MARTES, 26 DE FEBRERO DE 2013
Gobierno sin fondos para enfrentar emergencia por sequía
Por Javier Rodriguez Roque (PL)
El gobierno paraguayo confesó su absoluta falta de fondos para enfrentar la emergencia existente en el norte del país por la sequía que afecta a más de 20 mil campesinos y a importantes rubros de la producción agrícola.
El ministro de Hacienda, Manuel Ferreira, afirmó que no hay posibilidad alguna de asignar un subsidio a las familias y productores de los importantes departamentos de Concepción y San Pedro, cuyos cultivos fueron dañados por la falta de lluvias desde el pasado diciembre.
La situación se agravó porque unos breves chubascos caídos en ese espacio de tiempo apenas facilitaron la aparición de plagas y enfermedades en las áreas cultivadas.
Entre los rubros más dañados en una extensión superior a las 37 mil hectáreas se encuentran el sésamo, con más de 14 mil hectáreas, la yuca, el maíz, algodón, frijoles, maní, boniato, soja, tomate y calabaza, todos vitales para la subsistencia de los pequeños productores.
Aunque el gobierno del departamento de Concepción declaró el estado de emergencia en su territorio, el Ejecutivo nacional se negó a secundar esa acción y extenderla a todo el norte, pues ello significaría, según se informó, una erogación de 20 millones de dólares que no tiene.
Dicha negativa fue secundada por el Ministerio de Agricultura, según anunció su titular, Rudy Godoy, tras una reunión del equipo económico gubernamental con la asistencia del presidente de la República, Federico Franco.
Ante la tensión existente en la zona por el impacto sobre la economía de las familias humildes del lugar, aseguró se enviarán algunos alimentos y semillas, aunque evidentemente no resolverán la situación.
En años anteriores, especialmente durante el gobierno del destituido presidente Fernando Lugo, situaciones similares en esa región llevaron a la concesión de subsidios a los campesinos para ayudarlos durante épocas de sequía.
MARTES, 26 DE FEBRERO DE 2013
Crímenes impunes
Selva
Continúa los asesinatos de dirigentes campesinos en Paraguay, despertando indignación e impotencia ante la indiferencia, cuando no complicidad de las autoridades judiciales y del resto del Estado, que bajo el manto de la impunidad cubren a los autores que, en las dos últimas décadas han ejecutado a 130 luchadores por la tierra sin que uno sólo de los asesinos esté en la cárcel.
El campesino es un sembrador de semillas y de sueños.
La tierra regada con el sudor de su cuerpo, abre su generoso vientre en frutos, sombra, trigales maduros, blancos algodonales. En cada grano sembrado, va su esperanza.
Frente a ello, vientos de codicia soplan en los campos y acallan los trinos de los pájaros con el tronar de máquinas gigantes que arrasan, sin piedad, los bosques y los tesoros ahí encerrados.
Ya ni el zumbar de las abejas se escucha, la perfumada flora ya no existe; en su lugar mares verdes de soja. Riqueza para el rico, pobreza para el pobre.
Se ha quedado solo el campesino; su soledad es más grande que el desierto del paisaje.
Él y su familia, arrinconados en la parcela pobre, en medio de un entorno desolado, se va sintiendo vencido y decide vender, casi por nada, lo que le costó una vida de trabajo, y el dinero se le escapa de las manos como el agua. Termina sin tierra y sin futuro.
¿Qué hace?. Piensa que lo primero es unirse en la demanda, pero ello es en vano. Antes debe saber que las leyes no fueron ni son hechas para él, sino que amparan a quienes secuestran la vida y, lo que es aún peor, se permiten declarar delincuentes al inocente y envían tras tus pasos a jaurías amaestradas en el oficio del odio, la tortura y la muerte.
Ejércitos con ametralladoras y fusiles, son enfrentados con palos y machetes. De un lado, el orden oficial establecido con códigos hechos a la medida del pudiente; y del otro, el coraje y el derecho a la vida que, como todo humano, tiene el labriego. Poca cosa, pero todo un universo dependiendo del lado en que se encuentre la víctima y su victimario.
Los grandes ganaderos y sojeros manipulan y compran jueces, fiscales, abogados, policías, periodistas, en defensa de sus viles intereses.
El campesino se queda solo, finalmente, rodeado de su rabia y de sus penas.
Ante tanta injusticia, se dan ocasiones en las que se decide por romper sus barrotes, que lo mantienen prisionero de las leyes y sus enemigas formalidades, y se lanza a voltear alambrados, invadir tierras mal habidas y hasta comete el “gravísimo pecado” de ocupar propiedades privadas, aunque no tengan títulos legítimos de propiedad, en un país que carece de un catastro nacional.
En esa osadía, siempre van al frente los dirigentes no vendidos, que se constituyen en blancos perfectos para la mafia patronal que, en poco más de 20 años, ha mandado ejecutar a 130 militantes campesinos, algunos por la policía o el Ejército y otros por simples sicarios, en respuesta al reclamo de tierra para trabajar, en un país donde entre ocho a doce millones de hectáreas están ocupadas ilegalmente desde hace varias décadas por latifundistas, que son parte del poder estatal, y los cuales representan apenas el 2.5 por ciento de la población, pero están en posesión del 85 por ciento de todo el territorio cultivable.
Los truhanes poderosos viven rodeados de sicarios y matones que, por una vil moneda, venderían su alma al diablo, si éste existiera.
La muerte llega desde el cielo, Marina Cue en Curuguaty, hace ocho meses, es un testigo, y desde una moto por encargo, prosiguen ejecutando a los principales luchadores, a muchos Vidal Vega y a muchos Toto Galeano.
La primera vía requiere, a no dudarlo, la participación de poderes de alto vuelo, que también juegan en la segunda, sea por complicidad o negligencia. El águila y los cuervos operan juntos.
Los tenedores de haciendas y riquezas, que no dudan en matar seres humanos sin ningún remordimiento, van a misa los domingos, buscando lograr, por “voluntad divina”, el perdón de sus crímenes, de ayer, de hoy y de mañana.
¡¡Tamaña hipocresía!!. En el mismo momento, están acusando a ese campesino explotado, hambreado, que vive como paria, de haragán, ladrón, secuestrador, abigeo, subversivo y otras yerbas, cuando su único delito es el de reclamar la tierra que le han robado, esa misma tierra que necesita para ganar el pan para sus hijos.
Sin dudas, la anestesia duerme las conciencias, pero felizmente, despuntan despertares en los pueblos, y se va formando conciencia en muchos habitantes del campo y la ciudad, de que se necesita de todas las voces para reclamar al mundo la condena a la criminal acción de los que riegan el suelo paraguayo con la sangre de humildes mujeres y hombres.
No son esos sembradores de vida y esperanzas quienes deben estar tras las rejas, ni sepultados en el vientre de la tierra que siempre les ha negado este infame sistema que sirve a los poderosos.
Estás solo campesino… pero confiemos que sólo será por ahora, pues en todos los continentes los pueblos se están levantando y enarbolan banderas de libertad y justicia.
Fuente:Argenpress
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