Mendoza - Primera ronda de alegatos del tercer juicio por delitos de lesa humanidad
La resistencia en el 78
La resistencia en el 78
Por María Eva Guevara
Salió a la luz la verdad sobre la desaparición de once personas emparentadas por antiguas militancias y estrechísimos lazos de solidaridad, mientras se jugaba el Mundial. Si bien el Estado colaboró con el golpe, en Mendoza, sólo un represor es enjuiciado por los crímenes.
El fiscal Dante Vega inauguró la ronda de alegatos de la segunda y última etapa del juicio, tras el receso. Luego fue el turno de la Subsecretaría de Justicia de Mendoza, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el MEDH como portavoz de las víctimas. Todos a su turno fueron reafirmando la vigencia del terror estatal y la resistencia al mismo mientras en Mendoza y el país se desarrollaba el Mundial de Fútbol de 1978.
“No sólo hacemos Justicia, sino también verdad y memoria”, dijo el fiscal Dante Vega, en uno de los tramos finales de una exposición que estuvo especialmente afilada en los elementos de prueba que existen y señalan la responsabilidad de Aldo Patrocinio Bruno. El único imputado en la llamada causa “Galamba” fue el segundo jefe del D2 cuando Osvaldo Miranda estuvo al mando, entre agosto y diciembre de 1997, y luego asumió la jefatura hasta el 4 de julio de 1978.
Dante Vega repasó que en una breve declaración realizada en la etapa de instrucción Bruno manifestó que se desempeñaba en tareas netamente administrativas ya que no existían detenidos y “el desempeño en sí consistía en realizar informes que solicitaban otras dependencias”. “No se responsabiliza a nadie sólo por el grado o por el uniforme, esta acusación no se basa sólo en la responsabilidad jerárquica. Me hubiese gustado que estuviera presente”, se lamentó Vega. Y es que en función de las garantías que rigen para todo imputado, Bruno obtuvo permiso para retirarse antes de la sala. Pesa sobre Bruno la responsabilidad de ser el autor mediato de los delitos de privación abusiva de la libertad agravada por mediar violencia y amenazas, homicidio doblemente agravado por alevosía y por concurso de dos o más personas, además del delito de asociación ilícita por los nueve hechos de la causa.
Esos nueve, en realidad, constituyen un número inferior ya que según se fue ventilando durante el juicio, los desaparecidos suman once. Todos fueron víctimas de un mismo golpe final previamente estudiado y ejecutado en cuestión de días, allá por el mes de mayo de 1978.
La punta del ovillo. Los hechos nos retrotraen a 1976 y gran parte de 1977. El Comando Jurisdiccional, con su brazo ejecutor el COT –Comando de Operaciones Tácticas– desarrollaba una intensa actividad con operativos planificados para golpear a todas las organizaciones políticas mendocinas declaradas ilegales el 24 de marzo.
Una fecha clave es el 12 de junio de 1976. Ese día, el abogado sanjuanino Jorge Vargas Alvarez es herido y detenido en la calle, sobre la vereda cercana a la UTN. Por entonces, Vargas vivía en la casa de Juan José Galamba. Las esposas de ambos son detenidas y conducidas al D2, con los niños horas más tarde, y sólo Galamba logra escapar casi por milagro.
El primer lugar donde Galamba encuentra refugio es en la casa de Margarita Dolz. Se había convertido en el prófugo del megaoperativo contra Montoneros desplegado entre junio y julio, con gran frenesí, por cierto ya hubo de todo: allanamientos, detenciones, secuestros seguidos de desaparición, y asesinatos en la vía pública como fue el caso de Francisco “Paco” Urondo y Juan Carlos Charparín.
El doctor Pablo Salinas ahondó en la secuencia y en algunos de los datos más llamativos. Contó que “Galamba tenía formación política, era un joven fogueado en la confrontación de los grupos estudiantiles en la UTN, había integrado grupos de discusión política con compañeros socialistas y había participado de la opción de incorporarse a Montoneros. Resulta digno de reconstrucción y de admiración, los movimientos de este ‘militante clandestino’, que logró jugar ‘ajedrez’ frente a la dictadura durante casi dos años. Nunca fue a los lugares posibles donde los servicios de inteligencia lo buscarían. Recurrió a sus amigos de los inicios en el socialismo que no aparecían abiertamente comprometidos y que lo ayudarían sin dudas, como de hecho ocurrió”.
De ahí que el periplo en casa de Margarita Dolz sería sólo el inicio. Según relató Salinas, “acudió a Raúl Gómez, pero ante su ausencia fue la esposa quien lo resguardó porque hacerlo era algo ineludible y luego Raúl lo llevó a una plaza de donde “alguien” lo retiró. Por entonces trabajaban los amigos en organizar el solidario resguardo de la vida de Juan José un primero y un segundo grupo. En el primero participaban personas de la misma comunidad de ideas que no se encontraban en riesgo aparente, es decir, habían trabado amistad en la UTN y/o en el ámbito político. Personas que residían en sus domicilios habituales, en sus trabajos, en sus estudios”.
Ellos eran: Margarita Dolz y su esposo Carlos Castorino, Raúl Gómez y su esposa Liliana Millet, Víctor Hugo Herrera, que trabajaba en la ferretería del dirigente socialista “Pepe” Suárez, Mario y Gustavo Camín. También Daniel Romero, que fue el nexo entre este y el segundo grupo, era un militante cuya procedencia era el socialismo y estaba estrechamente relacionado con el peronismo del humilde barrio en el que vivía. Había sido obrero y delegado de la fábrica Cimalco especializada en motores para riego. Para 1978 hacía tiempo que había dejado ese trabajo por lo que realizaba diversos trabajos de distinta índole por su cuenta y atendía el pequeño bar que funcionaba en su propia casa.
El segundo grupo aparece con otras características. Pertenecen al peronismo y algunos decididamente a Montoneros. Según Pablo Salinas, “está probado que todos ellos aportaron en su medida a la supervivencia de Juan José Galamba. Hablamos de Daniel Romero, un militante obrero y político, quizás el referente más constante de dicha supervivencia”.
Agrega Salinas que “cuando Juan José regresa de la cantera de Camín en San Juan, a Mendoza, es alojado por Daniel en su casa. Es él quien lo ubica en el horno de ladrillos de Juan Carlos Romero, militante peronista que había sido electo concejal de Las Heras y había sido director de Obras Públicas de ese municipio, otro hombre humilde para quien la función pública fue un servicio a la comunidad, con cinco hijos, vivía más que modestamente y cuando, ante el golpe de Estado de 1976, quedó desocupado, instaló un horno de ladrillos donde trabajaba con sus hijos mayores”.
A esta lista se agrega Gisella Tenembaum y Ana María Moral. Gisella era “hermana de militancia” de Ana, un cuadro de la organización Montoneros. Ambas eran jóvenes y transitaban la más dura clandestinidad hacia 1978. Según ha podido reconstruirse en testimonios, ambas sumaron a Juan José a su casa de Godoy Cruz. Esto tuvo un corte trágico el 8 de abril de 1977, día que asesinaron a Ana y a Gisella. No así a Juan José, quien nuevamente se salva.
Para obtener galones. Lo más llamativo de esta historia es que los once secuestros de mayo de 1978 comenzaron por aquellas personas que, en primer término, habían protegido a Juan José.
Margarita Dolz y Raúl Gómez desaparecen entre el 17 y el 18 de mayo. También desaparece Aldo Enrique Patroni, aunque su caso no fue incluido en la causa. El 22 de mayo es el turno los Camín, padre e hijo. Entre el 24 y el 25 será el turno de Daniel Romero, Víctor Hugo Herrera e Isabel Membrive, cuyo caso tampoco integró el expediente. Por último, el 26, los secuestrados fueron Ramón Alberto Sosa y el mismo Juan José Galamba. Sosa era un militante peronista amigo de Sebastián Roque Molina (y sus hijos Carlos y Miguel Angel). Trabajaba junto a ellos en la construcción e iba para su casa cuando fue detenido en la parada del colectivo justo cuando estaba en la delicada tarea de trasladar a Juan José.
Según detalló Salinas “se puede suponer que previo al 78 hay nuevas órdenes de las FF.AA. y ya no habrá operativos con ostentación de fuerza y afán de infundir terror. El COT, con sus vehículos sin patentes transportando varios hombres semidisfrazados y portando armas largas, los ataques violentos a casas de familia ante el pánico del vecindario, las detenciones masivas en la vía pública, la requisa a pasajeros de colectivos, etc., todo eso desaparece. Por eso fue creado el GE-78, para que pudiese cumplir las mismas funciones de aniquilamiento con mayor sigilo. Estaríamos ante el cumplimiento de nuevas órdenes, la Inteligencia revisa palmo a palmo la ciudad sede de un partido del Mundial, pues puede haber algún acto relámpago, alguna volanteada, algún intento de denuncia ante la prensa extranjera”.
También añadió que “en esa agudización de los sentidos represores, es razonable concluir que les cae un dato, que no puede ser otro más que el suceso de junio de 1976, cuando un prófugo del megaoperativo de aquellos días (Galamba, ninguna acción les había dado resultado para encontrarlo) les fue escamoteado por una señora y un señor que, al decir de Sánchez Camargo al referirse a Iturgay, eran “elementos desconocidos en el accionar subversivo…”. Pudo ser un dato viejo dormido en un sumario, o en la memoria de alguien que ahora le encontró sentido a la información. Lo que es obvio, y no parece casualidad, es que comenzaron el operativo de mayo 78 por la punta del ovillo de junio 76”.
El caso es que, como afirma Salinas, “con el operativo se ganaron los galones. Encontraron al prófugo subversivo, se vengaron de quienes lo habían protegido y arrasaron con un grupo fichado por los servicios de inteligencia desde antes de 1976. De paso, encontraron una prófuga montonera oculta también durante dos años”.
Se refiera a Isabel Membrive, esposa de Charparín, uno de los que pocos casos en los que la dictadura concedió el registro de la defunción como NN muerto en fecha precisa en enfrentamiento, al igual que sucedió con Paco Urondo.
Resignificar la venganza. El escrito presentado en 1986 escrito por Elba Morales, Carlos Venier (h) e Isabel Guinchul de Pérez fue la base sobre la que llegó a la Justicia este armado represivo del 78 bajo la hipótesis de la conexión entre las personas secuestradas con Juan José Galamba. Llegada la instancia del juicio oral, fue el fiscal Dante Vega quien aportó una resignificación del hilo conductor: “La conexión existió pero no es la única explicación. Se trata de invertir los términos en cuanto a la responsabilidad de la suerte última de las víctimas: el aparato represivo estatal, no Juan José Galamba. No se les perdonó haber pertenecido a partidos políticos de izquierda ni la protección que le brindaron a Galamba. Alrededor suyo se puso en marcha el dispositivo de la solidaridad. El ideario socialista había sido compartido por casi todos y después algunos migraron a Montoneros, como Alfredo Escamez y Gisela Tenembaum, también desaparecidos. “En el 76 el grupo ya no existía como tal”, explicó en su alegato, “las organizaciones armadas habían sido devastadas, las comisiones gremiales y estudiantiles desarticuladas. Los nuevos blancos eran personas molestas al régimen”, concluyó.
Vega recordó que el D2 hacía inteligencia política, aun después del golpe cuando el Ejército asumió ese monopolio: “El D2 se integró para aportar a la Comunidad Informativa donde las distintas armas confraternizan datos. Sabían las existencias, las militancias previas al golpe, o sea, ya estaba la tarea hecha, sabían todo. Esto consta en registros que el D2 recolectó para la Comunidad Informativa asentadas en las devoluciones al Archivo policial –D5– de los prontuarios de las víctimas en junio y julio, durante el desarrollo del Mundial. Incluso los prontuarios de Raúl Gómez y de Aldo Patroni son devueltos el mismo día de sus secuestros, el 17 de mayo”.
Finalmente, Pablo Salinas quiso cerrar su alegato apelando a las palabras de Natalia Galamba, la hija de Juan José, que viene siguiendo paso a paso este juicio ansiando un desenlace con verdad, memoria y justicia.
Escribió Natalia y se amplificó dentro del Tribunal que juzga al homicida de su padre: “Resististe viejo, casi dos años resististe persecución, miedo, desesperación, y aun así no te diste por vencido. Estoy segura de que creías que las cosas se podían mejorar, que otra realidad era posible. Y tuviste amigos y compañeros, que creían lo mismo que vos, y que como vos, no pensaban en ellos mismos, pensaban en forma colectiva. No era salvarse el propio pellejo, era resistir para salvar el pellejo de todos. Y el plan sistemático que implementaron estas bestias resultó en cierta forma. ¿Y sabés por qué digo que resultó? Porque hoy a muchos les suena alocado, incomprensible, que alguien pueda jugarse entero por los demás. Esa solidaridad que para ustedes era natural, espontánea, no necesitaba explicaciones. Y hoy estamos tratando de explicarla. No les bastó con encerrarlos, torturarlos, asesinarlos y desaparecerlos. Tenían que asegurarse que el terror perdure, y apuntaron también al miedo a los valores. Pero con lo que no contaron fue con los que quedamos: los familiares, los compañeros que sobrevivieron y que nunca dejaron de pelearla, los que estuvieron acá en este tribunal, reviviendo los peores momentos de sus vidas, para que se haga justicia. Eso también es solidaridad. Y en cada abrazo de ellos que recibo, te abrazo a vos, y siento que no pudieron con nosotros, que hoy estamos ante la posibilidad no sólo de de que se haga justicia, sino de reivindicar la militancia, el compromiso, y sobre todo el amor a la vida que era lo que los movilizaba. Muchos fueron quedando en el camino de esta lucha y como ustedes, siguen viviendo en cada uno de los que los conocimos. Hoy no podría estar más orgullosa de vos, viejo, y te digo viejo, aunque no te dejaron serlo”.
Fuente:Veintitres
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