Reir sin rendirse jamás
“La risa no se rinde” es un libro luminoso en su forma y su contenido. Detrás del rojo furioso de la tapa se esconden ocurrentes anécdotas de militantes detenidos en cárceles y centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar. Del recuerdo, nace el humor y la risa como una necesaria forma de resistir, como un arma fundamental de la sobrevivencia. Gustavo Piérola, testigo en el juicio por la Masacre de Margarita Belén en el que fue asesinado su hermano, e integrante del grupo Humor como Resistencia, fue quien lo presentó junto a sobrevivientes y militantes, en el Museo de la Memoria. Allí estuvo enREDando.
Los imagino tomando un sorbo de vino, y sonriendo. Una
carcajada suelta tras una anécdota robada de la memoria colectiva. Aferrada a la
historia, a lo que perdura en el cuerpo, en lo que pasa por el cuerpo y queda
como reminiscencia de lo vivido. ¿Qué hizo el Lulo con su nariz de payaso en el
momento en que animaba a sus compañeros, burlándose del control de los
milicos? ¿Qué hicieron las presas escapándose de la cárcel del Buen Pastor,
soñando libertad? ¿Qué hizo el Turquito y Tanqueta con el cine que inventaron en
el encierro aunque, entre función y función, les molieran los huesos a
palos?
Las anécdotas son interminables. Y los apodos aparecen como
nombres propios recuperados de un olvido que no olvida. Y así los veo, en una
peña, en un asado, en una choripaneada. A más de 34 años, recordándose entre
todos. Volver a vivir, a pasar por el corazón ese instante en el que la risa los
liberó. El contexto es el encierro, la cárcel, el pozo. Un infierno. El otro, es
el compañero que te cuenta un chiste en el momento justo. ¿Es posible reír en el
infierno? Sí, mientras la esperanza no se apague, es
posible.
Las estrategias de sobrevivencia nacieron de la espontaneidad, del miedo y
el aislamiento y, sobretodo, del instinto por defender la humanidad en un sitio
donde el despojo del propio cuerpo y de los vínculos humanos fue uno de los
objetivos instaurados por el terrorismo de Estado.
El libro “La risa no se rinde” habla de lo que significó la
sobrevivencia en el mismísimo infierno. Y lo hace a través de los relatos de los
detenidos y exiliados, de sus recuerdos que rememoran aquellas situaciones
cotidianas vividas entre compañeros. En ellas aparece el humor -siempre y
constante- como aliado indispensable para enfrentar el encierro y crear, en ese
abismo, la invención de nuevos códigos de comunicación burlando la celosa
vigilancia de los milicos. Para burlarlos a ellos mismos, a los verdugos que no
soportaban “la risa de los detenidos”.
El humor cómplice y “la risa lúcida” fue una manera de resistir, de no
entregar lo más esencial del sujeto: su vínculo con el otro y con él mismo. Para
los presos políticos, los secuestrados, los exiliados, significó un mecanismo de
autodefensa contra la tortura, el encierro y la incomunicación. . “La risa
lúcida es esa posibilidad de rebelarse y no negar la realidad de lo que se está
viviendo”, dice Norma Barbagelata en el prólogo de este luminoso libro que
nos regala tantísimas historias nacidas de la más esencial necesidad de
resistir, aferrándose a la complicidad y al humor del compañero/a.
“La risa no se rinde” se presentó en el marco de las Primeras
Jornadas de intercambio de experiencias colectivas sobre memorias que
se llevaron a cabo en el Museo de la Memoria de Rosario y en la que participaron
otras experiencias artísticas y de comunicación: El Espacio Juicio y Castigo
Rosario, el grupo ArtexLibertad, la Revista El Angel de Lata, la experiencia del
Centro Cultural El Levante y la radio Popular Che Guevara. Cada grupo relató
parte de su historia, de sus luchas y caminos recorridos.
Al cierre, y a modo de celebración de la memoria, la Murga la Memoriosa
tuvo una fugaz pero intensa intervención. El grupo Arte x Libertad plantó
árboles de corazones en el cantero mientras resonaban en el aire frío de la
tarde noche los nombres de las víctimas del 2001.
El humor como resistencia
El grupo Humor como resistencia tiene sus raíces en la
ciudad de Paraná. Desde allí llegaron algunos de sus integrantes con el único
deseo de compartir la historia y la realización de este primer libro que reúne
31 anécdotas de sobrevivientes vinculadas con el humor y la risa. La idea,
relata Piérola, exiliado y querellante en el juicio por la causa conocida como
la Masacre de Margarita Belén, (su hermano fue uno de los 22 militantes
fusilados en esta masacre) es, por un lado, denunciar lo que sucedió en los años
trágicos de la dictadura militar, y por otro, valorizar el humor y la alegría
con que se militaba. Contar la historia desde otro lugar, tan vital como aquel
que recupera la denuncia de lo terrible.
“El humor fue un modo de resistir a tanto dolor”, dice con un leve tono de
voz. La risa, para Piérola, demuestra “que no nos han vencido”. Y cuenta que la
ocurrencia de escribir el libro nace de aquellas peñas y encuentros entre
compañeros donde además de compartir el vino, circula el recuerdo y la memoria
de la experiencia de vida. “No queríamos que estas historias mueran en el
olvido”.
María Claro es una de las sobrevivientes que participó con
su relato de “La risa no se rinde”. Frente a sus propias compañeras, ex
detenidas, dice, con una sonrisa colándose entre sus comisuras: “En épocas donde
todo era muy gris, nosotros aprendimos otro lenguaje que es el lenguaje de la
supervivencia. Cuando nosotras llegamos a la cárcel, el director nos dijo,
ustedes van a salir muertas o locas de acá. Y acá estamos, ni muertas, ni locas.
Y eso ocurrió porque nos planteamos un plan de supervivencia, no planificado. El
humor era uno de los elementos fundamentales de ese plan, el humor hace que uno
le ponga barreras a lo terrible”.
A María la detuvieron en 1975 y junto a un grupo de compañeras se fugó de
la cárcel Del Buen Pastor. Tras el golpe de Estado fue secuestrada y llevada a
la cárcel de Villa Devoto donde permaneció casi siete años. “Soy una
sobreviviente que pudo armar una nueva vida con los retazos recogidos de la
memoria”, escribe en el libro.
Anécdotas
"Nos moríamos de la risa sin disimular nuestra condición de presos, sino
olvidándonos que éramos presos, hombres presos, ni más ni menos", dice
Jorge Giles, referente de la Juventud Peronista de Corrientes y
autor del libro “Allí va la vida. La Masacre de Margarita Belén”. Giles recuerda
a un compañero al que le decían Lulo y que siempre se disfrazaba de payaso para
animar las peñas que se hacían clandestinamente en el fondo de los pabellones.
“Era como jugar a la rayuela en la panza del monstruo”. A Lulo lo
descubrieron con la nariz de payaso puesta. Giles recuerda lo que Lulo le dijo
al guardia en ese momento: -“Pero oficial, no es una nariz de payaso, es un
cubremocos que tuve que hacerme por el resfrío que tengo”. Fue la ovación más
estruendosa que escucharon las paredes silenciosas de aquella tumba que era la
cárcel”. Lulo fue al calabozo sacándose “dignamente su nariz de payaso, se
la entregó a un compañero y partió a tutearse con la soledad después de sacarle
lustre a la alegría”.
Para Hernán Sain, quien militaba en el PRT, las carcajadas
eran el alma de la noche, lo que aliviaba en esos momentos de terror y soledad.
“El cine” fue un invento nocturno, un escape imaginario hacia otro mundo,
cuenta. ¿De qué se trataba? Simple: contarle películas a un compañero de
pabellón. Un día los milicos interrumpieron el relato para “molerlos a palos”,
en sus clásicas sesiones de torturas. Cuando ya estaban en la celda, Sain
recuerda lo que su amigo el Tanqueta, le pide: - "Che turquito, dale, seguí
ahora que ya se fueron los carameleros. La carcajada nos abrigó el alma toda la
noche”, relata.
Para Eduardo Ayala, militante de la JP, “…la cuestión era
estar con los otro, contactar, sentirse parte con los demás”. Gladys
Dominguez fue detenida y llevada a Villa Devoto cuando era una
adolescente. Dice que en la hora en que las palabras no alcanzan, se convoca a
la risa y el buen humor. Para ella, reir en la cárcel, en las peores condiciones
de la vida humana, fue liberador.
De nuevo, María Claro, en la presentación del libro, vuelve a remarcar la
importancia del humor en los lugares de encierro: solidaridad. Esto fue lo que
permitió entretejer lazos de vida y de sobrevivencia entre los militantes
detenidos – desaparecidos. “En una celda 2x2 construías lo que vos podías y
querías construir. Eso fue lo que nos permitió no salir ni locas, ni
muertas”.
“Estamos tratando de reconstruir la trama de esa resistencia y, junto
con ella, parte de la historia de una generación que, a pesar de los campos de
concentración, la tortura y la desaparición de miles de compañeros, sigue hoy
convencida de que el humor es un arma fundamental en la lucha por un mundo
mejor”. El grupo Humor como resistencia tiene esta intensa tarea por
delante. Entre sus proyectos ya se apunta la edición de un segundo libro. Habrá
mas peñas y rondas de compañeros, de ex detenidos recordando a los que ya no
están, y volviendo a revivir esas historias que alivieron el alma en la más
cruda soledad.
Entonces los imagino soltando risas entre tanta ausencia; celebrando la
Memoria, la Verdad y la Justicia.
"La risa no se rinde" reúne 31 relatos cuyos autores son: Carlos Aranda, Gladys Dominguez, Juan Manuel Ramirez, Hernán Saín, Miguel Bonasso, Jorge Giles, Miguel Hynes, compañeras de ex presas políticas de Villa Devoto, compañeros de El Periscopio, ex presos políticos de la cárcel de Coronda.
Publicado el: 13/08/2012
Por María Cruz Ciarniello.
Fuente:enREDando
Por María Cruz Ciarniello.
Fuente:enREDando
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