23 de febrero de 2013

TUCUMÁN: Le falsificaron la firma, lo secuestraron y le arruinaron la vida.

Megajuicio


Megajuicio
21/02/2013 
Megacausa Jefatura II - Arsenales II

Le falsificaron la firma, lo secuestraron y le arruinaron la vida

Juan Pablo Carballo prestó declaración ayer en el marco de la Megacausa. El ex policía contó como le arruinaron la vida. Un testimonio desgarrador. También declaró Raúl Elías que reconoció a De Cándido como su secuestrador.
Durante la tarde declaró Juan Pablo Carballo, era policía encargado de hacer las cédulas. En su conmovedor testimonio contó que le falsificaron la firma para acusarlo de realizar una cédula falsa para un militante político. De esta manera lo mantuvieron detenido desaparecido desde 1976  a 1983. Pasó Jefatura, Villa Urquiza. 
El tiempo que duró el testimonio lloró incansablemente, consternado hasta la médula al recordar las atrocidades que atravesó en esos siete años. A su mujer también la secuestraron, estuvo en cautiverio tres años. La torturaron delante de él. Estaba embarazada de seis meses y perdió la criatura. 
Al momento de declarar la señora se pidió a los periodistas que abandonen la sala. 
Les destruyeron la vida. 
Durante la mañana el testimonio del contador Raúl Elías acaparó la jornada. Se escuchó el audio de lo que dijo en la Megacausa Jefatura I, luego lo amplió brevemente. Detalló como lo torturaron durante cuatro meses en la ex Jefatura de Policías. Vio al legislador desaparecido Leccese. Reconoció a Luis De Cándido como su secuestrador y torturador. Dijo que quien lo liberó fue el “tuerto” Albornoz.
“Siempre me preguntaban si mantenía relaciones sexuales con la hija de Zimermman”, indicó. 
Más tarde lo hizo José Carlos Méndez de 81 años, quien era empleado de Amado Juri. No dijo demasiado, explicó que no se acordaba de casi nada por cuestiones de salud mental y el Tribunal lo desocupó. 
Raúl Edgardo Elías fue secuestrado el 6 de junio de 1976 cuando tenía 24 años. Durante cuatro meses fue sometido a innumerables torturas. El ahora contador dijo que estuvo detenido en la Jefatura de Policía donde vio a los desaparecidos: legislador Leccese, Centurión y a un tal “perro” Clemente, quien “salía a buscar gente con la policía”. A su vez relató que escuchó los gritos de Vargas Aignasse.
A pesar de que Elías dejó de militar en el peronismo en 1973, tres años después lo secuestraron. El testigo contó que días antes habían entrado a la casa de sus padres, robaron cosas, le pegaron a su padre y maltrataron a su madre y hermana. Inmediatamente después hizo la denuncia en la comisaría tercera.
Para pasar ese mal momento sus amigos le prepararon un asado en el parque 9 de Julio, un domingo. Pero ese día regresó en auto a su casa a buscar unos cubiertos que se habían olvidado. Al llegar le cuentan que lo llamó la hija del Jefe de la policía Zimermman.
La chica era amiga de Raúl. Incluso él le prestaba su caballo para que practique equitación. Como no pudo comunicarse telefónicamente con la Jefatura se dirigió allí con un amigo. Habló con el Jefe y Subjefe para ponerse a disposición. Salió del lugar y su amigo ya no estaba. Se subió a un taxi. Y “frente a la escuela de las Hermanas Esclavas me interceptaron dos Ford Falcon y me entregué”. A partir de ahí comenzó un infierno que duró cuatro largos meses.
En este sentido expresó que cuando su padre le preguntaba a Zimmerman por él, éste le respondía que el ERP lo había secuestrado.
Elías relató que casi todos los días sufrió torturas. “Siempre me preguntaban si mantenía relaciones sexuales con la hija de Zimermman”, indicó. Además narró que en el lugar donde estuvo detenido solamente tenía un tarro para sus necesidades. Escasamente comía y cada vez que lo hacía eran desperdicios. Hasta llegaron a consumir fideos crudos. En varias ocasiones lo subieron a una especie de parrilla, le ataban los pies y manos. Le pagaban y picaneaban con tanta vehemencia que “un día me tragué un pedazo de lengua”, dijo.
También contó que un día con Leccese estaban rezando, dos guardias se acercaron y uno de ellos le quebró el esternón de una trompada. 
Reconoció como su secuestrador y torturador a Luis De Cándido.
El testigo no recordaba su nombre con precisión pero en una parte de su relato hablaba de un tal Cattaneo. Hasta que mencionó que lo había visto hace dos años cuando fue a buscar a su mujer de la universidad donde trabaja. Y por calle Chacabuco al 400 se lo cruzó.
Minutos antes el hombre había pedido permiso para ir al baño. Al volver al banquillo, se dio media vuelta y lo señaló. 
Desde las 9 continúan las audiencias
Sebastián Ganzburg - Envío:Agnddhh

Crudos relatos de detenidos en la ex Brigada
Por segunda vez se desalojó la sala para que una testigo hable sobre los delitos sexuales

Lo torturaron, lo maniataron y lo ataron para que presencie las vejaciones que los represores le efectuaban a su esposa. Lo llevaron a la Brigada de Investigaciones y luego a Villa Urquiza. Vio cómo sacaban cuerpos de personas muertas del penal. Los testimonios de Juan Pablo C., y de su esposa Rosario del Carmen, estremecieron al público presente en la vigésima audiencia de la megacausa "Arsenales II-Jefatura II". Otros ocho testigos, víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar, también brindaron su testimonio en la jornada de ayer. 

La audiencia de ayer arrancó con retrasos. El presidente del Tribunal Oral Federal, Carlos Jiménez Montilla, le enrostró a Mariano Galleta, uno de los defensores oficiales, que son las partes quienes deben esperar a los jueces, y no al revés. Antes del primer testimonio, se produjo -nuevamente- un pedido de recusación contra dos de los miembros de la fiscalía, realizado por Luis Benedicto Fernández

"Pido la recusación de la fiscalía por incompatibilidad de cargos, y por armar las pruebas". Efusivo y a los gritos fue el pedido del abogado, representante y hermano del imputado Juan Carlos Benedicto. El argumento fue que los fiscales ad hoc Pablo Camuña Patricio Rovira estarían impedidos de integrar el cuerpo de la fiscalía por pertenecer a la agrupación Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales (Andhes). Además, denunció la difusión "incriminatoria" de fotografías de los imputados a través de la página web oficial de la ONG. La defensora Julieta Jorrat solicitó la clausura del sitio. Los fiscales ad hoc explicaron que ellos formaron parte con anterioridad de la ONG Andhes, pero que se encuentran alejados de la agrupación. "Este pedido es dilatorio del proceso; no sé si será estratégico, pero deslegitima el proceso", dijo Camuña. Julia Vitar, querellante en seis causas de las más de 200 que se investigan en el juicio, indicó que las fotografías son públicas en tanto se trata de un juicio oral y público. "Buscan deslegitimar el proceso a través de estas estrategias", agregó. El Tribunal decidió no dar lugar al pedido de los defensores. 

Tras los cruces, se inició la ronda de testimonios. Luego de escuchar el audio de la declaración brindada en Jefatura I, Raúl Edgardo Elías contó de nuevo su versión de los hechos. Estuvo detenido entre el 6 de junio y el 9 de octubre de 1976. Expresó que estuvo en el D2 del CCD de Jefatura de Policía, donde reconoció a los represores Luis De Cándido y a Roberto Albornoz

Elías participó de la inspección ocular realizada en la Jefatura de Policía, actual dependencia de la Secretaría de Educación de la provincia. En su testimonio, contó los delitos sexuales cometidos a mujeres detenidas. Durante la tarde, el protagonismo estuvo en los testimonios. Tras el cuarto intermedio declaró Juan Pablo C., liberado en 1983. Más tarde, su esposa, Rosario del Carmen R. precisó al Tribunal los delitos sexuales sufridos durante su secuestro. La sala fue desalojada, como indica el protocolo en los procesos con víctimas de delitos sexuales en juicios de lesa humanidad. 

Las audiencias se reanudarán hoy a las 9.30.
Fuente: La Gaceta - Envío:Agnddhh
cronica de la ultima audiencia de la semana pasada

No pudieron suspender las audiencias

Francisco Díaz y las fotografías de sus hijos | Por Bruno Cerimele
Francisco Díaz y las fotografías de sus hijos | Por Bruno Cerimele

Como si 36 años de espera no fueran suficientes

La Lic. Fabiana Rousseaux, Directora del Centro Ulloa de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, ya había sido llamada a declarar. Estaba sentada frente al Tribunal y éste ya se disponía a tomarle juramento. En su condición de testigo experta, Rousseaux hablaría de los efectos psicosociales del terrorismo de Estado y de la práctica de desaparición forzada de personas. Todo parecía indicar que la audiencia del jueves 14 iba a empezar con “normalidad”.
Con todo dispuesto, uno de los defensores pidió la palabra y habló por casi media hora. A lo largo de su exposición dio a entender que Marcelo Omar Godoy se encontraba en pésimas condiciones de atención en Ezeiza por lo que su salud estaba considerablemente desmejorada. Basado en esto el defensor planteó que el imputado debía ser separado o que, en caso contrario, se suspendiera la audiencia. Lo sucedido ocasionó las molestias de toda la audiencia y el repudio por parte de los miembros del Ministerio Público Fiscal y de los abogados querellantes.
Las estrategias dilatorias empleadas por la defensa no terminaron allí. A continuación los defensores oficiales plantearon una recusación a la decisión de trasladar a Luis Orlando Varela a Ezeiza alegando que se vulneró el derecho de autonomía del imputado. Ante estos retrasos el Tribunal quiso continuar con la declaración de la licenciada Rousseaux para luego resolver sobre los pedidos de los defensores, pero estos últimos se opusieron rotundamente por lo que se pasó a un cuarto intermedio.
Siendo ya las 12.45 h se reanudó la audiencia y las resoluciones fueron: No hacer lugar al pedido de separación de Godoy ya que, según comunicó el médico forense, las condiciones que determinaron su traslado no habían variado. Por lo tanto tampoco se hizo lugar al pedido de suspensión de la audiencia. También se explicó que el traslado de Varela no vulnera sus derechos y no implica coacción sobre su salud. Acto seguido, y debido a la hora, se pasó nuevamente a un cuarto intermedio hasta 15 h.
Todas estas dilaciones, que forman parte de una estrategia sistemática de quienes ejercen la defensa de los imputados en la Megacausa, imposibilitaron que la testigo experta declarara por lo que su testimonio deberá ser reprogramado, posiblemente para el mes de marzo.
Pero como si todo esto fuera poco, como si 36 años de espera no fueran suficientes, como si una mañana sin testimonios no hubiera alcanzado, cuando la audiencia estuvo a punto de reanudarse la abogada defensora Julieta Jorrat no solamente no había llegado sino que tampoco avisó que estaba retrasada. Las excusas que esgrimió fueron problemas personales y la distancia existente entre el edificio del Tribunal y su domicilio. En una mañana en la que aparentemente no había pasado nada lo que ocurrió fue que estos señores, algunos de ellos ya condenados en otras causas, siguen queriendo avasallar los derechos de los demás y quebrantar voluntades.

“Eran compañeros de celda, cómo quiere que les diga”

Entre los primeros testigos en declarar estuvieron Ricardo Aroldo Coman, Ramón Antonio Comán y Felipe López. Todos ellos fueron vecinos de Villa Carmela y fueron secuestrados y torturados en Jefatura de Policía.
En sus testimonios dejaron claro que fueron sometidos a cruentas torturas. Algunos de ellos identificaron a Roberto Heriberto Albornoz como uno de los torturadores y no solo se encontraron en el mismo Centro Clandestino de Detención (CCD), sino que estuvieron con Pascual Suárez, Galeano y Santillán.
Las preguntas de Julieta Jorrat giraron en torno a culpabilizar a las víctimas y revictimizarlas, incluso en un momento pidió que uno de ellos describiera dónde le colocaron las picanas. Este tipo de interrogatorio por parte de la abogada se han hecho ya moneda corriente en las audiencias y reivindican una y otra vez la vieja teoría de los dos demonios, teoría que casi 30 años de democracia y profundas investigaciones han demostrado que no puede seguirse sosteniendo. Cuestionó por ejemplo por qué Ricardo Coman se refería a los otros detenidos como “compañeros” a lo que el testigo respondió con naturalidad: “Eran compañeros de celda, cómo quiere que les diga”
Estos testimonios hablaron del temor que incluso hasta el día de hoy les produce declarar y contar lo vivido durante sus secuestros. “Yo callé tantos años, me decían que no tenía que hablar porque habían represalias” dijo Ramón Camon. “Todavía tengo pánico, tengo temor” fueron las palabras de Ricardo. Sin lugar a dudas las dilaciones que la defensa provoca apuntan a amedrentar a los testigos, hacerlos desistir de su presencia frente al tribunal, pero no tienen en cuenta que ellos están allí a pesar de sus miedos porque ya los callaron por mucho tiempo y necesitan contar el horror que les hicieron vivir.

“El día que desapareció mi padre, desapareció mi familia”

Enrique Aurelio Campos había sido elegido intendente de Aguaray en la provincia de Salta. Su compromiso social y su asociación política al entonces gobernador Ragone le significaron una fuerte persecución en su pueblo natal por lo que tuvo que huir a Tucumán. En esta provincia se instaló junto a su esposa y sus cinco hijos, pero en junio de 1977 salió de su casa y no regresó nunca más.
Oscar Zenón Campo (hermano), Lelia Gómez (esposa) y Licia Campos fueron los tres testigos citados por su causa. Cada uno de ellos habló de su grandeza como hombre, de sus convicciones de justicia social y su compromiso con un mundo más justo.
Lelia contó, sin escatimar detalles, todo lo que vivió después de que Enrique desapareció. Cómo consiguió que su madre se llevara a cuatro de sus hijos a Salta, cómo ella escapó en medio de los cañaverales con su hija más pequeña en brazos, cómo dedicó su vida a buscar a su marido teniendo que vivir en la clandestinidad separada de sus hijos. “Mi suegro se murió yendo todos los días al juzgado a ver si alguien le decía algo” dijo Lelia sosteniendo con fuerza una foto de Enrique Campos.
Cuando Licia Campos, una de las hijas de Enrique, afirmó que su familia entera había desaparecido explicó por qué ella lo vivió así. Su madre tuvo que vivir escondida, sus hermanos habían sido separados en busca de preservar sus vidas, los vecinos no querían hablar con ellos por temor. Esta joven mujer se dedicó a buscar a su padre, reconstruyó como un rompecabezas la historia, recorrió los lugares que apenas recordaba en Tucumán y hoy tiene la seguridad que don Enrique es un detenido desaparecido. Todas las semanas llega hasta esta provincia para seguir el juicio. Antes de retirarse le dijo al tribunal y a todos los presentes que está dispuesta a aportar todo lo que consiguió gracias a una vida dedicada a investigar lo que sucedió durante el terrorismo de Estado.

“Los únicos terroristas eran ustedes”

El viernes 15 de febrero un anciano de 90 años fue el primero en declarar. Francisco Rafael Díaz se sentó frente al Tribunal y contó cómo fueron sus secuestros, sus torturas y su dolor como padre de desaparecidos. Su hijo, que llevaba su mismo nombre, su hija y su yerno también fueron secuestrados y no supo nada más de ellos.
En su primera detención fue llevado a la Jefatura de Policía donde vio a Roberto Albornoz. Más adelante fue nuevamente secuestrado y estuvo en la Escuela de Educación Física. Allí escuchó voces con tonadas cordobesa, rosarina y formoseña. Don Díaz, como lo llaman sus conocidos, fue dirigente gremial y presidente vecinal. Afirmó que su trabajo y su compromiso “ofendió a ciertos sectores”, dejando claro que entiende que esa fue la razón por la que lo detuvieron y lo torturaron. Pero tiene claro también que eso no justifica lo que le hicieron a él y a sus hijos. “Me dijeron que yo era terrorista, pero los únicos terroristas eran ustedes que asesinaban, torturaban, robaban”
En su declaración dio testimonio directo de cómo funcionaban las estrategias utilizadas por las fuerzas armadas para sembrar el terror y legitimar su accionar. Contó que en una de sus detenciones vio a dos jovencitos, uno era técnico mecánico y el otro técnico automotor. Que los vio golpeados a más no poder, totalmente debilitados, incapaces de ofrecer resistencia. Cuando fue liberado leyó un titular de “La Gaceta” que afirmaba que habían sido abatidos en un enfrentamiento dos peligrosos terroristas, que resultaron ser aquellos jóvenes que había visto anteriormente. “Eso no fue un enfrentamiento, fue un asesinato a sangre fría” dijo con firmeza don Díaz.
Francisco Rafael Díaz (h) fue secuestrado por última vez cuando volvía del Colegio Nacional. Juan Carlos Díaz, hermano menor de este, alcanzó a ver los vehículos que se lo llevaron y fue corriendo hasta el lugar. Allí encontró un zapato de su hermano y un cargador. Ese cargador fue presentado como prueba ante el juez Manlio Martínez pero “la cambiaron por una lata” dijeron en sus respectivos testimonios Juan Carlos y Don Francisco.

A pesar de todo, el juicio avanza

Habiendo empezado la semana de manera tan irregular, fueron 15 los testigos que pasaron durante las dos jornadas. Juan Carlos Díaz Santucho fue uno de ellos. Un jujeño que venía a Tucumán con la posibilidad de conseguir un trabajo fue detenido el 16 de abril de 1976 y liberado el 24 de enero de 1977. Fue interrogado bajo tortura, le preguntaron una y otra vez por su tío que había sido militante del ERP –Ejército Revolucionario del Pueblo. Durante su prolongado cautiverio tuvo oportunidad de conocer a Máximo Jarolavsky, Leandro Fote, Constanza Díaz e Irene Socorro González, entre otros secuestrados que compartieron celdas con él. También fue torturado por Roberto Albornoz, dijo que Jodar lo amenazó para que hablara y señaló a Arrechea y a Zimermann como unos de los principales referentes, el primero de la Brigada y el segundo de Jefatura.
Otro de los testigos que prestó declaración fue Alberto Luis Gallardo, secuestrado en reiteradas ocasiones, acusado de ser uno de los responsables del atentado al avión Hércules. En su primer secuestro, en agosto de 1975, fue llevado con uno de sus hijos a quien le quebraron un dedo y los liberaron juntos. En aquel momento golpearon a toda su familia incluso al menor de 10 años.
En su declaración dio detalles de cómo asesinaba el genocida Antonio Domingo Bussi. Estuvo detenido en la Escuelita de Famaillá, en la Jefatura de Policía y en Arsenal Miguel de Azcuénaga.  Afirmó que está vivo por una equivocación del personal que debía trasladarlo, ocasión que le permitió huir hacia el norte del país pudiendo cruzar la frontera con Bolivia. En este cometido fue ayudado por Virginia Mercedes Romano que también se presentó como testigo el día viernes 15 de febrero.
Salvador Iovanne, Luis Fernando Monti y Julio José Juárez fueron los testigos presentados por el caso de Carlos Antonio Soto. Carlos murió en el año 2009 y su muerte tiene directa relación con las secuelas que le produjeron las torturas a las que fue sometido. Este es uno de esos casos en los que el punto final biológico de las víctimas deja el sinsabor de la injusticia.
Juan Antonio Fote es otro sobreviviente del terrorismo de Estado que se presentó a declarar el viernes pasado. Su hermano, Fortunato Leandro Fote, continúa desaparecido. Mientras Juan estuvo secuestrado pudo ver a Escobar, Lazo, Rodríguez, a los hermanos Romero y supo de la veintena de desaparecidos en San José. Señaló sin dudar a Roberto Albornoz y a Hugo Albornoz, separado de esta Megacausa, así también al sargento Pérez, al oficial Sánchez y a Quintana.
Juan aportó nombres de las personas que vio en la Escuelita de Famaillá entre las que mencionó a Socorro González y a Norma Natividad González.
Si bien no declararon todos los testigos previstos, los que pudieron hacerlo demostraron una vez más que, aunque se continúe obstaculizando todo, el juicio sigue adelante. Ya no solo se valora que haya empezado, sino que se avance en un camino de reconstrucción con Verdad y con Justicia. Esa Verdad y esa Justicia buscadas por cientos de familiares y amigos que no permitieron que mentiras como “están paseando por Europa” se instalen en el vacío que quisieron producir.  A los 30.000 desaparecidos se los llevaron, pero sus ausencias se llenaron de presencias. Los mataron, y ni así pudieron desaparecerlos de la memoria. Hoy el tejido social se va reconstruyendo de a poco y ellos están más presentes que nunca.
Envío:Agnddhh


Sábado, 23 de febrero de 2013
Lesa humanidad: dictan un protocolo sobre la declaración de víctimas de delitos sexuales 
Lo dispuso el Tribunal Oral Federal de Tucumán. Incluye medidas que buscan evitar “una posible revictimización”. 

Fue a través de una acordada, leída en el juicio oral que se realiza por las causas Arsenales y Jefatura de Policía 

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán dictó una acordada que contiene un “protocolo para tomar declaraciones a personas que habrían sido víctimas de delitos sexuales en el marco de juicios de lesa humanidad”,. 

La resolución fue leída al comienzo de una audiencia realizada la semana pasada en el juicio oral que se lleva a cabo en las causas “Arsenales” y “Jefatura de Policía”, en donde se investigan crímenes de lesa humanidad cometidos en aquella provincia durante la última dictadura. 

Según el documento, “a través del Protocolo se busca disponer de un mecanismo que establezca con claridad los pasos a seguir en estos casos, de manera de ordenar el debate, unificar criterios y evitar situaciones confusas, facilitando a las personas que declaren haber sido víctimas de estos delitos, un ambiente propicio y adecuado para el relato del testimonio, resguardando de esta manera la sensibilidad de quienes declaran”.
Fuente:CIJ.gov.ar

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