JUEVES, 1 DE AGOSTO DE 2013
Comentario a tiempo: Herencia mortuoria
Por Teodoro Rentería Arróyave
Las estadísticas son pavorosas y más cuando proceden del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, que por cierto está en manos de un reconocido panista, licenciado Eduardo Sojo Garza-Aldape.
No hay otra forma de calificar lo que le sucedió al país en el sexenio del ahora ex presidente, Felipe Calderón Hinojosa, al aumentar en un 150 por ciento los homicidios dolosos como resultado de su fracasada y personal guerra contra el crimen organizado. 71 homicidios diarios en su último año, más de 130 mil 500 a lo largo de su pesada administración.
El estándar de homicidios de esta naturaleza en el mundo es entre dos y cuatro y en conjunto de 6 asesinatos por cada cien mil habitantes, en México se multiplicó y se multiplicó hasta dispararse, oficialmente, a 22 homicidios por cada cien mil habitantes.
Que conste que nada más nos estamos refiriendo a los homicidios, quedan pendientes las desapariciones forzadas que suman decenas de miles, al igual que los desplazamientos, los huérfanos y las viudas que dejó dicha absurda guerra.
El INEGI, al dar a conocer la última cifra de homicidios en el último año del gobierno de Calderón Hinojosa, dato que era imprescindible para conocer la estadística en toda su magnitud, nos dice que el 2012 con más de 26 mil homicidios fue el segundo más desastroso de dicho sexenio.
En consecuencia, el anterior de 2011, fue el más terrible al alcanzar más de 27 mil homicidios.
Además, El INEGI explica que en el primer año de la guerra de Calderón se contabilizaron más de 10 mil homicidios.
En lugar de cambiar de estrategia, la necedad continuo y en esas condiciones se fue aumentando al dispararse en el segundo año para llegar a más de 14 mil 500 y así sucesivamente hasta alcanzar las pavorosas cifras antes anotadas.
La idea del actual régimen, es la de suplir la violencia o el enfrentamiento directo por la inteligencia policíaca y militar, en la que desde siempre hemos insistido. Los resultados todavía no son muy halagüeños, pero cuando menos va a la baja el porcentaje de los homicidios dolosos.
Esa y no otra es la herencia mortuoria que nos dejó Felipe Calderón Hinojosa, un personaje inexperto para ocupar el cargo más alto de la nación, porque siempre se mantuvo en la terquedad, en la necedad de mantener su guerra absurda y personal.
JUEVES, 1 DE AGOSTO DE 2013
Falsedades sobre la competencia en energía
Por Gerardo Fernández Casanova
Carentes de argumentos para justificar la felonía, los promotores de la apertura de la actividad energética a la inversión privada inventan ahora el de la competencia -supuesta panacea de moda- para acabar con los monopolios de Pemex y la CFE, en obediencia al dogma que los califica de aberración económica causante de los altos precios de combustibles y electricidad.
Tal parece que ya se convencieron de que los argumentos de falta de capacidades financiera y tecnológica no resisten a las razones expresadas en contrario, entonces apelan a lo dogmático para tratar de evitar la confrontación y el debate: el monopolio es malo y el monopolio público es mucho peor; sólo la inversión y la actividad de los particulares ofrece calidad y precio adecuados en la oferta de bienes y servicios; el gobierno y sus empresas son corruptos por definición, además de ineficientes y riesgosos, etc. Con esta propuesta el PAN pone una pica en Flandes para jalar la negociación hacia su conveniencia, seguramente alentado por Peña, Videgaray & Co. interesados en llegar a una postura intermedia que permita la apertura a los particulares bajo la “rectoría del estado”, debidamente envueltos en el lábaro patrio.
Pero el tema no es asunto de dogmas ni tampoco de regateos entre posturas extremas, sino de razonamientos técnicos debidamente sustentados, por sí mismos y por el análisis comparativo internacional, como han quedado debidamente expuestos por los expertos en la materia tantas veces como ha sido intentada la privatización. Para el dogma de la competencia los razonamientos son inútiles, precisamente por ser dogma; en tal caso lo que puede proceder es el análisis de la viabilidad de los escenarios posibles. Aquí es útil anotar que las grandes empresas petroleras privadas sólo compiten por agenciarse el mayor número posible de campos petroleros y no en el mercado de sus productos. En esa competencia operan toda clase de armas, principalmente las de orden político; provocan guerras, imponen o deponen gobiernos, corrompen o castigan; los aspectos tecnológicos juegan un papel mínimo despreciable. Hoy están compitiendo por lograr la mayor tajada posible del desmantelamiento de Pemex; sus cabilderos andan sueltos para, de manera conjunta, pugnar por la apertura y, en lo individual, por las concesiones o contratos que se deriven. El mercado del petróleo está dominado por los productores, al grado de regular el volumen de la oferta para mantener los precios altos (OPEP). En esta circunstancia la competencia no existe entre productores; es una absoluta falsedad que Pemex deba abrirse a la competencia en este rubro.
Dicen que se requiere competencia en materia de ductos para la distribución. Otra falsedad. Ni modo que para que haya competencia se instalen dos o más oleoductos para los mismos origen y destino, de manera que gane el que cueste menos y ofrezca mayores ventajas; no hay inversión que acepte tal régimen. En todo caso sería una sola empresa la prestadora del servicio y eso, aquí y en China se llama monopolio y, dado el caso, es preferible que sea del estado a que sea de algún particular.
En lo que hace a la refinación y expendio de gasolina y diesel, dicen que la competencia permitirá bajar los precios y mejorar la calidad. También es falso. En primer lugar, hoy los precios los determina la SHCP con base en criterios de política económica, por el hecho de ser un elemento estratégico para el desarrollo. Para que haya competencia tal instrumento tendría que ser eliminado lo que, entre otras cosas, derivaría en precios diferenciados por la distancia en perjuicio de las zonas del norte y noroeste carentes de petróleo o entre empresas por la formación de consorcios de intereses. Puede haber una gasolinera diferente en cada una de las cuatro esquinas de un crucero pero el precio será el mismo, sólo competirán por imagen colocando lindas expendedoras en minifalda o desnudas, pero nada más que beneficie al consumidor, incluso el escenario más seguro es que cada uno tendrá que vender a un precio mayor al actual.
Señores tecnócratas vendepatrias: por favor, no se burlen de la inteligencia de la gente. Su afán de competencia los hace verdaderamente incompetentes.
Fuente:Argenpress
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