Se rinden y los matan
Por Kim Sengupta yDonald Macintyre *
Desde Jerusalén
Por lo menos tres palestinos fueron asesinados ayer en Gaza después de que los soldados le dispararon a un grupo de residentes que abandonaban sus hogares por orden del ejército y portando banderas blancas, según el testimonio de B’Tselem, un grupo de derechos humanos israelí. El incidente en el sudeste de Gaza ocurrió cuando las fuerzas israelíes dijeron que se habían adentrado más en la ciudad de Gaza en medio del combate, con algunas unidades a una milla del centro urbano, densamente poblado. Los residentes, aterrorizados, estaban huyendo de muchos hogares que habían sido incendiados mientras se oían los disparos y explosiones en las calles.
Munir Shafik a-Najar le dijo a B’Tselem que miembros de su numerosa familia comenzaron a tratar de dejar sus hogares después de que el ejército israelí empezó a demoler los edificios en el área de Kuza’a, cerca de la frontera israelí con el sudeste de Gaza. Añadió que las fuerzas habían estado usando disparos para reafirmar a los residentes que debían dejar las casas.
Atestiguó que una parienta suya, Rawhiya, salió de su casa haciendo flamear una bandera blanca y esperando que el resto de la familia la siguiera. Pero recibió un disparo y cayó y hasta anoche los trabajadores humanitarios no habían podido rescatarla. Luego, durante la tarde, unas 30 personas dejaron sus hogares, también llevando banderas blancas, después de que el ejército anunció por altoparlantes que debían caminar hasta una escuela en el centro del pueblo. Najar le dijo a B’Tselem que después de caminar unos metros, otros tres parientes, a quienes nombró, fueron asesinados por disparos.
La ofensiva de las fuerzas de tierra israelí en Tel Hawwa fue lo más lejos que los israelíes habían entrado en la ciudad de Gaza desde que se lanzaron las operaciones militares, el 27 de diciembre. El primer ministro de Israel, Ehud Olmert, declaró que presionará con la ofensiva con “puño de hierro” a pesar del creciente clamor internacional pidiendo el cese del fuego. Los funcionarios del hospital dicen que el número de muertos alcanzó los 952, la mitad de ellos mujeres y niños.
Aunque el gobierno israelí afirmó repetidamente que las capacidades militares de Hamas han sido dañadas seriamente por la ofensiva, las altas fuentes de inteligencia israelí revelaron que no más de “unos pocos cientos” de los 20.000 hombres del movimiento islámico han muerto. Los funcionarios dijeron también que Hamas tenía todavía una significativa cantidad de cohetes.
John Ging, director de operaciones en Gaza para la Agencia humanitaria de la ONU, le pidió a la comunidad internacional que brinde protección a los civiles en Gaza, llamándolo una “prueba de nuestra humanidad”. También pidió una investigación a fondo de las acusaciones de que las fuerzas militares israelíes pueden haber usado armas ilegales durante su ofensiva de 18 días.
* De The Independent de Gran Bretaña. Traducción: Celita Doyhambéhère.
OPINION
Qué (no) hacer frente a los crímenes
Por Alejandro Kaufman *La masacre de Gaza a la que estamos asistiendo consternados sin poder hacer nada por impedirla y sin poder evitar contemplarla, como ocurre con todo lo que sucede en las agendas de los medios de comunicación de masas, dejará un corolario: la palabra árabe “naqba” (catástrofe) con que los palestinos designan la creación del Estado de Israel tendrá que quedar definitivamente incorporada a la historia y a la memoria judías. Por lo menos una versión de la memoria y de la historia judías exigirá la presencia de la naqba en los registros de la memoria de la Shoá.
Si los años transcurridos no hubiesen sido suficientes, si no hubiesen ya consumado el relato de la tragedia palestina, el acontecimiento de la naqba habrá sido definitivamente configurado por la masacre de Gaza, por el deambular aterrorizado de una multitud de un millón y medio de seres humanos en un ínfimo territorio dentro del cual fueron encerrados por un desalmado bloqueo.
En ese encierro reside el pasaje al horror específico de estos días en relación con la guerra del Líbano de hace dos años. La población civil de Gaza no tiene salida ni resguardo. Los santuarios que las normas reconocidas del derecho garantizan son vulnerados brutalmente, las fuerzas invasoras ejecutan a víctimas civiles a sabiendas, cuando podrían evitar la carnicería. No sólo la consuman sino que la justifican asignando toda la responsabilidad a quien emplea la matanza como siniestro beneficio de guerra en contra de su enemigo mortal. Nada mengua la responsabilidad criminal de los perpetradores. No hay excusa para que hayan muerto hasta la fecha más de mil personas. Centenares de niños asesinados. Miles y decenas de miles de niños heridos, mutilados o aterrorizados tienen sus vidas marcadas por el trauma de una acción bélica demencial y despiadada que sólo puede alimentar futuros odios, venganzas y violencias.
Israel actúa así porque siente que la supervivencia del exterminio nazi del pueblo judío no le deja otro camino. Que sólo depende para sobrevivir de la fuerza bruta que sea capaz de ejercer. Que amerita aliarse con los poderes más formidables e injustos con tal de sobrevivir. Que actuaría como actúa aun sin apoyo externo, como ya ocurrió en su momento. Que el mundo, cómplice de la Shoá –al menos por omisión–, no puede garantizar tampoco la supervivencia material del Estado judío, aunque puede culpar a los “judíos” de todos los males, como lo ha hecho en el pasado. Israel no respeta las voces del mundo, porque siente que esas voces que ahora la condenan fueron impotentes frente al exterminio.
Lo que Israel esperaría del mundo es que se rectifiquen las condiciones que hicieron posible la Shoá, al menos para la supervivencia pacífica del Estado judío en el Medio Oriente. Esto, que no ha ocurrido en absoluto, sólo contribuye en cambio a que, al descansar la supervivencia del Estado judío en la propia fuerza bruta, al haber transcurrido sesenta años de guerras sin perspectivas de arribar a una situación de paz y convivencia, solamente perseveró el peor camino, un camino que vemos adónde está llegando, y no sabemos hasta dónde puede llegar aún. Un error corriente que se ha venido cometiendo es haber creído tantos, israelíes y judíos, y no judíos y no israelíes, que la supervivencia a la Shoá justificaba la existencia del Estado de Israel. No la justificaba ni la justifica. La explica, pero explica también la brutalidad de que es capaz el brazo armado de ese Estado. Lo que en cambio resulta increíble es que tantas buenas conciencias, tantas almas bellas puedan pensar que haber sobrevivido a la Shoá es aleccionador de bondad, de buen corazón, como si la Shoá hubiese sido un gran experimento moral edificante, en el que el sufrimiento habría vuelto bondadosos a los sobrevivientes. Y es que el sufrimiento, la humillación, abren el camino en espiral a nuevos sufrimientos y humillaciones. Que las víctimas puedan convertirse en victimarios, aunque no sea una ley cíclica de la condición humana, forma parte privilegiada de las posibilidades indeterminadas del alma.
Entonces, negarle a Israel el reconocimiento, amenazarla con la desaparición, asediarla y acosarla con violencia, son formas seguras de provocar su brutalización más extrema. Es lo que está ocurriendo en estos días, y no disminuye un ápice la criminalidad de las acciones israelíes, ni es razón para asignar una mayor responsabilidad a sus enemigos.
No puede haber paz en el Medio Oriente si los israelíes y el conjunto del pueblo judío no comprenden (como muchos no lo hacen) que los palestinos han sufrido injusta e indeciblemente como consecuencia de la instauración del Estado de Israel, y que han sido exiliados y masacrados.
No puede haber paz en el Medio Oriente si los palestinos no comprenden (como muchos lo hacen) a los israelíes judíos como un pueblo que volvió del exilio y sobrevivió al exterminio.
La naqba no es equivalente ni homologable a la Shoá. Tampoco su consecuencia mecánica. Son dos tragedias diferentes, cada una inconmensurable con la otra, ninguna pensable o rememorable desde estos años sin la otra.
Debemos condenar sin reservas ni mezquindades, sin falsas lealtades ni intimidaciones la violencia brutal, despiadada y criminal que los israelíes han perpetrado y perpetran contra el pueblo palestino. Ninguna otra condición es más deletérea para la supervivencia del pueblo judío en la actualidad que el inmenso daño perpetrado contra los palestinos por judíos en nombre del judaísmo. Si Hitler no consumó el exterminio físico del pueblo judío, habrá de ser la crueldad brutal infligida a los palestinos la que vacíe de todo sentido a la actualidad de la condición judía como tal.
A la vez, es necesario luchar contra el antisemitismo. El odio hacia los judíos no es suscitado por lo que los judíos hacen sino por lo que los judíos son, o han sido. Repudiar con justicia lo que los judíos hacen demanda palabras que no signifiquen condenarlos por lo que son o han sido. A tal fin es necesario respetar las memorias del pueblo judío y de la Shoá, para repudiar los crímenes perpetrados por los judíos del presente en nombre de los judíos inocentes del pasado. La preservación del legado ético del pueblo judío requiere ese repudio inequívoco.
Lo dilemático es que si la oposición radical a la violencia criminal perpetrada por Israel no se deslinda del antisemitismo, entonces se contribuye a consumar la voluntad exterminadora que el nazismo ejerció contra el pueblo judío. Quien dibuja una svástica junto a una estrella de David, con conocimiento o sin él, con odio antijudío ostensible o inconsciente, adhiere al ciclo interminable de violencia y odio que en la historia han mortificado y perseguido a los judíos. De esta manera sólo se conseguirá la prosecución del horror, no la difícil construcción de la paz. Habrá que comenzar a preguntarse si quienes condenan la violencia israelí con saña antisemita lo hacen por compasión con los palestinos o por odio a los judíos. A esto alude el poeta palestino Majmud Darwish en su intervención en la película de Godard, Notre musique. Es una pregunta que hoy mismo se impone.
Necesitamos oponernos a las acciones criminales de Israel sin profanar la memoria de la Shoá. Para ello contamos con un instrumento precario y frágil, el corpus de los derechos humanos, instituido en su forma y legitimidad actual como consecuencia del horror de la Segunda Guerra Mundial, que incluyó la Shoá como emergente radical del mal. Esa tenue plataforma es lo único con lo que contamos para luchar por la justicia en lugar de atizar las llamas del odio y la violencia. Hagámoslo, por difícil y débil que sea. Usemos el único recurso posible frente a la desesperación.
* Profesor UBA/UNQ.
DESPUES DE 23 DIAS FRENO SU OFENSIVA PERO NO RETIRA SUS TROPAS DE LA FRANJA
Israel declaró un alto el fuego unilateral
Civiles palestinos huyen del bombardeo israelí a la escuela de la ONU en Beit Laiha, donde murieron un niño y una mujer.Por Eduardo Febbro
Desde Sderot y Jerusalén
A las doce de la noche se apagaron los heraldos luminosos que durante 23 noches iluminaron el cielo de Gaza con su carga de muerte. El Gabinete de Seguridad israelí, compuesto por 12 miembros, votó una resolución a favor de un alto el fuego unilateral en el territorio palestino. Es la primera vez en la historia de Israel que los responsables deciden aplicar un alto el fuego unilateral en uno de sus numerosos conflictos. El Ejecutivo priva con ello a Hamas de todo intento de recuperación política al tiempo que le permite manejar a su antojo todas las prerrogativas futuras. “El alto el fuego entrará en vigor a las dos de la madrugada y las fuerzas continuarán en la Franja de Gaza y sus alrededores”, dijo el jefe del Ejecutivo israelí, Ehud Olmert, en el curso de una conferencia de prensa en la que también estuvo presente el titular de la cartera de Defensa, Ehud Barak.
La resolución que instaura un alto el fuego deja detrás un tendal de muertos en lo que fue la ofensiva militar más mortífera lanzada por Israel en la Franja de Gaza: más de 1200 muertos y casi 6000 heridos, en su gran mayoría civiles. Fuentes palestinas expresaban ayer a Página/12 la certeza de que se puede contar con un número muy superior de víctimas que quedaron atrapadas en los escombros. El Gabinete de Seguridad israelí llegó a esa decisión luego de obtener sólidas garantías por parte de Estados Unidos de su plena colaboración con la lucha contra el contrabando de armas que transita a través del Pasaje de Filadelfia a lo largo de la frontera entre la Franja de Gaza y Egipto.
La instauración del alto el fuego unilateral deja en la sombra varios núcleos del conflicto. La seguridad de Israel se ha impuesto por encima de los resortes que causaron el conflicto. No hay, hasta ahora, la más mínima mención al levantamiento del bloqueo territorial y económico de la Franja de Gaza ni tampoco se hace referencia a la apertura de las dos fronteras del territorio, una con Egipto, la otra con Israel. En este contexto, Ehud Olmert aclaró que las tropas israelíes permanecerían en Gaza y advirtió que Israel se reservaba el derecho de responder si el movimiento islamista Hamas atacaba a Israel o a sus soldados. Según Olmert, si la decisión del alto el fuego no tomó en cuenta a Hamas es porque esta organización, “como otras organizaciones terroristas reconocidas internacionalmente, no debe ser parte del acuerdo”. Antes de la conferencia de Olmert, la ministra de Relaciones Exteriores, Tipzi Livni, dijo en el portal de Internet del diario Yediot Aharonot: “Vamos a dejar el dedo en el gatillo y Hamas lo sabe. Si los islamistas levantan la cabeza actuaremos con fuerza”.
La unilateralidad del alto el fuego deja a Israel con las manos libres para hacer con Gaza lo que se le antoje: estacionar las tropas, mantener el bloqueo del territorio, volver a bombardear a la población. El Estado hebreo escapó así a los compromisos que le había sometido Hamas: la tregua de un año renovable, el retiro inmediato de las tropas israelíes y el fin del bloqueo del territorio palestino. Israel quiere un alto el fuego ilimitado con Hamas y rehúsa que le dicten la conducta que debe seguir a propósito del bloqueo de la Franja de Gaza. Esta cuestión es sin embargo central. Hamas siempre justificó los disparos de cohetes contra Israel con el argumento de que Tel Aviv, pese a la tregua que Hamas venía respetando en los últimos seis meses, nunca abrió las fronteras del territorio. Israel terminó imponiendo su unilateralidad a lo largo y a lo ancho, tal como lo había adelantado el primera ministra: “Detendremos el terror, impediremos que Hamas se rearme y ello sin ningún compromiso”. Así fue. Sobre el sufrimiento de decenas de miles de palestinos encastrados en la Franja, oprimidos entre la dictadura policial y religiosa de Hamas y el bloqueo israelí, Ehud Olmert se desquitó de la derrota militar y política que le infligió el movimiento chiíta libanés Hezbolá durante la guerra del Líbano de 2006. Olmert es el único jefe de gobierno que en toda la historia de Israel desencadenó dos guerras en un mismo mandato. La primera la perdió y con la segunda buscó borrar los efectos de la derrota. Con la tregua unilateral, Israel quiere presionar a Hamas para cortarle toda veleidad de nuevos disparos de cohetes contra el sur de Israel. También le saca de las manos la victoria política que hubiese significado para Hamas la firma de un acuerdo oficial con Israel. Olmert reafirmó ayer que los objetivos de su gobierno con la “Operación Plomo Fundido” desencadenada en Gaza “se han cumplido”, al tiempo que aseguró que “Hamas sufrió un duro golpe, muchos de sus hombres murieron, los disparos de cohetes se redujeron y numerosos túneles empleados para el contrabando de armas fueron destruidos”. Técnicamente tiene sin duda razón, pero el saldo de víctimas humanas y destrucciones no ha hecho sino poner en evidencia la voracidad militarista de un Estado megadotado que no duda en confundir a los palestinos con terroristas, a los edificios de las Naciones Unidas con escondites, a las escuelas con arsenales y a los civiles con peligrosos barbudos armados hasta los dientes.
Los palestinos deben sentirse en una soledad despiadada. Todos hablan de ellos, poco se hace para ahorrarles las humillaciones y la muerte. Ayer, luego de la oficialización del alto el fuego unilateral, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, dijo que esta decisión constituía un primer paso pero que era preciso que se acompañara de una tregua duradera, del retiro israelí y de la apertura de los pasos fronterizos. A su vez, los dirigentes de Hamas que se expresaron el sábado rechazaron la unilateralidad israelí. “La batalla no se acabó y no terminará con el cese de la agresión (israelí) sino con el fin de la ocupación”, dijo en el Líbano un alto dirigente de Hamas, Osama Hamdam. En los labios de los dirigentes del mundo árabe, la verborragia guerrera es una canción que se ha escuchado hasta el hastío. Palabras y palabras pero, en el fondo, además de expresar un odio férreo hacia Israel, los dirigentes del llamado –e imaginario– mundo árabe son escasamente capaces de concertarse con eficacia para evitarle a los palestinos nuevos sufrimientos. Se tiene la impresión de que el drama palestino les sirve a todos para mantener las tensiones a flor de piel y a la región en un estado de confrontación permanente en donde los únicos que pagan la cuenta son los palestinos. Ayer se cerró un episodio pero la herida permanece abierta. La unilateralidad del alto el fuego no autoriza casi ninguna exigencia. El plan egipcio destinado a poner término al conflicto quedó sin aplicarse. Este esquema preveía compromisos mutuos. Hamas e Israel se comprometían en una serie de obligaciones que, de hecho, quedaron sin efecto. El plan egipcio contemplaba un alto el fuego concertado –no ocurrió–, y el respeto de una tregua que implicaba compromisos y garantías para evitar que se repita un conflicto semejante, tampoco ocurrió. 23 días de bombardeos no hicieron más que dejar el drama palestino en una incandescencia intacta.
La última función
Antes de declarar el cese de fuego unilateral, las fuerzas israelíes bombardearon todo el día, sin parar, la Franja de Gaza. “Estamos pegados a la radio esperando el anuncio, pero las bombas no nos dejan escuchar”, le contó a Página/12 Jamal Zaqout, apenas dos horas antes de la conferencia de prensa del primer ministro israelí Ehud Olmert. El joven palestino vive y trabaja en el campo de refugiados de Jabalia, en el norte de la Franja, donde ayer cayeron bombas desde la mañana hasta la noche. Según los informes del servicio de sanidad palestina, al menos 13 civiles murieron ayer en Gaza, elevando el número de muertos a 1205, entre ellos 410 niños, 108 mujeres y 113 ancianos. Del lado israelí, el ejército informó que nueve soldados resultaron heridos, uno de gravedad, después que su unidad fue alcanzada por un misil anti-tanques de las milicias palestinas. A diferencia del viernes, cuando el Ejército israelí se replegó y suspendieron los bombardeos durante casi toda la tarde, en el día de ayer los ataques se sucedieron sin cesar a lo largo de toda la franja. Golpearon de vuelta edificios de los suburbios de la capital, el campo de Jabalia en el norte y la ciudad de Rafah en el sur. Las milicias palestinas, por su parte, continuaron con su cuota de cohetes. Según el diario Haaretz, al menos 15 cohetes Grad y cuatro proyectiles de morteros cayeron en el sur del territorio israelí, sin dejar ninguna víctima. Uno de los Grad explotó en una sinagoga vacía en la región de Merhavim. Al cierre de esta edición, ya había entrado en vigencia el cese de fuego israelí en la Franja. “Van a parar los ataques, pero no la guerra”, auguró Zaqout, preocupado. “Nada bueno puede salir para nosotros de que los soldados israelíes se queden en Gaza. Hay mucho odio acá como para que no pase nada.”
NACIONES UNIDAS INVESTIGARA LA ACUSACION CONTRA EL EJERCITO ISRAELI
Crímenes de guerra en la franja
El zapato de un niño con manchas de sangre en el aula de la escuela de la ONU bombardeada ayer en la Franja de Gaza.Imagen: AFP
Por Kim Sengupta yDonald Macintyre *
Desde Jerusalén yla frontera entre la Franja de Gaza y Egipto
A pesar del anuncio de un cese del fuego unilateral, el amargo legado que dejaron los últimos 22 días de bombardeos y ataques en la Franja de Gaza sumergieron la imagen de Israel a su nivel más bajo.
Ayer, las Naciones Unidas pidieron una investigación para determinar si Israel cometió crímenes de guerra durante las tres semanas de ofensiva contra el territorio palestino. La advertencia llegó después de que dos niños, de cinco y siete años, murieran en un bombardeo israelí contra una escuela manejada por la ONU. Según la organización, más de 40 desplazados palestinos se refugiaban en el edificio en ese momento.
“Discutir si esos dos niños eran inocentes es como discutir si están muertos. Es innegable”, sentenció John Ging, el director de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos en Gaza. Desde Jerusalén, su colega Chris Gunness, redobló la apuesta y pidió investigar el ataque. “Debe investigarse para determinar si Israel cometió un crimen de guerra”, instó.
El lenguaje que utilizó Gunness no es común en un funcionario de la ONU. Como representantes de una organización neutral, ellos deben ser más diplomáticos que los diplomáticos. Pero el cada vez mayor número de civiles palestinos muertos y la serie ininterrumpida de ataques contra edificios de la ONU agotó la paciencia del trabajador humanitario. Además del ataque de ayer a la escuela, las fuerzas israelíes bombardearon la sede central de la ONU en la ciudad de Gaza y una escuela en el centro de refugiados de Jabalia. Este último ataque, del 6 de enero, fue el más letal, con 43 desplazados muertos.
El bombardeo de la sede de la organización humanitaria en la ciudad de Gaza, la semana pasada, debería haber sido un bochorno diplomático para Tel Aviv. El ataque, que dejó tres heridos y quemó cientos de toneladas de comida, sucedió exactamente en el mismo momento en que el secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon hacía una gira por la región para intentar mediar en el conflicto. La imagen que mostraron los noticieros de todo el mundo fue contundente. Una nube de humo negro, provocada por el ilegal fósforo blanco, quemaba lentamente la ayuda humanitaria que Israel había permitido ingresar en la Franja apenas un día antes.
Como si no hubiese sido suficiente, mientras Ban informaba que el ministro de Defensa israelí Ehud Barak se había disculpado por el “grave error”, un vocero del gobierno de Tel Aviv sugería que milicianos palestinos habían disparado a sus soldados desde el edificio de la ONU. Ging, otra vez dejando de lado la diplomacia, calificó la denuncia de “insensata” y recordó que la ONU le había dado las coordenadas del edificio al gobierno israelí, justamente para evitar un ataque por error.
La comunidad internacional se indignó con el nuevo ataque. Pero mientras en el exterior crecía el repudio hacia la ofensiva en Gaza, dentro de las fronteras israelíes el apoyo escalaba. El argumento más repetido era que Hamas era responsable de todos los muertos por haber lanzado sistemáticamente durante ocho años cohetes al sur israelí.
Anoche parecía que el clima de opinión empezaba a cambiar en Tel Aviv. Con las elecciones generales cerca y ante el cambio de gobierno en Estados Unidos, la canciller Tzipi Livni y Barak, dos defensores a ultranza de la ofensiva en Gaza y fuertes candidatos presidenciales, aceptaron firmar un cese de fuego unilateral.
Muchos israelíes recién comprendieron la dimensión del costo que tuvo esta guerra cuando el médico palestino Izz el-Deen Aboul Aish, un reconocido ginecólogo que se formó en Israel, llamó desesperado, llorando, al periodista televisivo de Tel Aviv, Shlomi Eldar, para anunciar que sus tres hijas habían muerto en un bombardeo israelí. “Dios mío, mis hijas, Shlomi”, le dijo al periodista y amigo íntimo. “¿Puede alguien venir a ayudarnos, por favor?”, dijo en un perfecto hebreo.
Su amigo, Eldar, consiguió que las autoridades israelíes permitan que los servicios de rescate lleguen al lugar para que la familia del médico pudiera ser atendida. A pesar del pequeño logro, no pasó desapercibido que cientos de otras familias palestinas no tienen amigos en la televisión israelí que los ayuden a escapar de las bombas y los tanques.
Ari Shavit, un columnista del diario Haaretz, que defendía desde el primer día la noción de “guerra justa” esgrimida por el gobierno, se animó a empezar a dudar el viernes. “Bombardear un edificio de la ONU es algo que no se debe hacer nunca, y para colmo hacerlo el mismo día que el secretario general está de visita en Jerusalén es una locura. La presión que estamos haciendo sobre Gaza está debilitando a Hamas, pero también está destruyendo a Israel; destruyendo su alma y su imagen”, escribió.
Las críticas están surgiendo pero aún son muy pocos israelíes que están dispuestos a recordar el pronóstico de uno de los padres del sionismo moderno, Chaim Weizmann: “El mundo juzgará al Estado judío por la forma en que trate a los árabes”.
* De The Independent de Gran Bretaña.
(Fuente:Pagina12).
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