4 de julio de 2012

NEUQUÉN: Una juventud marcada por la tortura.

Una juventud marcada por la tortura 
Tenían 16 años, eran estudiantes secundarios o trabajadores sin militancia política, y fueron víctimas de la represión militar. Dos historias que reflejan la consecuencia del terror en la región. 
Por GEORGINA GONZALES y PABLO MONTANARO 
Carlos Elí De Filippis y Susana Mordasini pasaron varios meses de su juventud secuestrados en las cárceles de la dictadura. 
Neuquén - “Me lo destrozaron para toda la vida”, dijo Teresa Navarro mirando fijamente a los jueces del Tribunal Oral Federal en relación a las torturas a las que fue sometido su hijo Carlos Elí De Filippis cuando tenía apenas 16 años y trabajaba como peón rural en la Cooperativa Agrícola y Frutícola “La Colmena”, un galpón ubicado en Cipolletti, propiedad de la familia Albanesi. 


Como el de De Filippis existen otros casos de jóvenes estudiantes o trabajadores que sin participación política o social sufrieron igualmente los métodos represivos utilizados por la dictadura militar con el fin de atemorizarlos, limitarlos en su manera de vivir y pensar. 


En su declaración del miércoles pasado, De Filippis aseguró que el 23 de abril de 1977 fue secuestrado, en el galpón donde funcionaba la cooperativa, por el oficial de Inteligencia Miguel Ángel Quiñones -imputado en este juicio- junto con otro policía al que no pudo identificar. 


Una serie de incendios presuntamente intencionales ocurridos en febrero y marzo de ese año en los galpones de empaque habría sido el motivo de su detención. La causa penal abierta por esos hechos imputaba como autores de estos incendios al joven De Filippis y a José Luis Albanesi, quien morirá en el centro clandestino de detención "La Escuelita" a raíz de las torturas sufridas.


De Filippis fue breve en su declaración, recordó que una vez secuestrado lo llevaron a la Comisaria Cuarta de Cipolletti, donde durante dos días lo dejaron encerrado con llave en una oficina. 


Después lo llevaron al centro clandestino de detención “La Escuelita” donde lo esposaron, vendaron los ojos, acostaron en una cama y empezaron a golpearlo y darle picana eléctrica. Sus secuestradores lo trataban de subversivo mientras le hacían simulacros de fusilamiento, pero De Filippis hasta ese momento no sabía –ni lo sabrá- por qué estaba allí. 


Un mes y medio duró su calvario en "La Escuelita" y todos los días sufría las sesiones de tortura. Como padecía epilepsia su madre le llevaba los medicamentos al Batallón o al Comando de la VI Brigada del Ejército. Nunca se los entregaron.


Los gritos desgarradores de los torturados, entre ellos los de Albanesi, llegaron a sus oídos. Antes de ser trasladado a la U9 el teniente coronel Enrique Díaz Quiroga lo llevó a su casa para que viera a sus padres. El 24 de diciembre de 1977 fue liberado. 


Dos años después, la crueldad del destino llevó a De Filippis a tener que volver al batallón donde había ingresado para ser torturado: en 1979 tuvo que cumplir con el servicio militar obligatorio y se dio cuenta que había estado allí entre la vida y la muerte. 


El miércoles pasado, cuando declaró en el juicio, se señaló las piernas donde aún tiene las marcas de los grilletes, y las muñecas, que quedaron marcadas por las esposas a las que estaba encadenado, desnudo, a una cama.


“¿Por qué estás acá?”
En el verano de 1977, Susana Mordasini también tenía 16 años y estaba de vacaciones en la casa de sus abuelos en Neuquén. Sus padres debieron viajar a Buenos Aires al enterarse de que su otra hija había sido secuestrada. Una tarde salió a dar un paseo y al regresar, cerca de las 20.30, notó que frente a la casa de sus familiares había un montón de autos estacionados. 


Todos estaban dentro de la vivienda, mientras unos veinte soldados con armas largas revisaban cada rincón de la casa. Recordó la imagen de muchos libros desparramados sobre una mesa. Durante su testimonio aseguró que el operativo estaba a cargo del subteniente Alfredo Uranga. 


“Estaba paralizada, no entendía nada lo que estaba ocurriendo, no me animaba a preguntar”, agregó. En su relato contó que Uranga hizo un llamado y de inmediato aparecieron dos personas de civil que se la llevaron, primero al Batallón, luego a la U9 y de ahí a la Alcaidía. Sus tíos siguieron el peregrinaje de los vehículos que llevaban a su sobrina. 


En la Alcaidía la revisó un médico ante la atenta mirada de una persona “que supervisaba todo” y que tenía “un aspecto muy fantasmagórico”. Era el teniente coronel de la Sexta Brigada y jefe de la Policía de Neuquén, Osvaldo Laurella Crippa. Quedó en una pequeña celda hasta el 9 de febrero. 


“Nadie me explicó en ningún momento por qué estaba detenida”, dijo la mujer en su declaración para aportar información acerca del caso de una de las víctimas de este juicio, José Antonio Giménez, a quien conoció cuando estuvo detenida en Buenos Aires. 
Incluso sus secuestradores le preguntaban “por qué estaba ahí”. 


Con el miedo a flor de piel, Susana fue trasladada en avión a Buenos Aires, ya sin esposas ni vendas en los ojos. Entró a un pequeño calabozo donde observó “manchas de sangre, como de arañazos” en la pared. Frente al Tribunal, Susana afirmó “No tenía noción de nada de lo que estaba pasando a mi alrededor”. 


Esa primera noche no pudo dormir, estuvo con otros seis detenidos a los que un hombre que se hacía llamar el “capitán” los hostigaba. El calvario de Mordasini finalizó, según narró, cuando el jefe del tercer piso de presos políticos le dijo “ahora le voy a firmar la libertad”, sin dejar de advertirle: “Usted nunca estuvo acá”. 


Afirmó que desde el mismo instante en que fue detenida en Neuquén “no podía llorar. Me sentía mal, temblaba, pero no podía llorar. Todo lo que no he llorado durante el tiempo en que estuve detenida lo lloré después. Me pasé meses y meses llorando. 


Después pasaron 35 años. Para poder sobrevivir a esa carga, yo tenía que olvidar”. 


Las sombras del Operativo Cutral Co 
Neuquén -El llamado Operativo Cutral Co, realizado entre el 12 y 14 de junio de 1976 cuando fuerzas conjuntas del Ejército y de la Policía de Cutral Co arribaron a la comarca petrolera y se llevaron a una veintena de estudiantes y obreros, también incluyó a menores. 


Octavio Méndez tenía 15 años y Juan Carlos Maidana 17. Ambos estuvieron secuestrados un día, lo suficiente para recibir vejaciones, golpes e insultos. Méndez estaba en la Escuela Comercial Margarita Paez de Cutral Co, donde estudiaba de noche cuando un oficial lo fue a buscar para ser interrogado en la Comisaría Cuarta. 


Varios alumnos eran objetivo de las fuerzas represivas. En su declaración del 10 de mayo pasado, la víctima recordó el fuerte procedimiento ejecutado por un grupo de militares, apoyados por policías de Cutral Co y personal militar de civil que “rodearon la manzana con vehículos y un camión del Ejército”. 


En la comisaría, que estaba a cargo del comisario Héctor Mendoza, a Méndez le vendaron los ojos, lo pusieron boca abajo recibiendo fuertes golpes en la cabeza y en el cuerpo, mientras le preguntaban constantemente dónde estaba su hermano José Delineo Méndez (secuestrado esa misma noche en Junín de los Andes donde hacía el servicio militar, trasladado y torturado en La Escuelita y que está desaparecido), y si era subversivo. 


En la comisaría, Octavio pudo escuchar los gritos de dolor de otros detenidos a quienes estaban torturando, entre los cuales se encontraban Pedro Maidana, Luis Guillermo Almarza, Francisco Tomasevich, Sergio Méndez Saavedra, entre otros. 


Luego fue llevado hacia otra oficina donde lo vendaron, lo golpearon y en un momento le pusieron una silla en la espalda y una persona se sentó arriba. Similitudes La pregunta constante por su hermano, es otra de las similitudes que tiene Méndez con el secuestro de Juan Carlos Maidana quien era interrogado por el paradero de su hermano Pedro, quien estuvo luego secuestrado por varios años. 


Alrededor de las 20 de ese 14 de junio, se encontraba en su domicilio cuando unas cinco personas encapuchadas irrumpieron violentamente. Lo metieron en una camioneta del Ejército y le exigieron que los llevara hasta la ENET Nº 1 de Plaza Huincul donde asistía Pedro. Al llegar les avisaron que su hermano ya había sido detenido por otro grupo y se dirigieron a la Comisaría, donde fue torturado. 
FuentedeOrigen:http://www.lmneuquen.com.ar
Fuente:Agndh

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