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7 de junio de 2022

JUJUY: Sexto juicio de lesa humanidad.

 

Sexto juicio de lesa humanidad en Jujuy 

La querella habló de la responsabilidad civil

La abogada María José Castillo repasó la persecución a los trabajadores, en algunos casos desde comienzos de los 70. Y la participación en esos delitos de empresas mineras y el Ingenio Ledesma. También habló de la responsabilidad eclesiástica y judicial.

Por Elena Corvalan
El empresario Blaquier y el prelado Medina, dos responsables no juzgados. 

El sexto juicio por crímenes de terrorismo de Estado que se lleva a cabo en Jujuy, un megajuicio en realidad, por tener tantas causas acumuladas, permitió mostrar todo la estructura represiva, destacó la abogada María José Castillo, de la querella pertenenciente a la asociación HIJOS Regional Jujuy. 

Este proceso acumula 15 causas por delitos (secuestros, torturas, desapariciones en 44 casos) en perjuicio de 120 personas. Se juzga a 23 hombres, militares retirados, ex integrantes de la Policía de Jujuy, de Gendarmería Nacional, la Policía Federal y el Servicio Penitenciario jujeño. 

El debate está proximo a cumplir cuatro años, comenzó el 21 de junio de 2018  y durante sus más de 90 audiencias se pudo conocer todo el despliegue de las fuerzas represivas, de las que participaron fuerzas nacionales y provinciales, señaló Castillo al iniciar su alegato, el jueves último, cuando puso énfasis en la responsabilidad civil en estos crímenes. 

“Quienes faltan estar sentados en el banquillo de los acusados son quienes llevaron adelante la pata civil del genocidio” que “en concertación con las fuerzas de seguridad pergeñaron y ejecutaron este plan”, sostuvo la abogada. “Y cuando hablo de la responsabilidad civil estoy hablando de la responsabilidad empresaria en primer lugar", porque "en este contexto pudimos conocer que muchas de las víctimas de esta causa eran obreros, trabajadores de las empresas que proporcionaron las listas, los vehículos, las instalaciones para llevar adelante los secuestros”, aseguró.

Recordó que Telésforo Zurita y Alfredo Luis Arzuaga, dos directivos de la Compañía Minera Aguilar SA, que explotaba la mina en El Aguilar, localidad ubicada a 116 kilómetros de San Salvador de Jujuy, fueron apartados del proceso penal. Y tampoco están siendo juzgados aquí Alberto Lemos y Carlos Pedro Blaquier, del Ingenio Ledesma, que “fueron beneficiados por la Cámara de Casación con la falta de mérito" y si bien la Corte Suprema de Justicia de la Nación revocó esa decisión, "por los resortes de impunidad” no están siendo juzgados.

Pero, dijo Castillo, aunque no estén en este juicio como acusados, se pudo conocer en detalle “el despliegue de esta responsabilidad empresarial”, como se supo de la persecución a los trabajadores en la empresa Minetti, en la que trabajaba Armando Tilca Barreix, un cafayateño que antes de ser desaparecido denunció en una carta que la minera le había fraguado una causa penal porque él defendía los derechos de los trabajadores mineros, la mayoría bolivianos, que eran explotados. 

También en Tumbaya se denunció que hubo persecución a los trabajadores mineros, añadió la querellante, que destacó la existencia de “Testimonios concretos que hablan de esa responsabilidad (de las empresas en estos crímenes)". “En este juicio se pudo conocer este tramo de la responsabilidad civil”.

El obispo torturador 

También se conocieron datos sobre los otros "grandes ausentes" en este proceso, los responsables judiciales y eclesiales. Lo de la responsabilidad eclesial no es nuevo, dijo Castillo, ya en los juicios anteriores, incluso en la investigación que llevó adelante la Comisión Extraordinaria de la Legislatura en 1984 y en el juicio de habeas data, “cada uno de los testigos víctimas de la represión señalaron al obispo (José Miguel) Medina en los centros clandestinos llevando adelante la tortura”, haciendo simulacros de confesión en los que usaba la fe para obligar a les detenides a que dijeran lo que sabían, y que además sabía el destino de algunas personas detenidas. “Es quien golpea a Rita Garnica en el CCD de Guerrero, le pega una patada que le hace volar su dentadura y se la tira más lejos para que ella no pueda alcanzarla”, recordó la querellante.

Esta responsabilidad eclesiástica también permanece impune pero que, conocemos, estuvo presente y de una manera macabra en la represión en Jujuy”, añadió.

Sobre la responsabilidad judicial, trajo el nombre del ex juez federal Carlos Magnus Topp, que no solo rechazaba los hábeas y otras presentaciones de las víctimas y familiares, sino que además les imponía costas, o archivaba las causas diciendo que no había presos políticos, después que  habían sido desaparecidos, como pasó con la denuncia de Armando Tilca Barreix. Y en el primer juicio reconoció que sabía que había apremios ilegales, sostuvo. 

Castillo cerró esta primera parte de su alegato ratificando que "si bien ha tenido un techo el juzgamiento de los responsables, porque no ha avanzado sobre estas dimensiones del terrorismo de estado, en cada uno de los juicios pudimos conocer el detalle, cuáles eran las actividades, cuáles eran las responsabilidades, en qué tramos de la represión intervinieron cada uno de estos responsables civiles haciendo posible este plan sistemático de actuación conjunta entre las fuerzas de seguridad y estos actores civiles”.

La persecución al movimiento obrero 

La querella de HIJOS Regional Jujuy es por los crímenes cometidos en perjucio de Jaime Lara Torres, Johny Vargas Orozco, Juan Carlos EspinozaPaulino Prudencio GaleánReynaldo Aragón, Armando Tilca BarreixCarlos Ernesto Patrignani, Jorge Osvaldo Weiz, José Hugo Condorí, Carlos Cardozo y Fausto Choque Cabrera. Castillo acompañó su alegato con fotos de ellos y una breve reseña de sus vidas y afectos más cercanos. 

Como característica común, estas personas tenían algún tipo de militancia gremial o política y por esa sola razón fueron perseguidas y espiadas, algunas desde principios de la década del 70, y fueron víctimas del terrorismo estatal y empresarial.

Castillo citó al ex secretario de Derechos Humanos de la Nación Luis Eduardo Duhalde (f), en su libro "El Estado terrorista", para explicar "la dimensión civil de la dictadura". Duhalde sostiene que el plan terrorista “tuvo como eje central a la comunidad informativa”, que recopiló la información de todas las personas y estructuras orgánicas que debían ser atacadas. Y, en lo que respecta al movimiento obrero "la tarea de la comunidad informativa fue prolija y paciente, oficiales de inteligencia recorrieron todo tipo de establecimientos industriales, fábrica por fábrica, talleres grandes y medianos, junto con las patronales elaboraron las listas de los elementos indeseables, miembros de comisiones internas, activistas sindicales, trabajadores con militancia política, con antecedentes huelguistas”.

Es lo que se sufrió en Jujuy. “Las patronales junto con las fuerzas de seguridad armaron las listas, se infiltraron en las fábricas, en los sindicatos, ya antes del golpe del 76”, como se vio con los obreros del Ingenio Ledesma, sostuvo la querellante. Recordó que de documentos secuestrados del propio ingenio surge la infiltración en el sindicato, por ejemplo, “cómo fue estudiado, seguido, investigado Jorge Weiz (que era delegado gremial) por la propia empresa, o de los propios legajos de la víctima que surgía como se le estaba haciendo la actividad de inteligencia antes del golpe, en función de sus actividades sindicales”.

Castillo también reseñó la función que cumplían los centros clandestinos de detención, de los que dijo que "tenían un lugar neurálgico”, y compartían "características comunes": eran lugares secretos bajo el directo contralor de la autoridad militar de la zona, en esos lugares se sometía a las personas a prácticas degradantes de forma sistemática, estaban vendadas día y noche, aisladas, no podían leer ni hablar, se les asignaba una letra y un número y estaban alojadas en pequeñas celdas llamadas tubos, con escasa comida y bebida. 

"Esto se pudo ver en detalle en el CC de Guerrero”, un lugar donde (dijo citando a un testigo) "la tortura era inimaginable, no hay palabras para describir lo que sucedió allí”. En diferentes escalas, esa situación se repitió en el CCD del Comando Radioeléctrico y en el penal de Villa Gorriti, agregó. Una situación de degradación y maltrato tal que muchas personas detenidas solo podían imaginar la muerte como salida. 

Por los crímenes de los que fueron víctimas Lara Torres, Vargas Orozco, Espinoza, Galeán, Aragón, Tilca Barreix, Patrignani, Weiz, Condorí, Cardozo y Choque Cabrera se le atribuye responsabilidad a Armando Raúl Claros, Hugo Armando Ruiz, Juan Carlos Jones Tamayo, Mariano Rafael Braga, José Américo Lezcano, Orlando Ricardo Ortiz, Mario Marcelo Gutiérrez y Herminio Zárate y Braga. Algunos, como Jones Tamayo, están acusados por delitos en relación a varias personas. Como la querella no pudo terminar su alegato (debido en gran parte a demoras por fallas en la conectividad), el detalle de la acusación lo completará en la audiencia próxima la abogada Paula Alvarez Carreras, coordinadora del cuerpo de abogados de la Secretaría de Derechos Humanos de ña Nación

Fuente:Salta12

4 de mayo de 2022

Megajuicio por delitos de lesa humanidad en Jujuy .

 

Megajuicio por delitos de lesa humanidad en Jujuy 

Gendarmería, servicios empresarios 

El segundo comandante Raúl Borges Do Canto fue jefe en la sección Mina Aguilar de Gendarmería, desde enero de 1975 hasta octubre de 1976. Fue central para reprimir a los obreros que se sindicalizaban. Un ejemplo más de organismos del Estado al servicio de la empresa privada. 

Por Elena Corvalan
La Minera Aguilar, escenario de luchas sociales y persecución empresarial y política en los 70.

El extenso alegato del fiscal Federico Zurueta y la auxiliar fiscal Marina Cura en el sexto juicio por delitos de lesa humanidad que desde 2018 se lleva a cabo en San Salvador de Jujuy, tocó la semana pasada las responsabilidades de integrantes de Gendarmería Nacional y la Policía Federal, y empezó a exponer sobre miembros de la Policía de Jujuy. 

Entre las 23 personas que se juzgan en este proceso, por actos de terrorismo de Estado cometidos en perjuicio de 121 personas, están siendo juzgados los ex gendarmes Raúl José Borges Do Canto y Carlos Raúl Pérez.

Borges Do Canto era segundo comandante de Gendarmería y “cumplía funciones como jefe en la sección Mina Aguilar de Gendarmería”, desde el 8 de enero de 1975 hasta el 1 de octubre de 1976, recordó el fiscal tras afirmar que el oficial “formó parte de la estructura represiva” y en esa condición “participó en la articulación y ejecución de algunos procedimientos” represivos. Era la máxima autoridad de Gendarmería en El Aguilar, a casi 4 mil metros sobre el nivel de mar, y en esa zona del altiplano jujeño en el momento en que ocurrieron los hechos que se ventilan en este proceso. 

Zurueta recordó los antecedentes de lucha obrera, como el Aguilarazo, una huelga iniciada en noviembre de 1973 que a pesar de la represión de Gendarmería (que dejó heridos y un muerto) consiguió un aumento de salarios del 70%. "No resulta para nada una casualidad que Borges Do Canto haya llegado a la Mina El Aguilar“ en 1975.

"Resulta claro que precisaban a una persona de estas características, que pudiera desarrollar estas tareas”, debía conocer e identificar a las personas que por sus acciones sindicales, por ejemplo, podían poner en riesgo los intereses de la empresa minera. 

Entre el 24 y el 26 de marzo de 1976 un grupo de gendarmes en camionetas de la empresa detuvo a 23 trabajadores, que fueron luego trasladados a comisarías, al Escuadrón de Gendarmería en La Quiaca y luego fueron a parar al penal de Villa Gorriti, donde sufrieron todo tipo de vejámenes y torturas y de donde algunos fueron recuperando sus libertades y otros fueron llevados al penal de La Plata. 

Para referirse a la responsabilidad de Borges Do Canto el fiscal citó los testimonios de algunas de estas personas. Efraín Guzmán, que integraba la comisión directiva del Sindicato Obrero Mina Aguilar, habló de las tareas de inteligencia que realizó el segundo comandante, contó que siempre quería asistir a las reuniones del sindicato, que decía que él podía ayudarlos.

También repasó testimonios que ubican a Borges Do Canto participando de algunos operativos represivos y en el penal de Gorriti, donde era uno de los que llevaba adelante los interrogatorios. El detenido Mariano Rodríguez contó que en su secuestro Borges Do Canto lo apuntó con un arma en la cabeza y que se lo llevaron dejando solo en la casa a su hijo de ocho años. 

Rodríguez también testificó en su momento que, al igual que otros represores, los intereses de segundo comandante tenían más cercanía con la rapiña que con los altos ideales que los personeros de la dictadura decían encarnar: recordó que lo llevó al Sindicato, lo obligó a abrir la caja fuerte y se llevó algunos cheques, “porque dinero no había”.

“Todo esto demuestra (tras citar las pruebas), a criterio de la Fiscalía, que Borges Do Canto no solo se limitó a reunir información y a identificar a estas personas a quienes ellos consideraban opositores y que vivían en la zona de El Aguilar, sino también a garantizar que luego esta misión represiva, claramente ideada con anterioridad, sea un éxito, y a ese fin también participó de algunos operativos, secuestros de algunas víctimas de El Aguilar y también participó con posterioridad de las torturas que cada una de ellas sufrió hasta que se decidió” su destino final, aseguró el fiscal.

Agregó que también también su labor represiva y su tarea de inteligencia, una evaluación realizada el 25 de diciembre de 1975 por el subjefe y jefe de la plana mayor del Escuadrón 21 de La Quiaca, el comandante Blasón. Destacó que como jefe de la sección Mina El Aguilar Borges Do Canto "ha demostrado sus especiales condiciones en el manejo de las relaciones públicas en los distintos niveles”. Otra evaluación del 30 de septiembre de 1976, esta vez realizada por el jefe del Escuadrón 21, destacó su capacidad para superar “aspectos difíciles derivados de situaciones gremiales”.

Así como su llegada a la sección de Mina El Aguilar no fue casual, tampoco lo fue su salida, dijo el fiscal. Recordó que cesó en ese cargo el 1 de octubre de 1976, cuando “el objetivo represivo de las fuerzas en la Mina El Aguilar ya se encontraba cumplido”. “Porque conforme se demostrara (…) al 1 de octubre de 1976 (…) el destino de todas las víctimas ya estaba definido a esa altura”. De las 23 víctimas, 16 ya habían sido liberadas “y obligadas además a abandonar la mina al igual que sus familiares”, las siete restantes que continuaban detenidas “ya habían sido catalogadas como detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y como de máxima peligrosidad y es por ello que fueron trasladados el 7 de octubre del 76 a otras cárceles de máxima seguridad”.

“Tenían un objetivo muy claro sus funciones en Mina El Aguilar y, como decimos, a esa fecha ya se habían cumplido”, insistió el fiscal.

El poder del alférez 

La auxiliar fiscal alegó sobre Carlos Pérez, que en 1976 era alférez y revistaba en el Escuadrón de La Quiaca “pero en los hechos prestó también funciones en el interior del penal de Gorriti”. 

Citando pruebas que se incorporaron en este proceso, Marina Cura puso de resalto “El poder de decisión que tenía el nombrado sobre las víctimas” en ese penal, donde estaba a cargo a de las personas detenidas por razones políticas, “comandaba lo que sucedía con los presos políticos".

La auxiliar fiscal sostuvo que "es claro" que Pérez tuvo responsabilidad en la represión ilegal. Recordó que fue designado a fines de 1975 para desempeñarse, "al menos de forma oficial en el Escuadrón 21 de la ciudad de La Quiaca, lo que incluso coincide con el principio de los arrestos de los obreros de Mina El Aguilar que se iniciaron meses después de esta designación". Ade más, el 24 de marzo del 1976 fue presentado a parte del personal del Servicio Penitenciario "como una de las personas que estaría a cargo de los detenidos políticos", lo que coincide con el testimonio de ex detenidos y detenidas que han dicho que el alférez "ingresaba a los pabellones” y ordenaba el trato que debían darles, y fue él quien dispuso libertades. “Es evidente a todas luces la activa participación y el compromiso que tuvo” Pérez con la represión ilegal, afirmó Cura. 

En este proceso está siendo juzgado también el subcomisario Rodolfo Oscar López, que fue segundo jefe de la Delegación Jujuy de la Policía Federal entre el 2 de enero de 1976 y el 13 de enero de 1977. En este proceso está acusado por las detenciones ilegales y las torturas en perjuicio de cuatro personas. "Actuó de forma activa en la ejecución de los delitos que ahora se le endilgan”, sostuvo la auxiliar fiscal. 

Fuente:Pagina12

21 de marzo de 2022

JUJUY: Guerrero, "el sitio del terror".

 

Jujuy: juicio a 23 acusados por crímenes de lesa humanidad

Guerrero, "el sitio del terror"

La fiscalía describió las atrocidades sufridas por las víctimas en distintos lugares de detención, en especial, en el centro clandestino de la localidad de Guerrero, donde también se cometieron abusos sexuales. 

Por Elena Corvalan.

El extenso alegato de la fiscalía federal en el sexto juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en Jujuy desde junio de 2018, se detuvo el jueves último en el repaso de los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención y torturas de la localidad de Guerrero, a 28 kilómetros de la capital provincial, San Salvador.  

En la exposición del jueves, el fiscal Federico Zurueta y la auxiliar fiscal Marina Cura abordaron detenciones ilegales realizadas en localidades jujeñas como Calilegua y Libertador General San Martín, y en San Miguel de Tucumán, donde varios estudiantes jujeños fueron arrestados y llevados a Guerrero. Allí algunos fueron asesinados.

Las detenciones en Calilegua y Libertador, pueblo donde se encuentra el ingenio Ledesma, se realizaron en la conocida como "La noche del apagón", cuando hubo un corte de energía generalizado y los grupos de tareas actuaron al amparo de la oscuridad, entrando con gran violencia, algunas veces a los tiros, a distintas viviendas de las que secuestraron a jóvenes que estaban anotades en una lista. Luego, con los ojos vendados, maniatadas y golpeadas, estas personas fueron llevadas a Guerrero.

Le tocó a la auxiliar fiscal alegar las torturas, entre las que se incluyen los abusos sexuales

“Los malos tratos padecidos se iniciaron desde el momento de la detención”, dejó establecido desde el comienzo Marina Cura. Recordó que las personas que padecieron la detención en ese lugar llegaron encapuchadas, vendadas, atadas y golpeadas. Y les daban un número, "como hacían los nazis con los judíos", como contó en su momento el ex detenido Vicente Lino Cáceres

La auxiliar fiscal dijo que por todo lo que se sabe de Guerrero, bien se lo podría llamar “el sitio del horror”. Y señaló que a pesar de que no lograron recuperar documentos de ahí, “porque han sido destruidos”, “sin embargo, contamos con el valioso testimonio de cada uno de los sobrevivientes de ese lugar”. “Es abrumadora la coincidencia de los relatos de las víctimas”, ratificó. Los testimonios son coincidentes también en que los represores eran de Gendarmería, de la Policía de Jujuy y del Ejército.

Basándose en esos testimonios, Cura narró las extensas sesiones de torturas con picana en interrogatorios en los cuales las víctimas eran colgadas de los pies con una roldana e introducidas en tachos de 200 litros. Explicó que no recibían atención médica, que la comida era escasa y que tenían prohibido hablarse, a pesar de lo cual se reconocieron entre ellas, porque eran todas conocidas de sus pueblos, y muches habían sido compañeres de la secundaria en la Escuela Normal de Libertador. 

Sin poder siquiera ir al baño, estas personas eran sometidas a tormentos todas las noches, sostuvo la auxiliar fiscal. En algunos casos, cuando se quejaban por el frío, les arrojaban agua hervida, provocándoles graves heridas; también usaban alambres calientes para torturarlos en la espalda, los genitales y los glúteos. 

La auxiliar fiscal destacó que en medio de estos sufrimientos había víctimas que pedían que las mataran; dos, Salvador Cruz y Román Rivero, intentaron huir y fueron asesinadas. Otros morían durante los interrogatorios, lo que era motivo de risas de los represores.

Cura enumeró a los "atormentados tanto física como psicológicamente" en Guerrero: Johny Orozco, Salvador Cruz, Román Patricio Rivero, Miguel Ángel Garnica, su hermano Dominga Horacio Garnica, su mamá Eulogia Cordero de Garnica, su tío Alfonso Waldino Cordero, Ernesto Reynaldo Samán, Hipólito Alvarez, Casiano Bache, Raúl Ramón Bartoletti, Elisa Norma Castillo, María Azucena Cortez, Luis Escalante, Hilda Figueroa, Rufino Lizárraga, Mario César Maldonado, Héctor Narváez, Delicia del Valle Alvarez de Narváez, Enrique Núñez, Mario Martín Núñez, Ana María Pérez, Isidro Salinas, Rubén Horacio Carrazana, Leandro Rodolfo Córdoba, Domingo Faustino Reales, José Manuel Cabrera, Rubén Edgardo Canseco, Juan Gerardo Jarma, Rubén Molina, Hugo Antonio Narváez, Juan Carlos Espinoza, Walter Hugo Juárez, Guillermo Genaro Díaz, Germán Tomás Córdoba, Humerto Filemón Campos, Vicente Lino Cáceres, Juan Miguel Lodi, Alfredo Mérida, Alfredo Benjamín Cortez y Raúl Cortez, “entre otras víctimas que también estuvieron cautivas en ese lugar”.

Y avanzó destacando algunos testimonios: la hija de Hipólito Alvarez declaró que cuando su padre volvió tras ser liberado estaba tan sucio, la ropa tan llena de orín, que no lo pudo reconocer; cuando entró a la casa, perdió la fuerza, cayó, y lloró por una hora aproximadamente; tenía la espalda quemada, las manos llagadas. 

El testimonio de Enrique Núñez es otra muestra de la crueldad de los represores. Fue muy golpeado, estuvo diez días sin comer y sin ir al baño, al cabo lo dejaron frente al Hospital Pablo Soria; tantas lastimaduras había recibido en los ojos que estuvo ciego durante unos 30 días, alguien lo llevó al hospital, donde estuvo unos 40 días y “recibió tratamiento para la vista, la deshidratación y para la desnutrición”.

Humberto Filemón Campos le dijeron que era el número 200 y que se olvidara de su identidad. Fue torturado, estuvo vendado y maniatado; como otros, reconoció a compañeros, “estaban todos tirados en el piso, pelados, sin cubiertas (no tenían ningún tipo de abrigo), atados, con las manos en la espalda, encapuchados y también atados de pies”. 

Otros testimonios, como los de María Azucena Corez y René Rodríguez, dieron cuenta de que les daban agua o comida con orina. Y que algunos estaban perdiendo la razón por las torturas. 

Hasta que un día no los oyeron más 

Otra forma de tortura fue escuchar los llantos, los ruegos, los delirios, "constituyen la violencia psicológica", dijo la auxiliar fiscal. 

Por ejemplo, Hipólito Alvarez contó que a Salvador Cruz, lo golpeaban mucho más, escuchaba sus gritos hasta que un día sonó un disparo y no lo volvió a oir.

Hilda del Valle Figueroa también recordó a Cruz, dijo que intentó escapar junto a Rivero y fueron asesinados a tiros. “Yo escuché morir a Rubén Canseco. A otros, como los (hermanos ) Garnica, directamente no se los escuchó más”, añadió. 

Al principio podía ver por debajo de la venda, por eso observó cuando tiraron a Germán Córdoba fuera de ese edificio por una puerta de dos hojas de ese lugar.

Casiano Bache, contó que su amigo Domingo Faustino Reales le dijo “me muero Casianito”, y está efectivamente desaparecido, reseñó Cura. 

Bache también escuchó como "golpearon brutalmente a Cruz y a Rivero", y cuando los mataron. Dijo que cuando golpeaban a Rivero se podía oler la sangre, y que escuchó que Rivero rogaba para que lo dejen de lastimar.

Salvador Cruz era el tío de Campos, quien también escuchó "cuando lo garroteaban" y que los represores se reían porque tiraba espuma por la boca, porque era epiléptico. También se reían, dijo, cuando contaban como anécdota que habían matado a tiros a Rivero, y añadió que siempre se escuchaban tiros hasta que un día no se supo más ni de Cruz ni de Rivero.

Vicente Cáceres también refirió el asesinato a patadas de un "chango" ni bien ingresaron al centro clandestino, porque había increpado a sus captores. Y recordó que a Johny Orozco y a Bebe Córdoba los mataron de a poco.

Oscar Escalante escuchó la tortura a Juan Carlos Espinoza, con picana, hasta que lo mataron. Una vez escuchó que decían sobre Canseco, “ya se nos ha ido este, vayan a tirarlo”.

El día de Gendarmería

El día de Gendarermía Nacional, el 28 de julio (que recuerda la fecha de su creación en 1938) quedó trágicamente grabado en la memoria de las personas que padecieron la detención en Guerrero.  

La auxiliar fiscal reseñó que ese día las mujeres fueron obligadas a preparar empanadas en el primer piso del centro clandestino y luego violaron a algunas de ellas; a los hombres los golpearon con guantes de boxeo hasta dejarlos inconscientes.  

En la inspección que se hizo en este debate se confirmó, como habían reseñado los testimonios, que en Guerrero había un gran sala en la planta baja, donde los detenidos y detenidas estaban tirados en el piso, sin abrigo, a pesar de que era invierno, una imagen que un ex detenido comparó con el infierno, tan cruel era la imagen que se apuró a cubrirse los ojos. "El salón de los sentenciados", en palabras de Humberto Campos, que también contó que estaban en tan pésimas condiciones que muches deliraban, y tenían gangrenas, lo provocaba un olor insoportable. 

“Yo supongo que la gente que nos custodiaba en ese lugar estaba drogada”, especuló Bache buscando una explicación para el ensañamiento de los represores. 

El día del acto por el aniversario de Gendarmería, el 28 de julio de 1976, a Bache lo llevaron lo llevaron a la planta alta, lo torturaron e interrogaron y, ya creyéndolo muerto, le gatillaron en la nuca, pero salvó su vida porque no salió el tiro. 

Ese día los represores festejaban a su manera. Cuatro custodios golpearon a Rivero con guantes de boxeo. Bache escuchó esta agresión hasta que "todo quedó en silencio" y escuchó que lo arrastraban. Luego siguieron con Cruz, que no aguantó mucho porque el silencio sobrevino al cabo de una hora, y solo escuchó los disparos finales. Luego fue su turno, cuando lo dejaron tras gatillarle en la nuca.                     

Raúl Bartoletti añadió que cuando les daban comida, “era una especie de puchero, pero era grasa pura; nos ponían el plato y comíamos con la boca, metiendo la cara en el plato”, como si fueran perros.

La auxiliar fiscal aseguró que en el debate quedó demostrado que “Efectivamente y claramente en ese lugar qe cometieron delitos que afectaron la integridad sexual" de al menos tres detenidas. Entre otros testimonios, citó el de Eulogia Cordero de Garnica: “Hicieron lo que quisieron con estas señoritas, lo que hicieron con estas chicas fue terrible”, testimonió. Y también estos hechos eran motivo de burla de los guardias, recordó en su momento Campos. 

“En este sitio, en este centro clandestino surge claramente que los represores ejercieron claramente una relación de poder en relación a las víctimas que estaban en ese lugar y que se encontraban en condiciones de extrema vulnerabilidad”, acusó Cura, quien destacó la valentía de las tres mujeres, que declaron en este proceso. 

Fuente:Pagina12


17 de febrero de 2022

JUJUY: Sexto juicio por crímenes de lesa humanidad, con 23 represores acusados

 

Sexto juicio por crímenes de lesa humanidad 

en Jujuy, con 23 represores acusados

Este jueves, se inició la etapa de alegatos del sexto juicio por crímenes de Lesa Humanidad en Jujuy, con la alocución del fiscal, Federico Zurueta y la auxiliar, Marina Cura ante el Tribunal Oral Federal N°1 de Jujuy.

Redacción EnOrsai // Miercoles 16 de febrero de 2022


(Por Gabriela Tijman - @GabyTijman) Hay 23 imputados por el plan sistemático de represión,

tortura y desaparición de personas. Las víctimas son 121. El proceso judicial comenzó el 

miércoles 20 de junio del 2018.

Zurueta, quien aclaró que compartiría la exposición con la Auxiliar Fiscal, Marina Cura. Acto 

seguido sostuvo que, para una mejor comprensión del alegato, debido a la gran cantidad 

de pruebas, acusados y víctimas que existen en este 6to Mega-Juicio, todo el equipo 

de fiscalía había dispuesto dividir la exposición en 4 capítulos.

Seguidamente explicó que, en el primer capítulo se detalla la estructura represiva de la 

dictadura en la provincia de Jujuy y qué rol cumplió cada acusado en ella. En el capítulo 2 se 

daría cuenta de los hechos padecidos por las 121 víctimas que fueron parte del proceso judicial.

Dada la cantidad de víctimas, prosiguió, estas serían separadas por zonas geográficas, 

atento a que Jujuy está dividida en 4 regiones: Puna; Quebrada; Valles; Yungas o Ramal jujeño.

En el capítulo 3 se repasó la responsabilidad penal que, a criterio de la fiscalía, le cabe a 

cada uno de los acusados. Para ello se tuvo en cuenta a qué fuerza pertenecen, 

analizando cada una de ellas por separado; el Ejército; la Gendarmería Nacional; la Policía 

Federal; la Policía de la provincia de Jujuy; y el Servicio Penitenciario Federal.

La presentación del primer capítulo estuvo a cargo de la fiscala Marina Cura, quien comenzó 

aclarando que en los 5 juicios previos a este ya se comprobó fehacientemente la existencia 

de la estructura represiva, tanto a nivel provincial como nacional, como para afirmar que 

los hechos de violencia vividos por las víctimas no se tratan de casos aislados sino que 

forman parte de un plan sistemático premeditado con el fin de instalar un modelo de 

sociedad en el que se empleó todo el poder estatal con el objeto de reprimir y aniquilar a una 

parte de la población.

Este plan criminal, ilegal y clandestino incurrió en prácticas ilegales como el secuestro 

de personas, instauración de centros clandestinos de detención, tortura, asesinatos y otras 

fuerzas con el fin que se detalló con anterioridad, los imputados pertenecientes a esa 

estructura represiva imputados en esta causa, fueron los pertenecientes al ejército, Juan 

Carlos Jones Tamayo y Mariano Rafael Braga. A la policía provincial, Armado Claros y Ruiz 

en Capital; Inés Roque Cari en la puna; Américo Lescano, Leonardo Salinas, Virgilio Choffi, 

Carlos Cachambe, Pedro Ríos y Juan de la Cruz Kairuz en la zona del ramal. Además, la 

delegación de la policía federal contaba en ese momento con Rodolfo Oscar López como 

subjefe de la misma.

Por otra parte, en la Gendarmería Nacional, Raúl José Borges Do Canto fue designado 

jefe de la sección de Mina El Aguilar, y Carlos Raúl Pérez que cumplía funciones en el 

penal de Villa Gorriti. En el servicio penitenciario de la provincia participaron Juan 

Carlos Lucero, Ceferino Narváez, Orlando Ricardo Ortiz, Herminio Zarate y Mario Marcelo 

Gutiérrez.

Además, aclaró la fiscala, que la comunidad represiva también contaba con una unidad

 de inteligencia local la cual estaba conformada por el S2 del RIM 20, la unidad de 

inteligencia que tenía jurisdicción en nuestra provincia, el Destacamento de Inteligencia 

143 que actuó a través del Grupo de Adelantado Inteligencia Jujuy y los delegados designados

 por cada fuerza.

La audiencia N° 79, finalizó a las 12:45 p.m., y desde Secretaría se informó que la próxima

va a continuar, el día jueves 10 de febrero, con la etapa de los alegatos. La cita se desarrollará

a partir de las 8:30 hs, bajo la misma modalidad virtual y con transmisión en vivo por el 

canal de Youtube del CIJ (Centro de Informaciones Judiciales) www.cij.gov.ar.

Fuente:EnOrsai


    29 de octubre de 2021

    JUJUY: Retoman las audiencias por ahora de manera virtual, empiezan a declarar los imputados.

     

    Juicio de lesa humanidad en Jujuy: Retoman las audiencias por ahora de manera virtual, empiezan a declarar los imputados

    Publicado: 27 Octubre 2021

    Luego de que concluyeran las inspecciones oculares que fueron realizadas en el marco del sexto juicio de lesa humanidad que se desarrolla en Jujuy, este jueves 28 retomarían las audiencias, las cuales en este tramo serán de manera virtual. Empezarán a declarar los imputados

    Este proceso judicial es denominado como "Megacausa", pues se trata de la acumulación de 17 expedientes, entre ellos las investigaciones de los delitos de lesa humanidad cometidos en la llamada Noche del Apagón, en el Ingenio Ledesma, y en la Mina El Aguilar, en la puna.

    En las últimas semanas se llevaron a cabo dos inspecciones oculares en Libertador Gral. San Martín, una en la Comisaría 24 y la otra en el destacamento de la Gendarmería Nacional con asiento en esa ciudadTambién en la actual Comisaría 41 de Calilegua, donde funcionó un Centro Clandestino de Detención y que hoy está señalizada como Sitio de Memoria. Trámites similares se realizaron en la Unidad Penitenciaria N° 1 del barrio Gorriti y en el exdomicilio del testigo víctima Raúl Osvaldo Tapia, quien fue detenido en abril de 1976.

    El juicio está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Jujuy, integrado por la jueza Alejandra Cataldi y los jueces Mario Juárez Almaraz y Federico Díaz. Intervienen la fiscal general subrogante Julieta Souilhe y el fiscal general Carlos Amad.

    A partir de la audiencia del próximo jueves, comenzarán a escucharse los testimonios de los imputados. Se trata de una veintena de acusados por los crímenes contra un total de 122 víctimas. El debate se podrá seguir por el canal de YouTube del Poder Judicial.

    Fuente: NuevoJujuy

    22 de marzo de 2021

    JUJUY: Tras 14 años de investigación y superando chicanas y dilaciones, procesaron al ex camarista Lona.

     

    Jujuy: Tras 14 años de investigación y superando chicanas y dilaciones, procesaron al ex camarista Lona

    20 de Marzo de 2021 
    Está acusado, entre otros delitos, de participar en la desaparición y muerte del ex gobernador de Salta Miguel Ragone

    Ex camarista Lona: con amigos y cómplices, logró demorar 14 años el procesamiento y el juicio

    El juez federal subrogante de Jujuy Esteban Hansen procesó al ex juez federal de Salta Ricardo Lona como autor y partícipe secundario en decenas de crímenes de lesa humanidad, una minuciosa investigación impulsada por la Fiscalía de Transición de la provincia a cargo de Carlos Amad.

    Fuentes del ministerio público fiscal informaron ayer que "tras analizar caso por caso, tener en cuenta el contexto histórico, y evaluar distinta jurisprudencia sobre la imprescriptibilidad de los delitos presentados por la fiscalía", el juez resolvió el procesamiento de Lona, y ordenó un embargo en su contra por un millón de pesos.

    Además, en una extensa resolución, Hansen declaró la “falta de mérito” de Lona en relación con tres hechos de "violación sexual agravada".

    Al ex juez federal se le adjudica la autoría en 78 casos de prevaricato, en concurso ideal con omisión de promover la acción penal. Además, fue procesado por su vinculación con otros numerosos hechos delictivos, entre ellos 23 homicidios agravados.

    El proceso penal comenzó el 14 de julio de 2006, cuando el juez federal de Salta Miguel Medina dispuso la acumulación de los expedientes que se habían iniciado por casos de lesa humanidad en los que Lona estaba involucrado.

    Miguel Ragone en la primavera camporista de 1973, cuando fue elegido gobernador de Salta
    Miguel Ragone en la primavera camporista de 1973, cuando fue elegido gobernador de Salta
    Tras 14 años de investigación, recolección de pruebas, recepción de testimoniales y resolución de planteos, Lona sumó un nuevo procesamiento que lo deja a las puertas de un megajuicio oral.

    En septiembre de 2019, Lona fue condenado a 15 años de prisión por el Tribunal Oral Federal Número 2 de Salta, integrado por Gabriela Catalano, Juan Carlos Reynaga y Gabriel Casas, quienes juzgaron y condenaron al ex juez y ex camarista por su participación en la desaparición y muerte del ex gobernador Miguel Ragone.

    En su fallo, Hansen detalló los delitos por los que fue procesado el ex juez, quien llegó a integrar la Cámara Federal de Apelaciones de Salta.

    En carácter de autor, el juez halló a Lona responsable de prevaricato y omisión de promover acción penal en 78 hechos, a lo que agregó el delito -en concurso ideal- de haber omitido, retardado o rehusado hacer cesar una detención ilegal en otros 23 casos.

    Por otra parte y en calidad de partícipe secundario, Hansen procesó a Lona por los delitos de allanamiento ilegal, en 32 hechos; tormentos agravados en 25 hechos; privación abusiva de la libertad agravada en 64 hechos; lesiones en dos hechos; amenazas y coacción en 13 hechos y homicidio agravado, en 23 hechos.

    “En este contexto, luego de años de trámite y numerosos cuestionamientos, finalmente Ricardo Lona prestó declaración indagatoria, mediante el sistema de video conferencia, atento la situación excepcional de pandemia producida por la Covid-19; señaló expresó el magistrado en su resolución.

    Hansen explicó además, en el auto de procesamiento, que Lona presentó en la causa "distintos descargos complementarios con el fin de desvincularse de las acusaciones que pesaban en su contra con distintos argumentos, entre ellos, la prescripción de los delitos imputados".

    El juez destacó la tarea del ministerio público fiscal (MPF) a lo largo del proceso penal en curso, tras lo cual indicó que, en la imputación, la fiscalía “hizo referencia al contexto general en que se desarrollaron los hechos analizados en esta causa, el contexto del poder judicial y la actuación de sus integrantes durante el terrorismo de Estado”.

    El fallo indica que “analizada la totalidad de los hechos que componen la imputación, el acusador público destacó que debe entenderse que el accionar del entonces juez Lona responde a un patrón: el de no investigar los hechos que aparecían como cometidos por las fuerzas armadas o de seguridad, en el ámbito de la alegada lucha contra la subversión o situaciones afines, y paralizar las actuaciones sin la investigación previa que los deberes de su función le demandaban”.

    Para el juez, la conducta de Lona “se integró al plan sistemático como un eslabón indispensable para la implementación y continuidad del accionar delictivo durante el periodo represivo ilegal desarrollado”.

    Fuente:Telam