CUBA
Raúl Castro asumirá este domingo un nuevo mandato a los 81 años
Raúl Castro inició su mandato el 24 de febrero de 2008, pero está al frente del gobierno desde que su hermano y líder de la Revolución Cubana, Fidel, le delegó el poder el 31 de julio de 2006, afectado por problemas de salud.
Nacido en 3 de junio de 1931, Raúl Castro secundó a su hermano mayor desde que la Revolución Cubana era un proyecto embrionario, y, sin el carisma ni el ascendiente en la población de Fidel, al llegar al poder produjo cambios trascendentes, sin modificar la esencia del sistema de gobierno.
Sus reformas, que han ido abriendo la isla paulatinamente a mecanismos de mercado y desmontando el monopolio estatal, han asegurado al mismo tiempo la continuidad política que lleva más demedio siglo, tras el triunfo de la revolución, el 1° de enero de 1959.
Cuando la salud de Fidel Castro se resquebrajó no faltaron los pronosticadores que auguraron el fin del gobierno, pero Raúl, un general del Ejército que se granjeó fama de buen administrador al frente del Ministerio de las Fuerzas Armadas durante casi 50 años, sigue al frente.
"El gobierno de Raúl Castro se ha caracterizado por una dosis de más racionalidad", dijo el economista disidente Óscar Espinosa Chepe, citado por la agencia DPA, quien trabajó para el gobierno en la década del 60´.
No obstante, otros opositores, como la bloguera Yoani Sánchez, actualmente de viaje por diversos países a partir de las reformas migratorias que entraron en vigencia hace pocas semanas, reclaman modificaciones "en el campo político, donde apenas si se han dado pasos".
Entre esas asignaturas pendientes, la disidente destacó la "despenalización de la discrepancia política" y la libertad de asociación, según declaraciones que reproducen EFE y DPA.
Sin embargo, el gobierno cubano ya ha dicho en reiteradas oportunidades que no prevé avanzar en cambios políticos que modifiquen el actual sistema de partido único.
A partir de 2008 se eliminaron restricciones como la prohibición para los cubanos de hospedarse en hoteles de lujo o comprar teléfonos celulares y electrodomésticos.
Tras el VI Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) de 2011 se implementaron las reformas más profundas, presentadas como "actualizaciones" del modelo económico, que permitieron la entrega de tierras ociosas en usufructo a agricultores privados y han ampliado las autorizaciones para el trabajo por cuenta propia.
A finales de 2011 se autorizó parcialmente la libre compraventa de casas y autos tras décadas de restricciones, así como la concesión de créditos al sector privado.
La reforma migratoria, que permite a los cubanos desde enero viajar al extranjero sin presentar el permiso de salida que necesitaban antes, ha sido el último cambio y, quizás el más significativo y a la vez simbólico.
Mañana se asumirán los 612 delegados a la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) elegidos el último 3 de febrero en comicios con lista única, a los que se presentó también Fidel Castro, por su natal Santiago de Cuba. Ese cuerpo confirmará la continuidad de Raúl Castro en el poder.
De acuerdo con su propuesta de limitar los altos cargos a un máximo de dos períodos de cinco años cada uno, Raúl Castro asumirá a sus 81 años también su último mandato al frente del único régimen comunista del hemisferio occidental, que terminaría en febrero de 2018, cuando tenga 86 años.
El propio Raúl Castro bromeó el viernes sobre su posible retiro durante una acto que compartió con el primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, que visita la isla. "Voy a cumplir los 82 años, tengo derecho a retirarme. ¿No lo creen?", dijo en tono jocoso.
De ser así, Cuba ingresará más tarde o más temprano en un proceso de búsqueda de opciones para un recambio generacional en el poder que, contra todos los pronósticos, incluso aquellos que a mediados de los `90 comenzaron a hablar de "la hora final" del castrismo, se ha mantenido firme durante más de cinco décadas.
El 2 de enero de 1554, allí mismo, en La Habana, Cuba, los invasores españoles, que se llaman a sí mismos “autoridades”, ordenan que los indios que sean sorprendidos vagando por las inmediaciones de la ciudad sean detenidos y reducidos a servir en la policía en Guanabacoa.
El 2 de enero de 1962, los descendientes de aquellos indios, mezclados con los descendientes de aquellos españoles y con otros muchos que fueron viniendo y quedándose, caminan sabiendo que nadie los detendrá ni los reducirá a servir a nadie.
El 2 de enero de 1877, José Martí sale de Veracruz rumbo a La Habana, Cuba. Para despistar a quienes no quieren que llegue, firma sus documentos como Julián Pérez, su segundo nombre y su segundo apellido. “Siempre es bueno ser, aun en casos graves, lo menos hipócrita posible”, dejó dicho por carta a su amigo Manuel Mercado antes de partir.
El 2 de enero de 1962, los que saben qué hizo Martí en Cuba y lo aman por eso, los que comprenden por qué esa plaza recibió el nombre de De la Revolución, se llaman entre sí amigos, compañeros, hermanos y ríen con una risa que derrumba toda posibilidad de hipocresía.
Con todos los 2 de enero de la historia encima, el fotógrafo cubano Liborio Noval camina entre los miles y miles de amigos, compañeros, hermanos, mirándolo todo como siempre lo hace: con ojos nuevos. Camina y, entre su pueblo, escucha a Fidel: “Nosotros no tenemos escuadras navales capaces de desarrollar ningún tipo de agresión contra nadie, Nosotros no tenemos ni necesitamos ni tendremos jamás medios para transportar tanques hacia el territorio de otros países. Sin embargo, dicen que nos convertimos en un peligro.
Y sí, nos convertimos en un peligro para los agresores, en un peligro para los que alberguen intenciones agresivas contra nuestra patria. Si a ese peligro se refieren, tienen razón; si se refieren al peligro de que la revolución no podrá ser destruida, de que la revolución no podrá ser aplastada, entonces tienen razón”. Y en los festejos y el desfile por el tercer aniversario de la revolución en Cuba, los aplausos y los gritos inundan todos los 2 de enero de una larga historia.
Hace poco más de un mes de esta plaza por la que camina, exactamente el 7 de diciembre de 1961, Liborio Noval miró los lentes de su Nikon, uno de 50 mm., otro de 35, y comprendió que la imagen de Fidel que quería obtener estaba fuera de su alcance. Esa imagen era muy similar a la que su abuela conservó durante muchos años (“los muchos años antes de que llegara Fidel”, escuchó mil veces Liborio decir a su abuela) al lado de la estampita de Cristo y las velas infaltables para producir el milagro.
Un compañero (un amigo, un hermano) le pasó su teleobjetivo. Y Liborio supo que ahí estaba la historia. Como dijo al día siguiente, al revelarla: “Esta foto de Fidel con boina me muestra el compromiso del líder con el pueblo, con la generación que se presenta al mundo como memoria colectiva ante los momentos de crisis y hostilidades. En ella comprendo la carga simbólica: Fidel siempre nos está mirando con orgullo”.
Son los primeros años de la revolución y los sucesos dejan de ser anecdóticos a través de su cámara. Sabe, Noval, que la complejidad de los hechos, tanto históricos como culturales, generan compromisos. Los asume. Y recuerda las palabras de Fidel una noche, tarde, muy tarde, en la redacción del periódico Revolución: “La transformación social y cultural en Cuba podrá comprenderse si a través de la fotografía fijamos la atención”.
* * *
Liborio Noval nació el 29 de enero de 1934 en La Habana Vieja. A los 10 años perdió a su padre y tuvo que mudarse a la casa de un tío para malvivir con los escasos ingresos del ínfimo almacén que tenía su madre. Caminando en busca de algún trabajo, empezó a comprender la realidad cubana: niños como él con barrigas de hambre, campesinos al borde de las rutas expulsados de las precarias tierras que trabajaban, la prostitución por un plato de sopa o una copa de ron malo, la falta de hospitales y de escuelas.
A los 17, consiguió un empleo en la agencia de publicidad Siboney para realizar investigaciones de mercado. Nunca había salido de la ciudad, y con el nuevo empleo empezó a caminar por toda la isla. “Cuando digo caminar, digo gastar a conciencia la suela de los zapatos –cuenta–; caminábamos por todo el país y ahí empezamos a ver que la miseria que había en La Habana era nada comparada con aquello que ocurría en los sitios más alejados”. Cuatro años caminó la tristeza de Cuba. Un día le preguntaron si quería pasar al departamento de fotografía y, a pesar de que jamás había tenido una cámara en sus manos, Liborio dijo que sí.
En el laboratorio le enseñaron a imprimir fotos. Su primera pregunta fue si los negativos se tiraban. Y cuando le contestaron que no, ya que con ellos se podían hacer todas las copias que se quisieran, comprendió que amaba ese oficio. Dice Liborio: “Teníamos un cliente, las tiendas Mc Gregor. Y yo debía recorrer todas las sucursales para fotografiar sus vitrinas y entregarle las fotos al director al día siguiente”. En la agencia conoció a Raúl Corrales, que llegó en 1957 para trabajar en una campaña publicitaria de los cigarrillos Regalías El Cuño. Corrales sería su mejor amigo y su primer maestro en fotografía.
En 1959, el 3 de enero, exactamente dos días después de la entrada de Fidel y su ejército a La Habana, unos amigos del movimiento 26 de julio le pidieron que trabajara como laboratorista en el periódico Revolución. Noval recibía los rollos en la agencia Siboney y en sus talleres los revelaba e imprimía. Un año después (junto a Corrales, Osvaldo y Roberto Salas y Alberto Díaz, ya conocido como Korda), entró de lleno a la redacción.
“Todo se hacía en la calle –cuenta Noval–, en el vértigo de todos los cambios. El periódico tenía 28 páginas, y en Cuba había un millón de analfabetos. Debíamos hacer reportajes muy gráficos para enseñarle a quienes no sabían leer por qué y para qué se hacía la revolución”. Después, el miedo de los capitalistas los dejó sin anunciantes. Y Noval tenía que cubrir los huecos con fotos. Era algo cotidiano y no se imaginaba que estaba haciendo historia.
Las crónicas de la alta sociedad, las señoritas que se casaban o cumplían quince años, las tertulias de los senadores o los autos nuevos de los ministros habían quedado atrás. Era el tiempo de documentar todo lo que ocurría de nuevo en el país: “Una fábrica, una cooperativa agrícola. La fotografía era el medio perfecto de difusión, ésa era nuestra opinión y había que hacerlo”.
La fiesta era llegar a la redacción y poner todas las fotos arriba de una gran mesa. Korda, Corrales, los Salas y Noval husmeaban en las imágenes hasta que alguno de ellos doblaba una foto dejando afuera lo innecesario y logrando un nuevo y maravilloso encuadre. Fidel en camiseta estudiando un mapa, Guevara cargando una carretilla con una sonrisa grande como el futuro, obreros relucientes de transpiración y orgullo, chicos que descubren el sabor del chocolate, mujeres y ancianos que aprenden a leer y leyendo enseñan sus vidas.
* * *
Liborio Noval camina por la plaza De la Revolución y busca y refleja. De vez en cuando mueve la cabeza para que la cámara capte mejor la luz. Nadie le dijo cómo había que retratar a Fidel, nadie le dijo cómo había que retratar al pueblo. Camina y mira.
Recuerda aquella noche, tarde, muy tarde, en la redacción, cuando Fidel les dijo a él y a sus compañeros que nada de lo que se había hecho en Cuba hubiera existido sin ellos. “Sin sus fotografías nadie hubiera conocido la revolución”, suena aún en su cabeza mientras camina y mira esa enorme masa de amigos, compañeros, hermanos que caminan como él y, entre el desfile de los tanques, como él, lo miran todo. Sabe que el que escribe acerca de la historia tiene un punto de vista. Sabe que, a veces, uno estuvo presente en un hecho y leyó, luego, cuatro versiones distintas, contradictorias, de ese mismo suceso. Y sabe que, entonces, está la imagen. Y que allí sí no hay más discusión.
Por eso sonríe a la masa de amigos, compañeros, hermanos que caminan junto a los tanques haciendo flamear su orgullo y sus banderas. Escucha el eco de las palabras de Fidel hace segundos: “Vimos desfilar hoy por aquí nuestras unidades de combate; nuestras brigadas de artillería antiaérea, antitanques, nuestras brigadas de lanzacohetes múltiples, nuestras brigadas de tanques. Y el pueblo los aplaudió. El pueblo los miró con cariño, porque el pueblo sabe que la suerte de la Revolución, su destino, su libertad, su porvenir y su independencia están defendidos por esas armas”.
Sonríe, Liborio Noval, y mira. “El pueblo, ante su presencia, se siente seguro y se siente optimista, porque sabe que tiene con qué defenderse, porque sabe que tiene con qué derrotar a sus enemigos. Sabe que tiene con qué hacer morder el polvo de la derrota a los mercenarios y a cualquier tipo de agresores. Y el pueblo, el pueblo marcha hacia esta plaza detrás de los tanques, detrás de los últimos tanques, confundido con los tanques y aun delante de los tanques. Porque no son tanques contra el pueblo, sino el pueblo con tanques”.
Fuente:MiradasalSur
Raúl Castro asumirá este domingo un nuevo mandato a los 81 años
Tras casi siete años en el gobierno, en los que impulsó un proceso de "actualización económica" y reformas migratorias, el presidente de Cuba se apresta a ser electo por la Asamblea Nacional para un nuevo lustro al frente del país.
Nacido en 3 de junio de 1931, Raúl Castro secundó a su hermano mayor desde que la Revolución Cubana era un proyecto embrionario, y, sin el carisma ni el ascendiente en la población de Fidel, al llegar al poder produjo cambios trascendentes, sin modificar la esencia del sistema de gobierno.
Sus reformas, que han ido abriendo la isla paulatinamente a mecanismos de mercado y desmontando el monopolio estatal, han asegurado al mismo tiempo la continuidad política que lleva más demedio siglo, tras el triunfo de la revolución, el 1° de enero de 1959.
Cuando la salud de Fidel Castro se resquebrajó no faltaron los pronosticadores que auguraron el fin del gobierno, pero Raúl, un general del Ejército que se granjeó fama de buen administrador al frente del Ministerio de las Fuerzas Armadas durante casi 50 años, sigue al frente.
"El gobierno de Raúl Castro se ha caracterizado por una dosis de más racionalidad", dijo el economista disidente Óscar Espinosa Chepe, citado por la agencia DPA, quien trabajó para el gobierno en la década del 60´.
No obstante, otros opositores, como la bloguera Yoani Sánchez, actualmente de viaje por diversos países a partir de las reformas migratorias que entraron en vigencia hace pocas semanas, reclaman modificaciones "en el campo político, donde apenas si se han dado pasos".
Entre esas asignaturas pendientes, la disidente destacó la "despenalización de la discrepancia política" y la libertad de asociación, según declaraciones que reproducen EFE y DPA.
Sin embargo, el gobierno cubano ya ha dicho en reiteradas oportunidades que no prevé avanzar en cambios políticos que modifiquen el actual sistema de partido único.
A partir de 2008 se eliminaron restricciones como la prohibición para los cubanos de hospedarse en hoteles de lujo o comprar teléfonos celulares y electrodomésticos.
Tras el VI Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) de 2011 se implementaron las reformas más profundas, presentadas como "actualizaciones" del modelo económico, que permitieron la entrega de tierras ociosas en usufructo a agricultores privados y han ampliado las autorizaciones para el trabajo por cuenta propia.
A finales de 2011 se autorizó parcialmente la libre compraventa de casas y autos tras décadas de restricciones, así como la concesión de créditos al sector privado.
La reforma migratoria, que permite a los cubanos desde enero viajar al extranjero sin presentar el permiso de salida que necesitaban antes, ha sido el último cambio y, quizás el más significativo y a la vez simbólico.
Mañana se asumirán los 612 delegados a la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) elegidos el último 3 de febrero en comicios con lista única, a los que se presentó también Fidel Castro, por su natal Santiago de Cuba. Ese cuerpo confirmará la continuidad de Raúl Castro en el poder.
De acuerdo con su propuesta de limitar los altos cargos a un máximo de dos períodos de cinco años cada uno, Raúl Castro asumirá a sus 81 años también su último mandato al frente del único régimen comunista del hemisferio occidental, que terminaría en febrero de 2018, cuando tenga 86 años.
El propio Raúl Castro bromeó el viernes sobre su posible retiro durante una acto que compartió con el primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, que visita la isla. "Voy a cumplir los 82 años, tengo derecho a retirarme. ¿No lo creen?", dijo en tono jocoso.
De ser así, Cuba ingresará más tarde o más temprano en un proceso de búsqueda de opciones para un recambio generacional en el poder que, contra todos los pronósticos, incluso aquellos que a mediados de los `90 comenzaron a hablar de "la hora final" del castrismo, se ha mantenido firme durante más de cinco décadas.
Fuente:Telam
Crónica: cuando el pueblo se pone a marchar
Año 6. Edición número 249. Domingo 24 de febrero de 2013
El largo camino del fotógrafo Liborio Noval para lograr esa toma del 2 de enero de 1962 en La Habana, Cuba.
El 2 de enero de 1554, allí mismo, en La Habana, Cuba, los invasores españoles, que se llaman a sí mismos “autoridades”, ordenan que los indios que sean sorprendidos vagando por las inmediaciones de la ciudad sean detenidos y reducidos a servir en la policía en Guanabacoa.
El 2 de enero de 1962, los descendientes de aquellos indios, mezclados con los descendientes de aquellos españoles y con otros muchos que fueron viniendo y quedándose, caminan sabiendo que nadie los detendrá ni los reducirá a servir a nadie.
El 2 de enero de 1877, José Martí sale de Veracruz rumbo a La Habana, Cuba. Para despistar a quienes no quieren que llegue, firma sus documentos como Julián Pérez, su segundo nombre y su segundo apellido. “Siempre es bueno ser, aun en casos graves, lo menos hipócrita posible”, dejó dicho por carta a su amigo Manuel Mercado antes de partir.
El 2 de enero de 1962, los que saben qué hizo Martí en Cuba y lo aman por eso, los que comprenden por qué esa plaza recibió el nombre de De la Revolución, se llaman entre sí amigos, compañeros, hermanos y ríen con una risa que derrumba toda posibilidad de hipocresía.
Con todos los 2 de enero de la historia encima, el fotógrafo cubano Liborio Noval camina entre los miles y miles de amigos, compañeros, hermanos, mirándolo todo como siempre lo hace: con ojos nuevos. Camina y, entre su pueblo, escucha a Fidel: “Nosotros no tenemos escuadras navales capaces de desarrollar ningún tipo de agresión contra nadie, Nosotros no tenemos ni necesitamos ni tendremos jamás medios para transportar tanques hacia el territorio de otros países. Sin embargo, dicen que nos convertimos en un peligro.
Y sí, nos convertimos en un peligro para los agresores, en un peligro para los que alberguen intenciones agresivas contra nuestra patria. Si a ese peligro se refieren, tienen razón; si se refieren al peligro de que la revolución no podrá ser destruida, de que la revolución no podrá ser aplastada, entonces tienen razón”. Y en los festejos y el desfile por el tercer aniversario de la revolución en Cuba, los aplausos y los gritos inundan todos los 2 de enero de una larga historia.
Hace poco más de un mes de esta plaza por la que camina, exactamente el 7 de diciembre de 1961, Liborio Noval miró los lentes de su Nikon, uno de 50 mm., otro de 35, y comprendió que la imagen de Fidel que quería obtener estaba fuera de su alcance. Esa imagen era muy similar a la que su abuela conservó durante muchos años (“los muchos años antes de que llegara Fidel”, escuchó mil veces Liborio decir a su abuela) al lado de la estampita de Cristo y las velas infaltables para producir el milagro.
Un compañero (un amigo, un hermano) le pasó su teleobjetivo. Y Liborio supo que ahí estaba la historia. Como dijo al día siguiente, al revelarla: “Esta foto de Fidel con boina me muestra el compromiso del líder con el pueblo, con la generación que se presenta al mundo como memoria colectiva ante los momentos de crisis y hostilidades. En ella comprendo la carga simbólica: Fidel siempre nos está mirando con orgullo”.
Son los primeros años de la revolución y los sucesos dejan de ser anecdóticos a través de su cámara. Sabe, Noval, que la complejidad de los hechos, tanto históricos como culturales, generan compromisos. Los asume. Y recuerda las palabras de Fidel una noche, tarde, muy tarde, en la redacción del periódico Revolución: “La transformación social y cultural en Cuba podrá comprenderse si a través de la fotografía fijamos la atención”.
* * *
Liborio Noval nació el 29 de enero de 1934 en La Habana Vieja. A los 10 años perdió a su padre y tuvo que mudarse a la casa de un tío para malvivir con los escasos ingresos del ínfimo almacén que tenía su madre. Caminando en busca de algún trabajo, empezó a comprender la realidad cubana: niños como él con barrigas de hambre, campesinos al borde de las rutas expulsados de las precarias tierras que trabajaban, la prostitución por un plato de sopa o una copa de ron malo, la falta de hospitales y de escuelas.
A los 17, consiguió un empleo en la agencia de publicidad Siboney para realizar investigaciones de mercado. Nunca había salido de la ciudad, y con el nuevo empleo empezó a caminar por toda la isla. “Cuando digo caminar, digo gastar a conciencia la suela de los zapatos –cuenta–; caminábamos por todo el país y ahí empezamos a ver que la miseria que había en La Habana era nada comparada con aquello que ocurría en los sitios más alejados”. Cuatro años caminó la tristeza de Cuba. Un día le preguntaron si quería pasar al departamento de fotografía y, a pesar de que jamás había tenido una cámara en sus manos, Liborio dijo que sí.
En el laboratorio le enseñaron a imprimir fotos. Su primera pregunta fue si los negativos se tiraban. Y cuando le contestaron que no, ya que con ellos se podían hacer todas las copias que se quisieran, comprendió que amaba ese oficio. Dice Liborio: “Teníamos un cliente, las tiendas Mc Gregor. Y yo debía recorrer todas las sucursales para fotografiar sus vitrinas y entregarle las fotos al director al día siguiente”. En la agencia conoció a Raúl Corrales, que llegó en 1957 para trabajar en una campaña publicitaria de los cigarrillos Regalías El Cuño. Corrales sería su mejor amigo y su primer maestro en fotografía.
En 1959, el 3 de enero, exactamente dos días después de la entrada de Fidel y su ejército a La Habana, unos amigos del movimiento 26 de julio le pidieron que trabajara como laboratorista en el periódico Revolución. Noval recibía los rollos en la agencia Siboney y en sus talleres los revelaba e imprimía. Un año después (junto a Corrales, Osvaldo y Roberto Salas y Alberto Díaz, ya conocido como Korda), entró de lleno a la redacción.
“Todo se hacía en la calle –cuenta Noval–, en el vértigo de todos los cambios. El periódico tenía 28 páginas, y en Cuba había un millón de analfabetos. Debíamos hacer reportajes muy gráficos para enseñarle a quienes no sabían leer por qué y para qué se hacía la revolución”. Después, el miedo de los capitalistas los dejó sin anunciantes. Y Noval tenía que cubrir los huecos con fotos. Era algo cotidiano y no se imaginaba que estaba haciendo historia.
Las crónicas de la alta sociedad, las señoritas que se casaban o cumplían quince años, las tertulias de los senadores o los autos nuevos de los ministros habían quedado atrás. Era el tiempo de documentar todo lo que ocurría de nuevo en el país: “Una fábrica, una cooperativa agrícola. La fotografía era el medio perfecto de difusión, ésa era nuestra opinión y había que hacerlo”.
La fiesta era llegar a la redacción y poner todas las fotos arriba de una gran mesa. Korda, Corrales, los Salas y Noval husmeaban en las imágenes hasta que alguno de ellos doblaba una foto dejando afuera lo innecesario y logrando un nuevo y maravilloso encuadre. Fidel en camiseta estudiando un mapa, Guevara cargando una carretilla con una sonrisa grande como el futuro, obreros relucientes de transpiración y orgullo, chicos que descubren el sabor del chocolate, mujeres y ancianos que aprenden a leer y leyendo enseñan sus vidas.
* * *
Liborio Noval camina por la plaza De la Revolución y busca y refleja. De vez en cuando mueve la cabeza para que la cámara capte mejor la luz. Nadie le dijo cómo había que retratar a Fidel, nadie le dijo cómo había que retratar al pueblo. Camina y mira.
Recuerda aquella noche, tarde, muy tarde, en la redacción, cuando Fidel les dijo a él y a sus compañeros que nada de lo que se había hecho en Cuba hubiera existido sin ellos. “Sin sus fotografías nadie hubiera conocido la revolución”, suena aún en su cabeza mientras camina y mira esa enorme masa de amigos, compañeros, hermanos que caminan como él y, entre el desfile de los tanques, como él, lo miran todo. Sabe que el que escribe acerca de la historia tiene un punto de vista. Sabe que, a veces, uno estuvo presente en un hecho y leyó, luego, cuatro versiones distintas, contradictorias, de ese mismo suceso. Y sabe que, entonces, está la imagen. Y que allí sí no hay más discusión.
Por eso sonríe a la masa de amigos, compañeros, hermanos que caminan junto a los tanques haciendo flamear su orgullo y sus banderas. Escucha el eco de las palabras de Fidel hace segundos: “Vimos desfilar hoy por aquí nuestras unidades de combate; nuestras brigadas de artillería antiaérea, antitanques, nuestras brigadas de lanzacohetes múltiples, nuestras brigadas de tanques. Y el pueblo los aplaudió. El pueblo los miró con cariño, porque el pueblo sabe que la suerte de la Revolución, su destino, su libertad, su porvenir y su independencia están defendidos por esas armas”.
Sonríe, Liborio Noval, y mira. “El pueblo, ante su presencia, se siente seguro y se siente optimista, porque sabe que tiene con qué defenderse, porque sabe que tiene con qué derrotar a sus enemigos. Sabe que tiene con qué hacer morder el polvo de la derrota a los mercenarios y a cualquier tipo de agresores. Y el pueblo, el pueblo marcha hacia esta plaza detrás de los tanques, detrás de los últimos tanques, confundido con los tanques y aun delante de los tanques. Porque no son tanques contra el pueblo, sino el pueblo con tanques”.
Fuente:MiradasalSur
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