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13 de noviembre de 2023

Se inaugura un mural sobre la Noche de los Bastones Largos en la Manzana de las Luces.

 


Se inaugura un mural sobre la Noche de los Bastones Largos en la Manzana de las Luces

La instalación "Cristales de la Memoria", del colectivo Curupí, resultó la propuesta seleccionada en un concurso de arte urbano, organizado a 57 años de la represión del gobierno del dictador Juan Carlos Onganía contra estudiantes y docentes de la Universidad de Buenos Aires.

Publicado el lunes 13 de noviembre de 2023

A 57 años de la Noche de los Bastones Largos, el Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces inaugura el martes 14 a las 16.30 h el emotivo mural “Cristales en la Memoria” del colectivo Curupí.

Esta instalación, a cargo de Facundo Ariel Cuadra (diseñador gráfico), Leandro Olmos (artista visual) y Javier Albornoz (artista plástico), fue seleccionada para intervenir los muros externos del Complejo Histórico Cultural que formaron parte de la fachada de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

“Cristales en la Memoria” fue el proyecto ganador del concurso de Arte Urbano: La Manzana de las Luces y la Noche de los Bastones Largos, organizado por la Secretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación, para construir memoria a través de esta intervención artística en el sitio donde tuvo lugar ese trascendental y violento hecho histórico.

La comisión encargada de evaluar las decenas de postulaciones recibidas tuvo como integrantes a María Isabel Baldasarre, Gustavo Blázquez- director del Complejo-, Danila Desirée Nieto y Belén Coluccio por parte del Ministerio; además, se convocó, como jurado externo, a Elian Chali, artista, activista del Colectivo de personas con discapacidad, investigador, docente y curador independiente de Córdoba.

El Concurso de Arte Urbano "La Manzana de las Luces y la Noche de los Bastones Largos" tuvo como objetivo propiciar el desarrollo de una intervención artística en el espacio urbano que, a partir de la rememoración de la represión ejercida por el gobierno de facto sobre estudiantes y docentes de la Universidad de Buenos Aires en julio de 1966, estimule la reflexión sobre aquellos acontecimientos y su vínculo con la historia y la memoria social de la Manzana de las Luces.

La convocatoria se propuso destacar la importancia de participar activa y artísticamente, en torno a la memoria situada, dando a conocer el hecho histórico que atestiguan los muros de la Manzana de las Luces a través de una obra que interpele a quienes pasan por el lugar y recuerde la lucha permanente por los derechos humanos.

Render de la instalación
Render de la instalación

¿Qué ocurrió la Noche de los bastones largos?

El 29 de julio de 1966, la policía del gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía que había derrocado al presidente Illia irrumpió en la Manzana de las Luces donde funcionaba la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA para reprimir a estudiantes, graduados y docentes que ocupaban pacíficamente la Facultad en defensa de la autonomía universitaria.

El decano, Rolando García, defendió el lugar expresando: “¿Cómo se atreve a cometer semejante atropello?”. Por toda respuesta hubo bastonazos seguidos de gases lacrimógenos, golpes al por mayor, sangre, cristales rotos, cientos de detenciones, destrucción por doquier. Luego llegaron las cesantías y las renuncias por parte de docentes y de investigadores e investigadoras, que pondrían en jaque el desarrollo científico argentino. Tiempo después, en 1971, la dictadura ordenó demoler el predio de la Facultad. Las topadoras arrasaron con las construcciones consideradas “sin valor histórico”. Solo algunas partes del muro externo consiguieron sobrevivir de lo que hoy es este museo nacional.

Con más de 400 años de historia, la Manzana de las Luces fue un solar de los jesuitas durante la etapa colonial, bautizada así a comienzos del siglo XIX por concentrar, en ese entonces, las sedes de la Universidad de Buenos Aires, del colegio San Carlos y de la Biblioteca Nacional. Hoy es un mosaico arqueológico e histórico de tiempos y sucesos fundamentales del país. Luego de un período crítico, finalmente fue renovada gracias a un proyecto de restauración edilicia del Ministerio de Cultura de la Nación iniciado en 2021 y finalizada a principios de este año, que va en sintonía con la propuesta de su museo: una programación cultural que concibe al patrimonio como una herramienta para pensar el presente y dialogar con las diversas comunidades.

Fuente:Argentina.gob.ar

30 de julio de 2022

La Noche de los Bastones Largos: cuando la dictadura de Onganía quiso destruir la universidad a palazos.

 29 JUL 2022

La Noche de los Bastones Largos: cuando la dictadura de Onganía quiso destruir la universidad a palazos

La noche del 29 de julio de 1966, tropas de la Policía Federal entraron a la fuerza a Facultad de Ciencias Exactas de la UBA para reprimir a autoridades, docentes, graduados y estudiantes que resistían a la intervención decretada por la “Revolución Argentina”. Los golpearon salvajemente y los encarcelaron. Fue el inicio de una “fuga de cerebros” que atrasó de manera trágica el desarrollo de la ciencia argentina

El general ecuestre Juan Carlos Onganía llevaba apenas un mes apoltronado por la fuerza en la Casa Rosada cuando, el 29 de julio de 1966 resolvió acabar de un plumazo con la autonomía universitaria. Para su concepción del mundo -moldeada por el cursillismo católico y la Doctrina de Seguridad Nacional– las universidades argentinas no formaban profesionales o científicos occidentales y cristianos, sino que eran verdaderas cuevas donde se cocinaba la conspiración marxista internacional.

De todas ellas, a su dictatorial criterio, la de Buenos Aires –la prestigiosa UBA, reconocida por su calidad educativa a nivel mundial– era la peor de todas. La tenía entre sus pobladas cejas desde el mismo momento que, un mes y un día antes, el golpe de la autodenominada “Revolución Argentina” había derrocado al presidente constitucional, el radical del pueblo Arturo Umberto Illia.

El dictador creía tener sus razones para apuntar sus cañones contra la UBA. La misma noche del golpe, su rector, Hilario Fernández Long, había convocado a los docentes, alumnos y graduados a defender a las autoridades que habían elegido y a “mantener vivo el espíritu que haga posible el restablecimiento de la democracia”.

Fernández Long era un ingeniero dedicado a puentes y estructuras, de Necochea, demócrata cristiano, que no representaba para nada la idea de los “demonios rojos” que poblaban las aulas y las conducciones académicas que la nueva dictadura quería pintar, pero eso a Onganía lo tenía sin cuidado.

Después de la convocatoria del rector, el Consejo Superior de la UBA hizo pública una declaración escrita exhortando a los claustros universitarios a continuar defendiendo la Autonomía Universitaria.

A nadie se le escapó que esa autonomía era un logro obtenido en 1918, durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, y que el golpe de Onganía había desalojado a otro gobierno radical. El dictador lo tomó como una provocación.

Las facultades quedaron en tensión, pero el dictador se tomó su tiempo para responder, hasta que la tarde del viernes 29 de julio, Onganía promulgó un decreto –con fuerza de ley-, el 16.192, que debía “poner fin a la autonomía universitaria” y, aunque no mencionaba la palabra intervención, dispuso algo que podría considerarse insólito si no fuera por lo perverso: las universidades pasaban a depender del Ministerio del Interior, en cuya órbita estaban las fuerzas de seguridad, en vez de la cartera de Educación.

Para seguir en sus cargos, los rectores debían transformarse en interventores a las órdenes de ese ministerio. Acostumbrado a los emplazamientos militares, Onganía les dio dado 48 horas para decidir si aceptaban seguir en sus cargos bajo esas condiciones o renunciaban.

Apenas conocieron el decreto, autoridades, docentes y estudiantes confluyeron en las sedes de las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, Filosofía y Letras, Medicina, Arquitectura e Ingeniería para decidir medidas de resistencia.

La respuesta de la dictadura fue brutal. Las tropas de la guardia de infantería de la Policía Federal al mando del general Mario Fonseca se desgranaron por los alrededores de la histórica Manzana de las Luces, en pleno centro porteño, donde 161 años antes se habían desarrollado acciones de resistencia durante las invasiones inglesas y por entonces sede de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

Hacía rato que había caído la noche del viernes 29 de julio de 1966, pero la facultad hervía por dentro, donde el decano había convocado a una reunión urgente de graduados, docentes y alumnos para tomar posición sobre la intervención de la Universidad decretada ese mismo día por la dictadura.

A las diez de la noche, Fonseca dio la orden de largada de la “Operación Escarmiento”, como la llamó, y las tropas entraron a bastonazos en la sede de la Facultad.

Rolando García, el decano de Exactas, se les plantó a los policías. Lo hirieron en una mano de un bastonazo. Otros docentes, estudiantes y graduados intentaron resistir, pero los redujeron a los golpes.

Hubo una foto que quedó como la imagen emblemática de esa represión brutal: los ocupantes de la facultad son obligados a salir a través de dos hileras de policías que, armados con bastones, los golpean con saña. Hubo más de cuatrocientos detenidos.

“La historia de los palazos que nos hicieron pasar entre una doble fila de policías ya la conocen todos, pero es curioso, porque a uno le quedan ciertos detalles sin importancia. Por ejemplo, recuerdo que yo usaba sombrero y lo tenía puesto, así que cuando pegaron los palos, el sombrero atenuó los golpes, que no me parecieron gran cosa, pero después, en la comisaría, pasé frente a un espejo donde me vi la cara ensangrentada. Y me lavé, porque me daba vergüenza estar en esa situación. La verdad es que fue verdaderamente notable con tantos palos que dieron que no hubieran matado gente, porque pegaban bien, pegaban con habilidad”, recordaría muchos años después el matemático Manuel Sadosky, vicedecano de la Facultad.

Mientras tanto, a la misma hora, en la Facultad de Filosofía y Letras, en la avenida Independencia, la guardia de infantería también amenazaba con actuar. Los estudiantes, en el hall, en plena agitación, decidieron resistir. De pronto, la puerta de la facultad cedió a los golpes y entró un contingente policial. También repartieron mandobles. Uno de los que estaba esa noche de viernes en la sede de Filosofía y Letras era Horacio González, que recibió un tremendo golpe en la cabeza y cayó desplomado al lado de sus compañeros. Cuando salió del shock, minutos después, lo llevaron fuera de la facultad y zafó de ir preso.

La destrucción

En los días siguientes, alrededor de la mitad de los docentes de la Universidad de Buenos Aires presentó su renuncia como protesta ante la intervención y la violencia. Eran miles de profesores.

Desde el Ministerio del Interior la decisión fue cerrar las facultades. La dictadura nombró rector-interventor a Luis Botet, un abogado amigo del almirante Isaac Rojas que solía presentarse como “el juez de la Revolución Libertadora”.

La UBA no fue la única Universidad devastada. Esa misma noche comenzó una sangría para el desarrollo soberano de la ciencia y la tecnología argentinas. Los institutos de investigación de la Facultad de Ciencias Exactas eran desmantelados. Desde laboratorios de ciencia básica hasta aquellos que tenían convenios con gobernaciones o instituciones de todo tipo: uno que trabajaba sobre el control de granizo y la producción de lluvia artificial en Mendoza, otro de ecología del Chaco, otro de industrialización de la pesca atlántica y también los que hacían programas de cálculo para YPF, Gas del Estado y de Agua y Energía.

Carta a The New York Times

La represión en la UBA tuvo una fuerte repercusión, no solo nacional sino internacional. Al día siguiente de la irrupción policial en las facultades, el profesor estadounidense Warren Ambrose, invitado extranjero en la Facultad de Ciencias Exactas, escribió una carta al editor de The New York Times, que no dudó en publicarla.

Aterrorizado por lo que acababa de vivir, Ambrose relataba: “Entonces entró la policía. Me han dicho que tuvieron que forzar las puertas, pero lo primero que escuché fueron bombas, que resultaron ser gases lacrimógenos. Los soldados (confunde policías con soldados) nos ordenaron, a los gritos, pasar a una de las aulas grandes, donde se nos hizo permanecer de pie, con los brazos en alto, contra una pared”.

A continuación, hablaba de los golpes que había recibido: “El procedimiento para que hiciéramos eso fue gritarnos y pegarnos con palos […] todo el mundo (entre quienes me incluyo) estaba asustado y no tenía la menor intención de resistir. […] Nos agarraron a uno por uno y nos empujaron hacia la salida del edificio. Pero nos hicieron pasar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de diez pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles […] yo (como todos los demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en donde pudieron alcanzarme”, contaba.

Luego de ser publicada en el diario neoyorquino, la carta de Ambrose fue reproducida por otros medios de América Latina, Europa y los Estados Unidos.

Fuga de cerebros y profesores cómplices

Muchos de los mejores científicos decidieron irse del país. En un trabajo que realizaron para los cincuenta años de La Noche de los Bastones Largos, la química Silvia Braslavsky y el matemático Raúl Carnota detallaron la sangría que sufrió la UBA a partir de allí: “En la primera semana de agosto [de 1966] se produjeron 1.378 renuncias de docentes en la UBA: 391 en Exactas y Naturales, 305 en Filosofía y Letras, 268 en Arquitectura y Urbanismo, 180 en Ingeniería, 66 en Derecho, 35 en Ciencias Económicas, 34 en Medicina, 20 en Agronomía y Veterinaria, 14 en Farmacia y Bioquímica, 2 en Odontología y 63 en los Institutos dependientes de Rectorado”, enumeraron.

Pero la situación y las consecuencias no fueron iguales en todas las facultades. Mientras muchas autoridades renunciaban, las de las facultades de Ciencias Económicas y las de Derecho y Ciencias Sociales no sólo se adaptaron a la nueva realidad impuesta por Onganía sino que pasaron a colaborar con la dictadura.

“En la Universidad de Buenos Aires, mientras se purgan cátedras, laboratorios, equipos de trabajo y se producen cientos de renuncias en algunas de sus Facultades, en otras se respetan más las continuidades, no hay grandes conmociones, incluso se puede encontrar el estrechamiento de vínculo”, explica el economista y doctor en Ciencias Sociales Martín Unzué en su trabajo sobre “La otra cara: los apoyos al golpe de Estado de Onganía en la comunidad académica de la Universidad de Buenos Aires”.

La agonía de Clementina

Cuando la dictadura de Onganía desató La Noche de los Bastones Largos, Clementina llevaba casi cinco años en el país. Era una computadora de 18 metros de largo y dos de altura, pesaba una enormidad, y era el orgullo del Instituto de Cálculo, de la Facultad de Ciencias Exactas y de toda la Universidad.

El portal público AgendAR recuerda fue “eficaz auxiliar de los especialistas en matemática aplicada. Realizaba cuentas matemáticas para establecer pautas en el sistema de ahorros y préstamos, para el estudio de los ríos patagónicos, para resolver cálculos astronómicos, por ejemplo, para establecer la órbita del cometa Halley. Unas cien personas trabajaban con la máquina, bien dispuesta a efectuar censos comerciales, análisis del funcionamiento de reactores nucleares, investigaciones cardiológicas y traducciones, como ser del ruso al español.”

La intervención de la UBA fue también el inicio de su agonía. “La intervención a las Universidades Nacionales en 1966 y las renuncias desencadenadas por La Noche de los Bastones Largos –dice Carnota- produjeron en el Instituto de Cálculo (IC) un vaciamiento casi total de profesionales e investigadores. En relatos posteriores, este acontecimiento aparece caracterizado como un desmantelamiento físico del IC y de la propia Clementina, víctima de ‘un final tan brutal como indigno: fue destruida totalmente’”, escribió el ex decano de Exactas Pablo Jakovis.

El 6 de junio de 1971, la revista dominical de La Nación publicó “Una lágrima por Clementina”, un artículo en el que informaba sobre su desmantelamiento y anunciaba que se reemplazaría por otra, cosa que no ocurrió porque la licitación fue cancelada por la dictadura.

La educación y la ciencia argentinas demoraron décadas en recuperarse de la devastación que tuvo su brutal inicio la noche del 29 de julio de 1966, la tristemente célebre Noche de Los Bastones Largos.

Fuente:EntreLineas


29 de julio de 2021

A 55 años de la Noche de los Bastones Largos.

 

A 55 años de la Noche de los Bastones Largos

El 29 de julio de 1966, Argentina vivió uno de los capítulos más oscuros de la historia: la Noche de los Bastones Largos. Cómo se originaron estos hechos.


El 29 de julio se cumplen 55 años de la Noche de los Bastones Largos.


Un 29 de julio de 1966, la dictadura ponía fin a la autonomía universitaria del país, estableciendo por medio de un decreto la intervención de las universidades nacionales. Todo culminó con un trágico episodio conocido como la Noche de los Bastones Largos, uno de los hechos más repudiables de la historia educativa en Argentina.
La Noche de los Bastones Largos consistió en un violento ataque a cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA). La operación policial de aquella noche tuvo lugar en la “Manzana de las Luces” a través de la llamada “Operación Escarmiento”, cuyo objetivo principal era irrumpir en los edificios para reprimir tanto a las autoridades académicas como a los estudiantes.
Un mes antes, el 28 de junio, el golpe militar encabezado por Juan Carlos Onganía derrocó al presidente Arturo Illia. El dictador abolió la Constitución Nacional por el Estatuto de la “Revolución Argentina”, clausuró tanto el Congreso de la Nación como la Corte Suprema de Justicia y disolvió los partidos políticos.
A 55 años de la Noche de los Bastones Largos
El 29 de julio de 1966, Onganía sancionó el decreto ley 16.912, que puso fin a la autonomía universitaria. La noticia salió publicada en los diarios.
A través del decreto ley 16.912, el Presidente de facto suprimió el gobierno tripartito y la autonomía de las universidades nacionales. Estas quedaban subordinadas al Ministerio de Educación y, con la nueva norma, las autoridades académicas tenían un plazo e 48 horas para decidir si acataban las medidas o renunciaban.
Hasta entonces las universidades se manejaban bajo los criterios de la reforma de 1918: eran autónomas, con un gobierno tripartito formado por docentes, estudiantes y graduados. En este contexto, el rector de la UBA, Hilario Fernández Long, daba a conocer una resolución para manifestar públicamente el repudio al golpe.
El rechazo fue generalizado. Tanto profesores como estudiantes de las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, Arquitectura, Ingeniería, Filosofía y Letras y Medicina tomaron los edificios. Desde entonces, las universidades pasaron a convertirse en el nuevo enemigo del gobierno de Onganía.
Con el fin de depurar a las universidades de “las causas de acción subversiva”, aquella noche del 29 de julio de 1966, las autoridades castrenses resolvieron el desalojo utilizando las fuerzas de seguridad. Bajo la orden de reprimir violentamente, la Policía Federal Argentina irrumpió en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales de la de Filosofía y Letras de la UBA.
A 55 años de la Noche de los Bastones Largos
En la Noche de los Bastones Largos, la Policía Federal Argentina irrumpió en cinco facultades de la UBA.
Durante la Noche de Los Bastones Largos los uniformados desalojaron forzosamente a los ocupantes de los edificios haciéndoles formar una doble fila. Al salir, utilizaron largos palos para golpearlos brutalmente. La represión culminó con más de 400 detenciones, la destrucción de bibliotecas y laboratorios.
Estos sucesos dieron paso a la “Fuga de Cerebros”: los científicos más brillantes del país se vieron obligados a exiliarse y se produjeron 1.378 renuncias de docentes en la UBA. Con la censura aplicada en el material educativo durante el gobierno de facto, el nivel académico de las universidades comenzó a deteriorarse hasta poner fin a una era dorada de la formación científica en Argentina.
Fuente:LN100

29 de julio de 2020

1966 - 29 DE JULIO - 2020




El 29 de julio de 1966 -a un mes de instaurada la dictadura militar autoproclamada "Revolución Argentina"- el Presidente de facto, Juan Carlos Onganía, firmó el Decreto-Ley N° 16.192 por el cual se suprimía el gobierno tripartito y la autonomía de las universidades nacionales, que regían desde finales de la década de 1950. Además, por dicho decreto se subordinaba a las autoridades de las ocho casas de altos estudios del país al Ministerio de Educación, nombrándolas administradoras o instándolas a renunciar en un lapso de treinta días.
Esa misma tarde, el Rector de la UBA, Ing. Hilario Fernández Long, rechazó las nuevas disposiciones. Él y su equipo de asesores presentaron inmediatamente sus renuncias. En señal de repudio a la medida, en cinco Facultades -Ciencias Exactas y Naturales, Arquitectura, Ingeniería, Filosofía y Letras y Medicina- grupos de estudiantes y docentes decidieron tomar los edificios.

La noche del 29 de julio, el gobierno resolvió el desalojo utilizando las fuerzas de seguridad. La Guardia de Infantería de la Policía Federal expulsó violentamente a los miembros de la comunidad académica que habían ocupado los edificios de las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y Arquitectura- ubicados en la calle Perú 222- en protesta y en signo de resistencia frente a la disposición de las autoridades del gobierno militar. Se llevaron detenidas a más de un centenar de personas y otras tantas resultaron heridas.

El nivel de violencia e impunidad con las que actuaron las fuerzas del Estado impresionaron a la opinión pública y tuvieron repercusiones importantes, incluso en el exterior. Causó un impacto especial la denuncia publicada en el diario estadounidense The New York Times por el profesor norteamericano Warren Arthur Ambrose, que estaba en ese momento en la Facultad de Ciencias Exactas, donde el desalojo fue especialmente violento. Estos sucesos dieron lugar, entonces, a uno de los episodios más dolorosos de la historia universitaria argentina: La Noche de los Bastones Largos.

Días después, también como acto de protesta ante el avasallamiento de la autonomía y el ejercicio de la violencia, cerca 1.300 docentes de la UBA presentaron las renuncias a sus cargos. Muchos de ellos abandonaron la actividad académica de manera definitiva. Otros, continuaron sus carreras como académicos y científicos en universidades extranjeras. Algunos retornaron muchos años más tarde a la Universidad.

El impacto de estos episodios sobre la universidad argentina, y en particular sobre la UBA, fue sustantivo, ya que la mayoría de los renunciantes pertenecía a los sectores más dinámicos del cuerpo docente y se encontraban entre ellos muchos de los científicos más calificados de la Universidad, cuya formación había insumido recursos materiales e implicado el trabajo de muchos años. De esta manera, finalizó una de las etapas más renovadoras y transformadoras de la historia de la Universidad de Buenos Aires.

Algunos de esos profesores retornaron en 1983 con la vuelta a la democracia. Muchos de los axuiliares y estudiantes de esa época se convirtieron luego en prestigiosos docentes. De esta manera, la Universidad de Buenos Aires se fue reconstruyendo gracias al trabajo mancomunado de todos sus miembros y por el apoyo de toda la sociedad.
Fuente:UBA

29 de julio de 2019

La Noche de los Bastones Largos: cuando Onganía aplastó a la universidad a garrotazos y provocó la mayor fuga de cerebros de la historia.

La Noche de los Bastones Largos: cuando Onganía aplastó a la universidad a garrotazos y provocó la mayor fuga de cerebros de la historia
Hace 53 años, el 29 de julio de 1966, la dictadura de la llamada Revolución Argentina destruyó por decreto la autonomía universitaria y metió a la policía por la fuerza en las facultades de la UBA. Renunciaron más de 1.300 docentes y centenares de científicos se fueron del país 
Por Eduardo Anguita 
Por Daniel Cecchini
29 de julio de 2019
 La Noche de los Bastones Largos fue un ataque brutal de Onganía a cinco facultades de la UBA
Como si fueran los primeros compases de una larga sinfonía del terror, las tropas de la guardia de infantería de la Policía Federal al mando del general Mario Fonseca se desgranaron por los alrededores de la histórica Manzana de las Luces, por entonces sede de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Hacía rato que había caído la noche del viernes 29 de julio de 1966, pero la facultad hervía por dentro, donde el decano había convocado a una reunión urgente de graduados, docentes y alumnos para tomar posición sobre la intervención de la Universidad decretada ese mismo día por la dictadura.
Hacía exactamente un mes y un día que Juan Carlos Onganía se había calzado la banda presidencial que los votos habían otorgado al radical Arturo Illia. Sus planes contemplan quedarse veinte años en el poder. Para su concepción del país y del mundo, las universidades eran cuevas de ratas marxistas, judías y anticlericales que buscaban subvertir el orden natural de las cosas.
Por eso, la tarde del 29 de julio había promulgado el decreto ley 16.912 que determinaba la intervención de las universidades, prohibía la actividad política en las facultades y anulaba el gobierno tripartito, integrado por graduados, docentes y alumnos. Para seguir en sus cargos, los rectores debían transformarse en interventores a las órdenes del Ministerio de Educación. Acostumbrado a los emplazamientos militares, Onganía les había dado 48 horas para decidirlo.
La UBA, que el mismo día del golpe había dado a conocer un comunicado de repudio firmado por el rector Hilario Fernández Long, resistió. Y ese viernes 29, autoridades, docentes y estudiantes confluyeron en las sedes de las facultades de Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, Medicina, Arquitectura e Ingeniería para decidir medidas de resistencia al decreto que violaba la autonomía universitaria.
La irrupción policial tuvo su epicentro en la llamada “Manzana de las Luces”
La irrupción policial tuvo su epicentro en la llamada “Manzana de las Luces”
Las tropas del general Fonseca marcharon hacia esos mismos lugares, pero la "Operación Escarmiento", como la bautizó, tuvo su epicentro en la Manzana de las Luces.
La foto pasó a la historia: los ocupantes de la facultad son obligados a salir a través de dos hileras de policías que, armados con bastones, los golpean con saña. Hay más de cuatrocientos detenidos.
"La historia de los palazos que nos hicieron pasar entre una doble fila de policías ya la conocen todos, pero es curioso, porque a uno le quedan ciertos detalles sin importancia. Por ejemplo, recuerdo que yo usaba sombrero y lo tenía puesto, así que cuando pegaron los palos, el sombrero atenuó los golpes, que no me parecieron gran cosa, pero después, en la comisaría, pasé frente a un espejo donde me vi la cara ensangrentada. Y me lavé, porque me daba vergüenza estar en esa situación. La verdad es que fue verdaderamente notable con tantos palos que dieron que no hubieran matado gente, porque pegaban bien, pegaban con habilidad", recordaría muchos años después el matemático Manuel Sadosky, vicedecano de la Facultad.
Carta de un profesor norteamericano
Al día siguiente de la irrupción policial en las facultades, el profesor estadounidense Warren Ambrose, invitado extranjero en la Facultad de Ciencias Exactas, escribió una carta al editor de The New York Times, que no dudó en publicarla.
Aterrorizado por lo que acababa de vivir, Ambrose relataba: "Entonces entró la policía. Me han dicho que tuvieron que forzar las puertas, pero lo primero que escuché fueron bombas, que resultaron ser gases lacrimógenos. Los soldados (nota de los a.: confunde policías con soldados) nos ordenaron, a los gritos, pasar a una de las aulas grandes, donde se nos hizo permanecer de pie, con los brazos en alto, contra una pared".
Bastones Largos
"El procedimiento para que hiciéramos eso fue gritarnos y pegarnos con palos […] todo el mundo (entre quienes me incluyo) estaba asustado y no tenía la menor intención de resistir", describió el profesor estadounidense Warren Ambrose
A continuación, hablaba de los golpes que había recibido: "El procedimiento para que hiciéramos eso fue gritarnos y pegarnos con palos […] todo el mundo (entre quienes me incluyo) estaba asustado y no tenía la menor intención de resistir. […] Nos agarraron a uno por uno y nos empujaron hacia la salida del edificio. Pero nos hicieron pasar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de diez pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles […] yo (como todos los demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en donde pudieron alcanzarme", contaba.
Luego de ser publicada en The New York Times, la carta de Ambrose fue reproducida por otros diarios América Latina, Europa y los Estados Unidos.
Fuga de cerebros
El resultado fue el esperado por Onganía. La mayoría de los decanos y vicedecanos renunciaron, y a ellos se sumaron más de un millar de docentes. En los meses siguientes, más de trescientos científicos dejaron el país.
En un trabajo que realizaron para los cincuenta años de La Noche de los Bastones Largos, la química Silvia Braslavsky y el matemático Raúl Carnota detallaron la sangría que sufrió la UBA a partir de allí: "En la primera semana de agosto [de 1966] se produjeron 1.378 renuncias de docentes en la UBA: 391 en Exactas y Naturales, 305 en Filosofía y Letras, 268 en Arquitectura y Urbanismo, 180 en Ingeniería, 66 en Derecho, 35 en Ciencias Económicas, 34 en Medicina, 20 en Agronomía y Veterinaria, 14 en Farmacia y Bioquímica, 2 en Odontología y 63 en los Institutos dependientes de Rectorado", enumeraron.
Luego de la represión policial se produjo la mayor “fuga de cerebros” de la historia argentina
Luego de la represión policial se produjo la mayor “fuga de cerebros” de la historia argentina
El 29 de julio de 1966, Carnota cursaba sexto año en el Colegio Nacional Buenos Aires, en la misma Manzana de las Luces, se acercó con otros compañeros a la facultad de Ciencias Exactas: "Estuve ahí con un grupo de estudiantes del Nacional, en la doble fila de bastones y pasé la noche en la comisaría 22. Mi primer contacto con estudiantes de Exactas fue en la celda, sabía lo que estaba pasando pero igual escuchaba y me asombraba todo lo que decían sobre las circunstancias políticas", relató al presentar el trabajo.
Los profesores cómplices
La situación y las consecuencias no fueron iguales en todas las facultades. Mientras otras autoridades renunciaban, las de las facultades de Ciencias Económicas y las de Derecho y Ciencias Sociales no sólo se adaptaron a la nueva realidad impuesta por Onganía sino que pasaron a colaborar con la dictadura.
"En la Universidad de Buenos Aires, mientras se purgan cátedras, laboratorios, equipos de trabajo y se producen cientos de renuncias en algunas de sus Facultades, en otras se respetan más las continuidades, no hay grandes conmociones, incluso se puede encontrar el estrechamiento de vínculo", explica el economista y doctor en Ciencias Sociales Martín Unzué en su trabajo sobre "La otra cara: los apoyos al golpe de Estado de Onganía en la comunidad académica de la Universidad de Buenos Aires".
El antecedente de César Milstein
En 1984, cuando el doctor en Química César Milstein fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre los anticuerpos monoclonares, en el país se lo celebró como un logro argentino.
La historia de la carrera de Milstein lo desmiente y puede ser vista como un antecedente de la fuga de cerebros provocada por la llamada Revolución Argentina luego de la Noche de los Bastones Largos.
Milstein se graduó en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA en 1952 como Licenciado en Química y cuatro años después obtuvo su doctorado. Eran tiempos de la dictadura de Aramburu y con una promisoria carrera científica por delante aprovechó una beca para continuar sus estudios en Cambridge.
El gran hallazgo de César Milstein fue descubrir el principio que rige la producción de los anticuerpos monoclonales
El gran hallazgo de César Milstein fue descubrir el principio que rige la producción de los anticuerpos monoclonales
Volvió en 1961, cuando gobernaba como presidente constitucional Arturo Frondizi, para hacerse cargo de la División de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología Doctor Carlos Malbrán. Sin embargo, un año después, cuando un golpe cívico militar destituyó a Frondizi, cerró el Congreso y lo reemplazó por el presidente provisional del Senado, José María Guido, Milstein vio cómo se cerraban las puertas a sus posibilidades como investigador y retornó a Inglaterra -donde obtuvo la nacionalidad británica – para trabajar en la División de Química, Proteínas y Ácidos Nucleicos de la Universidad de Cambridge, de la cual fue nombrado director en 1983. Un año después se le concedió el Premio Nobel.
Visto con perspectiva histórica, el retorno de Milstein a Cambridge en 1962 resultó premonitorio a la luz de los acontecimientos de apenas cuatro años después. En 1966, todos los profesionales del equipo de integraba en el Instituto Malbrán fueron despedidos, acusados de "comunistas" por la dictadura de Onganía.
Fue pocos días después del 29 de julio cuando, a fuerza de garrotazos, la llamada Revolución Argentina puso fin a un proyecto de universidad de excelencia que era vanguardia de formación e investigación científica en el continente.
Fuente:Infobae