fue inaugurada el 1 de julio del año 2000 por el municipio de morón
Pasado y presente de la Casa de la Memoria y la Vida
Se trata del primer espacio latinoamericano de reflexión sobre terrorismo de Estado creado en el mismo lugar donde funcionó un centro clandestino de detención. Es sede de la Dirección de Derechos Humanos de la comuna, y además de actividades docentes y culturales, sus investigaciones aportan material para las causas de lesa humanidad vinculadas con el sistema represivo diseñado en el oeste del Conurbano Bonaerense.
Por:
Daniel Enzetti
Y la Vida!”, dijo una mujer desde el costado del escenario. Sara Steimberg, madre de Luis, asesinado por la dictadura militar, no había levantado demasiado la voz.
Pero como los 500 vecinos presentes en la inauguración de la Casa de la Memoria estaban en silencio, muchos la escucharon y aplaudieron. El 1 de julio del año 2000 el municipio de Morón abría un espacio que, dedicado a recordar ese pasado reciente, se convertiría en el primero de Latinoamérica en funcionar donde lo hiciera un centro clandestino de detención, en este caso la Mansión Seré.
Y el agregado de Sara al nombre que el entonces intendente y actual diputado Martín Sabbatella anunciaba quedó como un bautismo. Hoy, en un contexto totalmente distinto al que marcaban Fernando de la Rúa en la presidencia y Carlos Ruckauf aconsejando “meter bala” desde la gobernación bonaerense, la Casa de la Memoria y la Vida cumple 12 años.
En pleno menemismo, cuando el distrito era controlado por Juan Carlos Rousselot, al ex vocero de José López Rega se le ocurrió construir un enorme chalet de dos plantas destinado a reuniones personales. Lo ubicó en el parque municipal Gorki Grana, un predio de seis hectáreas donde la Fuerza Aérea, dentro de la Subzona 16 del sistema represivo de la dictadura, utilizó la Mansión, demolida en la década del ’80, como CCD.
El edificio, levantado sin autorización del Concejo Deliberante a pocos metros de aquella cárcel ilegal, tenía acceso restringido para opositores, y la gente lo miraba desde afuera. Hasta que Rousselot fue destituido por corrupto, y en 1999 la nueva administración local designó la casa como sede de su Dirección de Derechos Humanos.
“Estaba lleno de chicos corriendo alrededor –recuerda Steimberg–, juventud, pibes que ni siquiera habían nacido en tiempos de la dictadura, y que en ese momento, en el mismo sitio donde ocurrieron hechos criminales, disfrutaban al aire libre justamente de eso, de la vida. No sé, me salió del alma.”
Sara era de la zona. La conocía, y la había caminado bastante con su marido Jaime para saber qué había pasado con Luis, secuestrado en agosto de 1976 mientras era conscripto. Lo supieron después.
Una patota que respondía directamente a Reynaldo Bignone lo tiró al Río de la Plata, y los Steimberg se volcaron a la militancia. Entraron a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, formaron la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, y en ese mismo año 2000 se sumaron a una idea de Raúl y Teresa Sabbatella, los padres de Martín, de crear la Asociación Seré por la Memoria y la Vida. Aquella experiencia de Morón fue inédita por varios motivos.
A la línea política fijada por un municipio de incorporar un área dedicada a los Derechos Humanos se agregaba el aporte de la gente, que con la Asociación planteó desarrollar distintas actividades docentes y culturales, pero además reconstruir la metodología criminal diseñada por la dictadura en una de las regiones claves de la Provincia de Buenos Aires. Y lo hizo con gente “del barrio”: Nora Cortiñas, Delicia Córdoba, Pepa De Noia, Rosa Resnicoff.
Más un capitán del ejército rebelde –no el ejército, sino el capitán–, al que en la primera charla de la Asociación, Jaime no saludó por una cuestión de piel. Hasta que lo conoció de verdad, y supo que José Luis D’Andrea Mohr era un militar de los buenos, investigador minucioso de los colimbas desaparecidos por la dictadura, y autor de cartas a Jorge Videla donde hace responsable al dictador por miles de torturas y muertes en todo el país.
El terreno de Atila.
En el mapa represivo, la Subzona 16 del oeste del Conurbano fue campo liberado bajo dominio de la Fuerza Aérea. Y dentro del área, Mansión Seré, también llamada Atila, funcionó como principal centro clandestino entre 1976 y 1978.
La historia del predio donde hoy se ubica la Casa de la Memoria, y el engranaje operativo para secuestrar, torturar y asesinar en la región, desmiente el carácter de “sector blando” con que se pretendió etiquetar a los aviadores, en comparación al resto de las Fuerzas.
Sobre todo porque además de la Mansión como lugar de cautiverio, también desplegaron en la región una serie de cárceles satélite, en Castelar, Haedo, Merlo, Moreno, El Palomar y en instalaciones del Hospital Posadas.
Todas coordinadas desde la Regional de Inteligencia de Buenos Aires (RIBA), un edificio de 800 metros cuadrados en dos plantas, ubicado en pleno centro de Morón, que nunca había formado parte del listado oficial de CCD. La RIBA, hoy recuperada también por el municipio moronense –que evitó su demolición hace ocho años–, fue usada por el ex brigadier Omar Graffigna como calabozos “de paso” para mujeres embarazadas que daban a luz en la maternidad clandestina de la ESMA.
Como Patricia Roisinblit –hija de Rosa, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo–, secuestrada en Ramos Mejía junto a su compañero Rodolfo Pérez Rojo.
En la Mansión sufrieron torturas y permanecieron secuestrados, entre otros, Alejandro Marcos Astiz, Juan Luis Rovira, Jorge Infantino, Juan Carlos Brid, Mario Valerio Sánchez y María Graciela Tauro. Pero después de la fuga de Claudio Tamburrini, Guillermo Fernández, Carlos García y Daniel Rossomano, el lugar fue dinamitado, y demolido por completo en 1985 por el gobierno radical.
Como parte de sus actividades, la Casa de la Memoria dio a conocer un programa especial de recuperación de sus cimientos, sótanos y construcciones subterráneas.
El Proyecto Arqueológico-Antropológico Mansión Seré, dependiente del distrito, reúne más de 30 profesionales para ese trabajo.
Cuando Néstor Kirchner enfrentó a las leyes de impunidad, y su gobierno logró la derogación de la Obediencia Debida y el Punto Final, la Casa reunió a varios amigos simplemente para festejar.
El locutor Quique Pesoa todavía no se había radicado en Córdoba, y se le ocurrió llevar una guitarra. Improvisó zambas, delante de Mona Moncalvillo, Jorge Bernetti y el historiador Fermín Chávez. En 2004, mientras se trataba en Buenos Aires por el cáncer que le metió en los pulmones el Ingenio Ledesma, Olga Aredez fue homenajeada por su lucha histórica contra el genocidio en Jujuy.
Y a pesar de que le costaba respirar, hasta bailó una cueca, antes de un recital de Pedro Aznar. Una tarde de julio, durante un aniversario, el pianista Miguel Ángel Estrella tocó Brahms en medio del invierno. La Comisión Provincial por la Memoria eligió el lugar, visitado regularmente por Adolfo Pérez Esquivel, para desarrollar en la zona su programa Jóvenes y Memoria, que desde hace una década produce y estimula trabajos de investigación realizados por estudiantes secundarios.
El juez Baltasar Garzón recorrió las instalaciones con la fiscal española Dolores Delgado. Y otro juez, el argentino Daniel Rafecas, reunió en el predio información para la causa referida a los secuestros en la Mansión, donde el mismo Municipio fue querellante.
Después de muchos años sin venir al país, Daniel Viglietti cruzó el río para conocer ese edificio del que le habían hablado en Uruguay. Estela Carlotto lo pisó por primera vez en 2001, junto a la religiosa Marta Pelloni. Y es imposible saber cuántas veces lo hizo Nora Cortiñas, de la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, y vecina de Castelar.
En varias actividades, Ester recordó a su hijo Envar El Kadri; Edgardo Esteban a su papá, asesinado por la derecha peronista; los hijos de los fusilados en José León Suárez a sus padres militantes; el Tata Cedrón a Francisco “Paco” Urondo; y Osvaldo Bayer a los pueblos originarios. En octubre de 2008 Cristina Kirchner estuvo en la Casa y vio las tareas de recuperación de aquellos cimientos.
Actores y personalidades del deporte y la cultura participaron en jornadas de “Fútbol por la Vida”, sumadas a la maratón que cada 24 de marzo se corre en el predio, donde además el municipio tiene su Dirección de Deportes.
En más de una década, también la Casa reunió a miles de vecinos en actividades encabezadas por Hebe de Bonafini, León Gieco, Claudio Tamburrini, Norberto Galasso, Víctor Heredia, Horacio Ballester o Alfredo Bravo. Y como parte del trabajo cotidiano también se incluyen programas especiales de asesoramiento jurídico en distintos casos de violaciones de derechos, y abusos por parte de fuerzas de seguridad.
“Honor a tantos compañeros perseguidos”. En el 2000 el país era otro –dice Lucas Ghi, intendente de Morón–, y ni los asesinos de la dictadura ni sus víctimas estaban tan presentes como por suerte lo están en la actualidad.
Pero el distrito hizo honor a tantos compañeros perseguidos, a las madres, las abuelas, los nietos, y eso fue lo que motivó que desempolváramos la historia de la Mansión Seré, y abriéramos la Casa de la Memoria.”
“Muchos creían que la demolición del centro clandestino borraría la represión –agrega–, pero en realidad ocurrió lo contrario. Y lo demuestran estos años. Porque el mejor reconocimiento a tantos secuestrados y torturados es pisar el mismo lugar, pero desde otra concepción.”
En 2008, el cambio de escenario quedó plasmado en un hecho inédito. La comuna fue querellante y testigo en la causa que terminó condenando a los represores Hipólito Rafael Mariani y César Miguel Comes, brigadieres jefes de la Subzona 16, a 25 años de prisión. Un equipo de investigación de la Casa, con el trabajo de vecinos que recordaron lo ocurrido en las inmediaciones de la Mansión durante aquellos años, aportaron documentación para el proceso. Y la acción abrió la puerta para que la represión en Atila pueda tener un segundo juicio oral dentro de poco tiempo.
Entre los represores señalados por los tribunales, sobre los cuales ya hay iniciados procedimientos, figuran el oficial de las FAA Miguel Ángel Ossés; los suboficiales Daniel Alfredo Scali (“El Tano”), Marcelo Eduardo Barberis (“El Enano”) y Carlos Alfredo Cámara (“Tino”), integrantes de la patota que operaba en la Mansión; los comisarios jefes de la comisaría de Haedo, Alberto Oscar Lanas y Néstor Rubén Ouviña; el suboficial de la Policía Bonaerense Felipe Ramón Sosa; y el suboficial aéreo Héctor Oscar Seisdedos.
Aniversario - Acto y libro
El acto central por un aniversario más de la Casa de la Memoria y la Vida tendrá lugar el miércoles 11 de julio, en el predio de la ex Mansión Seré, ubicado en Santa María de Oro 3530, Castelar.
Ese día, además de charlas y actividades artísticas, se presentará un libro especial editado por el municipio de Morón, que recoge la historia completa del lugar, desde julio del 2000 hasta la actualidad.
Visitas
800
es el promedio de estudiantes que visitan mensualmente en Morón la Casa de la Memoria y la Vida para formar parte de talleres y debates.
Testimonios - Las voces de la Casa (*)
Estela Carlotto, abuela de Plaza de Mayo
“Pisar ese lugar es pensar, reflexionar, extraer de los ladrillos la memoria de los acontecimientos, de lo que fue una triste realidad durante las épocas de la dictadura militar. Y tener presente a los que sufrieron, a los que se salvaron en aquella huida recordada, y a los que nunca aparecieron y forman parte de los 30 mil.”
Hebe de Bonafini, madre de Plaza de Mayo
“Estamos frente a una luz importantísima que no podemos desperdiciar, para mostrarle al mundo que la memoria, la fértil, esa que produce y que provoca, que se recupera, mueve cualquier cosa. Sobre todo en lugares como este, que supo recrear la muerte y convertirla en vida, en fuerza y en futuro.”
Osvaldo Bayer, escritor
“Recordar para vivir. Ese es el propósito generoso de esa Casa, en la que tuve el honor y la emoción de participar en un acto que recordaba viejas tragedias. Tarea noble en el recuerdo de los que cayeron porque deseaban un país sin niños con hambre ni villas miseria. Y recuerdo de la máxima cobardía llevada a cabo por los poderosos de las armas y el dinero.”
Roberto Cossa, dramaturgo
“Resalto haber estado ahí, en un lugar donde hubo tanto horror y ahora hay tanta vida, donde en otras épocas caminaron los criminales, y hoy visita la mejor gente. La que para mí es un referente, la gente de los Derechos Humanos, que tanto ha peleado en este país por conocer la verdad.”
Norberto Galasso, historiador
“Es necesario que las nuevas generaciones tengan siempre presente el terror de la Mansión Seré, como manera de que Nunca Más se reproduzcan hechos de esa índole. La circunstancia de que allí se realicen actividades culturales y deportivas resume el sentido que se le quiso dar a su creación: conocer el pasado, pero al mismo tiempo ofrecer un futuro de plenitud.”
Miguel Ángel Estrella, músico
“Develar lo que significó la Mansión Seré es un aporte fundamental a la democracia, para conocer a fondo el proyecto político que inspiró a que los responsables de aquellos años de tragedia quebraran el país. No sólo militares, sino también cómplices del sector civil, grupos y corporaciones económicas. La antítesis de aquellos tiempos la vivimos en estos días, cuando parece reverdecer lo que alguna vez soñaron San Martín, Mariano Moreno, Bolívar, Tupac Amaru, Artigas o Sandino.”
Rubén Dri, filósofo y teólogo
“Las veces que he participado en las jornadas de Derechos Humanos realizadas allí sentí un impacto muy profundo, una gran emoción, una alegría de constatar que las nuevas generaciones reciben el viviente mensaje de la memoria de militantes que lo han dado todo por una sociedad mejor. ‘Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño’, expresó Oscar Arnulfo Romero, el arzobispo de El Salvador. En nuestras luchas resucitan los compañeros asesinados por la dictadura genocida. Y en la Casa de la Memoria y la Vida ellos mismos están presentes, animándonos a llevar adelante las banderas de la liberación por las que pelearon hasta el final.”
Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz
“La Mansión Seré fue lugar del terror, centro clandestino de muerte, torturas y desaparición de personas. Hoy, ese lugar, esa mansión se ha transformado, en Morón, en ámbito y escenario de sentimientos, de actividades sociales y culturales, de esperanza. Voces que nos hablan de resistencia y lucha por el derecho de nuestro pueblo y de nuestros hermanos latinoamericanos.”
(*) Algunos de los testimonios recogidos para el libro que recopila la historia de la Casa.
FuentedeOrigen:Tiempo Argenbtino,1dejulio
Fuente:Agndh

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