OTRA VEZ ORDENAN REACTIVAR CAUSAS EN LAS QUE SE INVESTIGAN A POLICIAS POR ENRIQUECIMIENTO ILICITO
Gorras que siempre están bajo la misma sospecha
La orden de mover los expedientes la dió el Procurador Barraguirre a una semana del ataque a balazos contra la casa del gobernador. Un anónimo fue recibido por el fiscal Camporini hace tres meses donde se detalla la situación de 134 policías investigados.
Por José Maggi
Este será el tercer intento por lograr que las investigaciones contra policías no descansen en los cajones de un escritorio.Imagen: Alberto Gentilcore
El Procurador General de la Corte Jorge Barraguirre ordenó a los fiscales del sur santafesino que "activen" las causas por enriquecimiento ilícito que involucren a jefes policiales. La orden llega una semana después del atentado contra la vivienda del gobernador, y con la convicción de que la sombra policial -y en especial algunos de los nombres que surgen de esos mismos expedientes- emerge detrás de la balacera. La tarea se verá simplificada por el trabajo que ya se tomó una mano anónima: Hace tres meses el fiscal de Cámara Guillermo Camporini recibió en su despacho un listado con 134 nombres de policías que ya tienen causas por dos delitos que están íntimamente ligados, enriquecimiento ilícito y estupefacientes. Obviamente la orden de Barraguirre alcanzará a las carpetas que están en los despachos de Balcarce y Pellegrini, algunas de las cuales fueron guardadas en cajones que no han sido abiertos por años. Esta cuarta oleada de "aspiraciones de justicia" contra policías corruptos, viene precedida de un primer anónimo que el propio Camporini recibiera en 2012, que tuvo un segundo capítulo por la escandalosa inacción sobre estas mismas causas de la jueza de instrucción María Luisa Pérez Vara (la misma que hoy investiga los disparos contra Bonfatti), y un tercer intento que retomara este año la Corte santafesina, para reactivarlas.
Con solo poner en un buscador de internet, las palabras "enriquecimiento ilícito policías" la respuesta que se dispara es generosa en cantidades y los nombres son conocidos. Sin embargo existen pocas condenas, lo que devela un bajo nivel de compromiso judicial y una escasa convicción política en el impulso de las mismas, tal vez ligado al deseo de no embravecer las aguas por las que eligió navegar el gobierno provincial. Sin embargo los disparos que pegaron cerca del cuerpo del gobernador parecen haber generado un llamado de atención en algunos hombres del gabinete provincial. Uno de ellos es el Procurador, el jefe de todos los fiscales provinciales, que ha decidido proponer este Operativo Despertares.
Según explicó una alta fuente del Ministerio Público Fiscal, hay cuatro grupos de causas: las que figuraban en el anónimo que recibieran además de Camporini, el defensor general Gabriel Ganón y el diputado Eduardo Toniolli. Estas causas están radicadas en sede administrativa, en decir Asuntos Internos, y tiene un tiempo más que prudencial sin moverse. Barraguirre les pidió a los fiscales que las activen, de igual manera que las que tienen tratamiento judicial.
Este grupo de causas ya tuvieron un paso por la tapa de los diarios, durante el último año, tras conocerse que la jueza Pérez Vara no les había dado tratamiento urgente como era la expectativa general.
El cuarto grupo de causas, es el que viene a completar el pelotón de causas escandalosas por los nombres de sus protagonistas: jefes policiales en actividad, otros que dejaron sus cargos hace poco tiempo, y algunos que a pesar de estar retirados hace tiempo, nunca abandonaron el sector de la sospecha pública a pesar de lo cual mutaron en empresarios de seguridad contratados por el mismo estado municipal.
De paso hay dos situaciones que provocan ruido hacia dentro de la propia fuerza policial: El nuevo jefe de la Policía de Investigaciones, que funcionará hasta tanto se resuelva en la Legislatura la nueva Policía Judicial. Hay nombres en danza que provocan resquemores en quienes se sienten con más derecho para encabezar la estructura transitoria.
El otro hecho es el papel por demás de "discreto" de la ex Dirección de Drogas Peligrosas, con una perfomance analizada -puertas adentro- críticamente hasta por el propio jefe de policía provincial.
Con este ruido de fondo, resulta increíble que varios funcionarios provinciales hayan demorado tantos días en reconocer que los disparos que pegaron cerca de Bonfatti, no provenían necesariamente de una banda narco. Y en todo caso, los tiros no resultaron solamente consecuencia de lo que se hizo en esta gestión, sino que también se dieron por lo que se evitó hacer durante mucho tiempo.
Fuente:Rosario12
Narco, política, policía y fútbol en Rosario
Año 6. Edición número 283. Domingo 20 de Octubre de 2013
Por Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com
Año 6. Edición número 283. Domingo 20 de Octubre de 2013
Por Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com
Central y Newell’s juegan su clásico. Como sólo podrá ir público canalla (incluido el jefe barrabrava Carlos Pillín Bracamonte, en la foto), la Lepra anticipó sus muestras de aliento. La fanfarria incluyó la invitación de la intendenta rosarina a los presidentes de ambos clubes a izar la celeste y blanca en el monumento a la bandera. Un gesto de paz en una ciudad sumida en la certeza de que el narcotráfico está en todos lados.
El periodista rosarino Carlos del Frade, hincha de Central, fue enjuiciado por Andrés Pillín Bracamonte, jefe de Los pillines, la barra canalla. Del Frade lo señaló como el jefe de un grupo que controla el territorio narco en el norte de la ciudad. También señaló a Diego Panadero Ochoa, jefe de la barra de Newell’s, en prisión por la autoría intelectual del asesinato de Maximiliano Rodríguez –homónimo del goleador del club rojinegro– en una pelea interna de barrabravas. Tan oscuras son las actividades de la barra de Newell’s que Rodríguez estaba señalado por los investigadores judiciales como participante de la muerte de tres militantes sociales conocida como masacre de Villa Moreno ocurrida el 1º de enero de 2012 cuando un grupo de sicarios asesinó a Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, militantes del Frente Popular Darío Santillán. Horas antes, Maximiliano Rodríguez había sufrido un ataque y los cinco detenidos por la masacre de Villa Moreno eran cómplices de Rodríguez. La oscura trama de internas narco en la barra de Newell’s se derivó sin explicación visible al crimen de tres militantes. Pero además de los cinco barras detenidos, hay tres policías acusados por dar cobertura a los criminales que esperan el juicio en libertad.
Estaba claro que Rosario está intoxicada de vinculaciones entre los grupos narco y la policía mucho antes de que se produjera el atentado del viernes 11 de octubre al gobernador Antonio Bonfatti en su casa. En las primeras declaraciones, las autoridades provinciales evitaron señalar posibles responsables. Hablaron, como de costumbre, de “todas las hipótesis”, y la policía hizo batidas donde lograron detener a cuatro personas. Luego tuvieron que liberar a tres y el cuarto quedó preso por tener una pistola en la casa. Sin embargo, este viernes, una semana después, caía preso un comisario destinado en la regional de San Lorenzo, otro oficial que se desempeñaba en la sección Inteligencia de Drogas Peligrosas así como otros dos uniformados. Las escuchas telefónicas ordenadas por el juez Juan Vienna permitieron determinar su vinculación con la banda Los Monos, cuyo líder, Claudio el Pájaro Cantero, caía muerto en mayo pasado. A fines de septiembre pasado, el juez Vienna había ordenado a la policía realizar infinidad de batidas para capturar a su padre, Ariel, el fundador de esa banda en los noventa. Hace un mes, el operativo policial no daba resultados. Esta vez, el juez capturó a cuatro policías. Entre otras cosas, las escuchas confirman que los uniformados proveían de armas de guerra a los narcos de los monos. La gran pregunta que va quedando clara en el seno del socialismo santafesino es que se termina la convivencia con la venalidad policial. Lo menos que puede decirse es que hubo inoperancia para tomar el toro por las astas. El viernes 11 por la noche, después de que cuatro balas entraron al living de su casa y una de ellas estalló en la mampostería a centímetros de donde estaba sentado, Bonfatti reaccionó. Recibió la solidaridad de todo el arco político y social así como alguna otra señal de que está en la mira de los narco. Raúl Lamberto, su ministro de Seguridad desde junio pasado, no dudó en decir ahora que “la pista policial” está entre las hipótesis de la investigación. El mismo Lamberto y todo el equipo del ministerio recibieron amenazas de muerte en mensajes de texto el mes pasado. Es decir, el ataque a Bonfatti forma parte de una escalada con antecedentes concretos.
¿Por qué Rosario? Bella, culta, atractiva, Rosario tiene varias caras. Una es el boom sojero que deja, entre otras cosas, unos 40.000 departamentos si habitar en edificios pitucos levantados principalmente en la zona costera. Algunos ven en eso la especulación inmobiliaria con activos invertidos en fondos fiduciarios que provienen del lavado de parte de las exportaciones que se hacen en negro. Otros, una minoría selecta con mucha prensa, se quejan de la rapacidad estatal que ahoga a los productores con las retenciones y obliga al poderoso sector de los agronegocios a no liquidar exportaciones y a contrabandear parte de los granos.
El sacerdote Daniel Siñeriz, fundador de la capilla del barrio Nuevo Alberdi, una zona humilde, le dijo esta semana a este cronista que esos 40.000 departamentos son equivalentes a los metros cuadrados del déficit habitacional de los pobres en esa ciudad. Es decir, Rosario tiene pobreza, pero sobre todo tiene una tremenda desigualdad. Siñeriz no dudó en señalar que otro ministro de Seguridad, Leandro Corti, renunciaba en junio de 2012 porque tenía la determinación de avanzar en las investigaciones del narco. Una determinación que no contaba con el plafond necesario. Este sacerdote hace poco envió una carta documento a las autoridades municipales, provinciales y nacionales para que se articulen políticas de Estado para abordar esto que no es un flagelo sino la típica asociación delictiva entre funcionarios públicos policiales y sectores marginales.
La impunidad con la que se manejan algunos de los delincuentes narcos se grafica en la persona de Delfín Zacarías, detenido en septiembre pasado en una casa que alquilaba en Funes. La investigación corrió por cuenta del fiscal federal Juan Murria y el operativo hecho por efectivos de la Federal, y allí se incautó pasta base, precursores químicos y todo lo necesario para montar cocinas de clorhidrato de cocaína. Zacarías, que tenía antecedentes en materia de narco, tenía una remisería de pantalla, pero había hecho compras un poco exageradas para un remisero emprendedor: entre autos y casas, un total de 40, seis autos comprados el mismo día. Así y todo, el material incautado estaba en una casa a su nombre. Parece que no era tanto la falta de previsión como la sensación de impunidad lo que tenía el ahora detenido Zacarías.
Este cronista también habló con Camila Bettanin y Matías Senderey, integrantes de una cooperativa que trabaja con jóvenes de barrios humildes adictos a drogas (ver columna en esta página), quienes no encuentran eco ni dispositivos de salud en las autoridades provinciales. Estos dos jóvenes, muy involucrados en el tema, señalan algunas cosas a tener en cuenta. Uno es que la gran cantidad de cocinas no están sólo dedicadas al consumo local sino a la exportación y que la existencia de varios puertos en el Paraná son una clave a tener en cuenta. Otras fuentes, que prefieren no revelar su identidad, señalan la existencia de varios policías que hacen carrera dando la logística para el contrabando por vía fluvial y que de esas rutas de contrabando se valen desde quienes exportan granos hasta los narcos. Otro tema es que las cocinas rosarinas se dedican a producir clorhidrato de cocaína de buena calidad, una parte de la cual es consumida por los sectores pudientes del mercado local mientras que otra parte es envasada y acondicionada en las cocinas para salir del país. Además de la producción de cocaína buena, también elaboran el crack, cocaína rebajada con bicarbonato de sodio u otros componentes fáciles de conseguir legalmente. El crack se fuma y es de muy bajo precio, los narcos lo distribuyen entre los pibes de las zonas pobres. Como dato curioso, en el feudalizado mundo del narco rosarino parece haber un acuerdo para que no se haga ni se venda el llamado paco, una droga elaborada con residuos de cocaína y ácido sulfúrico. Aunque los especialistas la asimilan al crack, el paco es mucho más agresivo. El concepto de los narco rosarinos es que “hay que cuidar a la gente”. De hecho, un muchacho dealer de paco apareció muerto con las manos cortadas. Una advertencia: tolerancia cero al paco por parte de los narcos.
Fuente:MiradasalSur

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