Viaje al futuro
06/02/2015
Por Adrián Murano
En 2008, el Partido Comunista Chino dio a conocer el “Libro blanco sobre América latina y el Caribe”. En ese documento medular la máxima autoridad política del gigante asiático manifestaba, entre otras cuestiones, su interés por fomentar la cooperación de sus organismos y empresas con los países latinoamericanos productores de materias primas.
En uno de sus pasajes se puede leer textual: “El gobierno chino estimula y apoya a las diversas empresas chinas con capacidad y buena reputación para desplegar la cooperación en inversión en América latina y el Caribe en materia de manufactura, agricultura, silvicultura, pesquería y energía”. Hace tiempo que las necesidades y objetivos de China no son un secreto. Será responsabilidad de los gobiernos –y los pueblos– de América latina que esos deseos se conviertan en una oportunidad. O en una nueva maldición.
La expedición oficial a Oriente encabezada por Cristina Fernández de Kirchner buscó ratificar los términos de una alianza que puede implicar un vuelco histórico para el país. Claro que, como se estila en esa porción de Asia, la senda debe construirse paso por paso. Es por eso que la delegación le dio categoría de histórico a un evento que en estas pampas puede parecer menor: la inauguración de una sucursal del Banco Nación en la city de Beijing.
Ubicada en pleno centro financiero, en la tradicional avenida Jianguomenwai, en el distrito de Chaoyang, justo en la zona de embajadas, el banco público inauguró la primera sucursal de una entidad financiera argentina en China. Se trata de una oficina de representación, que brindará asesoramiento y articulará intercambios con entidades chinas, orientada a agilizar el financiamiento del intercambio comercial. Pero el dato que lo vuelve un hecho histórico es más simbólico que funcional: la presencia del Banco Nación en China implica que ese país está decidido a incrementar el flujo de exportaciones argentinas hacia ese país. Por esa razón es que CFK no estuvo sola en la misión: en el Foro Empresarial bilateral participaron 100 empresarios argentinos y 400 chinos, además de 1.000 asistentes interesados en conocer las oportunidades de negocios que ofrece el país.
La expectativa de los empresarios viajeros no es infundada. China está cerca de desplazar a Estados Unidos en el primer lugar del podio de la economía mundial. Y es el país de más rápido crecimiento desde la década del ’80, con un promedio de crecimiento anual del diez por ciento en los últimos 30 años. Su supremacía es casi absoluta, si se considera que es la primera potencia industrial, el mayor exportador e importador de bienes, y el máximo poseedor de títulos soberanos de su principal competidor: Estados Unidos.
Esa potencia provoca, a la vez, asombro y desconfianza. Una prueba doméstica: la Unión Industrial Argentina emitió un documento con críticas a la alianza, advirtiendo que una apertura del mercado local a los productos chinos podría destruir la manufactura nacional.
La respuesta corrió por parte del ministro de Planificación, Julio De Vido: “Ningún acuerdo prevé una participación de empresas nacionales menor al 50 por ciento, por lo que se dará un fuerte impulso en diversos sectores industriales y transferencia de tecnología”, y agregó: “El informe de la UIA es completamente equivocado. Son falsas sus consideraciones porque estos acuerdos son muy beneficiosos para nuestro país al incluir el financiamiento del 100 por ciento de importantes obras de infraestructura con una fuerte participación de empresas nacionales, como socias de los proyectos con al menos un 50 por ciento”.
En el encuentro de Cristina Fernández de Kirchner y el presidente chino, Xi Jinping, del 18 de julio del año pasado, el gobierno argentino suscribió 20 acuerdos. En la visita de esta semana selló 15 acuerdos más. Desde convenios para facilitar la emisión de visas de turismo, hasta la firma del memorándum de entendimiento para la creación del Foro de Negocios Argentina-China entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República Popular China. Fue ratificado el acuerdo para la cuarta central nuclear (Atucha III) que prevé una participación nacional en el 70 por ciento de los insumos, siendo fabricadas fuera de la Argentina sólo aquellas piezas por cuya especificidad no hay escala para desarrollar localmente, por lo que se aprovecharán todas las capacidades y recursos recuperados para terminar Atucha II, hoy rebautizada Néstor Kirchner. Se sumaron acuerdos sobre la cooperación en el proyecto de construcción de un reactor de agua presurizada en la Argentina, que se suma a otro que se está construyendo, y otro acuerdo para la cooperación en el campo de actividades espaciales y usos pacíficos de la tecnología nuclear. Además de un memorándum de entendimiento en relación con el financiamiento de la Central Termoeléctrica Manuel Belgrano.
La presidenta argentina dedicó tiempo, además, a recibir sugerencias y pedidos de los empresarios asiáticos. Gu Yanmin, CEO de Midea Group –dueños de la empresa de aires acondicionados Carrier–, fue el que llegó más lejos: reclamó facilidades para remitir remesas a la casa matriz. El CEO de la estatal china COFCO, Ning Gaoning, que adquirió el 51 por ciento de Nidera, le pidió que acelerara el trámite de habilitación del muelle que Nidera construyó en Puerto General San Martín. Un ida y vuelta de acuerdos y pedidos que evidenció cierta aceleración en la puesta en marcha de un intercambio que hasta hace poco parecía paralizado. Ya se sabe: la paciencia y la parsimonia son herramientas negociadoras que los chinos utilizan a la perfección.
Si bien los lazos formales entre China y la Argentina llevan varias décadas, recién en el último lustro el intercambio se aceleró al ritmo de las necesidades mutuas. Para la Argentina, divisas para enfrentar tensiones cambiarias autoinfligidas y respaldo político en el escenario internacional. Para China, alimentos, recursos naturales y energía. Por esas características, la alianza agita fantasmas: ¿no implica un retroceso a la “Argentina granero del mundo”, de producción primaria y desindustrializada? ¿Las explotaciones en hidrocarburos y minería recrean el modelo extractivo de la colonia? ¿La dependencia financiera de una superpotencia nos pone a su merced? Es natural que un país lacerado por extensos períodos de intervencionismo extranjero tenga reacciones alérgicas frente al despliegue de un “socio” gigantesco. El secreto, sin embargo, radica en considerar que ese gigante necesita proteínas para sobrevivir y combustible para crecer lo suficiente como para alimentar a 1.500 millones de habitantes. Pero hay algo más: no existen condicionamientos históricos –culturales, políticos ni comerciales– para gestar de cero acuerdos de beneficio mutuo, el célebre “win-win” que la diplomacia china repite como mantra para establecer que no pretende imponerse sobre sus socios, sino complementarse.
Es probable que en unos años, el país –y el mundo– que conocemos ya no exista. Pero no es para alarmarse. Quizá sea mejor. Dependerá, claro, de las decisiones que la Argentina y la región adopten a medida que se aceleren las transformaciones geopolíticas que ya están rediseñando la mesa de arena del poder global. El desafío principal: establecer una sólida sociedad con China, la potencia emergente, para evitar que se repita la historia trágica de coloniaje que retuvo a América latina en el subdesarrollo.
Qué ven cuando nos ven
Está claro que, más allá de los matices, la Argentina ve a China como un gigante a conquistar. Pero, ¿qué ven los chinos cuando nos ven? Una rápida mirada sobre la cobertura que los medios locales brindaron a la visita de CFK permite aproximarse a una respuesta. “China y Argentina prometen asociación estratégica integral más estrecha”, tituló esta semana la agencia oficial de noticias Xinhua. En un país donde las palabras no se eligen por azar, el uso de términos como “asociación estratégica integral” exhibe la valoración que el Estado chino le otorga al país. “Histórico viaje a China de presidenta argentina mientras cooperación bilateral se amplía a nuevas áreas”, titula otro cable, donde se puntualiza: “La determinación de la presidenta argentina de viajar a China simboliza de alguna manera la determinación de América latina de desarrollar sus lazos con China”. Es una síntesis casi perfecta de cómo el gobierno chino ve al país: como un socio clave, o cabecera de playa, para avanzar en acuerdos de alcance regional.
EL TWEET DE LA POLÉMICA
Un tweet de @CFKArgentina dio la vuelta al mundo y provocó una catarata de críticas. Pese a que había aclarado que fue con humor, la acusaron de burlarse del idioma oriental y la oposición aprovechó para minimizar la gira.
Fuente:Veintitres
En 2008, el Partido Comunista Chino dio a conocer el “Libro blanco sobre América latina y el Caribe”. En ese documento medular la máxima autoridad política del gigante asiático manifestaba, entre otras cuestiones, su interés por fomentar la cooperación de sus organismos y empresas con los países latinoamericanos productores de materias primas.
En uno de sus pasajes se puede leer textual: “El gobierno chino estimula y apoya a las diversas empresas chinas con capacidad y buena reputación para desplegar la cooperación en inversión en América latina y el Caribe en materia de manufactura, agricultura, silvicultura, pesquería y energía”. Hace tiempo que las necesidades y objetivos de China no son un secreto. Será responsabilidad de los gobiernos –y los pueblos– de América latina que esos deseos se conviertan en una oportunidad. O en una nueva maldición.
La expedición oficial a Oriente encabezada por Cristina Fernández de Kirchner buscó ratificar los términos de una alianza que puede implicar un vuelco histórico para el país. Claro que, como se estila en esa porción de Asia, la senda debe construirse paso por paso. Es por eso que la delegación le dio categoría de histórico a un evento que en estas pampas puede parecer menor: la inauguración de una sucursal del Banco Nación en la city de Beijing.
Ubicada en pleno centro financiero, en la tradicional avenida Jianguomenwai, en el distrito de Chaoyang, justo en la zona de embajadas, el banco público inauguró la primera sucursal de una entidad financiera argentina en China. Se trata de una oficina de representación, que brindará asesoramiento y articulará intercambios con entidades chinas, orientada a agilizar el financiamiento del intercambio comercial. Pero el dato que lo vuelve un hecho histórico es más simbólico que funcional: la presencia del Banco Nación en China implica que ese país está decidido a incrementar el flujo de exportaciones argentinas hacia ese país. Por esa razón es que CFK no estuvo sola en la misión: en el Foro Empresarial bilateral participaron 100 empresarios argentinos y 400 chinos, además de 1.000 asistentes interesados en conocer las oportunidades de negocios que ofrece el país.
La expectativa de los empresarios viajeros no es infundada. China está cerca de desplazar a Estados Unidos en el primer lugar del podio de la economía mundial. Y es el país de más rápido crecimiento desde la década del ’80, con un promedio de crecimiento anual del diez por ciento en los últimos 30 años. Su supremacía es casi absoluta, si se considera que es la primera potencia industrial, el mayor exportador e importador de bienes, y el máximo poseedor de títulos soberanos de su principal competidor: Estados Unidos.
Esa potencia provoca, a la vez, asombro y desconfianza. Una prueba doméstica: la Unión Industrial Argentina emitió un documento con críticas a la alianza, advirtiendo que una apertura del mercado local a los productos chinos podría destruir la manufactura nacional.
La respuesta corrió por parte del ministro de Planificación, Julio De Vido: “Ningún acuerdo prevé una participación de empresas nacionales menor al 50 por ciento, por lo que se dará un fuerte impulso en diversos sectores industriales y transferencia de tecnología”, y agregó: “El informe de la UIA es completamente equivocado. Son falsas sus consideraciones porque estos acuerdos son muy beneficiosos para nuestro país al incluir el financiamiento del 100 por ciento de importantes obras de infraestructura con una fuerte participación de empresas nacionales, como socias de los proyectos con al menos un 50 por ciento”.
En el encuentro de Cristina Fernández de Kirchner y el presidente chino, Xi Jinping, del 18 de julio del año pasado, el gobierno argentino suscribió 20 acuerdos. En la visita de esta semana selló 15 acuerdos más. Desde convenios para facilitar la emisión de visas de turismo, hasta la firma del memorándum de entendimiento para la creación del Foro de Negocios Argentina-China entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República Popular China. Fue ratificado el acuerdo para la cuarta central nuclear (Atucha III) que prevé una participación nacional en el 70 por ciento de los insumos, siendo fabricadas fuera de la Argentina sólo aquellas piezas por cuya especificidad no hay escala para desarrollar localmente, por lo que se aprovecharán todas las capacidades y recursos recuperados para terminar Atucha II, hoy rebautizada Néstor Kirchner. Se sumaron acuerdos sobre la cooperación en el proyecto de construcción de un reactor de agua presurizada en la Argentina, que se suma a otro que se está construyendo, y otro acuerdo para la cooperación en el campo de actividades espaciales y usos pacíficos de la tecnología nuclear. Además de un memorándum de entendimiento en relación con el financiamiento de la Central Termoeléctrica Manuel Belgrano.
La presidenta argentina dedicó tiempo, además, a recibir sugerencias y pedidos de los empresarios asiáticos. Gu Yanmin, CEO de Midea Group –dueños de la empresa de aires acondicionados Carrier–, fue el que llegó más lejos: reclamó facilidades para remitir remesas a la casa matriz. El CEO de la estatal china COFCO, Ning Gaoning, que adquirió el 51 por ciento de Nidera, le pidió que acelerara el trámite de habilitación del muelle que Nidera construyó en Puerto General San Martín. Un ida y vuelta de acuerdos y pedidos que evidenció cierta aceleración en la puesta en marcha de un intercambio que hasta hace poco parecía paralizado. Ya se sabe: la paciencia y la parsimonia son herramientas negociadoras que los chinos utilizan a la perfección.
Si bien los lazos formales entre China y la Argentina llevan varias décadas, recién en el último lustro el intercambio se aceleró al ritmo de las necesidades mutuas. Para la Argentina, divisas para enfrentar tensiones cambiarias autoinfligidas y respaldo político en el escenario internacional. Para China, alimentos, recursos naturales y energía. Por esas características, la alianza agita fantasmas: ¿no implica un retroceso a la “Argentina granero del mundo”, de producción primaria y desindustrializada? ¿Las explotaciones en hidrocarburos y minería recrean el modelo extractivo de la colonia? ¿La dependencia financiera de una superpotencia nos pone a su merced? Es natural que un país lacerado por extensos períodos de intervencionismo extranjero tenga reacciones alérgicas frente al despliegue de un “socio” gigantesco. El secreto, sin embargo, radica en considerar que ese gigante necesita proteínas para sobrevivir y combustible para crecer lo suficiente como para alimentar a 1.500 millones de habitantes. Pero hay algo más: no existen condicionamientos históricos –culturales, políticos ni comerciales– para gestar de cero acuerdos de beneficio mutuo, el célebre “win-win” que la diplomacia china repite como mantra para establecer que no pretende imponerse sobre sus socios, sino complementarse.
Es probable que en unos años, el país –y el mundo– que conocemos ya no exista. Pero no es para alarmarse. Quizá sea mejor. Dependerá, claro, de las decisiones que la Argentina y la región adopten a medida que se aceleren las transformaciones geopolíticas que ya están rediseñando la mesa de arena del poder global. El desafío principal: establecer una sólida sociedad con China, la potencia emergente, para evitar que se repita la historia trágica de coloniaje que retuvo a América latina en el subdesarrollo.
Qué ven cuando nos ven
Está claro que, más allá de los matices, la Argentina ve a China como un gigante a conquistar. Pero, ¿qué ven los chinos cuando nos ven? Una rápida mirada sobre la cobertura que los medios locales brindaron a la visita de CFK permite aproximarse a una respuesta. “China y Argentina prometen asociación estratégica integral más estrecha”, tituló esta semana la agencia oficial de noticias Xinhua. En un país donde las palabras no se eligen por azar, el uso de términos como “asociación estratégica integral” exhibe la valoración que el Estado chino le otorga al país. “Histórico viaje a China de presidenta argentina mientras cooperación bilateral se amplía a nuevas áreas”, titula otro cable, donde se puntualiza: “La determinación de la presidenta argentina de viajar a China simboliza de alguna manera la determinación de América latina de desarrollar sus lazos con China”. Es una síntesis casi perfecta de cómo el gobierno chino ve al país: como un socio clave, o cabecera de playa, para avanzar en acuerdos de alcance regional.
EL TWEET DE LA POLÉMICA
Un tweet de @CFKArgentina dio la vuelta al mundo y provocó una catarata de críticas. Pese a que había aclarado que fue con humor, la acusaron de burlarse del idioma oriental y la oposición aprovechó para minimizar la gira.
Fuente:Veintitres

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