6 de junio de 2011

MENDOZA: MAMÁS y BEBÉS EN LA DICTADURA.

Mamás y bebés en la dictadura
Diario UNO reconstruyó las últimas horas de mujeres que desaparecieron con sus hijos en el vientre en Mendoza. Ninguna de estas personas fue encontrada. Durísimos testimonios de los familiares.
El viejo hospital Emilio Civit. Allí habrían nacido varios hijos de secuestradas mendocinas.
Por Carina Scandura
“…Los represores que arrancaron a los niños desaparecidos de sus casas o de sus madres en el momento del parto decidieron la vida de aquellas criaturas con la misma frialdad de quien dispone de un botín de guerra. Despojados de su identidad y arrebatados a sus familiares, los niños desaparecidos constituyen y constituirán por largo tiempo una profunda herida abierta en nuestra sociedad. En ellos se ha golpeado lo indefenso, lo vulnerable, lo inocente y se ha dado forma a una nueva modalidad de tormento”. Así iniciaron los miembros de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) en el informe Nunca Más el capítulo sobre víctimas y su apartado referido a los niños desaparecidos y las embarazadas.

Imaginar a embarazadas detenidas y desaparecidas es algo que conmueve. Sin embargo, los represores no tuvieron piedad por la condición de estas mujeres ni por las vidas que se gestaban en sus vientres. Ellas no recibían prácticamente ninguna atención médica, incluso, el parto podía realizarse en el suelo de su celda o de una cocina, por ejemplo. En muchos casos las mujeres dieron a luz en soledad o auxiliadas por otro secuestrado.

Hay testimonios que certifican que inmediatamente después del parto, las mismas madres debían limpiar los restos de sangre y placenta que quedaban como rastro del nacimiento que se acababa de producir.

En Mendoza, según las listas de los organismos de derechos humanos, fueron desaparecidas 200 personas. Entre ellas, las embarazadas Adriana Bonoldi de Carrera, María Inés Correa Llano, Lucía Ángela Nadim de Quevedo, María del Carmen Moyano y Gladys Castro de Domínguez. Estas cinco mujeres aún permanecen desaparecidas y no hay rastros concretos de sus hijos, los que nacieron en cautiverio.


Nacimientos en cautiverio
Adriana Bonoldi de Carrera tenía 23 años y estaba embarazada de tres meses. Volvía de dar una clase de Música cuando fue secuestrada en la casa de sus suegros, en el barrio Minetti, de Godoy Cruz, el 1 de diciembre de 1976. Su cuñada, la actriz y militante de derechos humanos, Mariú Carrera, cuenta: “Es posible que se la haya visto en la Colonia de Papagayos”.

Según testimonios que se adjuntaron a la causa, que será llevada a juicio en octubre, es factible que Adriana Bonoldi haya dado a luz en la maternidad Federico Moreno, del ex hospital Emilio Civit. “Alguien nos avisó que Adriana había dado a luz un varón”. No obstante, nunca se halló documentación sobre el alumbramiento (ver “Ante una encrucijada”).

María Inés Correa Llano era instrumentista y trabajaba en el Hospital Central. Con su pareja, Carlos Jacowizik realizaban tareas sociales en el barrio San Martín junto con el emblemático padre Macuca Llorens.

El jueves 16 de setiembre de 1976 a las 2 de la madrugada la pareja fue secuestrada de su domicilio de la calle Julio A. Roca, de La Puntilla, en Luján. María Inés cursaba un embarazo de 6 meses. Aunque existen versiones que indican que dio a luz en el Hospital Militar, hasta hoy no se tienen noticias sobre el niño o la niña que nació en cautiverio.

Elba Morales, la apoderada del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, es contundente al afirmar: “La gente de la sanidad de las Fuerzas Armadas y de la Policía no pudo ser ajena al nacimiento clandestino de un niño”.

Uno de los casos más emblemático es, sin duda, el de María del Carmen Moyano. Pichona, como solían decirle sus familiares y amigos, realizaba trabajo social en la ex Colonia 20 de Junio y con el padre Llorens en el barrio San Martín. Junto con su compañero Carlos Poblete, militaba en la organización Montoneros. Pichona estaba embarazada de 8 meses cuando fue secuestrada en Córdoba, camino a Buenos Aires. Adriana Moyano supo tiempo después que tanto su hermana como su cuñado fueron llevados al centro clandestino La Perla. Al poco tiempo, María del Carmen fue trasladada a la ESMA, el sitio que albergó a la mayor cantidad de embarazadas del país.

“... A nuestra llegada a la ESMA, vimos a muchas mujeres tiradas en el suelo, en colchonetas, que esperaban el nacimiento de sus hijos. Algunas provenían de otras fuerzas (Aeronáutica, Policía Federal, Ejército de Córdoba, Marina de Mar del Plata). Otras eran ‘propias’ de la ESMA...” (Parte del testimonio de Sara Solarz de Osatinsky y Ana María Marti, legajo Nº4.442).

Adriana Moyano sostiene: “El parto fue terrible. Mi hermana estaba encadenada y gritaba mucho por el ruido de los grilletes. Así nació mi sobrina. Por suerte, la bebé vino sana”. Según los testimonios de Martí y de Osatinsky a la Conadep, María del Carmen Moyano fue vista hasta ocho días después del parto. Junto con la también secuestrada Ana de Castro que dio a luz a un varón, fueron trasladadas sin sus hijos por personal del III Cuerpo del Ejército. Creen que fueron arrojadas al Riachuelo en los llamados “vuelos de la muerte”.

Los niños fueron retirados por el suboficial conocido como Pedro Bolita. Adriana Moyano dice, con dolor al pensar en el futuro de su sobrina, que los represores se jactaban de tener una maternidad modelo y daban a los niños en “adopción”.

Otro de los casos de alumbramientos que se produjeron en cautiverio fue el Lucía Ángela Nadim. Fue secuestrada junto con su compañero Aldo Quevedo en octubre de 1977 en Buenos Aires. Lucía estaba embarazada de 3 meses. Según la Conadep, fue retirada del centro clandestino El Banco entre abril y mayo de 1978 para dar a luz, pero nunca más se supo nada de la madre ni del niño.


A un paso de la verdad
Quien estuvo más cerca de recuperar a su nieto en Mendoza fue la titular local de Madres de Plaza de Mayo, María de Domínguez.

Su hijo Walter integraba el Centro de Estudiantes de la facultad de Arquitectura de una universidad privada. Junto con su esposa Gladys de 24 años y con 6 meses de embarazo fueron arrancados el 9 de diciembre de 1977 de la casa que habitaban en la calle Luzuriaga, de Godoy Cruz. “Los sacaron a los dos, hicieron todo el operativo en una cuadra y nadie se podía meter. Ellos pedían auxilio. Nunca supe nada más de los tres: de mi hijo, de mi nuera y del hijo que esperaban”, dice María y con firmeza, agrega: “Sé que mi nieto ha nacido”. Y cuenta que hace diez años creyó haberlo encontrado: “Tuve el rastro de un chico que entregó un militar a su hermana en Córdoba. Estábamos casi seguros de que era mi nieto porque era muy parecido a mi hijo. Después de muchas idas y vueltas logramos que le hicieran un ADN, en un consultorio privado, y dicen que dio negativo. Sigo buscándolo”.


La nieta recuperada número 87 vivió engañada durante 30 años
Hasta el momento, las Abuelas de Plaza de Mayo ha recuperado a 103 nietos en el país.

La nieta número 87 pertenece a la única mendocina que pudo ser restituida a su familia biológica. Durante años llevo el nombre de Silvina Carolina Guiraldez. Sus padres, Laura Terrera y Alfredo Manrique, fueron secuestrados por un grupo de tareas de la dictadura en noviembre del ’76. Rebeca Celina tenía 8 meses. Tras un ADN recuperó su identidad. Elba Morales (MEDH) dice que hasta el momento éste es el único caso que han oficializado, “el de la hija del matrimonio Manrique-Terrera, y sobre el que hoy podemos decir: esta niña fue apropiada”.

En otros casos se hicieron análisis que despertaron esperanzas, pero hasta ahora sin resultados positivos.

En sentido, Morales afirma que son muchos los jóvenes que tienen dudas sobre su origen. “Ocurre que en la mayoría de los casos, después de que conversamos con ellos, advertimos que se trata de adopciones ilegales, niños que han sido inscriptos como hijos biológicos y no lo eran. Pero los hijos de desaparecidos prácticamente no se acercan a averiguar, a pesar de las dudas que puedan tener”, aseguró.

Terror de vivir en el engaño ( Por José Luis Verderico)
Terror en estado puro sentí una tarde de 2002 cuando pensé qué pasaría si, de golpe, me enterase de que mi nombre y apellidos reales son otros, de que mis padres no son los que me criaron y de que mi hermana no es tal, como les ocurrió y todavía sucede a los hijos de los desaparecidos.

Experimenté aquella tremenda sensación el jueves 5 de setiembre de hace casi 9 años, de regreso en la redacción, después de presenciar un operativo judicial en depósitos del hospital Lagomaggiore, en busca de documentación que permitiera demostrar que el hijo varón de Adriana Bonoldi había nacido en cautiverio, en la ya desaparecida maternidad del Emilio Civit.

Esa esperanza judicial y familiar trajinó 4 horas entre paredes con olor a humedad y esquivó tuberías, trastos y goteras hasta llegar a los libros donde figuraban los alumbramientos en el Civit. Pero se hizo añicos cuando la comisión descubrió que la documentación de varios meses de 1976 y 1977 había desaparecido.

Nací en 1971 y muchos chicos de mi época fueron robados por la dictadura, que no sólo les arrebató a sus familias sino también la identidad y con ésta la infancia, comprometiendo seriamente su futuro y obligándolos a elegir –cruel encrucijada– entre los padres de crianza y la evocación de quienes los engendraron y parieron en sus últimas horas.

En mi memoria retumban los gritos de un matrimonio vecino que desapareció en la inhóspita y siempre ventosa Neuquén, donde viví mis primeros años.

Allí también los ’70 fueron bravísimos, y el terror se renovaba cada noche en el barrio (porque los asesinos se valían de la oscuridad para secuestrar y matar). El terror. Esa sensación que puede desatarse si, de pronto, nos enteramos de que no somos quienes siempre creímos ser.

Si tuvieras dudas sobre tu identidad
Los equipos técnicos de las Abuelas de Plaza de Mayo y los de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) visitan periódicamente cada provincia en busca de nietos.

En Mendoza, el MEDH (Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos) integra la “Red por la Identidad”, y como tal recibe denuncias y consultas de jóvenes nacidos entre 1975 a 1981 que tengan dudas sobre su identidad.
Primera nieta recuperada en Mendoza. Rebeca Celina Manrique Terrera fue apropiada por un agente estatal y su esposa cuando tenía ocho años. Acerca de su identidad, vivió engañada desde el 24 de julio de 1977 hasta el 13 de marzo de 2007.
Adriana Bonoldi de Carrera. Maestra de Música. Estaba embarazada de tres meses cuando fue secuestrada.
Walter Domínguez. Por su desaparición, su madre inició el movimiento de Madres de Plaza de Mayo en Mendoza.
María del Carmen Moyano. Realizaba trabajo social en la ex Colonia 20 de Junio. Fue llevada a la ESMA con ocho meses de gravidez.
Gladys Castro de Domínguez. Esposa de Walter. Trabajaba en una panadería y estaba embarazada de seis meses.
María Inés Correa Llano. Hacía tarea social en el barrio San Martín. Cuando desapareció estaba embarazada de seis meses.
La llamada "sala de los partos" en la ESMA.
Fuente:DiarioUno

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