27 de febrero de 2013

COLOMBIA.

MARTES, 26 DE FEBRERO DE 2013 
Las FARC-EP ratifican el compromiso de luchar por el acceso a la tierra en Colombia 
PL 
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) ratificaron hoy en La Habana su compromiso de contribuir al anhelado acceso del campesinado a la tierra. Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC-EP en las conversaciones de paz con representantes del gobierno colombiano, subraya en un comunicado que no escatimarán esfuerzos en la mesa de diálogos, y esperan que al gobierno no se le ocurra "patear la mesa". 

El Estado Mayor Central del agrupación guerrillera califica de mal intencionada y perversa la forma en que se pretende desviar la atención acerca de las causas ciertas y los verdaderos responsables del despojo de tierra en la nación sudamericana, fruto de la violencia estatal y paramilitar. 

Señala el texto, que tal situación fue concebida como política de Estado para facilitar la entrega de buena parte del territorio nacional a transnacionales que explotan la tierra gracias a contratos leoninos, y que por demás producen severos daños ambientales. 

La ocupación de tierras baldías del Estado por parte de colonos campesinos, sea en forma individual u organizada para reivindicar sus aspiraciones por la tierra y por una vida mejor, quiere ser presentada como una acción criminal y de enriquecimiento por parte de las FARC-EP, indica el documento. 

Tal criterio, dista de toda verdad y realidad, pues el Estado-victimario y despojador pretende transformarse en el Estado-víctima despojado, sentencia el comunicado. 

Las FARC-EP advierten que tales acusaciones constituyen en realidad un pretexto para realizar un nuevo ciclo de despojo acompañado de la criminalización de campesinos. El grupo guerrillero colombiano insta a la creación de una comisión de alto nivel para que esclarezca la verdad sobre el supuesto despojo de tierras de la insurgencia, la cual debe estar integrada por representantes del gobierno nacional, los campesinos, las FARC-EP, y de la comunidad internacional. 

Por nuestra parte -puntualiza el texto- sugerimos como observadores internacionales a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y al expresidente estadounidense James Carter. Dicha Comisión -agrega el documento- deberá ocuparse también de la investigación y verificación de las múltiples denuncias y testimonios acerca del despojo que compromete a grandes terratenientes, empresarios, funcionarios del Estado y empresas transnacionales. 

Las FARC-EP también condenan las vías utilizadas por la contraparte para desprestigiar al interlocutor insurgente. Dicha partes están inmersas en el sexto ciclo del diálogo de paz, iniciado en La Habana el 19 de noviembre pasado, bajo el formato de tres días de pláticas y uno de receso, y con el asunto de la tierra como centro del acercamiento para poner fin a décadas de conflicto en el país suramericano. 

Además del tema agrario, la agenda acordada por las FARC-EP y el gobierno para el acercamiento incluye la participación política, el fin del conflicto, el problema del narcotráfico, la atención a las víctimas y los mecanismos de refrendación y verificación de lo pactado en la mesa. 

MARTES, 26 DE FEBRERO DE 2013 
Encuesta en Colombia revela que "imagen positiva" de Juan Manuel Santos cae 9 puntos 
XINHUA 
La encuesta bimestral de Gallup en Colombia difundida el lunes reveló que el pesimismo de los colombianos frente al actual gobierno aumentó en los últimos meses y la imagen favorable del presidente Juan Manuel Santos bajó 9 puntos, ubicándose en un 44 por ciento por temas como el manejo del orden público, la economía y el sistema de salud. 

De acuerdo al sondeo realizado entre el 13 y el 20 de febrero, el estado de pesimismo de los colombianos pasó de un 46 por ciento en la encuesta realizada el pasado diciembre a un 57 por ciento que no se registraba desde 2002. 

El 42 por ciento de los encuestados en las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, considera que el principal problema del país suramericano es el orden público, el 24 por ciento lo atribuye a la economía y el 33 restante se refieren a otros problemas. 

Para el 67 por ciento el manejo que el gobierno le da a la guerrilla está empeorando, lo cual revela la peor cifra de insatisfacción frente a esta problemática en cinco años. 

En cuanto a la seguridad, el 76 por ciento considera que está empeorando contra un 17 por ciento que considera que hay mejoras.

El estado de la economía en Colombia es un tema de preocupación para el país en donde el 45 por ciento cree que está empeorando y el 43 por ciento, que está mejorando. 

Uno de los temas que más produce pesimismo entre los encuestados es el sistema de salud, ya que un 68 por ciento se queja de que ha empeorado su calidad y el cubrimiento, mientras que el 24 por ciento considera que hay mejoras. 

Solo un 15 por ciento de los encuestados reconoció la lucha contra la corrupción frente al 77 por ciento que siente que es un problema que crece. 

Asimismo, se registra un 59 por ciento de los colombianos que cree que el desempleo empeora y un 31 por ciento que mejora. 

De igual forma el costo de vida es un problema para el 75 por ciento de los colombianos mientras que el 17 por ciento acepta avances en esa materia. 

Un 55 por ciento de los encuestados cree que el problema del narcotráfico empeora frente a un 29 por ciento que reconoce la lucha del gobierno contra las bandas narcotraficantes. 

Por otro lado, los encuestados consideran positivo el manejo que el gobierno Santos le da a las relaciones internacionales considerando el 71 por ciento que van mejorando y solo un 15 por ciento que empeoran. 

La educación también es un tema positivo para la opinión sobre el actual gobierno, teniendo en cuenta que un 45 por ciento dice que mejora la atención a la vejez, contra el 42 por ciento que ve un retroceso.

La encuesta realizada a un total de 1200 personas mayores de 18 años, a través de vía telefónica, registra márgenes de error del 3 por ciento. 

MARTES, 26 DE FEBRERO DE 2013 
La geopolítica de la paz en Colombia
ELN 
El ELN siempre ha sostenido que la guerra de Colombia - al igual que todas las demás guerras del mundo - obedece razones estructurales. “La prolongación de política por otros medios”, al decir de Von Clausewitz. Ellas no son el resultado del capricho de los actores armados; dicho de otra manera, no hay guerras porque hay guerreros; éstos son consecuencia y no causa.

No obstante, la lógica maniquea que siempre ha empleado el Estado colombiano respecto a una posible paz para el país es la siguiente: al eliminar uno de los actores armados (en este caso, la insurgencia), la guerra termina. A esto se le llama “pacificación”, que se logra históricamente por una combinación de dos estrategias: la vía militar seguida por la vía de la mesa de diálogo. 

Frecuentemente, estas dos se combinan como sucede ahora con la actual mesa de negociación, o cómo sucedió en los diálogos de paz de El Salvador o en el Caguan. 

Esta ruta la han seguido todos los presidentes colombianos que protagonizaron procesos de diálogo desde 1982: Cada mandato presidencial se dividió en dos: dos años de paz, seguidos por dos años de guerra (Betancourt, Gaviria, Pastrana, Uribe) o el modelo invertido: dos años de guerra seguido por dos años de paz (Barco, Santos). En cualquier caso, la apuesta ha sido siempre la misma: “la combinación de las formas de lucha” como estrategia contrainsurgente diseñada para lograr la desmovilización y desarme de la insurgencia. Los procesos de diálogo, desde la perspectiva del Estado, al formar parte de la estrategia general de contrainsurgencia no son más que una continuidad de la guerra. 

Para comprender la guerra y, por ende, para empezar a dimensionar objetivamente los caminos de una paz duradera, hay que mirar más allá de los actores, y fijar la mirada en las causas estructurales. Éstas obedecen no solamente a la dinámica histórica de confrontación de clase que ha padecido Colombia desde más de un siglo, sino del creciente valor geoestratégico y geopolítico que ha adquirido nuestra patria desde finales del Siglo XIX. 

Colombia geoestratégica 

Colombia ha representado desde el siglo XIX un inmenso valor geoestratégico para el poder imperial del norte. Goza de acceso a dos mares, es la “bisagra” entre Mesoamérica y América del sur, vigila al canal interoceánico de Panamá, goza de amplias reservas de petróleo y biodiversidad y es un país riquísimo en recursos minerales. 

Por ello, el imperialismo norteamericano siempre ha utilizado Colombia como una plataforma para su proyecto de guerra. Miremos los hechos: 

En la Guerra de los Mil Días (1899-1902), los Estados Unidos tuvieron una injerencia significativa, al proveer armas a los contendientes y atizar las llamas de la conflagración civil que dejó hecho trizas a la sociedad colombiana. El resultado concreto fue la escisión de Panamá de Colombia y el apoderamiento del canal interoceánico por parte de los Estados Unidos Vale notar que el pacto que puso fin a esta guerra fue firmada en el acorazado estadounidense, el “Wisconsin”. 

Abril 1948, fecha que recordamos por el asesinato de Gaitán, marcó el inicio de la Guerra Fría en América Latina. La visita a Colombia del general Marshall de Estados Unidos, con el fin gestionar la creación de lo que sería la Organización de Estados Americanos (OEA) y alinear las naciones de América Latina en la gran cruzada anti-comunista mundial, da constancia de que Colombia ha sido desde mucho un PROYECTO DE GUERRA de los Estados Unidos y la oligarquía colombiana. 

La guerra ha sido la forma predilecta de lograr la dominación, control y acumulación capitalista para Colombia y para la región caribeña-andina-mesoamericana desde hace más de un siglo y por ello se debe considerar como un proyecto estructural de raíces profundas y de largo alcance. 

No es casual que a escasamente un año de la primera elección de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela (1998) se anuncia la creación del Plan Colombia (1999), un plan supuestamente contra-narcótico, pero en realidad contrainsurgente, que fue diseñado y redactado en Washington y no en Bogotá. Además del apoyo económico-militar directo para las fuerzas represivas de nuestra patria, el Plan Colombia significó también un despliegue de pequeñas bases de avanzada (Forward Operating Locations FOL), logrando un posicionamiento estratégico en la región del Andina, la Cuenca Amazónica y el Gran Caribe. 

Desde el surgimiento del bloque progresista de naciones (Venezuela (1998), Bolivia (2005), Ecuador (2006), entre los casos más destacados) el imperio del norte le otorga mayor peso a Colombia como plataforma contrainsurgente continental; la concibe como una base desde la cual se pueden desplegar los planes desestabilizadores por toda la región andina y sudamericana.

El Plan Colombia prontamente fue redimensionado y rebautizado como Iniciativa Regional Andina (IRA) y en 2009, los Estados Unidos pactaron con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez la implantación de 7 bases militares yanquis en territorio nacional. Es decir, en el lapso de una década (1999-2009), Colombia se reingenierizó como un verdadero andamiaje contrarrevolucionario para la región. Formando parte de la Alianza para el Pacífico, iniciativa impulsada los Estados Unidos, Colombia ahora juega parte en la estrategia de posicionamiento del imperialismo en el Pacífico, como parte del proyecto estratégico de contención de la expansión China. 

Un dato más: gracias en gran medida a los casi 6 mil millones de dólares de “ayuda” estadounidense, y la designación del 6% del PIB de la nación a la defensa y seguridad, las fuerzas armadas colombianas aumentaron en tamaño hasta contar con 500 mil efectivos, convirtiendo al ejército de Colombia en el más grande del hemisferio después de los Estados Unidos Obviamente, ese despliegue militar tiene objetivos que rebasan las fronteras colombianas y trascienden lucha contra-guerrillera nacional. 

La pregunta del millón 

Ante todo lo anterior urge plantearnos la siguiente pregunta: ¿Se desactivará todo ese andamiaje militar en caso de una posible firma de la paz con la insurgencia? ¿Se desmilitarizará Colombia y la región? 

Vale señalar que con el fin de la Guerra Fría los presupuestos militares, antes de disminuir, aumentaron y los conflictos bélicos se multiplicaron por el planeta. Desde inicios de los 1990, el complejo militar industrial y los traficantes de armas obtuvieron astronómicas ganancias. 

Si bien la frontera norte de Colombia – en términos geográficos – es Panamá, en sentido político, son los Estados Unidos ¿Cuál es el interés del imperialismo norteamericano en una solución política negociada a la guerra interna de Colombia?.

Los intereses en la paz del imperialismo y la oligarquía Conseguir la solución política no implica necesariamente la desmilitarización de Colombia o la región, de la misma manera que el fin de la Guerra Fría no significó mayor paz para el mundo, sino la intensificación de las conflagraciones bélicas.

La oligarquía tradicional colombiana, representada fielmente por JM Santos, busca la modernización capitalista del país y entiende que el negocio los miles de millones en inversión extranjera directa, prometidos por empresas y gobiernos, y las millones de hectáreas proyectadas para el saqueo minero, venta de biodiversidad y producción de biocombustibles, no puede fructificar mientras el movimiento insurgente (y agregaríamos, las comunidades en resistencia, en general), no cede su influencia sobre los territorios estratégicos del país. 

El éxito de las “locomotoras” de desarrollo del gobierno de Santos, va a depender la insurgencia desaparezca como obstáculo.

El imperialismo, a su vez, parece estar ejecutando una nueva estrategia del Pentágono para la dominación militar. El abismo fiscal en el que ha caído el imperio no le permite desplegar tropas y gran infraestructura militar por todo el planeta, como lo ha hecho en Irak y Afganistán. Ya no puede continuar financiando proyectos como el Plan Colombia. Tiene que reducir gastos y a la vez ganar en agilidad y efectividad. La reingeniería del Pentágono parece estar caminando en esa dirección. 

No obstante, el complejo militar-estadounidense sigue fabricando armas y seguirá necesitando de guerras y conflictos para poder vender sus arsenales. Donde no existen, seguro los crearán. 

El papel de la crisis capitalista 

La clase dirigente colombiana entiende bien que el capitalismo va resolviendo su crisis retornando a la “acumulación originaria”, al decir del viejo Marx, que no es otra cosa que la “acumulación por despojo” de tierras, territorios y recursos. 

Los recursos primarios (commodities) y la tierra misma se han convertido en un nicho especulativo para el capital financiero, permitiendo una revitalización del sistema financiero mundial. El resultado son altísimos precios de materias primas, minerales estratégicos, alimentos y de las tierras mismas. En gran medida, a esto se deben las tasas de crecimiento económico que gozan los países de Nuestra América. 

El extractivismo como motor modelo de crecimiento económico implica mayores presiones sobre los territorios. A mayor presión, mayor resistencia social y comunitaria. Es por ello que David Harvey, geógrafo y teórico marxista, plantea que “la acumulación por despojo” tiene que ser necesariamente una “acumulación militarizada”, ya que las grandes inversiones de las transnacionales, que son el motor de la recomposición capitalista, necesitan proteger sus inversiones de todas las formas de resistencia que provocan. 

Las guerras de hoy, como es el caso del reciente asalto francés y estadounidense a Mali, tienen como telón de fondo la lucha por el control de los recursos estratégicos. 

En conclusión 

Es improbable que una paz firmada en la mesa de negociaciones conlleve a la des-militarización de Nuestra América y que desactive el complejo militar-industrial. Eso solo se logrará mediante la transformación de las causas estructurales que son el motor de todas las guerras. 

Es por ello que el ELN seguirá insistiendo en que la paz es más que el “fin de la guerra”; es luchar por transformaciones estructurales y en defensa de las comunidades en resistencia es la esencia de nuestro compromiso de NUPALOM (NI UN PASO ATRÁS, LIBERACIÓN O MUERTE). 

Pero esa no es una tarea que le compete única y exclusivamente al pueblo colombiano. Solamente el concurso de todos los pueblos del continente, avanzando hacia un horizonte superador del capitalismo, modificará las raíces que fomentan las guerras y los conflictos en Nuestra América. 

Los pueblos de Nuestra América deben tener conciencia que sus destinos están atados a la lucha paz en Colombia.
Fuente:Argenpress

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