Historia de Pumas
Desde Santa Fe
La guardia rural Los Pumas fue creada en 1961 por el gobierno de Sylvestre Begnis. La dictadura de Onganía la convirtió en una fuerza paramilitar de represión política, a la que muchos consideran heredera de Los Cardenales, una milicia de presidiarios y convictos pagada por la empresa inglesa La Forestal, que reprimió las revueltas obreras en los años '20, en los quebrachales del norte, y a la que el gobierno de Santa Fe vistió con uniformes y la bandera argentina.
En 1969, tuvo su bautismo de represión tras el colapso de La Forestal y el cierre de ingenios azucareros. "En el mes de abril, los diarios de todo el país publicaron las noticias de los disturbios en el norte santafecino. Pueblos enteros organizaron una marcha de hambre. Para contenerlos, la guardia rural debió acudir a sus fusiles", escribió Rodolfo Walsh. La marcha había salido de la plaza de Villa Ocampo, encabezada por el líder de la CGT de los Argentinos, Raimundo Ongaro y el cura Rafael Yacuzzi, fundador del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. El destino era Santa Fe, capital de provincia, pero sólo llegó hasta la ruta 11.
En marzo de 1975, un año antes del golpe, intervino en el operativo Serpiente Roja, como se llamó a la ocupación militar de Villa Constitución. Otra prueba piloto del terrorismo de estado. "Los represores convirtieron el albergue de solteros de la fábrica Acindar, en el primer centro clandestino de detención del país", reveló el colega Carlos del Frade.
Desde entonces, un destacamento de la guardia rural operó en Acindar. "En 1977, un grupo de Los Pumas ya estaba acantonado en la fábrica, cumpliendo tareas", dijo el comisario Carlos Rampoldi, al declarar ante la Conadep, en 1984. "Este grupo tenía su asentamiento en Santa Felicia, cerca de Vera, y en ese momento, al mismo tiempo, había una fuerza de tareas conformada por unos 40 hombres, que venían de distintas unidades del Litoral, estaban un mes y los renovaban por otro contingente. Estaban dirigidos por personal de baja categoría. De ese grupo se desprendía una sección para cuidar Rosario".
El destacamento de Los Pumas en Acindar llegó a tener hasta 60 efectivos, según confesó uno de los represores investigados por la justicia federal de Reconquista en la causa 050 (ver aparte). "A Villa Constitución, a la Fábrica Acindar, se mandaban 50 empleados de seguridad. Se hacían los relevos el día primero de cada mes. Entonces, al personal que iba a ser el relevo, como la comisión era de treinta días, se le daba cinco días o una semana de franco antes, para que arreglen sus cosas particulares y a los que venían, les daban otra semana para que se queden con su familia", dijo el comisario Héctor Aglieri.
"El personal con más capacidad se enviaba a Villa Constitución. Eso lo hicieron desde el año 1976 hasta 1978, más o menos, que fue el tiempo en que custodiaban Acindar. Y cada jefe que iba a Acindar se llevaba entre ocho y diez empleados más, este grupo estaba compuesto por un empleado administrativo, tres o cuatro mozos, cocineros, para atender al destacamento. En total, eran 60", agregó Aglieri.
PIDEN SEñALIZAR COMO "SITIO DE LA MEMORIA" EL CUARTEL DE LOS PUMAS EN SANTA FELICIA
Justicia y homenaje a las víctimas
El Concejo municipal de Vera solicitó al ministro de Justicia, Juan Lewis, que se haga visible ese lugar "emblemático" donde funcionó un centro clandestino de la última dictadura por el que pasaron decenas de detenidos del norte provincial.
Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe
La Cámara Federal de Resistencia consideró probado que en el destacamento funcionó un centro clandestino de detención.
El Concejo Municipal de la ciudad de Vera solicitó al ministro de Justicia, Juan Lewis y al secretario de Derechos Humanos de la provincia, Horacio Coutaz, que el cuartel de la guardia rural Los Pumas, en Santa Felicia, sea señalizado como "sitio de la memoria", donde funcionó un centro clandestino de la dictadura. "Será un acto de verdad y justicia y un homenaje a las víctimas del terrorismo de estado", dice la minuta aprobada por unanimidad ante una iniciativa del periodista Marcelo Manzatto. El lugar es emblemático. Un pueblo forestal de 47 hectáreas, convertido en campo de una fuerza paramilitar que llegó a fortificarlo con líneas de garitas y hasta una zona de minas antipersonales ?-según confesó uno de los represores investigados por delitos de lesa humanidad-?. Y por donde pasaron decenas de detenidos políticos de Vera, La Gallareta, Avellaneda, El Carmen, Moussy, Villa Ocampo, La Sarita y otras poblaciones del norte que en 2006 reconocieron ante la justicia las celdas de cautiverio, interrogatorios y tormentos."Está probado que el destacamento de la guardia rural Los Pumas funcionó como centro clandestino de detención y tortura de personas", dijo la Cámara Federal de Resistencia, en uno de sus fallos. La investigación se inició en 2005, en el Juzgado Federal de Reconquista --conocida como causa 050-? que logró reconstruir el mapa de la represión en el norte de la provincia y el circuito clandestino que recorrían las víctimas: la III Brigada Aérea, el cuartel de Santa Felicia y las jefaturas de policías de Reconquista, Vera y Tostado. El juicio a los siete represores detenidos en la causa: dos ex oficiales de la Fuerza Aérea, y cinco policías, comenzará el 19 de noviembre en el Tribunal Oral de Santa Fe. El octavo era uno de los jefes de la guardia rural, Héctor Aglieri, fallecido en 2011, que confesó cómo eran los operativos, quiénes integraban los grupos de tareas y describió --hasta con detalles-? los sectores y movimientos del cuartel.
La señalización del campo de Santa Felicia será un "hecho trascendente para la historia argentina y sobre todo para nuestra historia local", dice la resolución del Concejo de Vera remitida al ministro de Justicia y al secretario de Derechos Humanos. "Es necesario recordar que en dicho lugar funcionó un centro clandestino de detención, en homenaje a las victimas del terrorismo de estado, por la memoria, la verdad y la justicia, para que las futuras generaciones encuentren un sitio de referencia de aquellos años", agregó. Dos copias fueron despachadas al intendente de Vera, Reynaldo Fabrroni y al senador del departamento, Hugo Pucheta.
El juez federal de Reconquista, Aldo Alurralde, acreditó el martirio de las víctimas de Santa Felicia. "Por el solo hecho de ingresar a dicho campo y en función de un accionar sistemático y general que se cumplía en todos los casos, eran objeto de golpes, amenazas, tabicamientos, distintas formas de tormentos, aplicación de picana eléctrica, condiciones de salud e higiene inaceptables, aislamientos, y otras formas graves de padecimiento físico y psíquico. Todo ello con la finalidad de obtener información contra su voluntad, lo cual permite encuadrar las acciones en el tipo penal de tormentos", dijo el magistrado. Después, seguían los trasladados a Reconquista o Santa Fe.
Una pieza clave en la causa es la confesión de Aglieri, quien describió cómo operaba la fuerza de tareas. "Santa Felicia era un pueblo forestal de 47 hectáreas, donde había una antigua fabrica de tanino. Los edificios estaban separados por distancias de hasta 150 y 400 metros, entre la guardia y la jefatura. En 1975 o 1976, la policía de Rosario descubrió en un operativo planos de un copamiento del cuartel de Santa Felicia. Entonces, se reforzó la guardia con 25 hombres y se dividió el campo en tres sectores. En el primero, estaba la entrada principal y judicial y una parte de logística. En el segundo, la jefatura, los departamentos de informaciones (inteligencia) y personal, el casino de oficiales, una enfermería y una escuela primaria en la zona noreste.
Y en el tercero, el más grande, la residencia del jefe de unidad, administración y finanzas, depósito de combustibles (con dos surtidores y tanques de dos mil litros), el casino de suboficiales y otra parte de logística y zona de armas", relató Aglieri. "El cuartel estaba rodeado por seis garitas, un alambrado perimetral con luces hacia fuera y en un tiempo, se habían colocado minas en la zona este".
"Yo tenía la misión de cuidar la sala de armas y el depósito de combustibles, con ochos hombres que estaban de retén, debía permanecer en el casino de suboficiales que quedaba a 70 metros de la sala de armas. Y después, cada dos horas, hacer un recorrido por toda la zona. Estábamos equipados con un sistema de radio, por el que a veces nos enterábamos de algunas cosas, por ejemplo, si se habían presentado hábeas corpus o si alguien venía a hablar con el jefe de la unidad". Aglieri dijo que la residencia del jefe tenía una entrada de vehículos independiente, por la zona norte, alejada de la guardia y rodeada por un cerco de ligustros de dos metros de alto. "A veces, entraban vehículos y sólo se le veían las luces", relató.
Fuente:Rosario12

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