Nuestra carne y sus huesos
MARÍA ANGULO
21/07/2013
21/07/2013
La periodista argentina Leila Guerriero, ganó en 2010 el premio de la Fundación de Nuevo Periodismo, de Gabriel García Márquez, con una crónica titulada El rastro de los huesos. En esta crónica reconoce el trabajo minucioso y extenuante, el rigor y el empeño obsesivos, de un grupo de antropólogos forenses encargados de identificar los huesos de tantas víctimas de la dictadura de Videla. Una labor impulsada por el estadounidense Clyde Snow. Ironías. Quizá sí. Quizá no. Tuvo que ser alguien de fuera, convocado por las Abuelas de plaza de Mayo, un tejano famoso por haber identificado los restos de Josef Mengele en Brasil. Una suerte de Bones, la protagonista de la serie de la FOX, quien se ocupase de exhumar e identificar a estos desaparecidos. Pero eran tantos; la masacre fue una operación tan bien organizada, tan continuada durante los siete años de dictadura, que incluso este superhéroe americano se vio desbordado.
Su desbordamiento fue crucial. Fundamental en la gestación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Dicho así, Equipo Argentino de Antropología Forense, suena grande, pero en sus orígenes, como nos narra la cronista, no eran más que un puñado de estudiantes de antropología, alguno de primer año, dirigidos por un gringo extravagante. Jóvenes que no habían exhumado cadáveres ni trabajado en cementerios. Pero aprendieron a leer los huesos, a sentir su alma y, sobre todo, a verse recompensados con el agradecimiento de los familiares, con el sosiego que aporta la identificación, con el llanto último de un duelo prolongado en exceso.
El rastro de los huesos es una simbiosis de periodismo y literatura. Un bicho raro, ornitorrinco de la prosa, lo denomina el escritor mexicano Juan Villoro. Buen reporterismo sumado a calidad narrativa. Una amalgama de formas retóricas, poéticas, argumentales y pragmáticas que, en su justa medida, abandonan su lugar primigenio: la noticia, el artículo o el ensayo, para transformarse en algo nuevo. Estamos asistiendo en España en estos años a un nuevo boom latinoamericano, pero esta vez con la crónica.
Nosotros tenemos también nuestro rastro de huesos por identificar. Huesos de uno de los lados --el que perdió-- que nunca recibieron ni una flor ni un homenaje, pero sí muchas lágrimas, casi siempre furtivas. Tuvimos ¿tenemos? una ley estatal, un programa en Aragón que llegó a localizar 519 fosas comunes en este territorio. ¿Qué ha pasado con estos muertos? Parece que nos toca esperar al extranjero emprendedor, al aventurero americano (¿no será el de Eurovegas?), mientras nos vamos quedando en los huesos.
Fuente:PeriodicodeAragon
Su desbordamiento fue crucial. Fundamental en la gestación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Dicho así, Equipo Argentino de Antropología Forense, suena grande, pero en sus orígenes, como nos narra la cronista, no eran más que un puñado de estudiantes de antropología, alguno de primer año, dirigidos por un gringo extravagante. Jóvenes que no habían exhumado cadáveres ni trabajado en cementerios. Pero aprendieron a leer los huesos, a sentir su alma y, sobre todo, a verse recompensados con el agradecimiento de los familiares, con el sosiego que aporta la identificación, con el llanto último de un duelo prolongado en exceso.
El rastro de los huesos es una simbiosis de periodismo y literatura. Un bicho raro, ornitorrinco de la prosa, lo denomina el escritor mexicano Juan Villoro. Buen reporterismo sumado a calidad narrativa. Una amalgama de formas retóricas, poéticas, argumentales y pragmáticas que, en su justa medida, abandonan su lugar primigenio: la noticia, el artículo o el ensayo, para transformarse en algo nuevo. Estamos asistiendo en España en estos años a un nuevo boom latinoamericano, pero esta vez con la crónica.
Nosotros tenemos también nuestro rastro de huesos por identificar. Huesos de uno de los lados --el que perdió-- que nunca recibieron ni una flor ni un homenaje, pero sí muchas lágrimas, casi siempre furtivas. Tuvimos ¿tenemos? una ley estatal, un programa en Aragón que llegó a localizar 519 fosas comunes en este territorio. ¿Qué ha pasado con estos muertos? Parece que nos toca esperar al extranjero emprendedor, al aventurero americano (¿no será el de Eurovegas?), mientras nos vamos quedando en los huesos.
Fuente:PeriodicodeAragon
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