3 de abril de 2013

DIFUSIÓN.


ESTO ES LO QUE RELATO MI MAMA EN EL FORUM EN EL ACTO POR EL DIA DE LA MEMORIA
 Discurso Fórum 24 de marzo. 
Sr. Gobernador de la Provincia, Autoridades provinciales, Señoras y Señores:
Quiero expresar mi experiencia como testigo: Mi hija me dijo “Mami, ¿Puedes ir a declarar en el Juzgado Federal?” ¡Me tembló la estantería! Debía hurgar en ese lugar que guardamos los recuerdos en nuestra memoria; revivir de nuevo todo lo pasado, recuerdos que guardé semidormidos con la esperanza de despertarlos algún día precisamente para esto.
Fui y declaré; salí como si me hubiera quitado una mochila muy pesada y esperé… esperé… sin perder la ilusión de una justicia que pusiera en su lugar las cosas que perdieron su carril.
Yo me crie en una familia numerosa con un padre ferroviario y una madre modista, que nos recalcaban a cada momento que: A la policía había que entrar únicamente para obtener la cédula de identidad (Como hicieron ellos). Así que, cuando avisé que mi hija estaba presa fue un golpe terrible.
Y pasó el tiempo y … leía en el diario que se acercaba la fecha del juicio de la Megacausa y tuve que declarar de nuevo…
Una semana antes no dormí, no quería olvidarme de nada… Cualquier detalle era importante, sumado al hecho de que de las madres de ese tiempo quedábamos pocas para dar testimonio. Que el daño causado a nuestras hijas, a nuestros hogares; debía quedar para la historia. La exclusión social que tuvimos que soportar, esa arma tan poderosa que instalaron en la sociedad “EL MIEDO” que frenaba y paralizaba nuestros actos más sencillos. Mi hija Ana María, estuvo detenida tres días a los 14 años, en la cárcel de mujeres y por esa causa no pudo estudiar medicina en la Universidad Nacional de Tucumán a pesar de haber aprobado el examen de ingreso. Le negaron el certificado de buena conducta. Luego se lo dieron, pero con la expresa orden que debía estudiar en nuestra ciudad. Así y todo, perdió el año porque hasta que le dieron el certificado ya habían pasado los ingresos en las casas de estudios.
Cuando se llevaron nuestras hijas a Buenos Aires sin comunicarnos nada, entramos en la desesperación. Sembraron en nosotros la sensación de que estaban muertas. Eran torturas psicológicas. Nos juntábamos las madres a llorar. Y llegó esta tortura a su punto culminante cuando nos llamaron a retirar los efectos personales de ellas, entregándonos sin una palabra, más que decirnos “firme aquí”.
Y un día llegó una bendita carta avisando que estaban en el penal de Villa Devoto, que podíamos visitarlas. Llorar y reír fue nuestro común denominador. Y llegaron los viajes a Buenos Aires … Para mí lo más fuerte fue dejar mis hijos solos de doce, diez, seis años y un bebé de dos meses; porque mi esposo trabajaba en el campo.
Fue llegar y encontrarnos con un sinfín de reglas y normas ignoradas por nosotros. Había que tener zapatos mocasines (otros no), combinación y pollera debajo de las rodillas, pelo suelto porque nos espulgaban buscando no se qué. A los hombres les exigían saco y corbata, algunos padres debieron alquilar ropa para poder entrar a ver a sus hijas (haciendo de tripas corazón); porque la ropa de alquiler era sucia con manchas de grasa algunas. Pero nada importaba en ese momento, todo era banal a la par del hecho de abrazar a nuestras niñas por quienes lloramos tanto.
Y las pudimos tocar metiendo los brazos entre las rejas y aplastando la cara para poder besarlas. En ese momento para nosotros era suficiente. Eso fue el primer día. El segundo día debíamos entrar a las cinco de la mañana para sacar tarjeta para las próximas visitas. Atendían a las ocho y nos desocupábamos a las once. Y pasábamos a hacer la cola de visitas a las catorce horas. Nos turnábamos en la cola para cuidar los lugares de las que iban a comer o a desayunar, según la hora.
Entrábamos al penal a las catorce y comenzaba el peregrinar de oficina en oficina. Pintarnos los dedos para las impresiones digitales y miles de trámites adentro. Pasando por las requisas humillantes, vejatorias; desnudarnos, descalzarnos, tocar nuestras partes íntimas. Y veíamos a nuestras hijas recién a las 16 horas hasta las 17. Y de nuevo otra requisa y pasar por todas las oficinas otra vez, hasta que alanzábamos la calle a las 20 horas.
Después inventaron los locutorios. Nos separaba un vidrio que nos impedía tocarlas o besarlas. Hablábamos por un micrófono. Nada nos importaba. Nos sentíamos afortunadas porque nuestras hijas estaban vivas. Teníamos un cable a tierra en ese tiempo: la admirable y valiente Hermana Aldina, que era el nexo entre nosotros y las chicas. Tranquilizándonos con sus sabias palabras y brindándonos esa contención tan difícil en ese tiempo de terror con miedo y con los derechos cercenados.
El Juicio sirvió para socializar nuestras historias para que la comunidad santiagueña conozca y reconozca el genocidio sufrido por jóvenes trabajadores, estudiantes que buscaban un mundo mejor.
Quiero decirles a Sara de Ponce, Flora de Habra, Noemí de Gardella, Amalén de LoYs que ya partieron de esta vida sin ver la justicia consumada. Y a Isabel de Acosta, Lina de Torres, Elsa Paz, Gringa de Morales y Pila de Urtubey; las traigo aquí porque estuvimos juntas, hermanadas en la impotencia del sufrimiento que agotó nuestras lágrimas. Traigo también a Blanca Saracco de López madre de un desaparecido y en ella a todas las madres de los desaparecidos. Demos gracias a Dios por permitirnos recuperar nuestras niñas, cuyo único delito fue soñar un mundo mejor, y ser protagonistas de este momento histórico.
POR LA MEMORIA LA VERDAD Y LA JUSTICIA, TREINTA Y UN MIL COMPAÑEROS DESAPARECIDOS 
PRESENTES AHORA… 
Y SIEMPRE.
AHORA… 
Y SIEMPRE.
AHORA… 
Y SIEMPRE.

Envío:Carmen Morales

Asociacion Ex Presos Politicos Cordoba
sitio web: https://sites.google.com/site/expresospoliticoscordoba/home

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