Por Jaime Richart
Escribo esto sólo porque he leído algo sobre Saramago y su ilusionante expectativa respecto al presidente número 44 de Estados Unidos. Si no, no me molesto en recargar más la barahúnda de los pronósticos que ha caído sobre el globo. Quiero decir que parece mentira que hasta el mismísimo Saramago se ilusione con la llegada del nuevo mesías.
Parece mentira, porque cualquiera puede ilusionarse si no profundiza en la naturaleza de las cosas. Porque de todos es sabido que los emperadores no son más que una pieza más del engranaje general de la sociedad, del poder y de sus guerras. Y el norteamericano blanco, anglosajón y protestante no va a permitir así como así descender peldaños en su tren de vida, ni que el mundo se zafe de las garras del imperio. Diga lo que diga el flamante mulato.
Por consiguiente yo que ustedes, señor Saramago y señores de los media, seguiría a la expectativa. Sin pronunciarme. No es serio hacerlo. Menos, concebir esperanzas por muy estimulante que eso sea. Luego, a medida que vayamos viendo en que quedan los propósitos expresados en la toma de posesión, sería el momento de ver los claros de la espesa jungla yanqui. Si los hay. Pero hasta entonces, somos muchos los que sospechamos que nada va a cambiar sustancialmente en los agudos conflictos provocados por el imperio en el planeta.´
Nunca ha habido cosas salidas de una superpotencia que no fuese materialidad pura. Si bien hay diferencias entre, por ejemplo, el imperio napoleónico o el romano, y éste yanqui plagado de prepotentes y de necios. Ni una pizca sola de humanismo propiamente dicho sale de él. De modo que no hay razones sólidas para confiar en cambios positivos. Lo único que cabe agradecer al imperio y al mulato es que se abstengan de atacar a otros países.
Es un dicho popular "Del dicho al hecho hay mucho trecho". Discursos de esperanza e ilusión son todos los políticos. Los discursos belicistas son fascistas por definición. Y hoy, pese a haber tanto fascista agazapado en los pliegues del poder, no hay político ni periodista que no se jacte de ser más demócrata que nadie. No podría ser de otra factura el discurso de este mesías. Es más, cualquiera que memorice discursos de estos podría haberlo reproducido antes de pronunciarlo. Era impensable otro tan amenazante como el de Bush tras lo de las Torres Gemelas, ahora sin venir a cuento. Y no muy diferente, pues, fue el de Bush jr., Bush sr. y los de la retahíla de los 43 presidentes anteriores incluido Lincoln el día de la toma de posesión...
Pero también hay otro pensamiento acuñado por cien pensadores sagrados que dice que al amigo seguro se le conoce en la ocasión insegura, y a la persona de bien, en la dificultad. Bush destapó su catadura criminal al fingir perseguir a un fantasma en Afganistán nada más producirse un supuesto ataque a la línea de flotación de "Norteamérica". Y digo supuesto, porque a mí no me quita nadie de la cabeza que ese affaire de las WTC fue un golpe de mano de él mismo al frente de intereses grupusculares petrolíferos y armamentísticos de "Norteamérica", para justificar todo lo que vino después.
Bien. De todos modos ese discurso voluntarioso del caballero era de esperar. Y se agradece porque todo lo que no sea volver a ejes del mal, infiernos y demás, alivia. Por eso todos los media del mundo lo celebran. Faltaría más. Menudo filón tienen los sumos sacerdotes de la comunicación mundiales analizando hasta un adverbio para manifestarse a favor de este mesías mulato. Mesías que, pese a que no va a poder hacer más que lo que el Pentágono, el lobby judío, la Cadillac y la Chrysler, macdonalds y los consorcios empresariales quieran, se ha cocinado un sermón de la montaña a la medida de una humanidad que oscila entre la ingenuidad, el estado alucinado y el miedo. Pero ni una palabra sobre lo ocurrido en Gaza...
Lo dicho, lo mismo que obras son amores y no buenas razones, a ver cuánto dura esa buena voluntad. No hay que olvidar que las masas son muy veleidosas. Y las masas reeligieron al Bush ya declarado no sólo delincuente sino también abyecto mentiroso. Obama será un buen chico, pero la masa electoral y los patricios siguen siendo los mismos que dieron buena prueba de ser unos miserables yanquicéntricos. Hemos de temer que los buenos propósitos sólo duren mientras no se produzca otro atentado real o prefabricado en la muy grande "Norteamérica". Ni optimismo ni leches... Un septuagenario, en estas cuestiones de geopolítica, debe ser absolutamente realista.
(Fuente:Argenpress).
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