21 de febrero de 2013

TRIPLE CRIMEN ROSARIO: Eduardo Trasante-“El diablo se sienta en Rosario”.


Eduardo Trasante, pastor y padre de una víctima del triple crimen
“El diablo se sienta en Rosario”
Por Tomás Eliaschev
Hace un año una banda de narcos asesinó a su hijo. En su misión pastoral atiende a uno de los sospechosos del asesinato. Cómo analiza la conflictiva situación de esa ciudad.

El 1º de enero de 2012 Rosario amaneció enlutada por un triple crimen cometido en el Barrio Moreno, una zona humilde al sur de la ciudad. La policía primero difundió que se trataba de un “ajuste de cuentas” y que las víctimas estaban involucradas en algún delito. Pero los asesinados eran militantes sociales y sus compañeros salieron a denunciar lo que había ocurrido. Jeremías “Jere” Trasante, de 17 años; Claudio “Mono” Suárez, de 19, y Adrián “Patón” Rodríguez, de 21, fueron acribillados por una banda de narcos vinculados a la barra brava de Newell’s que actuaba en connivencia con las fuerzas de seguridad.
Eduardo Trasante, el papá de Jeremías, es uno de los voceros de esta lucha: sabe cómo hablar en público y dar un mensaje claro. No lo aprendió ahora, sino que viene formándose como orador desde hace 20 años, cuando decidió ser pastor evangélico. A través de su labor religiosa y social en las cárceles conoció a uno de los implicados en el crimen de su hijo y dice que le gustaría conocer a Sergio “Quemado” Rodríguez, el principal sospechoso, cuyo hijo también fue recientemente asesinado.

Antes de convertirse en pastor, Trasante, de 48 años, casi llega a subgerente de una importante tienda de ropa en la que era jefe de ventas. Pero se dedicó a predicar el Evangelio después de una crisis matrimonial y de conocer al pastor Oscar Sensini. Junto a su mujer, Alejandra, con la que tuvo siete hijos y tres nietos, fundó la iglesia “Vida para tu vida”, desde la cual a su vez construyó 13 templos a lo largo del país, llegando hasta las Islas Canarias a través de un matrimonio de argentinos que se instaló en esta localidad insular española. Todas las mañanas conduce un programa de radio en la FM Del Sur 94.3. Desde La Banda, Santiago del Estero, en donde se encuentra de viaje vinculado a su actividad pastoral, contó telefónicamente a Veintitrés sus sensaciones ante el asesinato de Maximiliano, hijo del “Quemado” Rodríguez.

“Nos hizo revivir la muerte de nuestro hijo, Jeremías, desde el plano de una experiencia de ser papá y perder a un hijo. Sé cómo se siente, nadie espera esto”, confió Trasante, quien acude a la prédica religiosa para darle cauce a sus sentimientos. “Dicen que el que a hierro mata a hierro muere, pero lo último que uno espera es la muerte de un hijo. Nosotros no queremos la muerte de nadie. Soy un hombre de fe, de Dios, él es mi guardador, el que se mete conmigo se mete con él, que me cubre; no tengo soldaditos, soy ‘soldadito’ de Dios”, advirtió, en referencia al término de moda en Rosario, que hace referencia a los jóvenes que ocupan el escalafón más bajo de las organizaciones de narcotraficantes que asolan esta ciudad.

El rol de pastor llevó a Trasante a situaciones que no cualquier padre podría sobrellevar. “Como parte de mi labor pastoral en las cárceles, estoy asistiendo una vez por semana a uno de los implicados en el triple crimen, se llama Gerardo Mansilla, alias Jeta; era menor en el momento que mataron a Jeremías, Adrián y Claudio. Está detenido en la Alcaidía mayor de Rosario no por estar implicado en el asesinato de los chicos, sino por robo a una joyería, en el Pabellón A, el pabellón cristiano. Él mismo pidió hablar conmigo –contó el pastor–. Cuando lo fui a ver, yo no sabía quién era él. Como pastor y capellán puedo ingresar a cualquier penal. Cuando me encontré con este pibe, me dice: ‘Usted no me conoce a mí, yo sí a usted’. Yo había leído decenas de veces su nombre en las fojas de la causa. Se mostró con una apertura amplia, no sé si sincera”.

–¿Vería al resto de los implicados?

–En mi corazón tengo el deseo de poder ver a todos los implicados. Pasaron un montón de meses, pero Dios no me permitió ir a la cárcel de Coronda, donde está Sergio “Quemado” Rodríguez, ni a la cárcel de Piñeiro, donde están los otros detenidos.

–¿Y qué le diría a Rodríguez?

–Lo mismo que les digo a todos los presos con los que hablo. Los saludo, me presento, les digo que vamos a acompañarlo a él y a su familia en lo anímico y espiritual, en todo lo que esté a nuestro alcance, no sólo en lo que se refiere a la fe, sino con lo material. Lo que pasó con su hijo tiene que generar algo en el corazón de ese hombre, se tiene que producir un clic al saber lo que se siente al perder violentamente a tu hijo. Pedimos a Dios en oración que él y todos los privados de la libertad puedan reconsiderar lo que hicieron. Y que logren arrepentirse en su corazón. Si el Quemado logra vivir una experiencia de cambio y sale con una mentalidad diferente, la muerte de mi hijo y sus compañeros habrá producido un milagro.

Jeremías y sus compañeros de militancia se transformaron en símbolo de un reclamo que moviliza a las barriadas más desfavorecidas de esta próspera y desigual ciudad: que se ponga fin a la violencia de los narcotraficantes con protección policial. La organización donde militaban los jóvenes, el Frente Popular Darío Santillán, se viene manifestando desde entonces, acompañando a los padres de los chicos asesinados. Esta lucha cobró más vigencia en el último mes, cuando se cumplió el primer aniversario del triple crimen, ya que se produjeron nuevos tiroteos en zonas donde los narcos se disputan el dominio del territorio. En uno de los casos, en el barrio Nuevo Alberdi, tres vecinos del Movimiento Evita resultaron heridos, uno de ellos de gravedad. Y en el barrio Ludueña resultó asesinada la militante cristiana Mercedes “Meche” Delgado, que había sido compañera de Claudio “Pocho” Lepratti, militante asesinado en 2001 e inmortalizado en la canción “El ángel de la bicicleta”, de León Gieco.

Trasante es un pastor evangélico y un referente social a la vez. Tomó el asesinato de su hijo como un desafío. Se quiebra cuando lo recuerda. “Su ausencia está latente en mi corazón y en mi casa”, dijo entre lágrimas. Y enseguida se preocupó por aclarar su esperanza de que esa muerte sirva “para que toda esta porquería que se vive en la ciudad se vaya descubriendo y los nombres de los comprometidos salgan a la luz. Cuando lo llevamos al cementerio de Rosario, dije que no lo estábamos enterrando, sino que estábamos sembrando una semilla. Esa semilla está dando sus frutos”, se consoló.

Trasante se aferra a la fe sin perder el realismo: “Se siguen produciendo asesinatos y los narcos siguen con su negocio, con el regenteo del Quemado, aun estando preso”, denunció. Sabe que no está solo en el reclamo: “En todo el país hay gente orando para que Dios saque a la luz lo que está pasando, para que se corte con el avance del tráfico y se acabe la connivencia entre el gobierno, la policía y los narcos. El ministro de Seguridad de la provincia, Raúl Lamberto, me dijo que pasaron a disponibilidad a más de 800 policías por estar comprometidos con tráfico de drogas, robos, secuestros, trata de blancas”, describió, y planteó: “Hay mucho trabajo por hacer, tiene que ser un trabajo mancomunado entre los gobiernos nacional, provincial y municipal”. Como pastor y padre de un chico asesinado, Trasante tiene claro lo que hace falta: “Necesitamos una policía que no sea corrupta y una Justicia que sea justa. Hay que ponernos de acuerdo y caminar con la gente. Es necesario hacer algo por la ciudad, sea quien fuere quien gobierne, oramos para que haya un acuerdo y para que saquemos a Rosario adelante de esta situación”.

Para Trasante, la situación de la “Chicago Argentina” o de Narcópolis, como la ha definido esta revista, es crítica. “La gente se rinde ante el altar de los ‘dioses’ de la droga, del narcotráfico. El auge de violencia, de la inseguridad y del narcotráfico se produce porque el diablo está sentado en el trono de Rosario. La muerte está golpeando el corazón de nuestra ciudad”, describió en clave bíblica. Tiene claro que la problemática que aqueja a Rosario no se reduce sólo a los barrios humildes: “Esta realidad no tiene que ver con los pobres. La posibilidad de acceder a recursos y riquezas no libera. Justamente son los pudientes los que pueden acceder a todas estas drogas, son los que más tienen los que van a los villorrios a hacerse de lo que consumen, no es un mal sólo de los pobres, también es de los ricos. Por ser ricos y por tener nombre y apellido muchas cosas no se conocen”.

Su postura religiosa no le impidió marchar codo a codo con los compañeros de su hijo asesinado en reclamo de justicia porque “esta experiencia en la que Dios me metió me ha ayudado a sentir lo que se sufre, acompañando a otros papás con otras causas”. Entre esos padres que Trasante conoció, está Alberto Santillán, padre de Darío, el piquetero asesinado en 2002 junto a Maximiliano Kosteki. “Lo conocí el año pasado, cuando se hizo un mural en Avellaneda en memoria de los chicos asesinados. Volví a verlo en el décimo aniversario de la Masacre de Avellaneda y una vez más en un evento que se hizo en Rosario. Lo veo como un luchador, un hombre que más allá de la pérdida de su hijo, convirtió su dolor en lucha. Fue un gran impulsor de la lucha, se ven los frutos. Si bien hay aspectos de la causa que no están resueltos, se avanzó mucho”, resaltó. Y comparó al joven de 21 años, asesinado por policías bonaerenses mientras socorría a un compañero malherido, con otra personalidad que resultó asesinada por los poderosos de su tiempo: “Salvando las distancias, Darío Santillán fue un revolucionario, como lo fue Jesús, que vino a quebrar fundamentos estructurales de la religión de esos días. Si Jesús anduviera ahora junto a nosotros, andaría con el pelo largo, tipo hippie, siendo un joven soñador, como eran Darío Santillán y sus compañeros, que siguen metiéndose en todos los barrios, caminando con la gente necesitada. Jesús se enfrentó a las estructuras de poder y luchó contra las causas de la pobreza, el desfalco y el robo”. El pastor también elogió la tarea de los compañeros de su hijo: “En el Barrio Moreno, gracias al movimiento se ven cambios, la gente lo ve, lo nota. Lo que está haciendo la organización con todo lo referido a lo social es muy especial. Y esto mismo se está repitiendo en otros barrios. Si esto no crece más es por falta de recursos”

Los datos de la causa
Por el asesinato de Adrián Rodríguez, Claudio Suárez y Jeremías Trasante (foto) están procesados Sergio “Quemado” Rodríguez, Brian “Pescadito” Sprío, Daniel Alejandro “Teletubi” Delgado y Brian “Damiancito” Romero, como “coautores” de triple “homicidio simple doblemente agravado por el uso de arma de fuego y participación de un menor”. Se trata de Gerardo “Jeta” Mansilla, detenido luego por otro delito. Mauricio Palavecino quedó imputado como “partícipe” del mismo delito, pero con un grado de responsabilidad menor que la de “coautor”. Según la investigación, el triple crimen fue cometido por el “Quemado” Rodríguez y su banda, en venganza por un ataque a balazos que sufrió su hijo Maximiliano, esa misma noche, mientras conducía su BMW acompañado de su novia y una amiga. Cuando el Quemado y sus secuaces fueron al barrio de donde provenía el agresor, acribillaron a tres chicos cuyo único delito era estar sentados en el banco de la cancha de fútbol de su barrio.
Fuente:Veintitres

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