Nos siguen pegando abajo
Aunque intenten censurarnos hemos contribuido a que el genocida Plá vuelva al calabozo de Marcos Paz
El genocida Carlos Esteban Plá está a punto de volver a la cárcel común de Marcos Paz. Esta es una buena noticia, pero la resolución tiene una historia que, en honor a la verdad, hay que contar. En octubre del año pasado Plá fue trasladado desde Marcos Paz al Hospital Militar para una operación de intestino que, según el abogado del represor, revestía una gravedad extrema. Desde el Hospital Militar y con absoluto sigilo el 10 de diciembre de 2009 el asesino fue llevado a la cárcel de lujo de Campo de Mayo. Como una cruel paradoja del destino ese mismo día y a la misma hora que la resolución de traslado le era notificada al condenado, la APDH de San Luis recibía de manos de la Universidad el Premio Mauricio López.
Vino enero y la feria judicial. Abogados y periodistas estorbándose en los cafés y un amigote que en tono de chanza dice a quien esto escribe: “Me contaron que Plá ya está en su casa. Fue como yo te dije. Viste que me tenés que hacer más caso. Se viene una amnistía para todos”. Me quedé helado. Pasado el shock llamé a Enrique Ponce quien se comprometió a averiguar. Ponce dejó el año pasado el patrocinio letrado de la Apdh y desde entonces solo permanece como abogado de la familia de Pedro Valentín Ledesma.
Repito: era el mes de enero. Me lo crucé a Pancho Ledesma quien también averiguó por su lado. Vino febrero y un buen día un amigo -un pinche de Tribunales- me dijo la posta: “estuve averiguando y Plá no está en su casa como te han dicho, sino que ha sido trasladado a Campo de Mayo porque padece de colon irritable. Hay quilombo en el Tribunal porque parece que uno de los jueces tomó la decisión de trasladarlo y no le avisó a los otros. Dejame que siga averiguando”. No había manera de comprobar si era cierto. La única manera era que Ponce pudiera dar con el expediente, hecho que ocurrió recién en abril.
Con el expediente en la mano Ponce se metió de cabeza a analizar la resolución de traslado firmada por el juez Julio Naciff y de inmediato pidió la nulidad de la medida, dado que el juez no había cumplido con lo establecido por el artículo 497 del Código de Procedimientos de la Nación, que establece que durante la ejecución de la pena si el condenado se enfermase el tribunal, previo dictamen de peritos designados de oficio, dispone la internación, siempre y cuando la atención en la cárcel no fuera posible. Todo esto fue reflejado en una nota que firmé en Periodistas en la Red.
Esto que cuento tiene que ver con un hecho puntual: que nadie dude de mi compromiso con la verdad y los Derechos Humanos. Fue a mí a quien ese amigo contó la versión de que Plá estaba en la casa, y fue con Ponce y Ledesma con quién nos movimos entre nuestras pocas fuentecitas informativas para averiguar si la versión era “posta”, como había dicho mi amigo. Pude haberme callado si hubiera querido y dejar que cada uno se las arreglara. ¿Es posible que nuestra fuente se comunicara con la Apdh también? Diré que es improbable, debido a que el sujeto en cuestión es uno de los más odiados por la gente bien pensante, presuntamente defensora de los Derechos Humanos. De lo que ya no me queda duda es de que hay gente especialista en capitalizar el esfuerzo de otros, porque ahora resulta que fue “gracias a la Apdh, que Plá vuelve a Marcos Paz”. Repito: si ese buen hombre no me gastaba una amistosa broma, probablemente Plá hubiera seguido cómodamente rodeado de sus circunspectos camaradas en Campo de Mayo durante un largo tiempo. Tengo testigos de sobra de lo que digo, ya que no soy de quedarme callado y también se lo conté a mis colegas de la radio, con el compromiso de que si alguno sabía algún dato nuevo me diera parte del crédito en el hallazgo.
Me enoja esto. Pero me enoja todavía más la pequeñez de algunos presuntos referentes, que no hacen nada por nadie pero que te saltan a la yugular cuando ven peligrar el quiosquito. El mismo 10 de diciembre de 2009, fecha en que la Apdh chorreaba sus mocos emocionados por haber recibido el Mauricio López, ese mismo día Plá con el pie derecho comenzaba una estrategia para irse a su casa, a pesar de estar condenado a cadena perpetua por asesinar a tres jóvenes inocentes. Ese mismo 10 de diciembre, a la hora que Pla hacía sus valijas y mientras la Apdh recibía su anhelado premio, con Gustavo Senn participábamos en Buenos Aires de una reunión convocada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), para intercambiar opiniones entre periodistas respecto a cómo hacer para que la gente común se interese por los juicios de lesa humanidad. Habían invitado a Senn a ese encuentro, debido a que el periodista Diego Martínez -del diario Página 12- recomendó su presencia como disertante en el evento. Senn es mi amigo y me reenvió la invitación. Cuando les escribí, desde el CELS me contestaron que no había inconveniente en que yo asistiera, pero que no contaban con pasajes de avión para mí. Solo el burguesito de Senn viajó en avión y yo en un colectivo pagado con un viático provisto por la UNSL, al lado de otro pasajero que roncaba. El CELS nos proporcionó dos noches de alojamiento en un hotel bacán de Retiro, a treinta metros del Edificio Kavanagh y es así que fuimos vecinos de Martínez de Hoz por un ratito. Aclaro para evitar nuevas acusaciones: con Senn, como dos caballeros honorables que somos, dormimos en habitaciones separadas.
Llegamos tarde a la sala Julio Cortázar de la Biblioteca Nacional debido a que, por un viaje de 5 pesos, un tachero vivo nos cobró 20 luego de un tour por Recoleta de más de media hora. Cuando ingresamos la mesa ya estaba conformada y solo quedaban nuestros dos lugares. Primero habló Senn y, meticuloso como buen docente que ha sido, con un “machete” garabateado Gustavo contó su precaria situación laboral. “Soy corresponsal en San Luis de la Agencia X, la cual, uno de los dueños es el grupo Clarín”, enfiló Gustavo. “No tengo vacaciones, ni sueldo fijo, me pagan por día; envíe una o 20 notas son siempre 80 pesos el jornal. Si no hay nota, ese día no lo cobro. Una noche de hotel, de las que ustedes pagan para este encuentro cuesta lo mismo que lo que yo gano en un mes. Cuando en San Luis durante el juicio publicamos la vinculación del actual gobernador con la carta a Massera todos los ministerios que pautaban en nuestra página retiraron su anuncio”, dijo Senn cuestionando el gasto que a veces significan unos encuentros. Senn les estaba diciendo a los organizadores: “Para ustedes es casi como soplar y hacer botellas pedirnos a nosotros que en una provincia con un poder tan concentrado como San Luis, tengamos actos heroicos sin tener apoyo para realizar investigaciones y la tarea periodística necesaria para poder hacer visualizar estos temas. No tenemos apoyo logístico ni de ningún tipo, trabajamos en soledad”.
Senn dijo muchas otras cosas sobre el tema para el cual él fue convocado y luego me tocó el turno. Me presenté como periodista sin militancia política y como coautor del libro “Fiochetti, Ledesma y Alcaraz. Muertos porque sí”. Éramos casi los últimos para opinar sobre nuestras ideas de cómo interesar a la audiencia con los casos de lesa humanidad. Conté la maravillosa experiencia de Radio Universidad en la cobertura del juicio del año pasado, con una salvedad: dejé en claro mi estupor por la reacción de un grupo de militantes ante el título de nuestro libro y también ante algunas acusaciones de esos militantes hacia la prensa que asistía sacrificadamente a las audiencias. Afirmé que esos paladines de la tolerancia a mí y a Otero nos acusaron ante las autoridades universitarias de tener una “ideología jodida” y convocaron, mediante una cadena de mensajes de texto a un escrache que se iba a realizar el día de la presentación de nuestro libro, intención que fue cancelada a último momento por falta de quórum. Todas esas maldades nos hicieron tan solo por haber elegido un título que no les servía para usar políticamente a las víctimas, tratando algunos de ellos de mostrarse como héroes (o heroínas) después del juicio. Todos nos miraron con cara de ¡Chanfle!
Pasó el evento del CELS, volvimos a San Luis (De nuevo: Senn en avión y yo en cole) y días después comenzaron a llegar a mi casilla de correo electrónico cuatro mails diarios con información de los juicios de lesa humanidad del resto del país. Estos envíos obedecían a una Red de Derechos Humanos cuya conformación, creo recordar, fue acordada en ese encuentro que describo. La intención de la Red era romper el presunto cerco de los grandes medios haciendo circular información silenciada mediante la tracción a sangre del boca a boca, casilla a casilla. No soy especialista en el tema lesa humanidad, por lo tanto ni bien llegaban los correos yo los reenviaba a cuatro personas que conozco para que a su vez ellos se los reenviaran a quienes se les antojara.
Tradicionalmente el último día del año la UNSL realiza un brindis donde, como canta Serrat: “El noble y el villano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. En ese brindis festejamos con el Rector la idea de haber escrito un libro, el cual la Universidad hizo suyo pagándonos a Mario Otero y a mí una suma de dinero, gesto por el que estaré agradecido eternamente (no por la guita, la cual me vino de perlas, sino por la valentía de publicar un libro, sin otro interés que el de contarle a otros las historias conocidas en el juicio más importante de la historia de San Luis). Aclaro, por si las moscas: en este caso Riccardo es el noble y yo el villano.
Cuento lo del brindis para demostrar que al 31 de diciembre de 2009 todavía no se había producido un hecho que en marzo 2010 me dejó helado, cuando al teléfono del despacho del Rector Riccardo, una persona con identidad falsa hizo dos llamados anónimos defenestrándome. El Rector es un caballero, conoce bien al personal de Radio Universidad y por eso no le dio mayor trascendencia al asunto más que la de sacarse la duda preguntándome -en tono amistoso pero intrigado- “Flaco ¿con quién te has peleado para que haya gente con tantas ganas de perjudicarte?”. Le conté con lujo de detalles -en una reunión inolvidable en su despacho- que según mis sospechas los dos llamados obedecían al enojo por el título del libro y también a una necesidad de alguna gente de monopolizar el discurso en torno a los Derechos Humanos, combatiendo a todo aquel que se anime a desafiarles.
En los llamados recibidos por el Rector una voz distorsionada de mujer con un nombre falso, advertía de algo que tanto a Riccardo y a mí nos dejó perplejos: contaba, mediante una combinación trucha de hechos (existe la filmación de lo que Senn y yo dijimos en el CELS) que en el encuentro de diciembre yo había acusado al Rector de “tenerme en negro, sin vacaciones, cobrando una miseria”, entre otras barbaridades, endosándome a mí los dichos de Senn. Rápido de reflejos el rector ni bien recibió los llamados le pidió a Dorita Franzini, la Secretaria de Extensión quien en ese preciso momento estaba en Buenos Aires, que se llegara hasta el CELS para constatar si en ese lugar trabajaba una persona con el mismo nombre que la voz distorsionada invocaba por teléfono. Todo era falso y esta vez la suerte estuvo de mi lado.
Los mails de la Red de Derechos Humanos siguieron llegando a mi casilla hasta el viernes pasado, cuando los envíos se interrumpieron. Me llamó la atención el corte sin aviso, pero no se me ocurrió solicitar la reconexión debido a que no me interesa vivir de la desgracia de las víctimas, sino hacer periodismo, y sin esos cuatro mails me es perfectamente posible. Hoy un amigo me llamó para confirmarme que personas vinculadas a los Derechos y Humanos de San Luis se comunicaron con gente de la Red para dejarme sin esa información y que en ese lugar solo se publiquen los comunicados de prensa de la Apdh, institución que emite no más de dos o tres por año manifestando un montón de buenas intenciones y lamentos, pero casi sin información divulgable.
Leo Página 12 todos los días a las 5 y media de la mañana y los mails que me llegaban eran casi todos tomados de ese diario, pero también desde la Red se reproducían notas del interior del país y, narcisismo mediante, puede ver todas mis notas de Periodistas publicadas allí y reenviadas a todos los contactos de esa Red de Derechos Humanos, hecho que desbarata la versión de la Apdh de que Plá vuelve a Marcos Paz solamente por obra y gracia de la intervención de sus abogados. No me importa gracias a quién fue Plá en cana, ni gracias a quién vuelve. Me interesa que no salga de allí.
Casi nadie sabía hasta esta semana que a fines del año pasado Enrique Ponce, cansado de tanto conventillo, dejó de patrocinar a la Apdh y que desde ese entonces la necia y sectaria Asamblea tiene como nuevos abogados a Norberto Foresti y Carlos Pereyra Malattini, a quienes respeto y admiro, no solo como profesionales sino también como seres humanos. Yo he visto al abogado Enrique Ponce dejar tres años de su vida en el juicio llevado a cabo en San Luis, pariendo en soledad para que el Tribunal condenara a todos los imputados sin que se escapara ninguno. Ponce, repito y resalto: casi en soledad acorraló de tal modo al ex camarista Pereyra González hasta que el bochorno público obligó a renunciar al cuestionado magistrado, hoy transformado en un emblema de la complicidad entre los jueces y la dictadura a nivel nacional.
Tengo el privilegio de haber divulgado en el programa de Mario Otero toda la información que hizo renunciar a “Rabanito”, a tal punto que el ex camarista me nombra en un escrito presentado ante el Tribunal Oral Federal de San Luis. No es verdad que la desgracia se haya abatido sobre el ex juez solo por el testimonio de José Samper, tal como la Apdh supone y asegura. El Tribunal había dispuesto que tanto Pereyra González como el Obispo Laise declararan por escrito, pero los jueces volvieron sobre sus pasos a raíz de un recurso presentado por Ponce. Fue así que don Segundo Ledesma contó ante el estrado que Pereyra González y el juez Allende se negaron a tramitar el habeas corpus que les imploraba luego de la desaparición de su hijo. Con ese hábeas corpus los asesinos hubieran tenido que blanquear la detención, y Pereyra González y el juez le hubiesen salvado la vida al muchacho. Luego los testigos Olivera, Vergés y Garraza aseguraron ante el tribunal que denunciaron las torturas sufridas y que los dos magistrados nunca hicieron nada.
El hijo del doctor José Samper es mi amigo y cuando ya el juicio expiraba fui yo, en mi desteñida bicicleta, quien se cruzó con el a la postre testigo de cargo y generó el contacto telefónico con el abogado Ponce, porque Samper quería contar la historia que luego terminó de hundir al camarista, pero no lo habían vuelto a llamar para que atestiguara. Yo solito encontré al Fiscalito Rodríguez al que todos consideraban muerto y reconstruí la historia de la carta a Massera, de la que todos en la Apdh hablaron durante años sin tener ni una remota idea de lo que estaban diciendo. El Fiscalito había sido profesor del hijo del doctor Samper y fue él quien me confirmó que esa foto desteñida que yo llevaba en mi bolsillo se correspondía con el rostro del nazi denunciado. Eso sí: una vez finalizado el juicio un grupúsculo de gente salió a decir a los cuatro vientos que la condena de los represores había sido gracias a la información reunida por la Apdh, institución que ni siquiera fue parte del juicio porque eran parte de otra causa en instrucción, paralizada por ese entonces en un cajón del escritorio de la fiscal Mónica Spagnuolo.
Si hoy existe un registro fílmico de ese juicio fue porque con Adolfo Gil pedimos permiso al Tribunal, conseguimos cámara y camarógrafo, y el servicio lo pagó la Universidad. Yo he presenciado acusaciones cruzadas de delaciones entre militantes, como así también acusaciones de militancias falsas y otras miserias. Yo he visto el permanente ADN de militancia que se les hacía a los espectadores que iban por primera vez al juicio. He visto a esos militantes ir a denunciar en privado ante los jueces a otros militantes tan sufridos como ellos para que estos últimos fueran echados de la sala. He asistido a la pelea por quién tenía derecho a sentarse adelante y a quienes se debía enviar a la sala dos, acondicionada por el Tribunal con sillas y equipamiento de proyección prestados por la Universidad, de nuevo: luego de una gestión directa de Radio Universidad.
“Esta que viene a hablar ahora si nunca militó. Fue en cana porque un día le dejaron un paquete, y recién se enteró que eran armas cuando le allanaron la casa y se la llevaron presa”. “Ese que viene a hablar de tortura si apenas estuvo preso tres meses”. “Si ese salió en libertad antes fue porque delató a los otros”. “Fulanita no era montonera porque en ese tiempo tenía 15 años y apenas cuidaba los hijos de los compañeros”. “Menganita era novia de un comisario y delató a todos”. Sigue una interminable lista de improperios proferidos por lo bajo cada vez que el Tribunal llamaba a declarar a un testigo sin la bendición del grupo que ha usado los derechos humanos solo para generar fracturas y divisiones a niveles inadmisibles.
Una militante de Derechos Humanos me dijo una vez que “A mí no me torturaron ni estuve presa. Mi marido no es un desaparecido y murió de un infarto jugando al fútbol sin que hubiésemos tenido hijos a los que luego hubiese matado la dictadura. Por eso los que conducen los Derechos Humanos en San Luis me tratan como a una militante de segunda. No puedo opinar porque me cuantifican de inmediato la tortura y como tuve la suerte de no haberla sufrido, mi palabra entonces no vale”.
Tengo el privilegio de ser coautor de un libro que el Rector Riccardo entregó como regalo al emblemático e indiscutible ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni. Guardo en lo más profundo de mi corazón la amistad de dos tipos corajudos: Enrique Ponce y Pancho Ledesma con quienes compartimos, junto a Mario Otero y el Rector de la UNSL la presentación de nuestro libro en el Salón Blanco de la Municipalidad de Río Cuarto, ante más de 200 personas. Nunca olvidaremos los que allí estuvimos la presentación en La Toma y en Merlo, como así también la presentación de nuestro trabajo en el Auditorio Mauricio López.
Me duelen la censura y la mentira. No porque me afecte dejar de recibir cuatro mails diarios, sino porque ese acto dañino deja sin información a otra gente que sigue los medios en los que trabajo. La Apdh intentó de manera indisimulada censurar nuestro libro y presionó para que el título fuera cambiado. Como no lo consiguió nos denostó delante de testigos durante la presentación de otro libro en la misma feria en que la UNSL presentó el nuestro (fue esa misma gente la que luego hizo circular un escrito en contra de la feria del libro). Como no nos dimos por enterados intentó presionar a las autoridades universitarias pidiendo que nos echaran. Como la mentira no funcionó ahora nos dejan sin la poca información que producen y además nos privan de conocer las novedades diarias de los demás juicios.
Esta filípica comenzaba con una buena noticia: El asesino de Graciela Fiochetti, Sandro Santana Alcaraz y Pedro Valentín Ledesma, también autor de las crueles torturas al “Gringo” Fernández (a quien le todavía le estamos debiendo la presentación del libro en la biblioteca donde trabaja su hija) vuelve con las orejitas gachas a la cárcel común de Marcos Paz, noticia que solamente este medio gráfico y Radio Universidad han reflejado de manera completa desde que supimos que el represor había sido trasladado. Es alentador que la Justicia reconozca cuando se equivoca y que los deudos de tantas víctimas injustas sepan que hay periodistas dispuestos a poner la cara junto a ellos por una causa noble. Fuimos a cubrir el juicio con la mejor onda y con la única intención de aportar como humildes ciudadanos a una causa que, suponíamos ingenuamente, era de todos los argentinos. Cuando fuimos al CELS a opinar porqué los demás medios no se interesan en los juicios por delitos de lesa humanidad ya intuíamos que el desinterés tiene que ver con las persecuciones de las que son objeto quienes piensan diferente. Creo que he expresado suficientes argumentos como para creer firmemente que no estaba equivocado, pero que no se alegren demasiado los envidiosos aunque desde el viernes no reciba más esos cuatro correos diarios, porque en periodistas en la red somos muy porfiados. Recién un amigo me dice “te odian más que a Plá”. Parece que sí.
Especial para Periodistas en la red: Gustavo Heredia
Aunque intenten censurarnos hemos contribuido a que el genocida Plá vuelva al calabozo de Marcos Paz
El genocida Carlos Esteban Plá está a punto de volver a la cárcel común de Marcos Paz. Esta es una buena noticia, pero la resolución tiene una historia que, en honor a la verdad, hay que contar. En octubre del año pasado Plá fue trasladado desde Marcos Paz al Hospital Militar para una operación de intestino que, según el abogado del represor, revestía una gravedad extrema. Desde el Hospital Militar y con absoluto sigilo el 10 de diciembre de 2009 el asesino fue llevado a la cárcel de lujo de Campo de Mayo. Como una cruel paradoja del destino ese mismo día y a la misma hora que la resolución de traslado le era notificada al condenado, la APDH de San Luis recibía de manos de la Universidad el Premio Mauricio López.Vino enero y la feria judicial. Abogados y periodistas estorbándose en los cafés y un amigote que en tono de chanza dice a quien esto escribe: “Me contaron que Plá ya está en su casa. Fue como yo te dije. Viste que me tenés que hacer más caso. Se viene una amnistía para todos”. Me quedé helado. Pasado el shock llamé a Enrique Ponce quien se comprometió a averiguar. Ponce dejó el año pasado el patrocinio letrado de la Apdh y desde entonces solo permanece como abogado de la familia de Pedro Valentín Ledesma.
Repito: era el mes de enero. Me lo crucé a Pancho Ledesma quien también averiguó por su lado. Vino febrero y un buen día un amigo -un pinche de Tribunales- me dijo la posta: “estuve averiguando y Plá no está en su casa como te han dicho, sino que ha sido trasladado a Campo de Mayo porque padece de colon irritable. Hay quilombo en el Tribunal porque parece que uno de los jueces tomó la decisión de trasladarlo y no le avisó a los otros. Dejame que siga averiguando”. No había manera de comprobar si era cierto. La única manera era que Ponce pudiera dar con el expediente, hecho que ocurrió recién en abril.
Con el expediente en la mano Ponce se metió de cabeza a analizar la resolución de traslado firmada por el juez Julio Naciff y de inmediato pidió la nulidad de la medida, dado que el juez no había cumplido con lo establecido por el artículo 497 del Código de Procedimientos de la Nación, que establece que durante la ejecución de la pena si el condenado se enfermase el tribunal, previo dictamen de peritos designados de oficio, dispone la internación, siempre y cuando la atención en la cárcel no fuera posible. Todo esto fue reflejado en una nota que firmé en Periodistas en la Red.
Esto que cuento tiene que ver con un hecho puntual: que nadie dude de mi compromiso con la verdad y los Derechos Humanos. Fue a mí a quien ese amigo contó la versión de que Plá estaba en la casa, y fue con Ponce y Ledesma con quién nos movimos entre nuestras pocas fuentecitas informativas para averiguar si la versión era “posta”, como había dicho mi amigo. Pude haberme callado si hubiera querido y dejar que cada uno se las arreglara. ¿Es posible que nuestra fuente se comunicara con la Apdh también? Diré que es improbable, debido a que el sujeto en cuestión es uno de los más odiados por la gente bien pensante, presuntamente defensora de los Derechos Humanos. De lo que ya no me queda duda es de que hay gente especialista en capitalizar el esfuerzo de otros, porque ahora resulta que fue “gracias a la Apdh, que Plá vuelve a Marcos Paz”. Repito: si ese buen hombre no me gastaba una amistosa broma, probablemente Plá hubiera seguido cómodamente rodeado de sus circunspectos camaradas en Campo de Mayo durante un largo tiempo. Tengo testigos de sobra de lo que digo, ya que no soy de quedarme callado y también se lo conté a mis colegas de la radio, con el compromiso de que si alguno sabía algún dato nuevo me diera parte del crédito en el hallazgo.
Me enoja esto. Pero me enoja todavía más la pequeñez de algunos presuntos referentes, que no hacen nada por nadie pero que te saltan a la yugular cuando ven peligrar el quiosquito. El mismo 10 de diciembre de 2009, fecha en que la Apdh chorreaba sus mocos emocionados por haber recibido el Mauricio López, ese mismo día Plá con el pie derecho comenzaba una estrategia para irse a su casa, a pesar de estar condenado a cadena perpetua por asesinar a tres jóvenes inocentes. Ese mismo 10 de diciembre, a la hora que Pla hacía sus valijas y mientras la Apdh recibía su anhelado premio, con Gustavo Senn participábamos en Buenos Aires de una reunión convocada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), para intercambiar opiniones entre periodistas respecto a cómo hacer para que la gente común se interese por los juicios de lesa humanidad. Habían invitado a Senn a ese encuentro, debido a que el periodista Diego Martínez -del diario Página 12- recomendó su presencia como disertante en el evento. Senn es mi amigo y me reenvió la invitación. Cuando les escribí, desde el CELS me contestaron que no había inconveniente en que yo asistiera, pero que no contaban con pasajes de avión para mí. Solo el burguesito de Senn viajó en avión y yo en un colectivo pagado con un viático provisto por la UNSL, al lado de otro pasajero que roncaba. El CELS nos proporcionó dos noches de alojamiento en un hotel bacán de Retiro, a treinta metros del Edificio Kavanagh y es así que fuimos vecinos de Martínez de Hoz por un ratito. Aclaro para evitar nuevas acusaciones: con Senn, como dos caballeros honorables que somos, dormimos en habitaciones separadas.
Llegamos tarde a la sala Julio Cortázar de la Biblioteca Nacional debido a que, por un viaje de 5 pesos, un tachero vivo nos cobró 20 luego de un tour por Recoleta de más de media hora. Cuando ingresamos la mesa ya estaba conformada y solo quedaban nuestros dos lugares. Primero habló Senn y, meticuloso como buen docente que ha sido, con un “machete” garabateado Gustavo contó su precaria situación laboral. “Soy corresponsal en San Luis de la Agencia X, la cual, uno de los dueños es el grupo Clarín”, enfiló Gustavo. “No tengo vacaciones, ni sueldo fijo, me pagan por día; envíe una o 20 notas son siempre 80 pesos el jornal. Si no hay nota, ese día no lo cobro. Una noche de hotel, de las que ustedes pagan para este encuentro cuesta lo mismo que lo que yo gano en un mes. Cuando en San Luis durante el juicio publicamos la vinculación del actual gobernador con la carta a Massera todos los ministerios que pautaban en nuestra página retiraron su anuncio”, dijo Senn cuestionando el gasto que a veces significan unos encuentros. Senn les estaba diciendo a los organizadores: “Para ustedes es casi como soplar y hacer botellas pedirnos a nosotros que en una provincia con un poder tan concentrado como San Luis, tengamos actos heroicos sin tener apoyo para realizar investigaciones y la tarea periodística necesaria para poder hacer visualizar estos temas. No tenemos apoyo logístico ni de ningún tipo, trabajamos en soledad”.
Senn dijo muchas otras cosas sobre el tema para el cual él fue convocado y luego me tocó el turno. Me presenté como periodista sin militancia política y como coautor del libro “Fiochetti, Ledesma y Alcaraz. Muertos porque sí”. Éramos casi los últimos para opinar sobre nuestras ideas de cómo interesar a la audiencia con los casos de lesa humanidad. Conté la maravillosa experiencia de Radio Universidad en la cobertura del juicio del año pasado, con una salvedad: dejé en claro mi estupor por la reacción de un grupo de militantes ante el título de nuestro libro y también ante algunas acusaciones de esos militantes hacia la prensa que asistía sacrificadamente a las audiencias. Afirmé que esos paladines de la tolerancia a mí y a Otero nos acusaron ante las autoridades universitarias de tener una “ideología jodida” y convocaron, mediante una cadena de mensajes de texto a un escrache que se iba a realizar el día de la presentación de nuestro libro, intención que fue cancelada a último momento por falta de quórum. Todas esas maldades nos hicieron tan solo por haber elegido un título que no les servía para usar políticamente a las víctimas, tratando algunos de ellos de mostrarse como héroes (o heroínas) después del juicio. Todos nos miraron con cara de ¡Chanfle!
Pasó el evento del CELS, volvimos a San Luis (De nuevo: Senn en avión y yo en cole) y días después comenzaron a llegar a mi casilla de correo electrónico cuatro mails diarios con información de los juicios de lesa humanidad del resto del país. Estos envíos obedecían a una Red de Derechos Humanos cuya conformación, creo recordar, fue acordada en ese encuentro que describo. La intención de la Red era romper el presunto cerco de los grandes medios haciendo circular información silenciada mediante la tracción a sangre del boca a boca, casilla a casilla. No soy especialista en el tema lesa humanidad, por lo tanto ni bien llegaban los correos yo los reenviaba a cuatro personas que conozco para que a su vez ellos se los reenviaran a quienes se les antojara.
Tradicionalmente el último día del año la UNSL realiza un brindis donde, como canta Serrat: “El noble y el villano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. En ese brindis festejamos con el Rector la idea de haber escrito un libro, el cual la Universidad hizo suyo pagándonos a Mario Otero y a mí una suma de dinero, gesto por el que estaré agradecido eternamente (no por la guita, la cual me vino de perlas, sino por la valentía de publicar un libro, sin otro interés que el de contarle a otros las historias conocidas en el juicio más importante de la historia de San Luis). Aclaro, por si las moscas: en este caso Riccardo es el noble y yo el villano.
Cuento lo del brindis para demostrar que al 31 de diciembre de 2009 todavía no se había producido un hecho que en marzo 2010 me dejó helado, cuando al teléfono del despacho del Rector Riccardo, una persona con identidad falsa hizo dos llamados anónimos defenestrándome. El Rector es un caballero, conoce bien al personal de Radio Universidad y por eso no le dio mayor trascendencia al asunto más que la de sacarse la duda preguntándome -en tono amistoso pero intrigado- “Flaco ¿con quién te has peleado para que haya gente con tantas ganas de perjudicarte?”. Le conté con lujo de detalles -en una reunión inolvidable en su despacho- que según mis sospechas los dos llamados obedecían al enojo por el título del libro y también a una necesidad de alguna gente de monopolizar el discurso en torno a los Derechos Humanos, combatiendo a todo aquel que se anime a desafiarles.
En los llamados recibidos por el Rector una voz distorsionada de mujer con un nombre falso, advertía de algo que tanto a Riccardo y a mí nos dejó perplejos: contaba, mediante una combinación trucha de hechos (existe la filmación de lo que Senn y yo dijimos en el CELS) que en el encuentro de diciembre yo había acusado al Rector de “tenerme en negro, sin vacaciones, cobrando una miseria”, entre otras barbaridades, endosándome a mí los dichos de Senn. Rápido de reflejos el rector ni bien recibió los llamados le pidió a Dorita Franzini, la Secretaria de Extensión quien en ese preciso momento estaba en Buenos Aires, que se llegara hasta el CELS para constatar si en ese lugar trabajaba una persona con el mismo nombre que la voz distorsionada invocaba por teléfono. Todo era falso y esta vez la suerte estuvo de mi lado.
Los mails de la Red de Derechos Humanos siguieron llegando a mi casilla hasta el viernes pasado, cuando los envíos se interrumpieron. Me llamó la atención el corte sin aviso, pero no se me ocurrió solicitar la reconexión debido a que no me interesa vivir de la desgracia de las víctimas, sino hacer periodismo, y sin esos cuatro mails me es perfectamente posible. Hoy un amigo me llamó para confirmarme que personas vinculadas a los Derechos y Humanos de San Luis se comunicaron con gente de la Red para dejarme sin esa información y que en ese lugar solo se publiquen los comunicados de prensa de la Apdh, institución que emite no más de dos o tres por año manifestando un montón de buenas intenciones y lamentos, pero casi sin información divulgable.
Leo Página 12 todos los días a las 5 y media de la mañana y los mails que me llegaban eran casi todos tomados de ese diario, pero también desde la Red se reproducían notas del interior del país y, narcisismo mediante, puede ver todas mis notas de Periodistas publicadas allí y reenviadas a todos los contactos de esa Red de Derechos Humanos, hecho que desbarata la versión de la Apdh de que Plá vuelve a Marcos Paz solamente por obra y gracia de la intervención de sus abogados. No me importa gracias a quién fue Plá en cana, ni gracias a quién vuelve. Me interesa que no salga de allí.
Casi nadie sabía hasta esta semana que a fines del año pasado Enrique Ponce, cansado de tanto conventillo, dejó de patrocinar a la Apdh y que desde ese entonces la necia y sectaria Asamblea tiene como nuevos abogados a Norberto Foresti y Carlos Pereyra Malattini, a quienes respeto y admiro, no solo como profesionales sino también como seres humanos. Yo he visto al abogado Enrique Ponce dejar tres años de su vida en el juicio llevado a cabo en San Luis, pariendo en soledad para que el Tribunal condenara a todos los imputados sin que se escapara ninguno. Ponce, repito y resalto: casi en soledad acorraló de tal modo al ex camarista Pereyra González hasta que el bochorno público obligó a renunciar al cuestionado magistrado, hoy transformado en un emblema de la complicidad entre los jueces y la dictadura a nivel nacional.
Tengo el privilegio de haber divulgado en el programa de Mario Otero toda la información que hizo renunciar a “Rabanito”, a tal punto que el ex camarista me nombra en un escrito presentado ante el Tribunal Oral Federal de San Luis. No es verdad que la desgracia se haya abatido sobre el ex juez solo por el testimonio de José Samper, tal como la Apdh supone y asegura. El Tribunal había dispuesto que tanto Pereyra González como el Obispo Laise declararan por escrito, pero los jueces volvieron sobre sus pasos a raíz de un recurso presentado por Ponce. Fue así que don Segundo Ledesma contó ante el estrado que Pereyra González y el juez Allende se negaron a tramitar el habeas corpus que les imploraba luego de la desaparición de su hijo. Con ese hábeas corpus los asesinos hubieran tenido que blanquear la detención, y Pereyra González y el juez le hubiesen salvado la vida al muchacho. Luego los testigos Olivera, Vergés y Garraza aseguraron ante el tribunal que denunciaron las torturas sufridas y que los dos magistrados nunca hicieron nada.
El hijo del doctor José Samper es mi amigo y cuando ya el juicio expiraba fui yo, en mi desteñida bicicleta, quien se cruzó con el a la postre testigo de cargo y generó el contacto telefónico con el abogado Ponce, porque Samper quería contar la historia que luego terminó de hundir al camarista, pero no lo habían vuelto a llamar para que atestiguara. Yo solito encontré al Fiscalito Rodríguez al que todos consideraban muerto y reconstruí la historia de la carta a Massera, de la que todos en la Apdh hablaron durante años sin tener ni una remota idea de lo que estaban diciendo. El Fiscalito había sido profesor del hijo del doctor Samper y fue él quien me confirmó que esa foto desteñida que yo llevaba en mi bolsillo se correspondía con el rostro del nazi denunciado. Eso sí: una vez finalizado el juicio un grupúsculo de gente salió a decir a los cuatro vientos que la condena de los represores había sido gracias a la información reunida por la Apdh, institución que ni siquiera fue parte del juicio porque eran parte de otra causa en instrucción, paralizada por ese entonces en un cajón del escritorio de la fiscal Mónica Spagnuolo.
Si hoy existe un registro fílmico de ese juicio fue porque con Adolfo Gil pedimos permiso al Tribunal, conseguimos cámara y camarógrafo, y el servicio lo pagó la Universidad. Yo he presenciado acusaciones cruzadas de delaciones entre militantes, como así también acusaciones de militancias falsas y otras miserias. Yo he visto el permanente ADN de militancia que se les hacía a los espectadores que iban por primera vez al juicio. He visto a esos militantes ir a denunciar en privado ante los jueces a otros militantes tan sufridos como ellos para que estos últimos fueran echados de la sala. He asistido a la pelea por quién tenía derecho a sentarse adelante y a quienes se debía enviar a la sala dos, acondicionada por el Tribunal con sillas y equipamiento de proyección prestados por la Universidad, de nuevo: luego de una gestión directa de Radio Universidad.
“Esta que viene a hablar ahora si nunca militó. Fue en cana porque un día le dejaron un paquete, y recién se enteró que eran armas cuando le allanaron la casa y se la llevaron presa”. “Ese que viene a hablar de tortura si apenas estuvo preso tres meses”. “Si ese salió en libertad antes fue porque delató a los otros”. “Fulanita no era montonera porque en ese tiempo tenía 15 años y apenas cuidaba los hijos de los compañeros”. “Menganita era novia de un comisario y delató a todos”. Sigue una interminable lista de improperios proferidos por lo bajo cada vez que el Tribunal llamaba a declarar a un testigo sin la bendición del grupo que ha usado los derechos humanos solo para generar fracturas y divisiones a niveles inadmisibles.
Una militante de Derechos Humanos me dijo una vez que “A mí no me torturaron ni estuve presa. Mi marido no es un desaparecido y murió de un infarto jugando al fútbol sin que hubiésemos tenido hijos a los que luego hubiese matado la dictadura. Por eso los que conducen los Derechos Humanos en San Luis me tratan como a una militante de segunda. No puedo opinar porque me cuantifican de inmediato la tortura y como tuve la suerte de no haberla sufrido, mi palabra entonces no vale”.
Tengo el privilegio de ser coautor de un libro que el Rector Riccardo entregó como regalo al emblemático e indiscutible ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni. Guardo en lo más profundo de mi corazón la amistad de dos tipos corajudos: Enrique Ponce y Pancho Ledesma con quienes compartimos, junto a Mario Otero y el Rector de la UNSL la presentación de nuestro libro en el Salón Blanco de la Municipalidad de Río Cuarto, ante más de 200 personas. Nunca olvidaremos los que allí estuvimos la presentación en La Toma y en Merlo, como así también la presentación de nuestro trabajo en el Auditorio Mauricio López.
Me duelen la censura y la mentira. No porque me afecte dejar de recibir cuatro mails diarios, sino porque ese acto dañino deja sin información a otra gente que sigue los medios en los que trabajo. La Apdh intentó de manera indisimulada censurar nuestro libro y presionó para que el título fuera cambiado. Como no lo consiguió nos denostó delante de testigos durante la presentación de otro libro en la misma feria en que la UNSL presentó el nuestro (fue esa misma gente la que luego hizo circular un escrito en contra de la feria del libro). Como no nos dimos por enterados intentó presionar a las autoridades universitarias pidiendo que nos echaran. Como la mentira no funcionó ahora nos dejan sin la poca información que producen y además nos privan de conocer las novedades diarias de los demás juicios.
Esta filípica comenzaba con una buena noticia: El asesino de Graciela Fiochetti, Sandro Santana Alcaraz y Pedro Valentín Ledesma, también autor de las crueles torturas al “Gringo” Fernández (a quien le todavía le estamos debiendo la presentación del libro en la biblioteca donde trabaja su hija) vuelve con las orejitas gachas a la cárcel común de Marcos Paz, noticia que solamente este medio gráfico y Radio Universidad han reflejado de manera completa desde que supimos que el represor había sido trasladado. Es alentador que la Justicia reconozca cuando se equivoca y que los deudos de tantas víctimas injustas sepan que hay periodistas dispuestos a poner la cara junto a ellos por una causa noble. Fuimos a cubrir el juicio con la mejor onda y con la única intención de aportar como humildes ciudadanos a una causa que, suponíamos ingenuamente, era de todos los argentinos. Cuando fuimos al CELS a opinar porqué los demás medios no se interesan en los juicios por delitos de lesa humanidad ya intuíamos que el desinterés tiene que ver con las persecuciones de las que son objeto quienes piensan diferente. Creo que he expresado suficientes argumentos como para creer firmemente que no estaba equivocado, pero que no se alegren demasiado los envidiosos aunque desde el viernes no reciba más esos cuatro correos diarios, porque en periodistas en la red somos muy porfiados. Recién un amigo me dice “te odian más que a Plá”. Parece que sí.
Especial para Periodistas en la red: Gustavo Heredia
Fuente:Rdendh
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