NACIDO DESAPARECIDO
Alejandro Adrián Hugolini
Dónde nace este Niño
que ya nadie nombra
dónde, se preguntan
y le preparan mil formas de la Muerte.
Lo esclavizan, lo condenan al éxodo,
alimentan con su pueblo los leones,
lo aplastan con mármoles litúrgicos,
con inciensos falsos y ritos vacíos.
Quieren matarlo siempre,
marcan las puertas,
pero no lo encuentran.
Van a la guerra en su nombre,
dominan la tierra.
Acaso, dicen,
renazca siempre obrero,
con-fundido con su pueblo.
Una vez creyeron verlo
en brazos de Carlos Mujica, de Camilo Torres,
de Oscar Arnulfo Romero, de Juan José Valle,
de Enrique Angelelli, de Pocho Lepratti
y le hicieron una cruz de balas,
pero hubo tercer día.
Demolieron su casa en la Intifada
Lo aplastaron los escombros de un coche-bomba
quisieron matarlo armenio, kurdo, iraní, libio, afgano
lo enterraron en el Gulag, en Auschwitz, en Guantánamo,
Lo incendiaron en Vietnam, lo torturaron en Argelia,
un tanque lo aplastó en Praga y en Tianamen,
fue robado en la ESMA,
lo bombardearon en Plaza de Mayo un mediodía
por la tarde en el barrio de Torrijos,
y esa misma noche, sobre el cielo de Bagdad,
las bombas fabricaron
miles de ángeles hermosos, de ojos oscuros.
Dónde nace, se preguntan,
y siguen preparando Muerte.
Nace en la humilde choza del mensú,
en el piquete de Cutral-Có,
enfermo de SIDA en el Africa profunda,
en los escombros de Fallujah,
en Fuerte Apache, en el Harlem
entre los inundados de Nueva Orleans
o los de Santa Fe,
con los mineros ingleses
los campesinos chinos
o los cocaleros bolivianos.
En la sabana de Venezuela,
en las selvas de Colombia,
en el nordeste de Dom Helder
en los Andes, mapuche, quichua,
en la selva, toba o guaraní.
Esclavo en un galeón,
siervo de la gleba,
hijo de los Balcanes
nacido de violación,
humillado en Abu Graib,
indio zapatista en Chiapas,
incendiario en París,
balsero, chicano, sin tierra,
refugiado, masacrado, “desabandonado”.
El Niño nace siempre
bajo los ojos puros
del Hermano Buey y del Hermano Asno
lejos de la ciudad
ante el carpintero tembloroso y la madre niña.
Y lo ven primero los ninguneados,
los arrojados más allá del borde,
los del corral y el olor a bosta.
Nace sin oros, altares, ni tapices.
Nace desaparecido.
Si pudiésemos lavarnos la mirada
lo veríamos siempre, Angel de Lata.
Ellos lo siguen buscando:
porque no sólo dijo "alimenten al hambriento,
vistan al desnudo, visiten al preso y al enfermo",
dijo también “ay de vosotros los ricos”,
y es vencedor de la Muerte ,
y no trae la Paz , sino la Espada.
(Fuente:ArgenpressCultural).
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