19 de julio de 2013

ENTREVISTA EXCLUSIVA.

ENTREVISTA CON OSVALDO BARBITTA, TESTIGO DE LOS FUSILAMIENTOS EN PJE. MARCHENA.
La madrugada del 17 de febrero de 1977, fue una noche negra en la ciudad de Rosario, como tantas otras resultado del accionar represivo y asesino de la dictadura cívico-militar-clerical que padecimos todos los argentinos en cada rincón de nuestra País.
En el Pje.Marchena entre San Lorenzo y Urquiza fueron fusilados cinco militantes de la JUP.  Beatriz Aguilera "Bety", Ana Valle, Silvia Fabris, Roberto "Tito" Altamirano, y Juan Carlos "Caco" Morel.
Un testigo del demencial fusilamiento decidió contarnos lo sucedido.
Su nombre es Osvaldo  Héctor Barbitta, 62 años, casado, padre de dos hijos, desde el año 1986 vive en el sur de nuestro país. En el momento de los fusilamientos vivía en la pensión de Pje. Marcharena 525. Después de casi 37 años volvió al lugar de los hechos.
-¿Cuál es tu deseo con este testimonio?
Deseo que mi testimonio signifique un aporte a la construcción permanente por la memoria colectiva de aquellos años y por la memoria de todos los desaparecidos, presos políticos, torturados por la dictadura cívico-militar-clerical del año 76 y todas las anteriores.
 -¿Osvaldo, para aquella fecha trabajabas y estudiabas?
En esos momentos yo trabajaba en una empresa avícola que se llamaba Carico y tenía la planta de incubación de huevos y procesado de pollos en Pueblo Esther e intentaba poder estudiar Radiología en la Facultad de Medicina.
-¿Después de este hecho seguiste viviendo en Rosario?, ¿Pudiste continuar con tu vida siendo un testigo de lo ocurrido sin que el miedo te paralizara?
Ya tenía decidido desde hacía unos días atrás irme del país y estuve viviendo en la pensión hasta fin de mes y en marzo comencé el viaje por tierra hacia Colombia, donde estuve hasta el año 83.
-¿Cuándo regresaste a Rosario?
Desde el 14 al 16 de junio del cte. año, estuve en Rosario. Visité el Museo de la Memoria, donde funcionó el 2do. Cuerpo de Ejército, la ex Jefatura de la Unidad Reginal II, además de recorrer con angustia, emoción, confusión, miedo, respeto a los compañeros desaparecidos el Pje. Marcharena, la puerta del 525 la busqué con muchísima ansiedad.
-¿Pudiste encontrar a alguien que viviera allí desde aquella época?
No, pero sí pude charlar con una vecina que hará unos 23 años vive allí. Cuando llegó los vecinos la pusieron al tanto de lo ocurrido en el año 1977. Fue entonces que recordé que la dueña de la pensión, ya fallecida, se llamaba Alba, hoy sigue siendo una pensión de estudiantes a cargo de su hija.
Por eso supongo que hoy existe una ampliación en la parte delantera de la casa.
-¿A pesar de las reformas, tiene algún parecido con aquella en la que viviste?
La casa es muy parecida a la de al lado, que guarda la fisonomía antigua de aquellos años.
En aquellos años no era tan alto, se nota que han edificado en lo alto cubriendo la parte trasera. Por la puerta se accedía a una escalera angosta de material que llevaba a las habitaciones que se ubicaban en un primer piso. En una de ellas vivíamos unas tres personas más. Recuerdo a una muchacha estudiante de odontología y a un muchacho, creo pareja de esta chica. Desde mi habitación, al menos, se podía ver la calle casi por completo.
-¿Pudiste hablar con la actual dueña de la pensión?
No, sólo con la vecina que mencioné, me comentó que solían ir personas pertenecientes a organizaciones de DD.HH. me pareció que le daba un poco de fastidio.
-¿Por qué?
Bueno me dijo que el barrio era tranquilo y la policía lo vigilaba bastante.  No significa nada y significa mucho a la vez. Si la policía vigila, entonces sabe en que andan las personas y que hacen.
-¿Te respondió algo?
Le aclare a la señora que la policía controla ,vigila y reprime o mata, con lo cual no cuida al pueblo sino que lo hace con intereses ajenos al pueblo. Bueno, yo que soy de charlar mucho, me sentí coartado.
-¿Ahí terminó la charla?
Sí, se fue hacer compras por el barrio.
-Como dice Gieco en una de sus canciones, todo está grabado en la Memoria…
No puedo darme cuenta en estos momentos hasta donde lo objetivo y a partir de donde lo subjetivo.  De ambas miradas se construye la memoria, será por ello que dejo que así sea mi expresar.
-¿Podrías narrar lo sucedido, apelando a tu memoria emocional ?
Si pudiera "escribir" con imágenes, si existiera un "alfabeto de imágenes", les transmitiría tres que me atravesaron desde ese momento: las luces azules y amarillas reflejados en el techo de la habitación durante el fusilamiento, esos compañeros y compañeras muertas
-¿Cuáles son los recuerdos  de aquella noche, que supongo no olvidaste ni olvidarás nunca?
Esa noche, no recuerdo bien si aún estaba lloviendo o había parado de llover, luego de las 12 de la noche, no había podido aun dormirme y con la luz apagada estaba acostado en la cama junto a la ventanita, y en un momento comencé a ver luces que llegaban a la pieza, desde la calle y movimiento de vehículos. Siempre me ha quedado el registro de que las luces que precedieron al movimiento eran azules, como de patrullero policial y luego, las otras luces eran como de un reflector.
-Me dí cuenta que de esto se trataba, de su deseo profundo de contar lo sucedido…sólo necesitaba escuchar con atención. Entonces dijo:
Al momento de detenerse los vehículos sin parar los motores, asome la cabeza por la ventanita de mi pieza y pude observar que desde un camión militar con la caja tapada con lonas verdes hacían descender a varias personas entre gritos de puteadas y muchísimos carajos. Vi como desataban las manos a dos de ellos y lo que no recuerdo o no registre fue la orden de corrida para la esquina. Para mí el fusilamiento se efectuó ahí nomás de bajar del camión. Por supuesto que esta apreciación de mi parte puede deberse a la confusión del momento y del tiempo trascurrido.
Las luces daban en mi cara y entonces me tiré en cama, me quede inmóvil mirando el techo y comenzaron los carajos, los gritos como de LUJURIA de los milicos mientras disparaban( siempre me quedo el registro de que disfrutaban de disparar y matar), y eso fue por el lapso de unos 3 a 5 minutos (también es mi apreciación de esos minutos eternos).
Cuando terminaron los disparos, las luces fueron menores y asome apenas con mucho miedo la cabeza por la ventana, para ver si entraban a la pensión (esto lo pensé constantemente mientras estaba tirado en la cama y esperaba que eso ocurriera).
 Pude ver que en un charco de agua por la lluvia enjuagaban el cuerpo de dos de los compañeros fusilados antes de subirlos a la parte trasera del mismo camión en que habían llegado. Luego se retiraron, y no supe si quedo alguna guardia por allí por algún tiempo.
No dormí. Espere que se hiciera la hora de salir para tomar el bomdi a Pueblo Esther y salí a eso de las siete y media de la mañana. Estaba bien de día. La lluvia había pasado y había sol.
Al salir encontré un patrullero de la policía provincial (un coche torino blanco con el capot del motor negro o azul oscuro, que le decíamos inodoros por lo de la tapa negra), un policía gordo, como de 35 años sentado en el capot diciendo a cada uno de los que pasábamos por allí que eran subversivos , que se habían resistido, que se lo merecían.
Pude ver en el suelo dos trozos de unos 30 centímetros de cuerda o soga blanca más o menos fina con las torceduras propias de haber estado anudadas. Nadie hasta el momento las había juntado. Pensé en hacerlo, pero tuve miedo.
Cuando llegue al trabajo a eso de las 11 de la mañana escuche la noticia por la radio sobre el abatimiento en un enfrentamiento en el Pje Marchena de subversivos. Los diarios hicieron una repetición de la noticia.
Cuando volví a la pensión a la tardecita mi compañera de pensión de odontología me mostro algo que había encontrado en la calle, frente a la pared: eran restos de un palatino con algunas piezas dentarias pertenecientes - según ella- a una mujer joven. No sé qué destino le dio  a ese hallazgo.
-En mi nombre y el de mis compañeros, quiero agradecerte este contacto, tu narración que implica irremediablemente transitar nuevamente por la angustia, los miedos ya vividos y que no se borrarán nunca de tu historia de vida.  ¿Algo más que quieras agregar?
No deseo terminar mi comunicación con el Colectivo aqui, por supuesto. Hasta siempre y un abrazo a todos Uds. 
-Gracias a vos Osvaldo. Nuestra tarea como militantes es construír Memoria. Tu relato es muy importante. Muchas gracias. Ya charlaremos en otra oportunidad.
Muchísimas gracias por atenderme y entenderme. Estos hechos es por vez primera que los relato registrando esos detalles que incorpore. Fue a partir, seguro, de estar en el propio lugar donde hace tan poco tiempo vivencial ocurrieron. Les quiero decir que las vivencias traen al presente nuestra historia.
 Una mezcla de emociones transitaron por Osvaldo, me quedó la sensación que algo de paz le había dejado este breve diálogo. Ojalá no sea una sensación sino una certeza.
Mónica Garbuglia - Sec.dePrensa        

No hay comentarios: