22 de abril de 2013

MENDOZA: Daniel Rafecas, el juez que rescata el valor de la memoria y que se gana el odio del poder.

Daniel Rafecas, el juez que rescata el valor de la memoria y que se gana el odio del poder
Estuvo en Mendoza para la conmemoración del 70 aniversario del levantamiento del Ghetto de Varsovia. Destacó la necesidad comprender lo que fue el Holocausto para entender el accionar de la dictadura argentina. 
21 de Abril de 2013
Por: Jorge Hirschbrand
En medio de la discusión por la reforma judicial, entre la necesidad de democratizar y revolucionar ciertos aspectos de la Justicia, y la aseveración de un sector que asegura que el único objetivo del Ejecutivo es subordinarla, aparece la figura de Daniel Rafecas, un juez cuyos antecedentes lo rescatan de la crítica y de las sospechas caídas sobre el accionar de la mayoría de los magistrados federales. 

Criticado y denunciado por el Gobierno por investigar al vicepresidente Amado Boudou, y criticado y denunciado por el Grupo Clarín por la causa Papel Prensa, Rafecas supo conjugar odios tan opuestos que terminaron dándole más chapa. En definitiva, que un juez sea mal visto por todos los estamentos de poder, habla bien de su perfil y es una buena señal para quienes realmente pretenden que en los tribunales se haga justicia, sin miramientos. 

Es, además, un militante de tres causas básicas para su cargo: memoria, verdad y justicia. Bajo esa consigna, se interesó en estudiar a fondo la atrocidad más grande la raza humana en la modernidad: la Shoá (Holocausto). Y eso le dio un marco excepcional para luego encarar las causas contra los represores argentinos que tuvo a su cargo.

"No tenemos que mirar hacia otro lado. Auschwitz es un resultado de nuestra sociedad. Es un hijo legítimo de esta sociedad que construimos y debemos hacernos cargo. Se trató de una fábrica, donde lo importante era la producción. Del mismo modo en que en algunos sitios se fabrican celulares y televisores, allí se producía muerte y exterminio. Debemos saber que todo lo que ocurrió en Europa con la aniquilación de los judíos fue por culpa del avance y del desarrollo. Hay que saberlo para que no vuelva a ocurrir", aseguró en el Centro Cultura Israelita, donde fue invitado especialmente para conmemorar los 70 años del levantamiento del Ghetto de Varsovia, el hecho más importante de la resistencia judía frente a los crímenes nazis. 

Para Rafecas, entender la Shoá es comprender la lógica aplicada por los represores argentinos. Y marca tres puntos básicos de coincidencia. 

"Lo primero es la despersonalización y deshumanización de las víctimas. Encerrarlas, desnudarlas, vendarlas, convertirlas en algo oscuro. Ese despojo de todo es salido de la Alemania nazi. Los represores argentinos recrearon el universo de los campos de concentración nazis en todos y cada uno de los centros clandestinos". 

"El segundo punto es la idea que el 24 de marzo de 1976 se puso en marcha lo que podemos considerar 'La solución final' (así llamó Adolf Hitler a su plan de aniquilamiento) de la llamada 'cuestión subversiva'. A partir de 1930, con la dictadura fascista de Uriburu, todas las dictaduras fueron por diversos caminos para eliminar la militancia social, política, sindical y religiosa de la izquierda en nuestro país. Y se ensayaron un montón de alternativas, como leyes especiales, pena de muerte, tribunales especialmente establecidos y bandas paramilitares. Nada había conseguido erradicar a las organizaciones sociales de izquierda. Pero el 24 de marzo de 1976 comienza lo que no es otra cosa que el aniquilamiento físico de todos los integrantes de estas organizaciones. Lo han dicho alguno de los jerarcas detenidos". 

"El tercer vínculo es innegable: a partir de los juicios contra los represores se sabe que en los centros clandestinos de detención proliferaba un odio antisemita visceral y que llevaba a que las víctimas que eran identificada como judíos eran doblemente torturadas. Y ser judío o judía en un centro clandestino aumentaba dramáticamente las chances de de formar parte de un 'trasladado', que era el eufemismo que usaban los dictadores para significar el asesinato por los mecanismos ya conocidos. 

"Hoy sabemos que en la Argentina, en la década del ´70, todos estaban inspirados por el odio antisemita y un total ensañamiento por los judíos argentinos. Y no es casualidad que aproximadamente que el 15 % de los desaparecidos en Argentina hayan sido de la colectividad judía, cuando a nivel poblacional nunca fueron más de 1%".

Rafecas sostiene que, más allá de las diferencias políticas, "es un imperativo moral para la sociedad argentina comprometerse con este tema de la Shoá. Porque además de las implicancias, en las historias que se rescatan de la Shoá están las claves del mal absoluto y del bien absoluto, como los mártires y los héroes que encabezaron el levantamiento del Ghetto de Varsovia . Los justos, o los que fueron solidarios en los campos. Ninguno quedó con vida para poder testimonio de esas atrocidades". 

Lo mismo ocurrió en Argentina: "Nadie, jamás, volvió de un 'traslado'. Y lo digo con dolor, porque es la gran frustración de quienes tenemos el compromiso judicial de investigar los crímenes en Argentina. No hay un solo testigo de un vuelo de la muerte o de un fusilamiento. Hay que redoblar los esfuerzos para comprometernos con la memoria, con la verdad y con la justicia". 

"Eso tenemos que consolidarlo –explica el juez-, porque es así, mirando el pasado y trayendo a colación lo que ocurrió en la Shoá, que se puede rescatar la historia y celebrar la memoria, y colaborar para hacer justicia. En esto, nos jugamos el futuro de la sociedad y la consolidación definitiva de nuestro proceso democrático, y nos alejamos de la cultura autoritaria que tanto daños nos ha hecho como país. La cultura autoritaria no terminó el 10 de diciembre de 1983. Aún tiene una larga mano instalada. Y lo que ocurrió con los camaristas federales de Mendoza es la muestra".
Fuente:ElSol.online

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