19 de noviembre de 2020

BOLIVIA.

Entrevista a Segundina Flores, 

lideresa de las Bartolinas Sisa






















Por Verónica Zapata, Resumen Latinoamearicano 18 de noviembre de 2020

Segundina Flores es la líderesa de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia «Bartolina Sisa», agrupación de mujeres que forma parte del Pacto de Unidad y que tuvo una presencia determinante para recuperar la democracia y derrocar el golpe de estado en el país.


En la entrevista nos relata el panorama crítico en que se encuentra el país a nivel económico, el rol de los Pueblos Originarios y en especial de la mujer de pollera en la lucha y el derrocamiento del golpe de estado; su mirada sobre la importancia de la descolonización como política de estado; la construcción de la democracia participativa; el lugar del indígena en la política y reafirma, una vez más, su fuerte crítica constructiva a los “sectores intelectuales de izquierda colonial blancos, de clase media e hijos de inmigrantes europeos”, que acompañaron los gobiernos progresistas en Bolivia y en América Latina.

Señala la importancia de la coherencia y la honestidad intelectual y de la articulación teorica-práctica de los sectores intelectuales que teorizan desde el escritorio alejados del calor y la lucha popular en Bolivia.
El 13 de agosto pasado durante los bloqueos en Bolivia, la lideresa denunció en una conferencia de prensa como integrante del Pacto de Unidad y junto a la Central Obrera Boliviana (C.O.B), cómo estos sectores minoritarios intelectuales de Bolivia desplazaron del poder a los Pueblos Originarios durante el ex gobierno del Movimiento al Socialismo MAS-IPSP. Esta tensión es central porque es la que definirá el rumbo de los próximos 5 años de Bolivia y una lucha de 528 años.

La lucha no es sólo al exterior del MAS, sino al interior, una lucha cultural en la construcción del hombre y la mujer nuevos, descolonizados de la visión eurocéntrica del mundo para construir el Vivir Bien y para que el movimiento indígena, mayoría en el país pueda autogobernarse. En palabras del vicepresidente del Estado Pluirinacional de Bolivia David Choquehuanca sería «gobernarnos nosotros mismos desde nuestro pensamiento propio” y desde nuestros principios y valores originarios socialistas, en armonía y en equilibrio con el otro y con la Madre Tierra. Desde una perspectiva anticolonialista, anticapitalista, antiimperialista, antirracista y antipatriarcal.

Teniendo en consideración que la sociedad boliviana se organiza desde un sistema pigmentocrático donde el “conocimiento, el saber y la capacidad” están puestos históricamente en los llamados “perfiles profesionales”, siempre blancos. La cosmovisión del Vivir Bien no puede quedar en un planteamiento “New Life” o en una simple retórica de “moda” a la que se observa acuden ciertos sectores intelectuales para legiimizarse en su discurso en Bolivia y en la región.

Esta tensión histórica también definirá si el camino será el de una verdadera revolución a la cabeza de quiénes son los únicos dueños del triunfo de la democracia en Bolivia y quiénes derrocaron el golpe de estado en una lucha ejemplar de 11 meses desde el territorio poniendo el cuerpo y ofrendaron su sangre en defensa de la democracia, como en las masacres de Sacaba, Senkata y Pedregal, así como de forma histórica o un reformismo liberal pseudo progresista que la historia atestigua que los Pueblos Originarios no tienen lugar o son un adorno más.

Esta semana se pudo comprobar que Segundina Flores no ha sido nominada a ser ministra de Culturas y Descolonización.

La líder de la Confederación de Mujeres «Bartolina Sisa», Segundina Flores, negó este lunes que haya sido designada como Ministra de Culturas, como especularon algunos medios.

Señaló que debido a esas versiones recibió mucho apoyo, pero lamentó que también una minoría crítico que ella sea considerada para asumir como Ministra.

Reconoció que su nombre fue propuesto para Ministra, pero aclaró que otra miembro de «Bartolinas» debe asumir el cargo.

«Había propuestas de la Confederación, del Comité Ejecutivo, de varias hermanas, de que nosotros íbamos a ser, estaban tres nombres de las Bartolinas, entre medio mi nombre, pero yo no podía ser porque había mucha critica y mucha observación», manifestó la ejecutiva.

Dijo que dentro del MAS, ella no cae bien a todos porque suele realizar sus críticas de manera clara. Apuntó a sectores de profesionales por una presunta «guerra sucia» en su contra.

«Mucha gente intelectual, profesional se creen a veces dueños o se creen muy masistas», manifestó la dirigente.

Recalcó que el Ministerio debe ser asumido por una miembro de la Confederación de Mujeres. Señaló que las Bartolinas no son sólo Segundina Flores, sino son millones. 

Fuente: Erbol



Jeanine Áñez dijo que si se abre 

un juicio en su contra pedirá la 

presencia de observadores 

internacionales






















Resumen Latinoamericano, 18 de noviembre de 2020 ·

La Justicia boliviana investiga si la ex mandataria y algunos de sus ministros fueron responsables de las masacres que dejaron más de 30 muertos el año pasada tras la salida del poder de Evo Morales.

Jeanine Áñez, ex presidenta de facto de Bolivia, dijo este martes que cualquier juicio que le inicie la actual administración gubernamental, a cargo del Movimiento Al Socialismo (MAS), o “su sistema judicial” no será independiente, y pidió la participación de observadores internacionales.

En su cuenta de Twitter la política derechista dijo que no será “un juicio independiente” y pidió una “investigación imparcial y con observadores internacionales”. El 8 de noviembre, un día antes de la asunción del actual presidente boliviano, Luis Arce, Áñez se fue a su ciudad natal, Trinidad, capital del departamento de Beni, y no participó en la transmisión de mando. Cuando volvió a su tierra, la ex mandataria de facto señaló que afrontará desde allí cualquier proceso en su contra y aclaró que no tiene pensado dejar el país.

La anterior Asamblea Legislativa, que tenía mayoría del MAS, sugirió a la Fiscalía un juicio de responsabilidades contra Áñez y su gabinete por las masacres de Sacaba y Senkata, de noviembre de 2019, cuando ella asumió el poder. En estos episodios que se registraron luego de la salida del poder de Morales, murieron más de 35 personas en el marco de una feroz represión por parte de las fuerzas de seguridad contra quienes protestaban por la forzada salida del gobierno del líder del MAS.

Organismos nacionales e internacionales de derechos humanos apuntaron contra Áñez y su gobierno por haber firmado un decreto que declaraba la “impunidad” de las fuerzas militares en las operaciones conjuntas con la Policía.

A propósito del tema, el lunes el ministro de Justicia, Iván Lima, dijo que si la Fiscalía General establece “graves violaciones” a los derechos humanos en la investigación por los hechos sucedidos en Senkata, un barrio de la ciudad de El Alto y Sacaba, una localidad situada en la provincia del Chapare, en el departamento de Cochabamba, se instaurará un juicio penal contra Áñez. Lima agregó que si esto no ocurre habrá un juicio de responsabilidades en el Parlamento, y para ello se requieren dos tercios de los votos.

“Solamente con la autorización del Legislativo y con dos tercios [de votos] se podría iniciar juicio de responsabilidades contra la ex presidenta [Jeanine] Áñez, [pero] esta situación tiene una excepción que es la referida a los casos de graves violaciones a los derechos humanos”, dijo el ministro al diario Página Siete.

Por su parte, el viceministro de Coordinación Gubernamental, Freddy Bobaryn, afirmó este martes que, si bien el presidente Arce hizo énfasis en la reinstitucionalización de las Fuerzas Armadas y la Policía, eso no significa que tendrán impunidad quienes cometieron delitos como los registrados en Senkata y Sacaba.

“Se va a respetar la institucionalidad tanto de las Fuerzas Armadas como de la Policía, lo que no significa que nosotros dejemos en la impunidad a aquellas personas que hubieran cometido delitos”, afirmó Bobaryn al diario paceño La Razón.

En referencia a los hechos sucedidos en Senkata y Sacaba, dijo que hay una comisión de delito que “no puede quedar en la impunidad”.

Dos de los ex ministros que también podrían ser llevados a la Justicia por estos episodios, Arturo Murillo, quien se desempeñaba como jefe de gabinete y fue uno de los principales referentes del gobierno de facto, y Fernando López, quien ocupó la cartera de Defensa, se encuentran actualmente fuera del país, de acuerdo a lo que informó este martes el comandante general de la Policía, Jhonny Aguilera. Ya hay órdenes de captura para ambas ex autoridades en el marco de las investigaciones del caso “Gases lacrimógenos” –una compra a sobreprecio de este material de uso de las fuerzas represivas por parte del Ministerio de Defensa–, pero de acuerdo a la información que tiene la Policía, Murillo está en Panamá y Romero en Brasil.

En entrevista con la radio Fides, el jefe policial dijo que los dos ex jerarcas abandonaron el país el 9 de noviembre, un día después de la asunción de Arce.



Mast’aku feminista: que las almas 

de nuestras hermanas estén 

seguras de volver






































Por Claudia López Pardo, Resumen Latinoamericano, 18 de noviembre de 2020. 

A dos semanas de la fiesta de Todos Santos, recordamos a las víctimas mortales de la violencia machista en Bolivia. Queremos seguir reflexionando sobre los orígenes de estos abusos, romper la condena de silencio e impunidad. ¡Por ellas, por nosotras, ni un minuto de silencio, toda una vida de lucha!

Es primero de noviembre en Cochabamba, hace días que venimos planeando y organizando el armado de nuestro Mastak´u feminista con nuestras compañeras de La Aquellarre Subversiva.

Ellas arman la mesa con las masitas y t’anta wawas hechas el día anterior. Mi amiga Sol y yo hacemos las últimas compras en el mercado de La Cancha. La casa de una compañera es el lugar de encuentro y donde recibiremos a las muertas por feminicidio.

En el camino, Sol pide hacer una parada por su casa.

Vive en una zona que tiene una plaza y hasta un centro de monjitas. En apariencia es un barrio “familiar”, “seguro”. Lo comento con Sol y ella comienza un relato que transforma esa primera impresión: hace un año, ella y sus vecinas, recogieron el cuerpo de una chica joven que unos hombres arrojaron desde un taxi.

“Lo primero que hice fue tomarle el pulso, estaba viva”, cuenta Sol. “Era evidente que fue sedada y violentada para luego ser abandonada”.

De inmediato, reflexionamos sobre el hecho de que las mujeres no estamos seguras en ningún lado, ni en las casas ni en los espacios públicos donde compartimos fiestas u otras actividades. Vivimos en una sociedad donde la violencia sexual está naturalizada.

Tragamos saliva para seguir camino.

El testimonio de Sol nos trae a la memoria el asesinato de Betsabé, de 24 años. En septiembre de este año ella fue asesinada por el policía Adán Boris Mina Alanes, quien le disparó en la cabeza, la descuartizo y escondió su cuerpo para ocultar el crimen.

La búsqueda de justicia en las calles y la acción de tejidos familiares en los casos de feminicidios son cada vez más potentes: generan presión sobre el sistema judicial y las corrompidas instituciones policiales.

La movilización y la búsqueda imparable de Betsabé, realizadas por su madre y familia, fueron la garantía para dar con sus restos.

Este caso destapó, nuevamente, otros tantos hechos de policías implicados en casos violencia machista y feminicidios. Reportes de prensa hablan de más de 200 oficiales implicados en estos delitos.

La fuerte presión e indignación social por el feminicidio de Betsabé produjo que su asesino reciba una condena de treinta años de cárcel. Una determinación que intenta reparar la desconfianza generalizada de las instituciones encargadas de combatir la violencia machista en la sociedad boliviana.

Muchas de estas historias sobre víctimas de violencia están llenas de abusos recurrentes e impunes. Hay muchas preguntas no resueltas.

¿Qué habrá pasado con la joven que encontraron Sol y sus vecinas? ¿Qué habrá sentido al despertar? ¿Pudo contar a otras y hasta a sí misma la historia de violencia que la atravesó? ¿Le habrán creído cuando intentó denunciarlo?

Preguntas sin respuesta y el mandato de violación

Las dudas y las nuevas culpas que recaen sobre las mujeres cuando deciden hablar o cuando se develan las violencias que sufren son signos de la naturalización de una cultura de violación en una sociedad profundamente machista.

Las reacciones, mayoritariamente, apuntan a cuestionar el “silencio” de las víctimas. Como sucedió con un jefe policial en Bermejo, que le reprochó a una mujer, violentada sexualmente por su concubino, el no haber reaccionado físicamente a la agresión.

¿Es acaso fácil para las mujeres hablar de las violencias cotidianas? ¿Qué es lo que sucede cuando una mujer es agredida en su propia casa y la violencia escala hasta acabar con su vida?

Si miramos los datos y las causas de muerte en la mayoría de los feminicidios, están siempre en el seno de los hogares: las mujeres están muriendo en manos de esposos, novios u otros varones de sus familias.

Lo datos de infanticidios producidos durante la actual crisis pandémica develan una de las realidades más crueles: las niñas convivían con sus agresores en hogares violentos e inseguros, mucho antes de que la cuarentena que evidencie lo que se quiere esconder puertas adentro.

Lo privado está profundamente conectado con una realidad imposible de esconder.

Por esa razón, las mujeres y sus tejidos familiares están sacando los casos a los espacios públicos, para romper con el mandato de silencio social (impuesto por instituciones y sectores conservadores) que nos quieren calladas.

Nuevas y viejas violencias continúan desarrollándose y reproduciéndose, con mensajes propios de un lenguaje que quiere preparar nuestros cuerpos para su disciplinamiento ¿Qué nos quiere transmitir una sociedad donde se está legitimando, cada vez más, la cultura de violación?

Escribo esta nota mientras se esclarece el caso de Abigail, una niña de 5 años. Su cuerpo fue arrojado a un río en Chimoré, en plena celebración de Todos Santos. Se sospecha de un familiar, quien también es acusado por el posible abuso de otras dos niñas.

Abigail, Betsabé y otras 100 mujeres fueron asesinadas en Bolivia por varones educados en una sociedad que reafirma, sostiene y produce valores sobre cómo “ejercer” la hombría y cómo disciplinar el cuerpo de las mujeres.

La violación y el feminicidio son acciones de poder y dominación, con un trasfondo que imprime un castigo moralizador sobre nuestros cuerpos. Por lo tanto, la producción de justicia para cada caso contiene también un mensaje que nos comunica algo más que una simple sentencia.

Libertad y justicia a partir de la memoria, una interpelación a la ley patriarcal

Si en el contexto actual miramos con preocupación la avanzada y la naturalización de la violencia en una sociedad profundamente conservadora y patriarcal, las mujeres nos planteamos entender mejor y politizar las opresiones y las agresiones que se están imponiendo en los espacios públicos y privados.

Preparar con cuidado el recibimiento de nuestras muertas en la casa de nuestra compañera, significó, para nosotras, reparar y sanar, en parte, los dolores y el miedo de las mujeres a quienes les tocó convivir el encierro con sus agresores.

“Que las almitas nos visiten sin miedo”, dijimos y compartimos entre nosotras una tarde de trabajo, conversa y afecto, organizando los preparativos de nuestro mast’aku.

El domingo primero, al mediodía, hora en la que se reciben las almas, desde nuestra mesita nombramos a todas las muertas, las trajimos a la memoria y las recibimos a puerta abierta, en un lugar donde circularon niñxs y mujeres de diferentes edades. Tejimos un espacio de convivencia segura para todo aquel que nos visitara.

Al día siguiente, despedimos a nuestras muertas, “destumbamos” la colorida mesa y repartimos todo lo que habíamos creado, elaborado y compartido con las almas.

“Por nuestras muertas, ni un minuto de silencio, toda una vida de lucha”, repetimos, trayendo hasta la memoria latente la certeza de que las mujeres estamos produciendo justicia a partir de nuestras prácticas, sin dejar de atender los mecanismos convencionales de la justicia institucional.

Aprendimos de Silvia Federici que la revalorización del espacio íntimo privado, que pone en el centro la reproducción de la vida como lugar de fuerza, nos ayuda a dimensionar la urgencia de cuidar y repensar el hogar como nicho o territorio libre de violencia.

Desde ahí nos inunda la certeza de que Abigail tendrá un lugar en nuestra ofrenda del próximo año, mientras seguimos luchando contra todas las violencias machistas.

Nosotras, hermandas en nuestros tejidos diversos, traeremos a la memoria su vida, así como el latido de otras mujeres que han muerto en manos del patriarcado, que nos quiere calladas, disciplinadas y sumisas.

Nosotras sabemos que solo nuestras acciones que nombran todo lo que vivimos y habitamos posibilitará repolitizar lo que esta sociedad trata de esconder.

Nuestra lucha también contiene un deseo: que ninguna persona crea que el violentar, abusar y matar a una mujer es algo justificable o normal.

Fuente: MuyWaso

Envio:RL

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