26 de febrero de 2011

OPINIÓN.

Un “regalo” de Onganía a la ciencia venezolana
Publicado el 26 de Febrero de 2011
Por Guillermo Whittembury *
Científico peruano.

El salvaje ataque contra la ciencia argentina llevado a cabo por la dictadura de Onganía inauguró la diáspora de científicos que debilitaron la patria de San Martín. Sin embargo, Venezuela se benefició acogiendo a decenas en sus universidades. Al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) llegaron varios, entre ellos el doctor Héctor Maldonado, quien organizó el insectario de mantis (mamboretás), que, voraces, contribuyeron a sus apasionantes estudios “venezolanos”.
Maldonado hizo escuela y formó estudiantes, impulsando la ciencia de este país, lo que le valió la Orden Andrés Bello al mérito científico, en 1979. Sus estudiantes de entonces son profesores en universidades de Venezuela y en el exterior. Convertido en investigador titular del IVIC, regresó a Buenos Aires después de electo Raúl Alfonsín; Maldonado ya se había consagrado como uno de los más grandes científicos del mundo, especializado en aprendizaje y memoria.
Se había doctorado en ciencias con el gran J. Z. Young, en Londres. Luego trabajó en la Stazione Zoológica de Nápoles, ciudad a la que siempre volvía, y que muchos de sus colegas y seguidores pudimos conocer con la exactitud y la pasión con la que sólo él sabía enseñar, tanto en una clase de lo más intrincada como acerca de los mejores callejones de la ciudad de Sophia Loren.
Una historia que habla por sí misma. Desde 1964 que el Centro Latinoamericano de Biología (CLAB/Unesco) organiza sus cursos anuales para estudiantes avanzados y jóvenes investigadores. En 1982 la actividad estuvo a cargo de Héctor Maldonado y Josué Núñez; el tema fue “aprendizaje y memoria” e invitaron a Dora Fix Ventura, actual presidenta de la Sociedad Brasileña de Neurociencias (SBNeC).
Dora trajo consigo sus capullos de gusanos de seda, los que liberaban mariposas bombix mori; de cuyas antenas el profesor K. E. Kaissling, de Alemania y con moderna electrofisiología, registraba los estímulos nerviosos producidos en una sola neurona, por una sola molécula olorosa. Experiencia excitante e inolvidable, para profesores y estudiantes.
Una amistad indeclinable la de Héctor. Recuerdo que fue mi señora quien le ayudó a elegir su primer auto. Nos fascinaba con sus charlas sobre literatura, historia y derecho. “Cometí el ‘pecado’ juvenil de ser abogado”, nos decía. Pero yo fui uno de los que tuvo el privilegio de disfrutar otra de sus travesuras, cuando leí su novela Los párpados de la Aurora (Sudamericana: Buenos Aires, 1983). Jamás imaginé que un día yo recibiría el terrible golpe que fue la noticia de su muerte.

* Investigador Titular Emérito, Laboratorio de Fisiología Renal, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela. Academia de Ciencias de América Latina. Academia Peruana de Medicina. Academia Peruana de Ciencias.
Fuente:TiempoArgentino                                                   

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