Publicado en abril 5, 2013
El miércoles 3 de abril presentamos el libro “Villa 31. Historia de un amor
invisible” en la ciudad de Tartagal. Fue mediodía y estuvo fresco.
Previo al evento, la Municipalidad organizó una rueda de prensa que
permitió multiplicar nuestra palabra militante hacia los
alrededores del trópico de Capricornio salteño y zonas de influencia.
El desarraigo, la desesperanza y el volver a empezar oficiaron de prólogo
para una hermosa ronda literaria y vital, como elemento unificador entre la
obra y la ciudad anfitriona. Tartagal y la vecina General Mosconi fueron
símbolo de rebeldía, de aguante, ante un neoliberalismo debastador que,
incluso, privatizó YPF y el corazón de miles.
El desamparo y el desempleo se fusionaron en un fórmula que dejó un tendal
de víctimas al costado del progreso prometido. El tremendo luchador social,
Pepino Fernández, con quien tuvimos el honor de compartir experiencias y
visitar su laburo, nos expresó “Las privatizaciones causaron más
muertes que hasta la dictadura”. Se refirió al hambre, pero también a la
depresión y el suicidio, como fatalidad de las
perspectivas.
En el evento discurrimos sobre el amor y sus dos vertientes. El amor
individual, íntimo, necesario hacia una ella o hacia un él; y el amor
colectivo, generoso, desinteresado, hacia una causa, por caso, la de los
pueblos que resisten a la opresión. Marcamos la importancia de ambas como
condimentos sustanciales de nuestro paso por la vida. De ello habla, también,
el libro que presentamos.
Lo mejor fue, como es habitual en estas presentaciones, la devolución de
los asistentes al evento. Jóvenes llenos de entusiasmo, un escritor de la etnia
Wichí, docentes, tomaron el micrófono y le cantaron a la esperanza. Se condenó
la deiscriminación hacia el de abajo; se fustigó el desencuentro social; se
imaginó caminos posibles de superación. Seguimos surcando la senda del
porvenir. Andamos.
Fuente:Tupacamaria

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