Lea reveladora entrevista de presidente Maduro a revista española “El viejo topo” (parte tres de cuatro)
Publicado el 9/25/13 • en Contrainjerencia
por Víctor Ríos y Miguel Riera, El Viejo Topo, septiembre 2013.
De Nicolás Maduro, presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela, se sabe muy poco en España. Apenas cuatro trazos, aportados principalmente por los medios de comunicación de masas hostiles al proceso revolucionario. El Viejo Topo quiso conocerlo, y el presidente venezolano aceptó ser entrevistado sin poner la menor traba.
Como canciller, Nicolás Maduro jugó un papel importante en la creación de esos anillos… pero proseguimos hablando de su relación con Hugo Chávez.
La primera vez que vi físicamente a Hugo Chávez fue el 16 de diciembre de 1993. Estuve en la cárcel de Yare, visitándolo con un grupo de compañeros. Verlo en persona me impresionó. Tuvimos una reunión como de una hora. “Para qué vienen ustedes”, nos preguntó. Éramos dirigentes sindicales del Metro. Yo le dije: “Bueno, queremos saber cuál es tu estrategia”. Sabéis, nosotros los caraqueños directamente nos tuteamos. “Queremos saber qué podemos esperar de ti para el futuro”. Y él no paró de hablar durante 50 minutos. Sobre su cama estaba el libro Un grano de maíz, de Tomás Borge, la conversación con Fidel Castro. Y estaba lleno de papelitos intercalados en muchas páginas. Eso me alegró, porque Fidel Castro era un referente moral para América Latina y para el mundo, un fenómeno de la política mundial y de la Historia. Chávez no paró de hablar todo ese tiempo, con una gran coherencia, de todo lo que había que hacer desde ese día. Estaba seguro de que iba a salir pronto de la cárcel. Contó todo lo que había que hacer en la calle, que había que avanzar en la construcción de un poderoso movimiento de masas, continuar la construcción del movimiento militar bolivariano en las filas de las Fuerzas Armadas, construir fuerza popular para una posible insurrección. Y abrir el espacio por si se diera la posibilidad de una salida pacífica. Explicó todo eso, y yo salí de allí brincando igual que en febrero del 92. Salí muy emocionado, muy motivado. No tenía dudas de su personalidad por lo que había conocido de sus cartas, pero ese día, el 16 de diciembre del 93, sellé un compromiso espiritual con él. Yo me voy con este hombre para donde él vaya, me dije. Y así fue.
Lo trasladaron al hospital militar por un problema de salud, y el 26 de marzo del 94 quedó en libertad. Era el sábado santo. Desde ese sábado estuve al lado suyo, trabajando en mil cosas. El me llamó a finales del 94 para que entrara a formar parte de la dirección nacional del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que él había fundado en el 82 y que ahora había reorganizado. Ahí lo acompañé como un año y medio, siempre yo metido en las luchas sindicales.
En esos años se dio en Venezuela la reforma de la ley laboral, y nos robaron el derecho a lo que llamamos acá las prestaciones sociales en marzo del 97. Y él encabezó las luchas. Fueron años de mucha represión, del 94 al 98, y como decíamos entre nosotros, cuando no estabas preso es que nos estaban buscando. Teníamos encima a la policía política en cualquier cosa que hiciéramos. Hasta en un bautizo te entraba la policía política.
Después, en el 95, Chávez planteó una consigna: “Por ahora, por ninguno. Constituyente ya”. Porque había elecciones a alcaldes y gobernadores, y él dijo que no debíamos desgastarnos en ellas. Íbamos a perder tiempo, decía, y dividir unas fuerzas que aún no hemos acabado de construir. Él ya veía que la solución para el país era una Asamblea Constituyente. Una Constituyente popular, plenipotenciaria, revolucionaria.
El año 96 fue un año muy difícil para nosotros, hubo mucha represión, y el planteó a finales de ese año ir preparando las elecciones del 98. Mucha gente no estuvo de acuerdo, pero bueno, los compañeros cedieron, y en el año 97, el 19 de abril, convocamos una asamblea nacional del MBR200
El año 96 fue un año muy difícil para nosotros, hubo mucha represión, y el planteó a finales de ese año ir preparando las elecciones del 98. Mucha gente no estuvo de acuerdo, pero bueno, los compañeros cedieron, y en el año 97, el 19 de abril, convocamos una asamblea nacional del MBR200, con 500 delegados que vinieron de todo el país, en Valencia, la capital del estado de Carabobo, y allí decidimos lanzar la candidatura del comandante Chávez e impulsar un nuevo movimiento político que sirviera para alcanzar la victoria y, además, hubo una tercera decisión: impulsar una amplia alianza política electoral.
Y fue lo que hicimos. Nos lanzamos en el 97. La oligarquía confiaba en que Chávez no pasaría del 10%.
Entonces fundamos el Movimiento Quinta República, MVR. Ese nombre lo puso él. Se hizo una comisión para elegir el nombre y él propuso ese. El planteamiento básico era participar en las elecciones para convocar una Constituyente que impulsara una revolución democrática y pacífica en el país.
En enero del 98 tenía 6 puntos en las encuestas. En febrero 10. La burguesía decía que Chávez no pasaría del diez. Pero luego llegó al 20, 30, 40. En julio ya tenía cuarenta y pico. Ya era un fenómeno electoral. Se fueron derrumbando todas las candidaturas de la burguesía, y ganamos las elecciones con el 56% de los votos.
En esas elecciones yo salí electo diputado al último Congreso de la IV República y me hicieron jefe del grupo parlamentario, de la bancada. Y acompañé al comandante hasta que nos tocó renunciar para convocar la Constituyente.
Se celebró un referéndum para que el pueblo dijera si estaba de acuerdo en que se convocara una Asamblea para redactar una nueva Constitución. Y en ese referendum, en una segunda pregunta, se le consultó al pueblo el método electoral para elegir a los constituyentes. Era un método completamente diferente al utilizado hasta entonces para el Congreso. En el referéndum casi el 80 % aprobó hacer la Constituyente. El 25 de julio del 99 se eligió la Asamblea Constituyente. Se redactó la nueva Constitución, se llevó al debate público y el 15 de diciembre del 99 el pueblo la votó. Hubo una campaña brutal, en la que la oposición acusaba a la Constituyente de ser abortista, que prohibía la propiedad privada, eliminaba la libertad de expresión, la libertad religiosa, mil cosas decían, pero la Constitución fue aprobada por el 71,78 % de los venezolanos. Y así empezó el proceso democrático revolucionario. Luego a mí me eligieron diputado. Fui diputado casi ocho años. Presidí varias comisiones de trabajo, fui presidente de la Asamblea Nacional, y en agosto de 2006 el presidente me llamó, y me nombró canciller.
El vehículo penetra raudo en el aeropuerto por una puerta lateral. Nicolás Maduro lo detiene junto a la escalera de acceso al avión presidencial. Descendemos. De repente advertimos que el presidente ha desaparecido, ya no está con nosotros. Lo vemos a unos cien metros: se ha acercado a la gente que estaba allí aguardando para saludarlo. ¿Cómo diablos ha llegado hasta ellos tan rápido? Regresa, sube al avión. Se introduce en la parte de atrás y lo perdemos de vista. Veinticinco minutos después aterrizamos en Maiquetía, el aeropuerto de Caracas. Un automóvil espera al presidente, que nos invita a acompañarlo. De nuevo conduce él mismo el vehículo. Arrancamos hacia Caracas, grabadora en ristre. Con el volante entre las manos, Maduro retoma la conversación donde la habíamos dejado
El comandante me llamó el 7 de agosto, por la noche. Quería hacer algunos cambios en el Gabinete, y ya antes me había preguntado por el curriculum de varios diputados, con la idea de nombrar ministro a alguno de ellos. Teníamos mucho contacto en esos días. Fue durante la última guerra que hubo en Beirut, con la agresión de Israel, que finalmente fue derrotado por Hizbulá. Me llamó ese lunes, serían como las ocho de la noche, y me empezó a hablar de política. Después me comentó que el canciller, Alí Rodríguez, estaba enfermo y que iba a tardar unos meses en recuperarse. Yo empecé a darle vueltas a algún nombre que proponer para la cancillería, por si me lo preguntaba. Pero él se adelantó diciendo que necesitaba resolver ese problema, y que había pensado en mí como canciller. Él me dijo: “necesito un canciller, pero que sea un compañero de lucha, que esté a mi lado como un compañero, que sea más que un canciller”. Jamás en mi vida había pensado que podría llegar a ser canciller. Jamás. Una vez, en el 2001, me habló de la posibilidad de que yo asumiera el Ministerio de Trabajo, y como yo era dirigente sindical eso me hubiera sido más fácil.
Pero lo único que le pregunté es: “¿Presidente, usted ha pensado bien eso?” Y él me dijo que lo haba pensado muy bien. “Incorpórate mañana mismo”, me dijo. Y al otro día fui a la Asamblea, renuncié a mis cargos como diputado y Presidente de la Asamblea, y me incorporé como canciller durante seis años y cuatro meses. Fueron años de mucho combate en el campo internacional, con la construcción y consolidación del ALBA; la consolidación de Petrocaribe; la fundación, el 17 de abril de
2007, en Margarita, de UNASUR; la fundación, el 2 y 3 de diciembre de 2011 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños, CELAC; y en general del fortalecimiento de la alianza estratégica con Rusia, China, Irán, Bielorrusia, India, todo el mapa que hemos constituido.
Años difíciles, soportando la hostilidad del imperio, ¿no?
Fueron años complicados, porque Venezuela está en el epicentro de una batalla por un mundo nuevo, una batalla contra el imperialismo, a nivel de América Latina y del mundo. Y en esa batalla fui conociendo aún más a Hugo Chávez, como ser humano, como líder, como persona muy exigente. Era muy exigente. Daba ejemplo, pero él tenía siempre claro lo que quería y cómo conseguirlo. Era un hombre de acción, en eso se parecía mucho a Bolívar, en el sentido de privilegiar la acción. La acción como centro de la vida, de la reflexión, de la formulación de ideas, de la filosofía, de todo… Era muy estudioso, muy inteligente. Y además tenía una virtud, que también la tiene Fidel Castro, que es convertir lo complicado en simple, y transmitir, comunicarse con su lenguaje con las grandes mayorías. Chávez logró convocar, para la política, a las grandes mayorías del pueblo. Lo convocó para grandes tareas. Para una nueva independencia. Y dejó a un pueblo formado, dejó a un pueblo con grandes valores. No podemos decir que la revolución está consolidada totalmente, pero ha avanzado un importante trecho en la posibilidad de hacerse irreversible, un largo trecho en lo ideológico, en la formulación de nuestra ideología. Nosotros tenemos una ideología revolucionaria, bolivariana, socialista. Tenemos un cuerpo doctrinal. Tenemos un proyecto nacional de patria, de país, que es de patria grande, articulado con una visión del mundo. Es imposible hacer la revolución tratando de trascender el capitalismo y de construir la sociedad socialista pensando en un solo país… Eso es imposible. Si no se piensa en la Humanidad, el socialismo será imposible. Hay que tener una visión que englobe el mundo, a toda la Humanidad. Y de la región que te concierne, en este caso América Latina y el Caribe, y hay que propugnar fuerzas en el campo internacional que hagan viable el socialismo. Si no, es imposible. En ese sentido Trotsky tuvo razón. Aunque Lenin también, porque si Lenin no hubiera consolidado la revolución bolchevique no se hubiera podido avanzar en nada. En ese debate que se dio hace cien años, trayéndolo a la actualidad, Hugo Chávez optó por la idea de la revolución permanente en términos prácticos. La revolución de todos los espacios, de todos los días, la revolución en distintas dimensiones, la dimensión venezolana, la latinoamericana revolucionaria, la latinoamericana independentista, las alianzas con las fuerzas antiimperialistas del mundo. En esos años yo logré compenetrarme mucho con él desde el punto de vista humano, político, y conocer profundamente las ideas que configuraban el proyecto de Hugo Chávez. Yo ando ahora cumpliendo muchas tareas, y es como si él me hubiera estado preparando para esta batalla; pero me parece que también preparó al pueblo; nos preparó a todos. Nadie puede sentirse individualmente preparado para esta batalla que estamos dando, pero él nos preparó a todos para esta batalla.
Le preguntamos: Estando al frente de la cancillería, ¿cuál fue el asunto más espinoso al que se tuvo que enfrentar?
La posibilidad de una guerra con Colombia. En julio del 2010 Uribe preparó la agresión. Varios organismos de inteligencia latinoamericanos nos hicieron llegar información de primera mano que, cotejada con la nuestra, nos dio las coordenadas de dos ataques posibles, y sus fechas, para abrir un frente de guerra con Venezuela en los días previos a la toma de posesión de Juan Manuel Santos a la Presidencia. Ese fue el momento más peligroso. Nosotros lo denunciamos, UNASUR se pronunció, yo hice una gira relámpago recorriendo todos los países de Sudamérica en dos días, y el presidente Chávez estuvo dirigiendo personalmente esa coyuntura. Tuvimos todas nuestras fuerzas armadas, todo nuestro sistema de detección de radares, de defensa, activados.
Hicimos una gran labor diplomática y política, y le impedimos a Uribe atacar Venezuela. Lo derrotamos en el campo político y diplomático. Y también en el campo militar, porque los militares en Colombia se negaron a llevar a cabo esa operación contra Venezuela. Ese fue quizás el momento más complejo de todos los momentos que me tocó vivir como canciller de Chávez.
Pero luego el Presidente empezó a dar señales de que estaba enfermo, y finalmente Nicolás Maduro pasó a ser Vicepresidente…
Sí, empezó una etapa dura y difícil para el comandante cuando empezó a sufrir fuertes dolores que le afectaron a una rodilla, a una pierna, lo que en algunos momentos le impidió caminar. Pensamos que era un problema muscular, otras cosas se pensaron, hasta que llegó el momento del examen, cuando se descubrió lo que se creyó que era un tumor abcesado de fácil solución. Lamentablemente después se comprobó que era un tumor cancerígeno muy grande, muy agresivo, que se había desarrollado en poco tiempo, y que le afectó mucho durante 2011 y 2012. En sus dos últimos años de vida estuvo seriamente afectado por las operaciones, los dolores, los tratamientos, y así y todo estuvo siempre al frente, al mando de la revolución, siempre pendiente de los problemas fundamentales del pueblo, de la construcción del socialismo, de los problemas importantes en el campo internacional. No descuidó ningún frente. Aunque es cierto que disminuyó su ritmo para atender y mantener la dinámica de la revolución bolivariana. Por ejemplo, en la campaña electoral; él mismo nos dijo que se sentía como si un boxeador hubiera salido al ring amarrado de una mano. Él peleó con una sola mano. Y ganó ampliamente. Pero de todas maneras estuvo muy afectado toda la campaña, sufriendo dolores. Los exámenes médicos que se le hicieron en esa época, hechos con las más modernas tecnologías, dieron como resultado la ausencia de células cancerígenas. Ni una sola. Sin embargo, terminadas las elecciones y después de ese gran triunfo del 7 de octubre del 2012, los dolores se incrementaron. Octubre y principios de noviembre fueron meses de muchos dolores, y cuando se fue de Venezuela para someterse a un nuevo tratamiento, se descubrió que el tumor cancerígeno se le había reproducido en el mismo lugar, y es cuando él indaga la peligrosidad de la operación que le iban a hacer. Bueno, sucede entonces todo lo que ya es conocido. Enfrenta el riesgo evidente de someterse por cuarta vez a una operación en el mismo lugar. Una operación con mucho riesgo, y él decide prepararlo todo por si acaso.
Envío:Amarelle



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