7 de febrero de 2015

LAS SECUELAS DEL INCENDIO DE CROMAÑÓN.

Las secuelas del incendio de Cromañón
Rock trágico

06/02/2015
Por Lucas Cremades
El 30 de diciembre de 2004 será recordado como la noche de la tragedia de Cromañón, en la que a 194 personas se les fue la vida, tras incendiarse el local al inicio del show de la banda Callejeros.

De esa fatalidad, quienes llevan una cruz cada vez más pesada son los sobrevivientes y familiares de las víctimas. Una desgracia que constituye una tragedia social no resuelta y que lleva como símbolo –además del dolor irreparable– la desidia, la corrupción, la inoperancia y la indiferencia. A diez años del siniestro, 17 personas que estuvieron en el recital y lograron salir con vida tomaron la decisión de suicidarse. El último fue Martín Cisneros.

El martes 3 de febrero la cifra indeseada se incrementó con la muerte de Martín, esposo y padre de dos hijos, adherente de la Coordinadora Memoria y Justicia e hincha fanático de San Lorenzo, quien nunca pudo superar la pérdida de sus tres amigos en la tragedia. “Después de Cromañón, Martín sufría de bajones y ataques de pánico, y como vivía en Paso del Rey, cada vez que necesitaba contención psicológica tenía que viajar hasta la Capital Federal”, explicó Luciano Frangi, de la Coordinadora. Y agregó que “la ley 4.786, de reparación integral a las víctimas sobrevivientes y familiares de víctimas fatales de la tragedia, sólo se reglamentó en el punto concerniente al subsidio económico, pero nosotros hace tiempo que venimos advirtiendo la urgencia de reglamentarla en su totalidad, sobre todo en los puntos que garantizan un servicio de acompañamiento psicológico y sanitario”.

La crítica apunta al gobierno porteño, que sólo reglamentó los subsidios. Al respecto, Frangi subrayó que “hay muchos otros sobrevivientes con los mismos problemas de Martín, por lo que cada vez que requieren de la asistencia psicológica que impone la ley, tienen que viajar hasta algún hospital porteño y en muchos casos no los atienden”. Si a esto se le agrega que el índice de suicidios vinculados al incendio de Cromañón aumenta cada año, la asistencia debida a las víctimas no parecería ser una cuestión prioritaria para las autoridades del gobierno porteño. Más aún si se atienden las objeciones planteadas por las víctimas y familiares.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 90 segundos se suicida una persona en el mundo, cifra que supera a las muertes ocasionadas por guerras y accidentes.
“El suicidio es una de las patologías de nuestra era”, advirtió el psicólogo Enrique Carpintero. “Lo que uno puede pensar a partir de la tragedia de Cromañón es la de una circunstancia que no puede ser elaborada psíquicamente, produciendo un agujero, una sensación de dolor y desgarramiento con el que la víctima deberá convivir permanentemente. Algunos lo pueden llevar adelante mientras que otros padecen de angustias, fobias y miedos, lo cual genera la posibilidad de elaborar un proyecto suicida que se termina realizando”.

Para Carpintero, director de la revista Topía, “tanto la guerra de Malvinas, donde fue más el número de soldados que se quitaron la vida luego de la guerra que los que murieron en el campo de batalla, como la tragedia de Cromañón, no han sido elaboradas socialmente. No es casual que estas personas se encuentren con algo del orden de lo social que los lleva a revivir permanentemente esa situación no elaborada” 

Sospechas en Córdoba
Como tantos fanáticos de La Renga, el viernes 23 de enero Ismael Sosa viajó junto a su novia Victoria, desde la localidad bonaerense de Merlo hasta Villa Rumipal, ubicada en el Valle de Calamuchita. El sábado –día del show–, alrededor de las 22, los jóvenes se separaron en la entrada después del primer control policial. La chica nunca encontró a Ismael, a pesar de que lo buscó en las comisarías y en los hospitales de la zona. Tras la apertura del secreto de sumario, el abogado de la familia Sosa, Juan Borghi, señaló que una pareja de turistas había visto al joven al día siguiente del recital, a orillas del lago Embalse de Río Tercero, aunque la familia acusó a la policía de la muerte del joven.
Se basan en que cuando iniciaron la búsqueda desesperada, algunos testigos que estaban en la fila para ver a La Renga coincidieron al señalar que al joven de 24 años se lo había llevado “a los tirones” un grupo de policías. Cinco días después, el 29 de enero, Ismael apareció muerto.

Tras la aparición del cuerpo, en la cuenta de Facebook de Alejandro Reyna, se leía: “Menos mal si ya apareció, yo justo estaba entrando cuando le pegaron. Tremendo puñete c comió!!” (sic, ver foto). La familia de Ismael logró hacer una captura de pantalla de su posteo, y Reyna se presentó a declarar en la causa.

La sospecha sobre el accionar policial se sustenta también en los testimonios aportados por el hermano de la víctima, Facundo, quien aseguró que “varios testigos que vieron cómo le pegaban a mi hermano habrían sido amenazados por la policía”.

Tal vez por ello, mientras se espera el resultado de la autopsia, la Justicia allanó la comisaría de Villa Rumipal que tuvo a su cargo el operativo policial durante el recital en el que el joven fue visto por última vez.
Fuente:Veintitres

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