Imagen: EFELa artillería israelí empezó a atacar la ciudad de Gaza apenas cayó el sol y tres horas después, en plena oscuridad y en medio del humo que todavía no se disipaba, entraron los tanques. No hay imágenes de lo que sucede adentro de la Franja. El bloqueo israelí no permitió que ningún periodista extranjero estuviera en Gaza para describir la invasión. Anoche nadie sabía a ciencia cierta cuántos tanques acompañaban a los 10.000 soldados que habían ingresado en la Franja ni hasta dónde habían llegado. El director del principal hospital de Gaza informó que ya hay 20 palestinos muertos y más de 50 heridos en combates cuerpo a cuerpo. El ejército israelí sostuvo que “decenas” de milicianos murieron en combate y por los ataques de la artillería. Alberto Arce, un trabajador humanitario español que colaboraba anoche con la Media Luna Roja en el campo de refugiados de Jabalia, en el norte de la Franja, le dijo a este diario que cuatro soldados israelíes ya habrían muerto. Jerusalén lo niega.
Según relató Arce, los tanques israelíes ingresaron a las 19.30, hora local, por el norte de la Franja, protegidos por decenas de helicópteros. No encontraron resistencia. Después de un día de incesantes bombardeos y ataques, nadie se animaba al aire libre, menos cerca de la frontera. Recién un par de horas después de la invasión, la mayor Avital Leibovitch, vocera del ejército israelí, confirmó la ofensiva. “El objetivo es destruir la infraestructura terrorista de Hamas y su zona de operaciones –explicó y advirtió–. Vamos a ocupar las áreas desde donde lanzan los cohetes.” Ayer 20 cohetes palestinos cayeron sobre la ciudad fronteriza de Negev, sin dejar víctimas.
Desde la clandestinidad y después de sufrir la baja de su segundo dirigente, Hamas sólo pudo lanzar amenazas. “La entrada de Israel en Gaza no será un paseo. Gaza será su cementerio con la ayuda de Dios”, aseguró anoche el vocero de la organización islámica en la Franja, Ismail Radwane. Ante el avance de los tanques, el dirigente descartó una posible tregua. “Ustedes no gozarán de seguridad mientras nuestro pueblo carezca de ella”, prometió.
Unas horas antes, el brazo armado de Hamas, las brigadas Ezzedin Al Kasam, había advertido que si volvían a ocupar Gaza, ellos responderían en donde más les duele a los israelíes, secuestrando a sus soldados. “Si ellos entran, Gilad Shalit tendrá nuevos amigos”, aseguraron en un comunicado. La captura de Shalit en junio de 2006 provocó una ola de ataques contra Gaza, como los que azotan el territorio palestino en estas horas. No obstante, nunca fue liberado y hace casi un año que no se sabe nada de él. A pesar de las advertencias de Hamas, el mayor temor de un millón y medio de palestinos se había hecho realidad. Israel, país ocupante hasta 2005, volvía a invadirlos y, según adelantó el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, en un discurso ayer, la estadía de los militares no será corta. A pocos kilómetros de la frontera norte, en Beit Hanun, Halima Velasco, una joven palestina de 23 años, se desesperaba ante la idea de una nueva ocupación. “Hace una semana que no salgo de mi casa, desde que empezaron los bombardeos de Israel. Vivo en total oscuridad, con hambre y un terror absoluto. Si hubiese sabido que iban a entrar hoy (por ayer) me hubiera animado a salir a buscar algo de comida”, dijo vía telefónica a este diario.
Su mayor miedo es por su hermano de dos años. Su madre se aventuró hace unos días al centro de la ciudad para comprar algo de comida. “Hay una sola tienda abierta y sólo vende una mezcla de sobras. No es comida de verdad”, contó. Halima no sabe si los soldados israelíes entraron a su ciudad o si están cerca. No se anima ni a abrir una ventana, menos cuando afuera está todo oscuro. “Lo único que sé es que está mañana la casa se sacudió durante horas por todas las bombas que cayeron cerca de acá.” Cerca de allí, en el campo de refugiados de Jabalia, cientos de hombres partían anoche hacia la frontera con Israel, a unos siete kilómetros. “No bien entraron los tanques, Hamas empezó a llamar a todos los hombres a agarrar sus armas y marchar hacia la frontera”, relató a Página/12 Jamal Zaqut, unos de los empleados públicos que manejan el campo. Desde megáfonos les decían, explicó, que si no detenían a los soldados israelíes en la frontera, en unos días los tendrían adentro del campo.
“Es difícil no creerles cuando hace una semana que Israel está bombardeando casas, mezquitas y escuelas”, aseguró el palestino de 32 años. Sin embargo, él decidió no ir. “Alguien tiene que quedarse para seguir repartiendo el pan y llevar a los heridos al hospital”, se excusó.
El campo de Jabalia fue uno de los de los más golpeados ayer. Desde temprano a la mañana, los cazas F-16 bombardearon el centro del gigantesco barrio sobrepoblado y desde la costa, a menos de un kilómetro, la Marina israelí apoyó la ofensiva con misiles. Uno de los objetivos más importantes fue la mezquita Ibrahim al Maqadna, que quedó casi destruida. La situación fue dramática, recordó Zaqut. Era la hora de la oración y el templo estaba lleno. La gente salió corriendo desesperada cuando cayó la primera bomba, pero no todos se salvaron. Los trabajadores de la Media Luna Roja y los vecinos tardaron horas en recuperar los cuerpos de abajo de los escombros. Recién a la noche, las autoridades de Sanidad informaron que 16 personas habían muerto en el ataque.
Vittorio Arrigoni, del diario italiano Il Manifesto, estaba al lado de la mezquita cuando comenzaron los bombardeos. Se encontraba visitando el hospital de la Media Luna Roja en el campo de refugiados. “Dos bombas cayeron al lado del hospital. Los vidrios de la fachada volaron en pedazos. Las ambulancias no fueron destruidas de casualidad. Con el correr de la noche, los ataques se hacen más fuertes”, relató el periodista.
Al salir de allí, vio la mezquita envuelta en una gran nube de humo y polvo. En la calle se encontró con una anciana. “Me preguntó si Israel piensa que está en el medioevo y no en el año 2009. Entonces, dijo irritada, por qué continúa bombardeando con precisión las mezquitas, como si se hubiese concentrado en una guerra santa personal contra los lugares santos del Islam en Gaza”, escribió Arrigoni.
En total, fuentes médicas palestinas estiman que al menos 30 personas murieron antes del inicio de la invasión terrestre, lo que eleva el saldo de muertos a 650 y más de 2300 heridos.
(Fuente:Pagina12-María Laura Carpineta).
Según relató Arce, los tanques israelíes ingresaron a las 19.30, hora local, por el norte de la Franja, protegidos por decenas de helicópteros. No encontraron resistencia. Después de un día de incesantes bombardeos y ataques, nadie se animaba al aire libre, menos cerca de la frontera. Recién un par de horas después de la invasión, la mayor Avital Leibovitch, vocera del ejército israelí, confirmó la ofensiva. “El objetivo es destruir la infraestructura terrorista de Hamas y su zona de operaciones –explicó y advirtió–. Vamos a ocupar las áreas desde donde lanzan los cohetes.” Ayer 20 cohetes palestinos cayeron sobre la ciudad fronteriza de Negev, sin dejar víctimas.
Desde la clandestinidad y después de sufrir la baja de su segundo dirigente, Hamas sólo pudo lanzar amenazas. “La entrada de Israel en Gaza no será un paseo. Gaza será su cementerio con la ayuda de Dios”, aseguró anoche el vocero de la organización islámica en la Franja, Ismail Radwane. Ante el avance de los tanques, el dirigente descartó una posible tregua. “Ustedes no gozarán de seguridad mientras nuestro pueblo carezca de ella”, prometió.
Unas horas antes, el brazo armado de Hamas, las brigadas Ezzedin Al Kasam, había advertido que si volvían a ocupar Gaza, ellos responderían en donde más les duele a los israelíes, secuestrando a sus soldados. “Si ellos entran, Gilad Shalit tendrá nuevos amigos”, aseguraron en un comunicado. La captura de Shalit en junio de 2006 provocó una ola de ataques contra Gaza, como los que azotan el territorio palestino en estas horas. No obstante, nunca fue liberado y hace casi un año que no se sabe nada de él. A pesar de las advertencias de Hamas, el mayor temor de un millón y medio de palestinos se había hecho realidad. Israel, país ocupante hasta 2005, volvía a invadirlos y, según adelantó el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, en un discurso ayer, la estadía de los militares no será corta. A pocos kilómetros de la frontera norte, en Beit Hanun, Halima Velasco, una joven palestina de 23 años, se desesperaba ante la idea de una nueva ocupación. “Hace una semana que no salgo de mi casa, desde que empezaron los bombardeos de Israel. Vivo en total oscuridad, con hambre y un terror absoluto. Si hubiese sabido que iban a entrar hoy (por ayer) me hubiera animado a salir a buscar algo de comida”, dijo vía telefónica a este diario.
Su mayor miedo es por su hermano de dos años. Su madre se aventuró hace unos días al centro de la ciudad para comprar algo de comida. “Hay una sola tienda abierta y sólo vende una mezcla de sobras. No es comida de verdad”, contó. Halima no sabe si los soldados israelíes entraron a su ciudad o si están cerca. No se anima ni a abrir una ventana, menos cuando afuera está todo oscuro. “Lo único que sé es que está mañana la casa se sacudió durante horas por todas las bombas que cayeron cerca de acá.” Cerca de allí, en el campo de refugiados de Jabalia, cientos de hombres partían anoche hacia la frontera con Israel, a unos siete kilómetros. “No bien entraron los tanques, Hamas empezó a llamar a todos los hombres a agarrar sus armas y marchar hacia la frontera”, relató a Página/12 Jamal Zaqut, unos de los empleados públicos que manejan el campo. Desde megáfonos les decían, explicó, que si no detenían a los soldados israelíes en la frontera, en unos días los tendrían adentro del campo.
“Es difícil no creerles cuando hace una semana que Israel está bombardeando casas, mezquitas y escuelas”, aseguró el palestino de 32 años. Sin embargo, él decidió no ir. “Alguien tiene que quedarse para seguir repartiendo el pan y llevar a los heridos al hospital”, se excusó.
El campo de Jabalia fue uno de los de los más golpeados ayer. Desde temprano a la mañana, los cazas F-16 bombardearon el centro del gigantesco barrio sobrepoblado y desde la costa, a menos de un kilómetro, la Marina israelí apoyó la ofensiva con misiles. Uno de los objetivos más importantes fue la mezquita Ibrahim al Maqadna, que quedó casi destruida. La situación fue dramática, recordó Zaqut. Era la hora de la oración y el templo estaba lleno. La gente salió corriendo desesperada cuando cayó la primera bomba, pero no todos se salvaron. Los trabajadores de la Media Luna Roja y los vecinos tardaron horas en recuperar los cuerpos de abajo de los escombros. Recién a la noche, las autoridades de Sanidad informaron que 16 personas habían muerto en el ataque.
Vittorio Arrigoni, del diario italiano Il Manifesto, estaba al lado de la mezquita cuando comenzaron los bombardeos. Se encontraba visitando el hospital de la Media Luna Roja en el campo de refugiados. “Dos bombas cayeron al lado del hospital. Los vidrios de la fachada volaron en pedazos. Las ambulancias no fueron destruidas de casualidad. Con el correr de la noche, los ataques se hacen más fuertes”, relató el periodista.
Al salir de allí, vio la mezquita envuelta en una gran nube de humo y polvo. En la calle se encontró con una anciana. “Me preguntó si Israel piensa que está en el medioevo y no en el año 2009. Entonces, dijo irritada, por qué continúa bombardeando con precisión las mezquitas, como si se hubiese concentrado en una guerra santa personal contra los lugares santos del Islam en Gaza”, escribió Arrigoni.
En total, fuentes médicas palestinas estiman que al menos 30 personas murieron antes del inicio de la invasión terrestre, lo que eleva el saldo de muertos a 650 y más de 2300 heridos.
(Fuente:Pagina12-María Laura Carpineta).
Reacciones y propuestas
El secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon pidió anoche un cese inmediato de la ofensiva terrestre israelí en Gaza. Ban habló por teléfono con el primer ministro israelí Ehud Olmert y le transmitió su “extrema preocupación y decepción” por la extensión de la guerra, indicó un comunicado de la ONU. A su vez, la Unión Europea tomó una posición más matizada. El canciller checo Karel Schwarzenberg, en ejercicio de la presidencia, dijo que consideraba el ataque “más defensivo que ofensivo”, pero cuestionó sus efectos. “Ni el innegable derecho de un Estado a defenderse autoriza acciones que afecten masivamente a civiles. Llamamos a la instauración de un alto el fuego.” Estados Unidos también habló de un alto el fuego, pero lo condicionó a que no signifique “una vuelta al statu quo” en el que Hamas lanzaba cohetes sobre Israel. “Es obvio que el alto el fuego debe ocurrir lo antes posible, pero necesitamos un alto el fuego duradero, sostenible, y no durante un tiempo limitado”, dijo el vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack.
El secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon pidió anoche un cese inmediato de la ofensiva terrestre israelí en Gaza. Ban habló por teléfono con el primer ministro israelí Ehud Olmert y le transmitió su “extrema preocupación y decepción” por la extensión de la guerra, indicó un comunicado de la ONU. A su vez, la Unión Europea tomó una posición más matizada. El canciller checo Karel Schwarzenberg, en ejercicio de la presidencia, dijo que consideraba el ataque “más defensivo que ofensivo”, pero cuestionó sus efectos. “Ni el innegable derecho de un Estado a defenderse autoriza acciones que afecten masivamente a civiles. Llamamos a la instauración de un alto el fuego.” Estados Unidos también habló de un alto el fuego, pero lo condicionó a que no signifique “una vuelta al statu quo” en el que Hamas lanzaba cohetes sobre Israel. “Es obvio que el alto el fuego debe ocurrir lo antes posible, pero necesitamos un alto el fuego duradero, sostenible, y no durante un tiempo limitado”, dijo el vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack.
“Nada bueno puede salir de esto”
El director de orquesta y compositor argentino-israelí Daniel Barenboim fue uno de los primeros en criticar ayer la invasión israelí en Gaza desde Jerusalén. “No son buenas noticias. Nada bueno puede salir de esto. Siempre que Israel ataca a los palestinos sufre políticamente”, aseguró el músico que promocionó una orquesta israelí-palestina. Barenboim ya había cuestionado la ofensiva militar en un comunicado difundido a modo de reflexión en la noche de fin de año. “¿Se puede responsabilizar a toda la población de Gaza por los pecados de una organización terrorista? Nosotros, el pueblo judío, debemos saber y sentir con más urgencia que otros que el asesinato de civiles inocentes es inhumano e inaceptable”, escribió el argentino que emigró a Israel con su familia en 1952. A su vez, la Cancillería argentina emitió anoche un comunicado “condenando la incursión terrestre israelí” y su “uso desproporcionado de la fuerza”. El ministerio pidió que Jerusalén retire sus fuerzas y “cumpla sus obligaciones de conformidad con el derecho internacional”.
El director de orquesta y compositor argentino-israelí Daniel Barenboim fue uno de los primeros en criticar ayer la invasión israelí en Gaza desde Jerusalén. “No son buenas noticias. Nada bueno puede salir de esto. Siempre que Israel ataca a los palestinos sufre políticamente”, aseguró el músico que promocionó una orquesta israelí-palestina. Barenboim ya había cuestionado la ofensiva militar en un comunicado difundido a modo de reflexión en la noche de fin de año. “¿Se puede responsabilizar a toda la población de Gaza por los pecados de una organización terrorista? Nosotros, el pueblo judío, debemos saber y sentir con más urgencia que otros que el asesinato de civiles inocentes es inhumano e inaceptable”, escribió el argentino que emigró a Israel con su familia en 1952. A su vez, la Cancillería argentina emitió anoche un comunicado “condenando la incursión terrestre israelí” y su “uso desproporcionado de la fuerza”. El ministerio pidió que Jerusalén retire sus fuerzas y “cumpla sus obligaciones de conformidad con el derecho internacional”.
MARCHAS EN MADRID, LONDRES, BERLIN, ROMA, AMSTERDAM Y, MUCHO MAYORES, EN PARIS
En París, la protesta terminó de noche con quema de autos y enfrentamientos con la policía.
Desde París
Europa se movilizó ayer contra la ofensiva israelí en la Franja de Gaza. Madrid, Londres, Berlín, Roma, Amsterdam y sobre todo París vieron desfilar miles de personas que protestaron en un frío glacial por la situación que viven los palestinos dentro de ese territorio al que Israel, en respuesta a los disparos de cohetes de Hamas, ataca desde hace exactamente una semana. Hubo 7500 personas en Berlín, 2000 a 3000 en Roma, 3000 en Amsterdam, 15.000 en Londres y 25.000 en París.
Las manifestaciones más importantes tuvieron lugar en Londres y París. En la capital británica y bajo el grito de “Libertad para Palestina” e “Israel terrorista” miles de personas se congregaron en el centro de Londres en lo que fue la manifestación más densa en todo el Reino Unido desde hace varios años. La policía dijo que eran cinco mil, los organizadores contaron entre 60 y 75.000, pero cualquiera sea el número terminaron arrojando cientos de zapatos viejos en Downing Street, la residencia oficial del primer ministro británico.
No menos importante fue la marcha que recorrió calles de la capital francesa. Las estimaciones de la policía y los organizadores no coinciden, pero resulta imposible no reconocer la compacta multitud, entre 20 y 25 mil personas según los organizadores, que a eso de las tres de la tarde comenzaron a marchar en la Plaza de la República. La manifestación parisiense estuvo encabezada por líderes políticos de la izquierda comunista, como Marie-George Buffet, y de la extrema izquierda, como Olivier Besancenot de la Liga Comunista Revolucionaria. A la misma hora también se vieron importantes movilizaciones en otras ciudades francesas como Marsella, Nantes, Toulouse, Lyon, Burdeos o Niza.
En París, a la cabeza de la manifestación y con los líderes de la izquierda francesa, iba una enorme banderola que decía “Basta de matanzas. Sanciones contra Israel”. La marcha llegó hasta la Place Saint Augustin y se dispersó con fuertes incidentes. Un grupo de jóvenes quemó media docena de autos, una parada de colectivos y varias banderas norteamericanas e israelíes. Entre los manifestantes había mucha gente moralmente afectada por la amplitud de la respuesta israelí y la desproporción de fuerzas en el terreno. Algunos gritaban “todos somos palestinos” y otros respondían en coro, “sionistas, fascistas, son ustedes los terroristas”.
Otros carteles apuntaban hacia el mundo árabe, al que trataban de “cómplice” de la situación actual. “Israel, asesino, países árabes cómplices”, decía una banderola debajo de la cual había gente que llevaba en brazos muñecos que representaban a los niños palestinos muertos durante la ofensiva. A lo largo de todo el recorrido de la manifestación parisiense se escucharon cantos en árabe y en francés que decían: “Niños de Gaza, niños de Palestina, es la humanidad a la que se asesina”. La ONU, la Unión Europea, Estados Unidos, los países árabes e Israel se llevaron ayer en casi todas las calles de Europa la palma de oro del oprobio en nombre de lo que otro cartel evocaba así: “Niños de Gaza, perdónennos”.
Casi todas las ciudades importantes de Europa mostraron las mismas escenas con miles y miles de personas caminando con la bandera palestina, con keffiyas o emblemas contra la ofensiva israelí. “Gaza, estamos con ustedes” o “Europa ¿cuántos muertos más?” era el contenido de los carteles que podían leerse.
(Fuente:Pagina12-Eduardo Febbro).
En París, la protesta terminó de noche con quema de autos y enfrentamientos con la policía.Desde París
Europa se movilizó ayer contra la ofensiva israelí en la Franja de Gaza. Madrid, Londres, Berlín, Roma, Amsterdam y sobre todo París vieron desfilar miles de personas que protestaron en un frío glacial por la situación que viven los palestinos dentro de ese territorio al que Israel, en respuesta a los disparos de cohetes de Hamas, ataca desde hace exactamente una semana. Hubo 7500 personas en Berlín, 2000 a 3000 en Roma, 3000 en Amsterdam, 15.000 en Londres y 25.000 en París.
Las manifestaciones más importantes tuvieron lugar en Londres y París. En la capital británica y bajo el grito de “Libertad para Palestina” e “Israel terrorista” miles de personas se congregaron en el centro de Londres en lo que fue la manifestación más densa en todo el Reino Unido desde hace varios años. La policía dijo que eran cinco mil, los organizadores contaron entre 60 y 75.000, pero cualquiera sea el número terminaron arrojando cientos de zapatos viejos en Downing Street, la residencia oficial del primer ministro británico.
No menos importante fue la marcha que recorrió calles de la capital francesa. Las estimaciones de la policía y los organizadores no coinciden, pero resulta imposible no reconocer la compacta multitud, entre 20 y 25 mil personas según los organizadores, que a eso de las tres de la tarde comenzaron a marchar en la Plaza de la República. La manifestación parisiense estuvo encabezada por líderes políticos de la izquierda comunista, como Marie-George Buffet, y de la extrema izquierda, como Olivier Besancenot de la Liga Comunista Revolucionaria. A la misma hora también se vieron importantes movilizaciones en otras ciudades francesas como Marsella, Nantes, Toulouse, Lyon, Burdeos o Niza.
En París, a la cabeza de la manifestación y con los líderes de la izquierda francesa, iba una enorme banderola que decía “Basta de matanzas. Sanciones contra Israel”. La marcha llegó hasta la Place Saint Augustin y se dispersó con fuertes incidentes. Un grupo de jóvenes quemó media docena de autos, una parada de colectivos y varias banderas norteamericanas e israelíes. Entre los manifestantes había mucha gente moralmente afectada por la amplitud de la respuesta israelí y la desproporción de fuerzas en el terreno. Algunos gritaban “todos somos palestinos” y otros respondían en coro, “sionistas, fascistas, son ustedes los terroristas”.
Otros carteles apuntaban hacia el mundo árabe, al que trataban de “cómplice” de la situación actual. “Israel, asesino, países árabes cómplices”, decía una banderola debajo de la cual había gente que llevaba en brazos muñecos que representaban a los niños palestinos muertos durante la ofensiva. A lo largo de todo el recorrido de la manifestación parisiense se escucharon cantos en árabe y en francés que decían: “Niños de Gaza, niños de Palestina, es la humanidad a la que se asesina”. La ONU, la Unión Europea, Estados Unidos, los países árabes e Israel se llevaron ayer en casi todas las calles de Europa la palma de oro del oprobio en nombre de lo que otro cartel evocaba así: “Niños de Gaza, perdónennos”.
Casi todas las ciudades importantes de Europa mostraron las mismas escenas con miles y miles de personas caminando con la bandera palestina, con keffiyas o emblemas contra la ofensiva israelí. “Gaza, estamos con ustedes” o “Europa ¿cuántos muertos más?” era el contenido de los carteles que podían leerse.
(Fuente:Pagina12-Eduardo Febbro).
LOS HOSPITALES DE GAZA, COMPLETAMENTE DESBORDADOS
Una emergencia de vida o muerte
El personal del hospital de Shifa, en la ciudad de Gaza, hace lo imposible por seguir trabajando pese a estar desbordado por las sangrientas consecuencias de los bombardeos israelíes, que ya causaron 441 muertos y más de 2200 heridos. La ofensiva aérea israelí sobrepasó por mucho cualquier plan de emergencia previsto por el sistema sanitario de Gaza.
La crisis hospitalaria es más evidente en el centro médico de Shifa, que es el de mayor capacidad del territorio de un millón y medio de personas. Desde hace una semana, los pisos del hospital están cubiertos de sangre seca, que también puede verse en el pasto del jardín exterior donde se montó un improvisado centro de triage y primeros auxilios.
“En los primeros minutos de los ataques, el sábado de la semana pasada, llegaron al hospital más de 500 heridos –contó el portavoz del hospital, Efe Raedl–. En cosa de horas, llegaron cientos más, que superaron por mucho nuestra capacidad de 585 camas.”
Ayer se podía ver a tres pacientes que esperaban ser operados en el mismo quirófano, aunque la sala fue construida para un paciente. El doctor Basel Baker, director de cirugía, explicó que el hospital tiene seis salas de operaciones para atender a las decenas “de heridos graves que llegaron en los primeros dos días de los ataques. Nunca vi una cosa así: el patio lleno de heridos y nosotros tan superados que ni podíamos determinar qué casos eran más urgentes”.
Los médicos recuerdan en particular los dos primeros días de ataques, el fin de semana pasado, porque entonces se produjo más de la mitad de los muertos en esta guerra. La aviación israelí lanzó fuertes ataques contra edificios de la policía y las milicias de Hamas en plena zona urbana de Gaza. Esto explica que los primeros muertos fueran mayoritariamente uniformados o milicianos, aunque luego los ataques se extendieron a otro tipo de edificios. Según la jefe de los servicios de emergencia del Ministerio de Sanidad de Gaza, Moaweya Hasanien, entre los muertos hay 75 niños y 37 mujeres, y el cuarenta por ciento de los heridos son civiles.
Tal cantidad de heridos creó una verdadera emergencia médica. Los hospitales pedían a las familias que retiraran de inmediato a quien muriese, por no tener dónde poner los cuerpos. La mayoría de los pacientes llega en autos particulares porque las ambulancias simplemente no dan abasto.
Las escenas dentro del hospital son conmocionantes. Todo el personal del Shifa, como el de los demás centros médicos del territorio, hace una semana que están trabajando sin parar y sin dejar el edificio. El agotamiento es visible y son comunes las crisis de nervios, como el de una enfermera que comienza a llorar a los gritos al ver un colega llevando una camilla con miembros amputados apilados. En los pasillos se ven familias en shock, llorando a los muertos o esperando que alguien sea salvado.
En la puerta de un quirófano están los tres hijos de Hedaya al Arini, gravemente herida el jueves por la noche en un ataque aéreo. Huda, de doce años, cuenta llorando que “la explosión le cortó las piernas a mamá”. La niña tiene la cara cubierta de costras rojas por las heridas que le causó la metralla.
El director de la Unidad de Terapia Intensiva del hospital, Fawzi al Nabulsia, explicó que se están concentrando en casos de traumatismo de cráneo y de fallas cardíacas. Y que el hospital sufre carencias de todo tipo de medicamentos e instrumental. El Ministerio de Sanidad avisó que se acabaron en el territorio 105 tipos de medicamentos y que se rompieron 220 equipos médicos que resulta imposible reparar por el momento.
El Shifa, además, perdió prácticamente todas sus ventanas el primer día de bombardeos. Y el generador, que es su única fuente de electricidad regular, se está quedando sin combustible.
“Plomo fundido” sobre la conciencia judía
OPINION.
“Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos.”Albert Einstein, carta a Weismann, 1929.
Una emergencia de vida o muerte
El personal del hospital de Shifa, en la ciudad de Gaza, hace lo imposible por seguir trabajando pese a estar desbordado por las sangrientas consecuencias de los bombardeos israelíes, que ya causaron 441 muertos y más de 2200 heridos. La ofensiva aérea israelí sobrepasó por mucho cualquier plan de emergencia previsto por el sistema sanitario de Gaza.La crisis hospitalaria es más evidente en el centro médico de Shifa, que es el de mayor capacidad del territorio de un millón y medio de personas. Desde hace una semana, los pisos del hospital están cubiertos de sangre seca, que también puede verse en el pasto del jardín exterior donde se montó un improvisado centro de triage y primeros auxilios.
“En los primeros minutos de los ataques, el sábado de la semana pasada, llegaron al hospital más de 500 heridos –contó el portavoz del hospital, Efe Raedl–. En cosa de horas, llegaron cientos más, que superaron por mucho nuestra capacidad de 585 camas.”
Ayer se podía ver a tres pacientes que esperaban ser operados en el mismo quirófano, aunque la sala fue construida para un paciente. El doctor Basel Baker, director de cirugía, explicó que el hospital tiene seis salas de operaciones para atender a las decenas “de heridos graves que llegaron en los primeros dos días de los ataques. Nunca vi una cosa así: el patio lleno de heridos y nosotros tan superados que ni podíamos determinar qué casos eran más urgentes”.
Los médicos recuerdan en particular los dos primeros días de ataques, el fin de semana pasado, porque entonces se produjo más de la mitad de los muertos en esta guerra. La aviación israelí lanzó fuertes ataques contra edificios de la policía y las milicias de Hamas en plena zona urbana de Gaza. Esto explica que los primeros muertos fueran mayoritariamente uniformados o milicianos, aunque luego los ataques se extendieron a otro tipo de edificios. Según la jefe de los servicios de emergencia del Ministerio de Sanidad de Gaza, Moaweya Hasanien, entre los muertos hay 75 niños y 37 mujeres, y el cuarenta por ciento de los heridos son civiles.
Tal cantidad de heridos creó una verdadera emergencia médica. Los hospitales pedían a las familias que retiraran de inmediato a quien muriese, por no tener dónde poner los cuerpos. La mayoría de los pacientes llega en autos particulares porque las ambulancias simplemente no dan abasto.
Las escenas dentro del hospital son conmocionantes. Todo el personal del Shifa, como el de los demás centros médicos del territorio, hace una semana que están trabajando sin parar y sin dejar el edificio. El agotamiento es visible y son comunes las crisis de nervios, como el de una enfermera que comienza a llorar a los gritos al ver un colega llevando una camilla con miembros amputados apilados. En los pasillos se ven familias en shock, llorando a los muertos o esperando que alguien sea salvado.
En la puerta de un quirófano están los tres hijos de Hedaya al Arini, gravemente herida el jueves por la noche en un ataque aéreo. Huda, de doce años, cuenta llorando que “la explosión le cortó las piernas a mamá”. La niña tiene la cara cubierta de costras rojas por las heridas que le causó la metralla.
El director de la Unidad de Terapia Intensiva del hospital, Fawzi al Nabulsia, explicó que se están concentrando en casos de traumatismo de cráneo y de fallas cardíacas. Y que el hospital sufre carencias de todo tipo de medicamentos e instrumental. El Ministerio de Sanidad avisó que se acabaron en el territorio 105 tipos de medicamentos y que se rompieron 220 equipos médicos que resulta imposible reparar por el momento.
El Shifa, además, perdió prácticamente todas sus ventanas el primer día de bombardeos. Y el generador, que es su única fuente de electricidad regular, se está quedando sin combustible.
“Plomo fundido” sobre la conciencia judía
OPINION.
“Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos.”Albert Einstein, carta a Weismann, 1929.¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la “solución final” occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del exterminio a cuestas.
El meollo de la actual tragedia está en la Shoá. Si la memoria de su pasado define el sentido histórico que marcó el “destino” del pueblo judío, donde se van hilando las cuentas de nuestro derrotero, y si el acto final en el que culmina ese destino convoca a los judíos israelíes a aniquilar la resistencia de otros pueblos inocentes, algo del sentido histórico ha desaparecido de la memoria de los israelíes. ¿Puede ser invocada la Shoá sin ser infieles a los desaparecidos, cuando al mismo tiempo el sentido completo de ese acontecimiento monstruoso ha quedado oscurecido? ¿Cómo podríamos “hacer memoria” si la construimos con los únicos recuerdos de nuestro pasado que los culpables europeos del genocidio nos autorizan? Es cierto: si los israelíes recuerdan todo, pierden a sus aliados. Porque la memoria de la Shoá que llevó al retorno a una tierra perdida hace mucho tiempo tendría que volver a ser pensada.
Lo primero a recordar: nuestros perseguidores históricos no fueron ni son los palestinos. Nuestros perseguidores estaban y siguen estando en las naciones de cultura europea que nos expulsaron y masacraron, y sin embargo son ellos los que siguen marcando el destino de todos nosotros, sobre todo de los judíos israelíes. ¿Será por eso que se busca olvidar a los verdaderos culpables de la Shoá? Los israelíes ya no se preguntan por el pasado bimilenario judío. Nunca los judíos, salvo excepciones, acusan del exterminio judío a la religión cristiana y a la economía capitalista que produjeron necesariamente la Shoá, como la conclusión de un silogismo que se venía desarrollando en Europa cristiana desde su mismo origen, como si el nazismo hubiera sido sólo un accidente sin antecedente en la historia europea y todo comenzara con Hitler. ¿No será que luego de la Shoá ustedes, los descendientes de los judíos europeos asimilados, se aliaron luego con los exterminadores en un pacto oscuro que el terror dictaba, y volvieron ahora todos, de cierta manera, a ser judeo–cristianos? Porque seamos honestos: el Tercer Reich se ha prolongado en el 4º Reich del Imperio norteamericano. Es claro: prefieren no saberlo porque el Estado de Israel está –nosotros los judíos latinoamericanos sí lo sabemos– al servicio del poder cristiano–imperial de los EE.UU. ¿O van a creerse que los EE.UU. y Europa combatieron al nazismo para salvar a los judíos? ¿Por qué ahora habrían de seguir persiguiéndolos si mantienen lo que tienen de judíos congelado sólo en lo arcaico religioso? Pero ¿no les dice nada pasar a ocupar ahora el lugar impiadoso, como brazo armado de los poderosos capitalistas cristianos, contra una población civil asediada y asesinada por osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que debía ser compartido?
Recordemos. Karl Schmitt, filósofo católico del nazismo, había puesto de relieve lo que la hipocresía democrática ocultaba: la categorías políticas son todas ellas categorías teológicas. Es decir: la política occidental (democrática y capitalista) tiene su fundamento en la teología cristiana. Es notable: Schmitt coincide con lo que Marx joven decía en Sobre la cuestión judía: el fundamento cristiano del Estado germano se prolonga como premisa también en el Estado democrático.
Y si la política occidental al desnudarse muestra su fundamento teológico oculto, sin el cual no hubiera habido capitalismo, entonces toda política de Estado capitalista era antijudía, porque ése era el escollo que el cristianismo había encontrado para consolidarse como religión universal. No contra los judíos cristianizados que, como ustedes en Israel, apoyan esa política, es cierto. Ustedes tienen de cristianos, sin saberlo, lo que ocultan en su propia memoria al ocultar que la Shoá como “solución final” fue un exterminio teológico (cristiano) político europeo. Schmitt la tenía clara. Lo que el sutil filósofo alemán católico necesitaba activar, en momentos de peligro extremo para el cristianismo y el capitalismo frente a la amenaza de la Revolución Rusa y las rebeliones socialistas, era el fundamento cristiano escondido en la política: el odio visceral y alucinado religioso antijudío para que en Europa reverdeciera con toda intensidad el fundamento grabado durante siglos en el imaginario popular cristiano. Y con ese vigor arcaico reverdecido pudieran enfrentar la amenaza revolucionaria del judeo–marxismo.
Por eso, frente a la apariencia liberal de la política democrática como una relación “amigo-amigo”, el fundamento de la política nazi extremaba las categorías de “amigo–enemigo” que Schmitt vuelve a poner de relieve en el “estado de excepción” como la verdad oculta de la democracia: el único enemigo histórico cuando entra en crisis el fundamento social europeo son nuevamente los judíos. En 1933, frente a la amenaza del socialismo tildado quizá con cierta razón de judío, resurgía para muchos europeos todo su pasado y encontraban en los judíos el fundamento más profundo de lo más temido para su concepción cristiana: las premisas judías de un materialismo consagrado, no meramente físico cartesiano como la economía capitalista requería. Por eso Schmitt vuelve a desnudar las categorías fundantes adormecidas que la teología católica mantenía vivas: volvía al fundamento religioso de la política cristiana del Estado democrático para enfrentar el peligro del “comunismo ateo y judío”.
Sucede que en ese momento los judíos laicos formaban parte de la creatividad moderna que en Europa alimentó el pensamiento político y científico: eran rebeldes todavía, no como tantos de ahora, y por eso Marx de joven pensaba que los judíos, una vez superada su etapa religiosa y se hicieran laicos prolongando la esencia judía más allá de lo religioso, podrían pasar a formar parte activa de la liberación humana.
Y cuando al fin los europeos creían haber logrado en el siglo XIX la universalización del cristiano–capitalismo que se expandía colonizando a sangre y fuego el mundo, aparece otra vez el materialismo judaico como premisa del socialismo, que no es físicamente metafísico sino que parte de la Naturaleza como fundamento de la vida del espíritu humano. Tiemblan entonces en Europa los fundamentos cristianos de la política y de la economía: un nuevo fantasma la recorre y se manifiesta en una teoría judía revolucionaria. De lo cual resulta que en momentos de crisis Hitler sólo representó, en términos estrictamente religiosos, culturales y políticos, el temor de toda la cultura occidental ante los comunistas y los judíos como los máximos enemigos de ambos, ahora renovados: del capitalismo y del cristianismo. El racismo de los nazis –esa “teozoología política”– no es más que el espiritualismo cristiano secularizado que el Estado nazi consagró laicamente en las pulsiones de los cuerpos arios.
Una vez aniquilados los millones de judíos –como luego fueron arrasando y aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos “judeo-comunistas”– el impacto aterrorizante de la “solución final” hizo que los judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables –según cuenta la historia de los vencedores– desapareció en Europa la historia de los pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis alemanes fueron antijudíos.
Los judíos cristianizados por el terror del cristiano-capitalismo en Europa luego de la Shoá buscaron su “hogar” fuera de Europa: se instalaron en Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos. Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio –que ahora nos apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos nosotros mismos la etapa final democrática de la “solución final” judía que ellos comenzaron– los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros socialistas.
Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano–capitalista que los había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la “parte” secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su rumiar imaginario. Y por el otro lado los iraelíes son neoliberales en la política y en la economía y en la ciencia “neutral”, cuyas premisas iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad cristianos en el pensamiento.
Y por eso quieren que todos, también aquí y ahora, seamos como ellos: judeo-cristianos como el rabino Bermann, avalado por el cardenal Bergoglio, o judíos–laicos como Aguinis, neoliberal letrado avalado por el obispo Laguna. O como los directivos de la AMIA, que tienen la potestad de determinar si soy o no judío. Si soy judío “progresista” y no me secularicé como cristiano, entonces no soy judío, no podré aspirar a ser enterrado en un cementerio comunitario porque me faltaría la parte cristiana de mi ser judío. Pero judíos–judíos, esos que prolongan en lo que hacen o piensan los valores culturales judíos, quedan al parecer muy pocos, aunque sean muchos los que leen hebreo o reciten kaddish en la tumba de sus padres. Todos están aureolados con la coronita del cristiano-capitalismo que al fin los ha vencido por el terror cristiano luego de dos mil años de resistencia empecinada: convertidos ahora al “judeo-cristianismo”.
Por eso la creación del Hogar Judío en Palestina tiene un doble sentido: la “solución final” europea tuvo éxito, logró su objetivo, el cristianismo europeo se desembarazó de los judíos y muchos de los que se salvaron se fueron de Europa casi agradecidos, sin querer recordar por qué se iban y quiénes los habían exterminado. La Europa cristiana y democrática se había sacado el milenario peso judío de encima. Pero mis padres, que llegaron a las colonias judías de Entre Ríos, sí lo sabían.
Todos los judíos estamos pagando esta inmerecida transacción, ese “olvido” del Estado de Israel, al que seguramente se habrían negado los defensores del Ghetto de Varsovia, que murieron, ellos sí, sabiendo quiénes eran los responsables políticos, económicos y religiosos –estaban a la vista–- como los millones de judíos europeos que murieron en los campos de exterminio. Los judíos que vinieron luego, esos que estamos viendo, no quisieron ni pensar a fondo en los culpables: se unieron a los poderosos y saludaron alborozados que el socialismo stalinista antisemita se derrumbara arrastrando al olvido al mismo tiempo, como si fuera lo mismo, la memoria de los pioneros judíos revolucionarios asesinados por Stalin. Por eso sus sueños mesiánicos dependen ahora únicamente de los cristianos y del capitalismo para poder realizarse. Sólo tenían que hacer una cosa: permutar al enemigo verdadero por un enemigo falso.
Estamos pagando muy cara esta conversión judía. Los israelíes, ya vencidos en lo más entrañable que tenían de judíos históricos, se han transformado en la punta de lanza del capitalismo cristiano que los armó hasta los dientes para enfrentar el mayor y nuevo peligro que tiene el cristianismo: los mil millones de musulmanes que pueblan el mundo. Pero ni los musulmanes ni los palestinos fueron los culpables de la Shoá: los culpables del genocidio son ahora sus amigos, que los mandan al frente.
Y aquí cierra la ecuación política amigo-enemigo de Karl Schmitt. Antes, hasta la Segunda Guerra Mundial, el fundamento teológico de la política era “amigo/cristiano–enemigo/judío”. Ahora que los judíos vencidos se cristianizaron como Estado teológico neoliberal la ecuación es otra: “amigo/judeocristiano–enemigo/musulmán”. ¿Este es el lamentable destino que Jehová nos reservaba a los judíos? Porque de lo que hacen ustedes en Israel depende también el destino de todos nosotros.
(Fuente:Pagina12-Leon Rozitchner).
El meollo de la actual tragedia está en la Shoá. Si la memoria de su pasado define el sentido histórico que marcó el “destino” del pueblo judío, donde se van hilando las cuentas de nuestro derrotero, y si el acto final en el que culmina ese destino convoca a los judíos israelíes a aniquilar la resistencia de otros pueblos inocentes, algo del sentido histórico ha desaparecido de la memoria de los israelíes. ¿Puede ser invocada la Shoá sin ser infieles a los desaparecidos, cuando al mismo tiempo el sentido completo de ese acontecimiento monstruoso ha quedado oscurecido? ¿Cómo podríamos “hacer memoria” si la construimos con los únicos recuerdos de nuestro pasado que los culpables europeos del genocidio nos autorizan? Es cierto: si los israelíes recuerdan todo, pierden a sus aliados. Porque la memoria de la Shoá que llevó al retorno a una tierra perdida hace mucho tiempo tendría que volver a ser pensada.
Lo primero a recordar: nuestros perseguidores históricos no fueron ni son los palestinos. Nuestros perseguidores estaban y siguen estando en las naciones de cultura europea que nos expulsaron y masacraron, y sin embargo son ellos los que siguen marcando el destino de todos nosotros, sobre todo de los judíos israelíes. ¿Será por eso que se busca olvidar a los verdaderos culpables de la Shoá? Los israelíes ya no se preguntan por el pasado bimilenario judío. Nunca los judíos, salvo excepciones, acusan del exterminio judío a la religión cristiana y a la economía capitalista que produjeron necesariamente la Shoá, como la conclusión de un silogismo que se venía desarrollando en Europa cristiana desde su mismo origen, como si el nazismo hubiera sido sólo un accidente sin antecedente en la historia europea y todo comenzara con Hitler. ¿No será que luego de la Shoá ustedes, los descendientes de los judíos europeos asimilados, se aliaron luego con los exterminadores en un pacto oscuro que el terror dictaba, y volvieron ahora todos, de cierta manera, a ser judeo–cristianos? Porque seamos honestos: el Tercer Reich se ha prolongado en el 4º Reich del Imperio norteamericano. Es claro: prefieren no saberlo porque el Estado de Israel está –nosotros los judíos latinoamericanos sí lo sabemos– al servicio del poder cristiano–imperial de los EE.UU. ¿O van a creerse que los EE.UU. y Europa combatieron al nazismo para salvar a los judíos? ¿Por qué ahora habrían de seguir persiguiéndolos si mantienen lo que tienen de judíos congelado sólo en lo arcaico religioso? Pero ¿no les dice nada pasar a ocupar ahora el lugar impiadoso, como brazo armado de los poderosos capitalistas cristianos, contra una población civil asediada y asesinada por osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que debía ser compartido?
Recordemos. Karl Schmitt, filósofo católico del nazismo, había puesto de relieve lo que la hipocresía democrática ocultaba: la categorías políticas son todas ellas categorías teológicas. Es decir: la política occidental (democrática y capitalista) tiene su fundamento en la teología cristiana. Es notable: Schmitt coincide con lo que Marx joven decía en Sobre la cuestión judía: el fundamento cristiano del Estado germano se prolonga como premisa también en el Estado democrático.
Y si la política occidental al desnudarse muestra su fundamento teológico oculto, sin el cual no hubiera habido capitalismo, entonces toda política de Estado capitalista era antijudía, porque ése era el escollo que el cristianismo había encontrado para consolidarse como religión universal. No contra los judíos cristianizados que, como ustedes en Israel, apoyan esa política, es cierto. Ustedes tienen de cristianos, sin saberlo, lo que ocultan en su propia memoria al ocultar que la Shoá como “solución final” fue un exterminio teológico (cristiano) político europeo. Schmitt la tenía clara. Lo que el sutil filósofo alemán católico necesitaba activar, en momentos de peligro extremo para el cristianismo y el capitalismo frente a la amenaza de la Revolución Rusa y las rebeliones socialistas, era el fundamento cristiano escondido en la política: el odio visceral y alucinado religioso antijudío para que en Europa reverdeciera con toda intensidad el fundamento grabado durante siglos en el imaginario popular cristiano. Y con ese vigor arcaico reverdecido pudieran enfrentar la amenaza revolucionaria del judeo–marxismo.
Por eso, frente a la apariencia liberal de la política democrática como una relación “amigo-amigo”, el fundamento de la política nazi extremaba las categorías de “amigo–enemigo” que Schmitt vuelve a poner de relieve en el “estado de excepción” como la verdad oculta de la democracia: el único enemigo histórico cuando entra en crisis el fundamento social europeo son nuevamente los judíos. En 1933, frente a la amenaza del socialismo tildado quizá con cierta razón de judío, resurgía para muchos europeos todo su pasado y encontraban en los judíos el fundamento más profundo de lo más temido para su concepción cristiana: las premisas judías de un materialismo consagrado, no meramente físico cartesiano como la economía capitalista requería. Por eso Schmitt vuelve a desnudar las categorías fundantes adormecidas que la teología católica mantenía vivas: volvía al fundamento religioso de la política cristiana del Estado democrático para enfrentar el peligro del “comunismo ateo y judío”.
Sucede que en ese momento los judíos laicos formaban parte de la creatividad moderna que en Europa alimentó el pensamiento político y científico: eran rebeldes todavía, no como tantos de ahora, y por eso Marx de joven pensaba que los judíos, una vez superada su etapa religiosa y se hicieran laicos prolongando la esencia judía más allá de lo religioso, podrían pasar a formar parte activa de la liberación humana.
Y cuando al fin los europeos creían haber logrado en el siglo XIX la universalización del cristiano–capitalismo que se expandía colonizando a sangre y fuego el mundo, aparece otra vez el materialismo judaico como premisa del socialismo, que no es físicamente metafísico sino que parte de la Naturaleza como fundamento de la vida del espíritu humano. Tiemblan entonces en Europa los fundamentos cristianos de la política y de la economía: un nuevo fantasma la recorre y se manifiesta en una teoría judía revolucionaria. De lo cual resulta que en momentos de crisis Hitler sólo representó, en términos estrictamente religiosos, culturales y políticos, el temor de toda la cultura occidental ante los comunistas y los judíos como los máximos enemigos de ambos, ahora renovados: del capitalismo y del cristianismo. El racismo de los nazis –esa “teozoología política”– no es más que el espiritualismo cristiano secularizado que el Estado nazi consagró laicamente en las pulsiones de los cuerpos arios.
Una vez aniquilados los millones de judíos –como luego fueron arrasando y aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos “judeo-comunistas”– el impacto aterrorizante de la “solución final” hizo que los judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables –según cuenta la historia de los vencedores– desapareció en Europa la historia de los pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis alemanes fueron antijudíos.
Los judíos cristianizados por el terror del cristiano-capitalismo en Europa luego de la Shoá buscaron su “hogar” fuera de Europa: se instalaron en Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos. Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio –que ahora nos apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos nosotros mismos la etapa final democrática de la “solución final” judía que ellos comenzaron– los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros socialistas.
Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano–capitalista que los había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la “parte” secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su rumiar imaginario. Y por el otro lado los iraelíes son neoliberales en la política y en la economía y en la ciencia “neutral”, cuyas premisas iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad cristianos en el pensamiento.
Y por eso quieren que todos, también aquí y ahora, seamos como ellos: judeo-cristianos como el rabino Bermann, avalado por el cardenal Bergoglio, o judíos–laicos como Aguinis, neoliberal letrado avalado por el obispo Laguna. O como los directivos de la AMIA, que tienen la potestad de determinar si soy o no judío. Si soy judío “progresista” y no me secularicé como cristiano, entonces no soy judío, no podré aspirar a ser enterrado en un cementerio comunitario porque me faltaría la parte cristiana de mi ser judío. Pero judíos–judíos, esos que prolongan en lo que hacen o piensan los valores culturales judíos, quedan al parecer muy pocos, aunque sean muchos los que leen hebreo o reciten kaddish en la tumba de sus padres. Todos están aureolados con la coronita del cristiano-capitalismo que al fin los ha vencido por el terror cristiano luego de dos mil años de resistencia empecinada: convertidos ahora al “judeo-cristianismo”.
Por eso la creación del Hogar Judío en Palestina tiene un doble sentido: la “solución final” europea tuvo éxito, logró su objetivo, el cristianismo europeo se desembarazó de los judíos y muchos de los que se salvaron se fueron de Europa casi agradecidos, sin querer recordar por qué se iban y quiénes los habían exterminado. La Europa cristiana y democrática se había sacado el milenario peso judío de encima. Pero mis padres, que llegaron a las colonias judías de Entre Ríos, sí lo sabían.
Todos los judíos estamos pagando esta inmerecida transacción, ese “olvido” del Estado de Israel, al que seguramente se habrían negado los defensores del Ghetto de Varsovia, que murieron, ellos sí, sabiendo quiénes eran los responsables políticos, económicos y religiosos –estaban a la vista–- como los millones de judíos europeos que murieron en los campos de exterminio. Los judíos que vinieron luego, esos que estamos viendo, no quisieron ni pensar a fondo en los culpables: se unieron a los poderosos y saludaron alborozados que el socialismo stalinista antisemita se derrumbara arrastrando al olvido al mismo tiempo, como si fuera lo mismo, la memoria de los pioneros judíos revolucionarios asesinados por Stalin. Por eso sus sueños mesiánicos dependen ahora únicamente de los cristianos y del capitalismo para poder realizarse. Sólo tenían que hacer una cosa: permutar al enemigo verdadero por un enemigo falso.
Estamos pagando muy cara esta conversión judía. Los israelíes, ya vencidos en lo más entrañable que tenían de judíos históricos, se han transformado en la punta de lanza del capitalismo cristiano que los armó hasta los dientes para enfrentar el mayor y nuevo peligro que tiene el cristianismo: los mil millones de musulmanes que pueblan el mundo. Pero ni los musulmanes ni los palestinos fueron los culpables de la Shoá: los culpables del genocidio son ahora sus amigos, que los mandan al frente.
Y aquí cierra la ecuación política amigo-enemigo de Karl Schmitt. Antes, hasta la Segunda Guerra Mundial, el fundamento teológico de la política era “amigo/cristiano–enemigo/judío”. Ahora que los judíos vencidos se cristianizaron como Estado teológico neoliberal la ecuación es otra: “amigo/judeocristiano–enemigo/musulmán”. ¿Este es el lamentable destino que Jehová nos reservaba a los judíos? Porque de lo que hacen ustedes en Israel depende también el destino de todos nosotros.
(Fuente:Pagina12-Leon Rozitchner).
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