“Sería bueno que Caló fuera un dirigente que convoque”
Año 5. Edición número 228. Domingo 30 de septiembre de 2012
Por
Pablo Galand
pgaland@miradasalsur.com
Renovación sindical. Paulón confía en el protagonismo que están tomando los jóvenes.
Además de secretario internacional de la CTA que lidera Hugo Yasky, Victorio Paulón es un histórico dirigente metalúrgico de Villa Constitución, cuya seccional en los setenta puso en marcha un modelo sindical opuesto al que planteaba la ortodoxia peronista liderada por Lorenzo Miguel. Sin dejar de participar en la vida interna de la UOM, cuando se constituyó la CTA pasó a formar parte de esta central obrera y actualmente es el secretario internacional del sector que conduce Hugo Yasky. En las elecciones celebradas dos semanas atrás en Villa Constitución, los referentes de Paulón –Héctor Ibarra y Sergio Pisanelli– se impusieron por 20 puntos de diferencia a la lista que respondía a Pablo Micheli. Frente al panorama sindical que se abre a partir del congreso del próximo miércoles en una de las dos CGT, para Paulón es positivo que sea un dirigente de la UOM el que conduzca el nuevo proceso.
–Más allá de cómo se defina el tipo de gobierno que surja del congreso del próximo miércoles, ¿cree que puede marcar un cambio el hecho de que sea un dirigente de la UOM el que lidere una de las dos CGT?
–Por un lado, reivindico que se esté hablando de un gremio de la producción porque en los noventa fueron los sectores de los servicios los beneficiados por aquel modelo y los que conducían al movimiento obrero. Segundo, la UOM es la medida de este nuevo intento de desarrollo industrial por sustitución de importaciones que está viviendo el país. Hay sectores que lo quieren dinamitarlo y por eso es importante que surja un gremio que en el 2001 tenía 60.000 afiliados y hoy tiene cerca de 300.000 y que está ligado a este proceso de ampliación del mercado interno. Eso en cuanto a la representación del gremio. En cuento a la figura de Caló, creo que la UOM tiene varios dirigentes del mismo peso y que de él dependerá si tiene una política amplia que convoque o si será un intento más que finalmente quedará restringido a la representación corporativa.
–¿Tendrá margen suficiente con un mapa sindical tan fragmentado?
–Creo que esta etapa de fragmentación se va a ir superando en la medida que se vaya resolviendo la transición política que estamos viviendo. Estoy convencido de que hay profundizar este modelo y que la reindustrialización de la Argentina tiene que ser una bandera de todos los sectores populares. Para eso hay que superar una instancia agotada como este modelo de sindicalismo que sirvió en el primer gobierno de Perón y en la resistencia pero que en la década de los noventa demostró que fue correa de transmisión de las peores políticas de ajuste y destrucción de derechos colectivos de los trabajadores. Por lo tanto, hay que pensar en un modelo que incorpore conceptos como la autonomía y el pluralismo. Para nosotros la unidad no es lo mismo que el unicato. Puede haber unidad de la clase trabajadora, unidad de acción con más de una central. Me parece que es importante que se avance en términos de profundización de la democracia sindical
–¿Es posible dar ese debate con la nueva conducción de la CGT y el peso que van a tener los “gordos”?
–Nosotros tenemos muchas expectativas abajo, con los sindicatos locales y los nucleamientos regionales. Hay historias programáticas que para nosotros son muy importantes. Estoy convencido que este momento del sindicalismo es solo una foto, una circunstancia. Tengo una esperanza etaria. Vengo de vivir el proceso electoral en Villa Constitución y he visto muchos pibes –que cuando yo estaba en el sindicato estaban desocupados– con niveles de discusión y de debate muy interesantes. Con necesidad de aprender y de preguntar. Esta irrupción de una generación de jóvenes en el mundo del trabajo y en la vida sindical es un fenómeno parecido al de los setenta en términos de masividad y compromiso. Eso es muy bueno y de eso se nutre el sindicalismo. Por lo tanto, me parece que los datos objetivos son muy optimistas y lo que se trata es de abrir el debate y profundizarlo. Por otro lado, ante esta fragmentación que está sufriendo tanto la CGT como la CTA, se impone la necesidad de fijar un programa histórico que nos vuelva a posicionar como trabajadores en el contexto de esta sociedad que está viviendo un período de cambios. Así lo hizo el movimiento obrero en otros momentos claves de su historia con el programa de Huerta Grande, el de La Falda, el de la CGT de los Argentinos o los de los 26 puntos de la CGT que conducía Saúl Ubaldini.
–¿Pero para llegar a ese programa no es necesario antes la unidad? Pensar en un programa hoy en este contexto parece imposible.
–Nosotros consideramos que hay sectores que se dicen dirigentes sindicales y que en verdad hoy son empresarios. Con aquellos que han sido cómplices en los noventa, que se han constituido en factores de poder y llegaron a situaciones de asesinar a activistas que se planteaban revertir la tercerización, nosotros no queremos ninguna unidad. La planteamos con representantes de trabajadores que tenemos miradas distintas, historias diferentes pero siempre tuvieron en claro a quiénes debían defender. Cuando se proclamaron estos documentos a los que hacía referencia no estaba todo el movimiento sindical. Estaban los que resistían, pero enfrente estaban los que se disputaban el favor de los dictadores y se dividían entre colaboracionistas y participacionistas. Creemos que lo que se trata fundamentalmente es de un programa que exprese a la clase trabajadora y las necesidades y aspiraciones a los que todos los días estamos en un puesto de trabajo y reivindican el derecho a vivir dignamente.
–En los setenta, Villa Constitución constituyó uno de los lugares de mayor combatividad del movimiento obrero. ¿Qué diferencias y qué semejanzas hay entre aquel proceso y el actual?
–El hilo conductor que tuvo la pelea en Villa Constitución es el derecho a votar y elegir representantes. Nos pasó en los ’70 cuando enfrentamos con huelgas y toma de fabrica la intervención de la seccional que impuso Lorenzo Miguel. Desde que recuperamos el sindicato en enero del ’84 fuimos llevando adelante acciones para profundizar los mecanismos democráticos como elegir las comisiones internas por el voto directo de la gente ya que por estatuto se elige por junta de delegados. Eso lo instalamos en los ’80 y hoy ya lo han tomado otras seccionales. En esta última elección aparecieron las viejas prácticas del pasado, se restringieron los padrones, se los manipuló en tres ocasiones, había cerca de 500 compañeros que no podrían votar, se comenzó a exigir con el DNI cuando históricamente se votaba con la credencial de la fábrica que es electrónica y es un sistema de control más difícil de falsificar que el propio DNI. Eso irritó mucho y finalmente sortear esos inconvenientes, el triunfo de la lista azul fue contundente. Sacaron más del 55% de los votos y en el caso de Acindar la diferencia fue de 930 a 170 votos. Por eso decimos que la nueva práctica instaurada desde las elecciones de la CTA hace dos años de esconder y manipular los padrones para tergiversar la voluntad de los trabajadores encontró en estas elecciones su sepulturero.
Fuente:MiradasalSur

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