaradas y dijo que otro acusado le comentó que el registro de muertos incluía el cuerpo de un bebé. La carta tiene fecha de la semana pasada. Y está a tono con otra que está preparando Etchecolatz. “La respuesta (...) fue el lanzamiento de un proyectil de muy elevado poder calórico produciendo el silencio definitivo. Los terroristas calcinados. Entre ellos, en brazos de su madre, la inocente Anahí”, escribió, tal como adelantó el diario Diagonales. La estrategia es clara: tratar de que esa versión gane lugar, y así no dar explicaciones sobre el destino de la beba, hoy una mujer de 35 años.
“Todo ese tiempo ha sido muy cruel y lleno de mentiras y engaños. Espero que de aquí salga la verdad para encontrar a mi nieta Clara Anahí”, reclamó Chicha. En su testimonio recordó que un policía de la patota de Etchecolatz le dijo que le vendería a la nena, porque “él sabía dónde estaba y podía hacerlo”. Nunca sucedió. “Viví y sufrí todas las versiones, como que Clara Anahí no estaba en el tiroteo, que murió allí, y que está con vida, como yo creo.” La mujer, que hoy tiene 87 años, está segura de que un ex policía, Carlos El Oso García, fue quien sacó con vida a su nieta de la casa. Preguntas aún sin respuesta.
Fuente:MiradasalSur

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