21 de julio de 2013

LA SOJIZACIÓN y SUS ALTERNATIVAS.

La sojización y sus alternativas 
Año 6. Edición número 270. Domingo 21 de julio de 2013
Por Eduardo Anguita 
eanguita@miradasalsur.com
De arriba hacia abajo: Carlos Alberto León.// Carlos Carballo.// José Luis Livolti.
Una mesa redonda con Carlos Carballo, coordinador responsable de la cátedra libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Agronomía de la UBA; Carlos León, profesor de la Maestría de Estudios Sociales Agrarios de Flacso, y José Luis Livolti, integrante del consejo del Instituto de la Investigación y Desarrollo para la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF).

Cuándo tendríamos que pensar en la Argentina que arrancó, en términos prácticos, lo que hoy llamamos el modelo sojero o el sistema por el cual la soja, el girasol y en general todo lo que son productos transgénicos, se convierten en el gran pulmón del comercio exterior y en una gran amenaza, por lo menos, para lo que es la diversificación de la producción agropecuaria?
Carlos León: –Yo estimo que hay que fijar la fecha para la segunda mitad de la década del ’80, cuando se produce a nivel internacional un cambio importante en los precios relativos de los granos en relación con la carne. Y esto también está relacionado con desarrollos innovadores mucho más rápidos a nivel de agricultura que de ganadería. Esto dio lugar a que en la región agrícola ganadera, que conocemos como región pampeana en la Argentina, se produjera una concentración del uso de la tierra en agricultura y en desmedro de la ganadería. En parte ésa es la razón, el origen histórico, de que la ganadería fue perdiendo vigencia, productividad, en Argentina, porque se tuvo que relocalizar en zonas menos productivas.


–Sin embargo, en los efectos de lo que es nuestra balanza comercial esto empieza a sentirse a principios de este siglo…
Carlos Carballo: –Me parece que eso también fue posible porque hubo un esfuerzo muy importante y sostenido de investigación y experimentación del Estado alrededor de la soja, que tuvo una larga historia que era conocida por los agricultores, que era una tecnología probada, bastante consolidada, y que el cambio en el mercado internacional aceleró un proceso de adopción que ya venía lentamente y en el cual el INTA había sido un actor clave. Ese proceso, que de alguna forma se acelera luego, a partir del ’96 con los transgénicos, es un proceso que llamamos de agriculturización, que es el avance de la agricultura sobre lo que era el sistema tradicional de rotaciones agrícolas ganaderas. Es decir, nuestro modelo de crecimiento agrario en región pampeana estaba dado por el mismo lote, la misma superficie, un período de producción agrícola y luego un período de producción ganadera en el mismo suelo, que permitía recuperar la fertilidad de los suelos. La verdadera rotación uno podría decir que también vale para desarrollo, para sustentabilidad, para muchos otros conceptos que estamos utilizando y degradando más que dándoles el valor que corresponde. El proceso que a partir del ’96 se acelera considerablemente es un proceso activo, sumamente dinámico, con poco parangón a nivel internacional, es un modelo de crecimiento rápido, explosivo, y que, si tomáramos como referencia a la soja, a diferencia de los otros dos grandes países sojeros del mundo, Estados Unidos y Brasil, nosotros nos volcamos ciegamente a los transgénicos cuando en los otros dos grandes productores han conservado la posibilidad de producir volúmenes significativos de soja no transgénica también apuntando al mercado internacional.


–Aquí se empezó a tomar dimensión del fenómeno de la soja en esta última década o quizás en la crisis del 2001, cuando en más de un comedor popular estaba la gente de Aapresid diciendo “bueno, si necesitan milanesas de soja, les hacemos llegar milanesas de soja”, pero hasta ese momento nosotros seguíamos pensando que era el país de la carne, el maíz y el trigo. ¿Cuándo empezamos a tomar dimensión del avance del modelo?
José Luis Livolti: –La verdadera conciencia de la irrupción de los cambios estructurales en el campo argentino a manos del desarrollo capitalista ocurre en el 2008, con la Resolución 125. El conflicto de la 125 en la Argentina hizo aflorar un debate. Muchos veníamos luchando desde mucho antes por un cambio productivo, por el freno a la locomotora de la sojización, pero eso irrumpió en ese período. Y hay que remarcar fuertemente que la curva de inflexión muy fuerte fue en el ’96, por la irrupción de la soja transgénica, pero que además viene de la mano de algunos otros instrumentos que conforman el paquete tecnológico, que hacen un cambio cultural profundo en la producción de los pequeños y medianos productores de la pampa húmeda, que son la siembra directa, la soja transgénica y los líquidos agrotóxicos. Estos son los tres integrantes principales, que después traen como colaterales la producción intensiva en feedlot de carne vacuna, con todo lo que eso implica.


C.L: –Yo quería agregar sobre esto dos elementos más. Esta conciencia de la población, conciencia de conocimiento, de conocer la soja como una palabra cotidiana se debe a que es la primera vez en la historia agraria argentina que un cultivo tiene más de 50% del área sembrada de toda la región pampeana, además de que se ha trasladado hacia regiones como noroeste y noreste del país y ha ocasionado importantes desmontes...


J.L.L: –El otro elemento por el cual la gente va conociendo la soja es por las consecuencias negativas que fueron apareciendo en la vida cotidiana respecto de los agroquímicos que están relacionados con el cultivo de la soja. Todo este tema de los pueblos pulverizados, la reunión que hay de médicos de pueblos pulverizados, las comprobaciones que hay de enfermedades muy tóxicas, de contaminación de algunas napas, inclusive hay sentencias judiciales en más de una provincia donde están prohibiendo... en Santa Fe fue un caso paradigmático. Esto está demostrando que la soja ha adquirido una envergadura no sólo económica, que se mide por el ingreso anual de la soja, sino a nivel social realmente sumamente importante. Y yo quería agregar un elemento más. Este período que estuvimos tocando, el inicio de agriculturización desde la segunda parte de la década del ’80 hasta lo que coincidimos que se potencia a partir de la aparición de la soja transgénica en el ’96, ’97, coincide con un proceso absolutamente insólito en Argentina de concentración de la tierra en pocas manos.


C.C.: –Sobre el tema de la concentración, aparte irrumpe un nuevo método de explotación de la tierra también concentrador que ya no necesita de la tenencia de la tierra, de la propiedad, que son los pooles de siembra y las grandes empresas productoras de soja sin ser productores reales. Éste es un elemento nuevo que irrumpe por el paquete tecnológico.


–Hipotéticamente, si vienen los chinos, que son una alternativa en el mundo multipolar, y quieren llevarse solamente la soja en grano y quieren que Belgrano Cargas sirva solamente para llevar soja a la China, ¿qué diferencia hay entre esto y lo que hacían los ingleses en 1860 hasta 1930 y pico?
C.C.: –Bueno, qué diferencia hay entre eso y lo que están haciendo las grandes mineras, ver a África y al sur de América como lugar de proveedor mundial de materia prima y de alimentos. Bueno, creo que es una tendencia muy fuerte y que realmente necesitamos un Estado con capacidad de negociación muy fuerte y tener mucho más claro un modelo de desarrollo como país para saber cómo nos posicionamos ante eso. Los chinos no vienen sólo para eso, están invirtiendo en petróleo, energía, transporte, invertirán en todo aquello que les asegure la estabilidad de su propio modelo de desarrollo. La pregunta en todo caso es: y nosotros, como país que quisiéramos ser autónomo, ¿cómo nos plantamos, qué es lo que queremos para nosotros, y a partir de lo que queremos para nosotros cómo negociamos con los chinos? Pero la pregunta que vendría inmediatamente después es: ¿estamos en condiciones de hacer lo que pensamos que tenemos que hacer o el nivel de concentración que tienen los grupos económicos en el poder son condicionantes suficientemente fuertes como para que nos quiten los grados de libertad y autonomía que nos gustarían como pueblo y como sociedad?


–¿Qué hace uno frente a esta gente que tiene un modelo de producción única, de pensamiento único, pero que de algún modo ayuda a que la balanza comercial sea favorable?
J.L.L.: –Es la madre de los desafíos en la Argentina y quizás sea una de las razones fundamentales por las cuales debemos pretender que este proceso siga abierto. ¿En pos de qué? En pos de la profundización y, me animaría a decir, la radicalización de las medidas populares alcanzadas. Incluso podría agregar algo más, somos partidarios de que esta conquista, digo, la Asignación Universal por Hijo, las estatizaciones que se llevaron a cabo hasta el momento, queden constitucionalizadas. Hay un modelo que está instaurado, que está en crecimiento. El tema es por qué no debatimos públicamente, como se debatió la ley de medios, una nueva ley de semillas, por qué no debatimos en la Argentina una ley de desarrollo agrario que contemple a todos los agricultores familiares, que respete la vida de los pueblos originarios, que incluya a las mayorías del campo que no están en la Mesa de Enlace, que no estamos en la Mesa de Enlace. Me parece que es un debate que hay que hacer y justamente esta pregunta deberíamos responderla en un conjunto. Es más, los cambios estructurales necesarios en Argentina para un desarrollo sustentable, inclusivo y de producción de cantidad y calidad de alimentos, dependen no sólo de los que estamos en el campo, es un problema de todo el pueblo.


C.L.: –Yo quería agregar, respecto del tema con China, que esto hay que verlo con cierto grado de contradicción. Hoy los chinos necesitan mucha soja y nos demandan muchas soja, pero esto no va a ser así toda la vida, es decir, hay documentación que está dando vueltas y que tiene algún grado de seriedad y que muestra que China está atrás de un programa de proteínas vegetales muy intenso y es probable que de acá a 5, 8 años, la cosa sea diferente. Y Argentina ya tuvo otras épocas en su historia en la cual se jugó a un cultivo, recordemos nosotros cuando estudiábamos en escuelas secundarias que el lino era uno de los principales cultivos y el lino desaparece de golpe en la demanda argentina de un día para el otro, cosa que puede ocurrir. Cuando desaparece un cultivo de un día para otro y el país no se prepara, del punto de vista tecnológico, genético, para tener una agricultura más diversificada puede venir una situación de caída económica sumamente importante. Si uno analiza el plan estratégico agropecuario de acá al 2020 se plantea un crecimiento de 10 millones de hectáreas más para granos y no llega a un crecimiento de 1 millón de hectáreas si sumamos la fruta y horticultura, los cultivos industriales y todo el resto. Es decir que Argentina, así como está concentrada la producción, esa producción también está concentrada en dos, tres rubros productivos que explican el 75% del PBI.


–¿Sobre qué cosas hoy tenemos que tener cuidado en el diagnóstico y centrar en la propuesta?
C.L.: –Yo creo que hay muchas cosas que se pueden hacer cuidando dos elementos fundamentales: el primero, que no descienda el ingreso que proviene del comercio exterior, y el segundo, tratando de reducir al mínimo una incertidumbre de largo plazo en la medida que en este aumento dependemos de tres o cuatro grandes agroactividades. Yo creo que en Argentina no se recompuso toda la destrucción de los organismos públicos y de los organismos de regulación que existieron a lo largo de toda nuestra historia económica y de nuestra historia agrícola, concretamente este proceso de concentración que hablamos no hubiera sido posible sin la desaparición de la Junta Nacional de Granos, de la Junta Nacional de Carne, de la Cámara de Regulación de la Yerba Mate, de la Dirección Nacional de Azúcar. Lo que se puede hacer en Argentina es tratar de lograr recrear organismos públicos que puedan planificar una oferta productiva más diversificada, planificar a nivel de la producción en los territorios, planificar fundamentalmente alternativas para el sector de agricultura familiar, para los pequeños productores. Junto con eso, creo que Argentina tiene la posibilidad –a través de sus organismos científicos tecnológicos, como el Conicet, el INTA, las universidades– de poder plantearse un plan de ciencia, tecnología e innovación para el sector agropecuario absolutamente autónomo y no dependiente de empresas transnacionales, que realmente definen un modelo económico.


–Estás diciendo algo que uno puede advertir que como lo que se está haciendo ahora todavía está muy dependiente del modelo de los transgénicos...
C.L.: –Nosotros decimos que tiene que cambiar el rumbo del desarrollo agrario. Porque en el desarrollo agrario se están profundizando las ataduras a las multinacionales, hay convenios firmados con Monsanto muy fresquitos.


–Bueno, viajó el año pasado la Presidenta y se reunió con Monsanto abiertamente y después dijo “vamos a habilitar la planta de Córdoba”, y cuando el grupo de Soros hizo la primera exportación de maíz transgénico ella estuvo avalándolo personalmente. Y esto me parece que no hay que asustarse, la Asignación Universal por Hijo sería imposible sin esto, el 30% de los ingresos por las retenciones agropecuarias van a las provincias, es decir que ella sabe que está tironeado pero bueno, en algunos momentos toma públicamente posturas por cosas que tienen que estar en debate, con todo respeto pero tienen que estar en debate...
J.L.L.: –Tenemos que iniciar el camino de la reconversión agropecuaria en la Argentina, tomando ejemplo de Horacio Giberti, él concebía su propuesta de reforma agraria, que es un debate pendiente en la Argentina, entre otras cosas como la provocadora de una inmigración inversa, sacar a los pobladores indefensos, más pobres, de los ejidos urbanos y llevarlos nuevamente al campo a vivir y a producir alimentos sanos. Esto digo como concepto. ¿Qué se puede hacer en lo inmediato? Cómo sustituir esto que vos decís que nosotros no somos suicidas y tampoco apostamos al fracaso de este proceso porque sería el fracaso de una posibilidad histórica en la Argentina de profundización de la democracia, de avanzar hasta sistemas sociales superadores, a tal punto que decimos “bueno, habría que ir pensando en la sustitución de lo que la soja produce en materia de retenciones por su exportación”. No será sencillo, pero va a ser imprescindible en algún momento, lograr que la comercialización externa de granos en la Argentina esté en manos del Estado, eso sería la sustitución de los ingresos y la no desfinanciación del Estado.


–La idea es poner un freno a las grandes multinacionales exportadoras, pero también potenciar otros aspectos.
C.C.: –Tenemos que hacer en lo inmediato un enorme esfuerzo de políticas públicas para retener a la gente en el campo porque en este momento, en esta circunstancia, las familias que se van no vuelven más y nosotros tenemos un territorio absolutamente desocupado, además de devastado en algunos casos, absolutamente desocupado. Creo que hay que hacer un enorme esfuerzo de las políticas públicas en ese sentido y me parece que es absoluta y totalmente insuficiente lo que se está haciendo con agricultura familiar, se están haciendo muchas cosas necesarias y que eran necesarias hace mucho tiempo, pero son absoluta y totalmente insuficientes. La reconversión agropecuaria la tendríamos que repensar a lo mejor más allá de la soja, es decir, porque si nosotros tuviéramos un cultivo, cualquiera que fuera, que generara el 50%, 60% de las divisas del país, que ocupara más del 50% de la superficie agrícola, estaríamos con el mismo nivel de dependencia, marginación, sujeción a variables que no tenemos ninguna posibilidad de controlar desde el punto de vista ambiental, social y económico. Si además le sumamos la concentración, evidentemente esta no es una situación deseable. Y para mí, un interrogagente muy fuerte en este aspecto es una pregunta clave, si tuviéramos que repoblar el campo ¿con quién lo repoblaríamos? ¿Y qué le pediríamos y qué le prometeríamos y daríamos a la gente a la cual nosotros le proponemos que sea parte de un nuevo proceso de desarrollo nacional? Porque, lo que decían los compañeros antes, el 2008 creo que le demostró al conjunto de la sociedad argentina que lo agrario y lo nacional no van separados, lo agroalimentario, lo agroindustrial y lo nacional son parte del mismo modelo, y repensar el modelo de desarrollo para la agroindustria es repensar el modelo nacional.

C.L.: –¿Qué es lo que se podría hacer hoy sin afectar básicamente la economía del país? Creo que hay que poner un límite a la expansión de la soja. La soja es un cultivo extraordinario, pero hay que poner un límite. Si sigue avanzando va a ahondar los daños ambientales que ya está ocasionando, y existen un montón de otras alternativas que se están descuidando, existe gran demanda del mercado nacional por la acuicultura, por los pescados. Argentina prácticamente lo está viendo pasar sin pena y sin gloria. Existe demanda de productos forestales, Argentina tiene ecosistemas extraordinarios para el tema de los productos forestales, para los frutos secos, los frutos finos, la ganadería de todo tipo, eso no se va a poder desarrollar si el país se cubre todo con soja. Estas son las dos alternativas. Yo creo que ésta es política pública, política activa.


–¿Y las economías regionales?
C.L.: –El cambio de rumbo deberá incluir cambios en los modelos productivos, sobre todo en los modelos de los paquetes tecnológicos dependientes de las multinacionales, en los perfiles de la producción, es decir, nosotros insistimos que el perfil de la producción, de la diversificación productiva, deberá ir de la mano de un fuerte desarrollo y culturización, capacitación de los productos del perfil agroecológico. El mundo demanda alimentos de calidad agroecológica y también alimentos sanos, y nuestro país puede producirlos.
Fuente:MiradasalSur

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