“Llaman para decirme que me deje de joder”
En diálogo con Página/12, Severo acusa de lo que le pasó a una patota que vincula con Alberto Trezza, un ex administrador de Ferrobaires. Asegura que desde hacía unos días le venían sucediendo “cosas raras” y que todavía lo amenazan.
Por Ailín Bullentini
Imagen: Sergio Goya
“Todavía no caigo, no me animo a entender bien qué pasó”, reflexiona, cansado, Enrique Alfonso Severo, rendido en un sillón en el zaguán de su casa, en Avellaneda. Aún no duerme desde que apareció en una calle oscura, con las manos precintadas, tras casi 24 horas de secuestro, pero sabe que su desaparición fue un hecho que causó conmoción. Sobre todo, por su condición de testigo en el juicio por la muerte del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra en el que está acusado el jefe sindical ferroviario José Pedraza, entre otros. Tras declarar ante la Justicia, el hombre que fue empleado ferroviario durante más de 20 años describió el hecho a Página/12 y denunció que aun sigue recibiendo amenazas. “Cuando me secuestraron pensé que me querían robar. Ya me habían estado pasando cosas raras en la semana: me habían estado siguiendo, me habían llamado diciéndome que me dejara de joder y aún lo siguen haciendo”.
–¿Cómo lo secuestraron?
–Iba en el auto y un morocho en una moto se me puso al lado, me apuntó con un arma y dijo “perdiste. Tirate”. Pensé que me iban a robar. Corrí el auto, pero no me dio tiempo a bajar: me agarró del cuello de la camisa y me tiró. Yo quise mirar, pero me bajó la cabeza y me pegó en el oído. Me arrancó del auto, me tiró una tela pesada encima y me llevó hasta un vehículo que cuando apareció la moto me había encandilado desde el otro costado. Por la forma, por la puerta de costado, era una camioneta utilitaria. me tiraron ahí como una bolsa de papa y empezaron a machacarme.
–¿Le pegaron?
–No. Me dijeron buchón, alcahuete, que no tenía que hablar más, que me olvidara de los ferrocarriles y que me dejara de romper las pelotas. Eso ya nos –habla en plural porque ofrece la entrevista en compañía de Ricardo Huardo, ex gerente comercial de Ferrobaires– lo habían dicho cuando nos echaron de la empresa. Y también me dijeron que ni la Presidenta, ni la policía ni los derechos humanos me iban a sacar del pozo. Por eso yo digo que el mensaje que me dieron da a entender como que la Presidenta nos está defendiendo a nosotros. Nosotros somos kirchneristas, de verdad... Fuimos los únicos que peleamos adentro (de la empresa) por el Gobierno, enquistado el duhaldismo en Ferrobaires todavía como está. Éramos uno de los pocos que salíamos a hacer política desde el kirchnerismo en serio.
–¿Cuánto tiempo estuvo arriba de la camioneta recibiendo los ataques?
–Un montón de tiempo. Anduvimos 20 minutos dando vueltas y entramos a un lugar que era de tierra.
–Su hijo dijo que lo llevaron a un predio ferroviario llamado Kilo 4. ¿Es así?
–No sé a dónde me llevaron. Solo sé que en un momento la camioneta entró en una calle de tierra por cómo se movía. Hasta que frenó. No sé si era un galpón, si estábamos al aire libre... Me dejaron arriba de la camioneta con eso pesado en la cabeza y las manos precintadas. Me dormí y me desperté varias veces. En un momento la camioneta se ponía en marcha, se subió un tipo en donde estaba yo, y salió marcha atrás. Uno le dijo por handy al que estaba manejando “yo ya llevo los bolsos, nos juntamos en el punto G, deshacete del gil”. Y ahí me meé encima. Estaba buscando la forma para ir y agarrarlo del cogote al tipo este, cosas que me pasaban por la cabeza, pero no me podía mover. Cuando se paró la camioneta, me abrió la puerta, el tipo que estaba conmigo me dijo “bajate, caminá y no mires para atrás”. Ese fue el peor momento que viví. No sabía dónde estaba. Nadie me quería ayudar hasta que un hombre me reconoció.
–¿Su secuestro está relacionado con su testimonio en el juicio?
–Tiene relación con un montón de cosas. Cuando yo declare ante la Justicia en ese juicio voy a contar un montón de cosas y esas relaciones van a quedar claras. Hoy (por ayer) salieron de la empresa a decir que tengo causas en la Justicia de las cuales solo una queda abierta, y es un hecho inventado, y luego salieron ellos mismos a desmentirlo. Daniel Guzmán, el responsable de Legales de Ferrobaires, es el responsable de todo esto.
–¿De qué se trata esa causa?
–Es la que armaron como un enfrentamiento entre bandas cuando en realidad cuando me echaron a los tiros de Ferrobaires, en 2009. A mí y a mi pibe. Los matones Carruega, Santa Fe y Saldaña –empleados de Ferrobaires– y una patota de 40 tipos que trajeron de Mar Del Plata, de Defensa y Justicia y de Banfield con armas nos dijeron que nos teníamos que ir del ferrocarril por orden del doctor. Yo era gerente de Mantenimiento.
–¿Quién era el doctor?
–Alberto Trezza, el primer administrador de la empresa, entre el 93 y 2000, pero entonces manejaba el poder desde afuera porque ya no tenía cargos. Trezza es el dueño, el jefe de Guzmán. Trezza sigue teniendo el poder de Ferrobaires.
–¿Tiene alguna relación Trezza y la patota que mató a Ferreyra?
–Totalmente, pero eso yo ya lo voy a ampliar ante la Justicia.
SEVERO DECLARO EN LOS TRIBUNALES DE AVELLANEDA POR EL SECUESTRO
Su versión en la fiscalía
Luego de su ausencia, que mantuvo en vilo al país, el testigo Alfonso Severo relató lo que sucedió al fiscal Alejandro Rojas. Contó que le pegaron una vez y acusó a un hombre vinculado a Duhalde.
Por Irina Hauser
Gastón, el hijo de Alfonso Severo, y un ex compañero de Ferrobaires ayer en la UFI 3 de Avellaneda.Imagen: Télam
Tras una ausencia de casi un día que mantuvo en vilo a todo el país, el testigo del juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra, Alfonso Severo, dio su versión sobre lo que le sucedió ante el fiscal de Avellaneda Alejandro Rojas. Dijo que salió a las 12 de la noche de su casa en Sarandí para ir a visitar a su nietito, operado, pero en el camino lo interceptó un sujeto que manejaba una moto con la mano derecha y lo apuntaba con la izquierda. Lo obligó a manejar media cuadra y junto con un cómplice lo pasaron a una camioneta en la describió que pasó las 24 horas de su desaparición. A contramano de las primeras versiones que decían que estaba muy golpeado, Severo dijo que sólo le pegaron una vez, en el oído, algo que no pudo ser constatado por los médicos del hospital Perón (ex Finochietto), ya que no le encontraron marcas. En las muñecas, en cambio, sí le quedaron rastros de precintos que dijo que le colocaron para maniatarlo. Al final de su declaración afirmó que “todo esto es una mano negra de Alberto Trezza”, un hombre cercano a Eduardo Duhalde, que comandó Ferrobaires desde sus orígenes.“¿Por qué querés declarar, gil...? No tenés nada que declarar, no jodas más con los ferrocarriles, no vas a volver más... ¡No jodas más!”, contó Severo, ante la fiscalía que le dijeron sus captores. Su desaparición fue en la noche del miércoles. Al día siguiente tenía que presentarse en el juicio del caso Ferreyra. La expectativa sobre lo que podría aportar se basaba en su declaración durante la etapa de instrucción, donde dijo que –si bien no estuvo presente durante el ataque de la patota de la Unión Ferroviaria (UF)– sabía que los trabajadores de la bonaerense Ferrobaires, donde fue gerente hasta 2009, habían sido convocados en dependencias del gremio en la Estación Constitución para que fueran a apoyar la embestida que pretendía frenar un corte de vías de tercerizados del ferrocarril Roca. También sostuvo que en el mismo edificio la UF guardaba armas y había un sector de prácticas de tiro. Y habló sobre José Pedraza y Juan Carlos “Gallego” Fernández y los negocios sindicales. El Tribunal Oral Criminal 21 evalúa citarlo para el jueves.
El expediente sobre el episodio que protagonizó Severo estuvo hasta ayer a cargo del fiscal Rojas, de Avellaneda, quien pidió cederlo a la justicia porteña, donde la fiscalía de José María Campagnoli abrió una pesquisa por una presentación del Centro de Estudios Legales y Sociales. Ambos tomaron medidas. El juez Carzoglio debe definir el traspaso. Campagnoli, por lo pronto, ordenó ponerle custodia policial a Severo.
Ayer la Justicia analizaba las imágenes de las cámaras ubicadas en la zona donde Severo sitúa su secuestro. Según su relato, a la medianoche salió de su casa en un Renault Clío color negro, rumbo a la de su nieto, a unas cuadras. Cuando tomó la calle Heredia por la izquierda, dijo, apareció un hombre en una moto roja que le apuntó con un revólver plateado y le advirtió “perdiste, doblá... doblá”. Lo hizo manejar unos metros y él pensó que lo asaltaría. Lo pintó “pelado, grandote” “con chaleco azul y negro” y le insistía con que no lo mirara a la cara. Igual pudo hacer un identikit.
Otro vehículo frenó por la derecha y ahí refirió que lo agarraron, forzaron su cabeza hacia abajo y fue el único momento donde describe que lo golpearon en el oído. Lo subieron a una camioneta con olor a nuevo, lo tiraron al suelo y lo taparon con “una goma pesada tipo felpa” que le dificultaba respirar, recordó. Percibió tres personas. Lo “insultaban” y le decían “viste gil, tenés familia... qué tenés que ir a declarar, puto, que venga la conchuda a defenderte”. Severo dijo que no sabía a quién se referían, pero que los agresores mencionaron a “Cristina, la presidenta”. “Buchón, alcahuete, los derechos humanos te van a sacar del pozo”, escuchó. Después le precintaron las manos, narró.
Estima que anduvieron unos veinte minutos. Los secuestradores, apuntó, no se llamaban por sus nombres. Hablaban por handy y fumaban marihuana. Donde estacionaron escuchaba sonidos de “un tren traccionado y uno eléctrico” y “gallos o gallinas”. En un momento, dijo, oyó: “Avisale al gordo que decretaron emergencia nacional, ¿qué hacemos?”. Luego cree que se quedó dormido. Le dieron agua en cucharón. Pusieron la camioneta en marcha y se llevó el susto mayor, al punto de hacerse pis, al escuchar directivas: “descartá al gil que nos encontramos en el punto g o h y desaparecé el mocho...yo ya tengo los bolsos”. Cuando lo bajaron, cabeza gacha, estaba descalzo. “Caminé sin rumbo unas seis o siete cuadras” en forma zigzagueante, dijo. No conseguía que lo ayudaran, hasta que alguien lo reconoció y llamó al 911.
Severo apareció con vida en la remisería en Gerli donde alega trabajar atendiendo el teléfono desde tiempo después que lo echaran de Ferrobaires. El día que mataron a Ferreyra denunció un ataque a balazos en su casa, que vinculó con el entorno del duhaldista Trezza, a quien ayer volvió acusar. Severo tiene al menos cinco causas penales, algunas por amenazas cruzadas con personajes del mismo grupo como Héctor Carruega y Norberto Saldaña, una por cobrar dinero de ñoquis. Tiene dos probation, una en el mismo tribunal que juzga el crimen de Ferreyra.
Desmentida sobre un comunicado
La Agencia Provincial de Transporte bonaerense denunció una posible violación de su sistema informático en relación con un “parte de prensa” originado en la casilla prensa@ferrobaires.gba.gov.ar, al que calificó de “apócrifo”. Ese texto rechazaba declaraciones del testigo Alfonso Severo, que había denunciado presuntos ilícitos cometidos por Ferrobaires, como “injuriantes e infamantes” hacia esa empresa. Además, lo acusaban de haber planeado él mismo el tiroteo que sufrió un día después del asesinato de Mariano Ferreyra, y enumeraba procesos judiciales que lo tendrían como imputado.
Testigos con seguridad
El Tribunal Oral Criminal 21 le reclamó ayer al Ministerio de Seguridad que garantice la seguridad de los testigos que deben declarar en el juicio oral por el asesinato de Mariano Ferreyra. Después de una reunión con el presidente del TOC, Horacio Días, la ministra Nilda Garré le ordenó a la Gendarmería que implemente todas las medidas necesarias “que aseguren la integridad física de las personas que sean convocadas en calidad de testigos”. El juicio reanudará el martes con normalidad. Por lo pronto, los jueces prevén un sistema por el cual quienes tienen que declarar tengan custodia desde el día previo al que están citados. También podrán ser trasladados desde la sede del tribunal, en Plaza Lavalle, hasta los tribunales de Retiro, donde se llevan a cabo las audiencias. El ministro de Justicia Julio Alak había dicho, tras la desaparición de Alfonso Severo, que ni los jueces ni el testigo habían planteado que necesitara protección especial.
Fuente:Pagina12


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