6 de mayo de 2012

“A pesar de los años, las Madres seguimos de pie”.

“A pesar de los años, las Madres seguimos de pie” 
Año 5. Edición número 207. Domingo 6 de mayo de 2012 
Por Laureano Barrera 
lesahumanidad@miradasalsur.com 
Mujeres con historia .Hasta el próximo viernes estará la muestra Mujeres por la Historia, organizada por el Ministerio de Economía. Se pueden ver Fotos sacadas entre 1979 y 1989 a Madres y Abuelas, que forman parte del archivo de Mónica Hasenberg y su marido, ya fallecido, Brenno Quaretti. “Cuentan el dolor y la fortaleza con que llevaron adelante la epopeya de luchar contra el horror”, dijo Mónica. En Hipólito Yrigoyen 250. Entrada libre y gratuita.( ARIEL MENDIETA)

Taty Almeida y Nora Cortiñas repasan para Miradas al Sur las luces y las sombras de su lucha. Los derroteros de una marcha incesante. Después de 35 años de marcha incesante, nada de lo que se escriba o se diga sobre las Madres de Plaza de Mayo, o Madres a secas, así, con mayúscula, podrá escapar del lugar común. Inclusive, casi nada de lo que ellas mismas han dicho durante esta larga semana de homenajes o “mimos” –como ellas consideran ese cariño que le profesan prácticamente todos– se aparta de lo que ya se ha contado hasta ahora. “Las Locas, nos llamaron, creyendo que nos ofendían. ¡Pero Dios mío!, sí: locas de dolor, de rabia, de impotencia, todo eso lo transformamos en amor a nuestros hijos, y en lucha. Pacífica, pero con una fuerza que hasta hoy nos impulsa a seguir”.

Taty Almeida y Nora Cortiñas evocan la obstinación inicial, incauta y desesperada, que las llevó a exigir la aparición de sus hijos en la propia boca del lobo. Recuerdan que a tres de ellas les costó la vida: Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, que fueron secuestradas y arrojadas vivas al mar. Que seis madres de presos políticos fueron desaparecidas, entre ellas, Matilde Vara de Anguita.

Almeida y Cortiñas, apenas dos entre aquel centenar de locas, trazan junto a Miradas al Sur –por separado, pero como de memoria–, uno a uno, los hitos en su largo derrotero: casi siempre fueron cachetazos de los que cada vez emergieron fortalecidas. “En el ’84, con el doctor Alfonsín, nos vaticinaron que el juicio a las Juntas Militares nos iba a dar una justicia. Eso quedó en el camino. Después, con Menem, otra bofetada: los indultos de los pocos que habían sido condenados en ese juicio. Con cada gobierno que pasó, tuvimos grandes desilusiones. Evidentemente desde el 2003, con el gobierno de Néstor Kirchner, fuimos escuchadas después de tantos años de clamor”, enumera Cortiñas.

Para Almeida, desde entonces, todo fue más fácil. “Fue un antes y un después en cuanto a la justicia. Recibir nos recibieron muchos presidentes, pero logramos por primera vez que uno nos escuchase, y que tomara a los derechos humanos como política de Estado. Anulamos las leyes, la Corte Suprema las declaró inconstitucionales, y empezamos a juzgar a los genocidas y sus cómplices, porque no hay que olvidar que fue un golpe cívico-militar”.

Alejandro Almeida, el hijo de Taty, trabajaba en el Instituto Geográfico Militar –donde estaba el represor Santiago Omar Riveros– y lo había hecho antes en Télam. Estudiaba Medicina y militaba en el ERP. Tenía 20 años cuando lo secuestraron sin dejar huellas. Taty induce que puede haber pasado por Campo de Mayo. Carlos Gustavo Cortiñas, la luz de Norita, militaba en la villa 31, encuadrado en la Juventud Peronista y trabajaba en el Indec. Fue secuestrado en plena calle, en Castelar, el 15 de abril de 1977.
Tenía 24 años.

Las Madres suelen decir que a ellas las parieron sus hijos. Nora explica por qué: “A medida que fuimos levantando las banderas de lucha de nuestros hijos e hijas, nos dimos cuenta de que todas las violaciones a los derechos humanos eran nuestro compromiso. La represión a trabajadores, a las comunidades aborígenes que día a día nos damos cuenta que están abandonadas por el Estado, reprimidas por los gobernadores que se creen los dueños de la vida y de la hacienda de ellos, los reclamos medioambientales por el agua. ¿Cómo no vamos a estar allí, las Madres?”.

Nora Cortiñas estudió de grande y se licenció en Psicología Social, y es titular de la cátedra libre Poder Económico y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Por si fuera poco, integra hace 14 años el colectivo Diálogo 2000, junto a Adolfo Pérez Esquivel y otros intelectuales que cuestionan el pago de la deuda externa engordada por la dictadura “para armar los campos de tortura, pagarle a los represores, para tapar con el Mundial los crímenes de acá y para perpetuarse en el poder con la Guerra de las Malvinas”.

Ella, y Taty Almeyda, saben que lo conseguido es mucho. Pero quieren saber qué pasó con sus hijos. Encontrar y darle sepultura a sus restos. Y una asignatura pendiente: los archivos. “Ahora, con las declaraciones de estos genocidas encumbrados –no sabemos con qué propósito– que están diciendo que hay archivos, sabemos que hay información, que hay que buscarla, hace falta una decisión política del Gobierno de ir a fondo en este asunto”, dice Cortiñas.

Y Taty agrega: “¿Sabés lo que conmueve? Ver que a pesar de los años, los bastones, los carritos, las sillas de ruedas, la Madres seguimos de pie”. Ellas le dieron la mayúscula a la Plaza, se enfrentaron al calendario y terminaron por doblegarlo, le dieron una apostura esperanzadora a la locura. Porque la cordura, en los tiempos del horror, hubiese sido llorar la ausencia de los suyos puertas adentro. Un duelo íntimo, discreto, conveniente. Ellas prefirieron la denuncia, la porfía, la locura. Cualquier utopía necesita una dosis de ella. Vaya si Las Madres la tuvieron.
Fuente:MiradasalSur

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