29 de diciembre de 2013

BALANCE 2013-PERSPECTIVAS 2014- ENTREVISTAS - OPINIÓN.

Luces y sombras de 2013
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com
Sin perjuicio de los temblores de fin de año, se cumplieron 30 años continuos de democracia y eso, en perspectiva, será uno de los motivos por los cuales será recordado 2013. Si se toman como puntos de referencias la primera y la segunda décadas de este nuevo período de la vida política argentina, este añofue un buen cierre para la tercera década. Sin embargo, al fin de este año, una pregunta recorre los análisis de propios y ajenos al kirchnerismo: por qué un gobierno que acumuló tanto consenso social y tanto poder político a lo largo de tres gestiones se encuentra hoy ante una encrucijada. Hay dificultades económicas, se expande un humor social ríspido y el clima político muestra escenarios difíciles de configurar. Hoy nadie puede hacer previsiones para el 2014. El kirchnerismo cuenta con un electorado fiel que ronda un tercio del total y tiene una estructura política cuyo mayor desafío es tratar de mantener al peronismo unido en la perspectiva de hacer frente a demandas sectoriales muy diversas con un grado de presiones y extorsiones muy distintas del clima que se vivió durante las protestas contra la resolución 125 en 2008. Entonces, el país estaba dividido, ahora las protestas y reclamos no responden a una identidad ideológica ni tienen una conducción clara.

La llegada de Jorge Capitanich y las tensiones persistentes de la Casa Rosada con Daniel Scioli pusieron en evidencia los límites de la centralidad del kirchnerismo. El quiebre fueron las elecciones legislativas del 27 de octubre y el intento de recomponer un cambio de estilo tuvo como figura emblemática a Guillermo Moreno, corrido de la gestión pública. La reciente decisión de Cristina Fernández de Kirchner de anunciar que en 2015 no será candidata a ningún cargo electivo confirma ese escenario distinto.

Treinta años. En 1993, con el menemismo en el gobierno, la diferencia con la dictadura estaba bastante difusa: abrazo con Isaac Rojas, indultos a los genocidas, Domingo Cavallo al timón de la economía, relaciones carnales con Estados Unidos y, lo que es más doloroso, una farandulización de la política que servía para anestesiar la entrega a los grandes poderes transnacionales. Luego, veinte años después de aquel histórico 10 de diciembre del ’83, el país vivía en el descrédito y no sabía si podía confiar o no en la promesa de que era posible salir del infierno. Néstor Kirchner inauguró una etapa inesperada. Nadie lo conocía hasta fines de 2002 y en abril apenas sacaba 21% de los votos. El país quebrado a fines de 2001, pese a las advertencias reiteradas de que la convertibilidad llevaba años desfasada. Nadie podrá comprobar cómo hubiera sido una salida gradual del uno a uno, si tras la crisis mexicana –el Tequila– de 1994, si con las de las bolsas asiáticas de 1997, si con la rusa –la vodka– de 1998 o si con la brasileña –la caipiriña– de 1999.

No se trata de hacer historia contrafáctica pero es preciso mirar en perspectiva para entender los días que corren en un país en el que, tras 30 años de elecciones continuas, despidió anticipadamente a dos presidentes. En ambos casos, la economía fue decisiva. Fuera por la hiperinflación o por la salida de la convertibilidad. En un contexto menos dramático, hoy la inflación está tan presente como lo estuvieron históricamente el endeudamiento externo o el deterioro de los términos de intercambio.

Deuda externa, paridad del dólar, precios y salarios estuvieron presentes en los escenarios más complejos de estos 30 años. El ahogo del endeudamiento fue encarado con valentía y creatividad hace una década por Néstor Kirchner, que encaró la renegociación de pasivos externos más importante que cualquier nación haya encarado en las últimas décadas. Al respecto, vale la pena subrayar que la decisión fue política y no económica, pese a que requería una ingeniería financiera muy precisas para poder prever cómo podían comportarse los grandes números de la macroeconomía tras asumir compromisos de pago con plazos inmediatos y ciudadanos argentinos nada dispuestos a un nuevo default.

Esta decisión coincidió con la revaluación de los precios internacionales de los commodities. Argentina tenía problemas de balanza comercial y en estos últimos años cambió la ecuación: el aumento del precio de la soja contribuyó a esta ecuación que permitió pagar deuda. El aumento del consumo interno, en paralelo, contribuyó a crear empleo y dejó un nuevo dilema: una industrialización desordenada que demanda muchos insumos externos y mucha energía.

Más allá de lo imprevisible del escenario económico internacional, la política fue en estos años un terreno donde se logró la participación popular y un lugar autónomo para la toma de decisiones en un país donde una pequeña minoría de hombres y mujeres de negocios condicionaron un desarrollo autónomo que pueda proyectarse en el largo plazo. Argentina renació más por la capacidad de liderar que tuvo Kirchner que por la maquinaria de las formas de representación tradicional, léase los partidos políticos. Es más, cuando Kirchner decía transversalidad muchos no sabían qué quería decir, pero todos sabían lo que no quería decir.
Entre esos no estaban los partidos tradicionales. Ahora, en cambio, el panradicalismo logró un crecimiento en las urnas que volvió a ponerlo en carrera. En cuanto al peronismo, es lejos la fuerza mayoritaria y está en plena efervescencia. Los movimientos de Sergio Massa, como opositor, están al compás del peronismo opositor. Los de Jorge Capitanich, Daniel Scioli y otra cantidad de gobernadores, lo hacen al compás del kirchnerismo. Parece prematuro saber si se mantendrán totalmente distanciados estos dos espacios.

Volviendo a los primeros años de Kirchner, si bien mantenía un ojo en el justicialismo y en el sindicalismo peronista, solía repetir un lema poco criollo: “Que florezcan mil flores”. Nadie sabía si salía de lecturas propias de la historia de la revolución china o de la boca de un estrecho colaborador de origen maoísta. Lo cierto es que todos entendían que el kirchnerismo era un hervidero de vertientes, un territorio diverso que contaba con un dirigente capaz de sintetizar lo distinto y que era un tiempista notable. Kirchner fue esperando el momento que creía oportuno ante una sociedad que parecía –y sigue pareciendo– no poder esperar un solo minuto. Los argentinos, en aquellos años de Kirchner, parecían gritar a coro ese hit de la mítica banda Queen: “Lo quiero todo y lo quiero ahora”. Motivos para pedir y exigir no faltaban. Desde los piqueteros, que ya existían y mostraban la vereda izquierda, hasta los seguidores del falso ingeniero Juan Carlos Bloomberg, que replicaban la vieja ideología autoritaria. El Gobierno tomó todos los asuntos, con una agenda diversa.

Recordar aquellos primeros años del kirchnerismo no es un ejercicio de hedonismo ni de melancolía. Para nada. Resultan años interesantes para formularse algunas de las preguntas que permitan entender dónde estamos parados los argentinos en este fin de diciembre, marcado por las rebeliones policiales, los saqueos con no menos de 14 muertos y la deserción de las autoridades y de las empresas distribuidoras de electricidad incapaces de dar respuesta a las emergencias de vecinos que reclaman por la falta de luz.

Momento de transición. Nadie aconseja hacer balance de cuál es la capacidad del kirchnerismo, sin saber si la decisión de dejar a Jorge Capitanich al frente del ejercicio diario de gobierno es una transición breve a la espera de que Cristina retome sus funciones, o si se va a prolongar en el tiempo. Podrá pensarse que es un detalle en un contexto mayor, pero lo cierto es que, tras una década, la centralidad fue una característica marcada tanto de Néstor como de Cristina. No hay antecedentes de una delegación –al menos parcial– de la toma de decisiones. Pasaron apenas 38 días de que el gobernador chaqueño es jefe de Gabinete y en esos días sucedieron demasiadas cosas. Desde cambios de estilo con los tradicionales de Cristina hasta modificaciones que va haciendo Capitanich a medida que se presentan los acontecimientos. Al principio recibía movileros en el palier de su casa, luego armó salón para conferencias de prensa, en el medio de sus contactos con los medios recibía dirigentes y gobernadores opositores que no pisaban desde hacía años la Casa Rosada. Su antecesor en el cargo jamás hablaba con otros medios que no fueran los estrictamente afines y le propinaba a Clarín en cada aparición dos o tres acusaciones de intentos desestabilizadores. Nadie va a creer que Juan Abal Medina aplicaba su propia medicina. En cambio, cualquiera sabe que Capitanich –ganador en los comicios de noviembre y que transitó diversas etapas del justicialismo– pone en juego sus propias ambiciones.

Nada de esto sería grave si la salud de Cristina no hubiera atravesado problemas. Alejada de la gestión por prescripción médica y sin duda afectada emocionalmente por el curso que tomaban los acontecimientos, la Presidenta tomó una de las decisiones que nadie quiere tomar en ejercicio pleno de una función de altísimo compromiso: tomó distancia, dejó que las cosas fluyeran y, además, delegó responsabilidades. Las tensiones entre Capitanich, el núcleo más cercano a la Presidenta y otros ministros con poder dejan más de una vez al jefe de Gabinete a mitad de camino y sin capacidad de dar respuesta urgente. El caso testigo es el de Córdoba: apenas se produjo la rebelión policial, en horas de la madrugada, Capitanich recibió un mensaje de texto en su celular enviado por un ex diputado peronista que actúa de nexo entre él y Juan Manuel De la Sota. Capitanich consultó con Sergio Berni quien vio acertado mandar efectivos de Gendarmería asentados en Jesús María. Sin embargo, otro funcionario, de origen cordobés, se opuso, en la convicción de que De la Sota debía hacerse plenamente cargo de ese tema. Fue el principio de una semana de terror. Éste y otros problemas actuales se proyectan a marzo, por decir una fecha que se presenta como la rompiente de una ola, donde el Gobierno deberá actuar con músculo y con inteligencia, para hacer frente a unas negociaciones salariales en un escenario social caldeado.

La palabra extorsión puede decir muchas cosas. No parece haber un complot organizado pero queda claro que muchos confían en cortar una calle o promover un saqueo como el camino para obtener rédito. Los buenos modales –como sentarse con los supermercadistas para su adhesión voluntaria a una lista de precios de unos pocos artículos– parecen no contagiar confianza.

De la profunda crisis energética, con una balanza comercial hiperdeficitaria y con subsidios que se eternizaron, se vio la peor cara: concesionarios que presionan para aumentos de tarifas.

Dos años en uno. En el país que tiene mayor coeficiente de psicólogos por habitante es inevitable que los balances giren, en buena medida, en las intenciones y las motivaciones más que en los resultados contrastables con datos precisos. Entre otras cosas, porque es difícil saber cuáles fueron las motivaciones que llevaron al Gobierno a manipular las estadísticas públicas. Entre los resultados está que no se sabe cómo se medirán en 2014 ni quiénes estarán al frente del Indec o nuevo Indec.

Los primeros seis meses de 2013 estuvieron al compás de una oposición bastante deslucida y de un frente interno que la Presidenta mantuvo no tanto por liderazgo político, sino por la capacidad del Ejecutivo nacional de distribuir partidas presupuestarias o financiar planes provinciales o municipales para fortalecer sus vínculos políticos con propios y ajenos.

País unitario, país centralista, país disminuido en sus organismos de planificación y control. O, mejor dicho, una República que tiene unas instituciones donde quedan en pie, todavía, decretos de la última dictadura y leyes de jibarización del menemismo. El kirchnerismo hizo mucho para cambiar la cultura política nacional pero, convengamos, hacer un nuevo pacto federal con gobernadores mayoritariamente atados a las viejas oligarquías provinciales o los nuevos ricos sojeros es como meterse en la boca del lobo. Y, además, sin lugar a dudas, el kirchnerismo se pasó años fortaleciendo sus propio liderazgo con la expectativa de crear un nuevo escenario político que habilitara una reforma constitucional. En vez de dar un debate frontal, los voceros de esa propuesta apenas insistían con que Cristina era imprescindible.

De aquella cintura de Kirchner, de que florezcan mil flores, pasados los años, los primeros meses de este 2013 fueron los momentos en los que el oficialismo no vio todas las señales de dificultades. En el núcleo del poder hubo una percepción equivocada de sus propias fuerzas. El detalle no es menor y es uno de los momentos clave de este año: al día siguiente del comienzo del invierno vencía el plazo para inscribir fórmulas para las elecciones primarias y la ruptura de Sergio Massa no era esperada por Cristina. Pese a algunas advertencias públicas por parte del entonces intendente de Tigre, el oficialismo confiaba en que no saltaría del Frente para la Victoria. Ése fue uno de los acontecimientos más significativos del año y plantea todavía un escenario dentro del peronismo –y del kirchnerismo– que está en pleno cambio.

Massa, apoyado en estudios de opinión pública, tenía en claro que asumía un desafío muy importante aunque con un terreno fértil apoyado en tres temas que habían ganado el imaginario popular y contra los cuales el kirchnerismo no actuó con energía. A caballo de la comunicación con periodistas cancheros y programas pasatistas, Massa prefirió esquivar un poco la pelea Gobierno-Clarín. Inseguridad, inflación y diálogo con todos. Eso enarboló Massa. No era paz, pan y trabajo ni alguna otra trilogía épica para terminar con un régimen absolutista o terminar con un período de guerra. No eran siquiera las llamadas consignas de transición para lograr amalgamar fuerzas dispersas en un frente político. Massa está a la cabeza de un Frente Renovador que no tiene autoridades, sedes, programas, ni siquiera una página web con sus proyectos. Sin embargo, sin atravesar los Andes, se convirtió en el héroe de un sector de la sociedad.

La herida narcisista en el kirchnerismo fue dura. La lógica de muchos seguidores de Cristina era comparar las dotes de estadista de uno y de otro. Con el diario del lunes cualquiera lo dice, pero quien crea que una elección –legislativa o presidencial– es una disputa de figuras trascendentes, de líderes de Estado, deberá recordar, por ejemplo, que Erman González ganó una elección legislativa en la Ciudad de Buenos Aires y que Fernando De la Rúa ganó una presidencial. Dicho sea de paso, una pésima noticia para la sociedad: el ex presidente, escapado en helicóptero, fue absuelto en la causa por coimas en el Senado para aprobar una reforma laboral regresiva.

Desde aquel 8 de octubre, cuando la Presidenta fue operada en la Fundación Favaloro, hasta el reciente 20 de noviembre, en que asumió Capitanich, se vivió una incertidumbre que combinaba la angustia por la salud de Cristina con las dudas sobre cómo seguiría el funcionamiento del Gobierno.

En cambio, en diciembre, la agenda política gira en torno de la capacidad de distintas áreas nacionales y provinciales de hacer frente a las demandas. La intolerancia de las hinchadas de fútbol es, básicamente, la incapacidad de los clubes y las policías de frenar a las barras bravas y/o desligarse de los negocios que les habilitan a esos grupos de lúmpenes con poder. La transa de la droga tiene a los mismos actores, a los que se suman armas, muertes y mucha plata. Los barras y los narcos son parte de un tejido social complejo: no es sólo el trabajo en negro, sino ocupaciones e identidades de otras culturas, distintas a las del trabajo organizado, distintas a la lógica de la asistencia pública, con planes como la Asignación Universal por Hijo. Esas culturas, violentas, tienen ramificaciones en sindicatos y espacios políticos. La centralidad del poder los tiene sin cuidado.

Perspectivas. Es difícil hacer pronósticos. Desde el Gobierno se notan los esfuerzos por abrir la agenda, por buscar nivelar las cuentas externas, por aumentar la devaluación del peso sabiendo que eso presiona a los precios, por negociar con empresarios y sindicalistas para sumarlos a un tejido de toma de decisiones compartidas.

En estos años se mejoraron los coeficientes de empleo genuino, de matrícula en secundarios, terciarios y universidades, se dio contención social y mejoras a los jubilados, pero la política se fue convirtiendo en algo endogámico. El nervio puesto por Capitanich y algunos otros funcionarios para cargarse en la espalda las demandas sociales es un buen síntoma. Imprescindible. El diálogo aceptado por el resto de las parcialidades políticas, sindicales y empresariales abre un camino interesante.

Se podrá discutir cuántos puntos porcentuales de pobreza hay en el país, lo que no está en duda es la cantidad de deudas sociales postergadas y la gran inequidad. Termina un año largo, lo que muchos se preguntan es si este verano será largo y si en marzo la pulseada por actualizar los salarios de los trabajadores encontrará a empleadores dispuestos a mantener los precios acotados. El aumento del transporte es un dato difícil de soslayar. .


Los tres datos políticos más relevantes del año
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Eduardo Jozami. Abogado y periodista
politica@miradasalsur.com 
Opinión.
Quizás haya que decir que no he elegido los hechos más singulares del año para después intentar explicarlos sino que parto de un balance general del 2013 y a partir de allí he seleccionado las tres situaciones que me permiten desarrollar mejor esa evaluación. El 2013 ha sido un año complejo y desde la perspectiva con la que miro la política argentina desde hace 10 años –la posibilidad de avanzar en el proyecto de transformación iniciado por Néstor Kirchner– hay que señalar que la fuerza gobernante mantiene su vitalidad como fuerza electoral y su presencia dominante en la política argentina, pero afronta una coyuntura que compromete su continuidad enfrentando nuevos problemas, los que derivan de la restricción externa, del redoblado hostigamiento de los grupos de interés afectados por las reformas pero, también, los que plantea la necesidad de elegir como candidato para el 2015 a una figura distinta de quien es hoy la líder indiscutida del movimiento.

El primer hecho relevante a señalar tiene que ver con la política de expansión de derechos, que es uno de los procesos principales de la última década. El fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual resolvió la controversia juridíco-política más intensa de la historia argentina, tornando vanos los intentos de los conglomerados mediáticos que cuestionaban las disposiciones que fijaban límites a la concentración empresarial. La decisión tiene un sentido relevante para interpretar el ordenamiento jurídico argentino, porque se ha desestimado la postura de quienes adjudicaban al derecho de propiedad una entidad frente a la que debían ceder los derechos democráticos de la ciudadanía (libertad de expresión, garantía a la pluralidad de voces, derecho de acceso a la información).

Poco antes, el mismo tribunal había desestimado como inconstitucional, en una sentencia no ajena al criterio corporativo, otra ley de reforma, la que afectaba la administración de justicia. La reciente sentencia de Cámara que absolvió a los procesados por las coimas del Senado revela hasta qué punto el Poder Judicial sintoniza una frecuencia que no es la de la mayoría de la sociedad y esta y otras consideraciones reactualizan la necesidad de la reforma. Sin embargo, hay que señalar que la ley de medios culminó un amplio y dilatado proceso de debate en la sociedad argentina y, en buena medida, allí radicó la fuerza que permitió doblegar finalmente todas las maniobras que intentaron impedir su vigencia. Algo de esto faltó en la reforma judicial y, seguramente, será tomado en cuenta para insistir con una propuesta que sigue siendo absolutamente necesaria.

El segundo hecho fundamental del año lo constituyó la elección legislativa, desdoblada en dos instancias. Pasado un tiempo, queda claro que el kirchnerismo no ha perdido su condición de principal fuerza política, pero, también, que no mostró esta vez su capacidad para convocar a la mayoría de la sociedad. Esto no sería demasiado serio si advertimos que se trataba de una elección legislativa y, además, que el porcentaje obtenido no ubica mal a la fuerza de gobierno para una elección de segunda vuelta, pero el problema es que la imposibilidad de que Cristina sea la candidata abre un cuadro político muy diferente y ésta –anticipada desde tiempo atrás por las encuestas pero no reconocida– es la verdadera noticia de la elección. A mi juicio, no es aventurado decir que las dudas sobre el futuro del kichnerismo que generaba esta situación influyeron en el resultado electoral y facilitaron la instalación de un clima de fin de ciclo que, sin embargo, no podía basarse en la práctica de un gobierno que sigue apuntando a la profundización de su proyecto.
Las especulaciones sobre los posibles candidatos presidenciales del Frente para la Victoria encubren una discusión más importante. Para algunos, la tarea sería hoy la de una vuelta al peronismo clásico que corrigiera algunos de los excesos del kirchnerismo, permitiendo una amplia convocatoria a todos los justicialistas, con un perfil más moderado. Los candidatos que por ahora predominan en las encuestas, Sergio Massa y Daniel Scioli, podrían adecuarse a esta lectura, el primero más abierto a la convocatoria a sectores no peronistas y mostrando más abiertamente afinidades con el discurso noventista neoliberal, el segundo con un discurso menos definido que cree le permitirá ser finalmente el candidato kirchnerista. Frente a esto queda al Gobierno la tarea de consolidar la adhesión de su base popular y pelear la adhesión de muchos sectores medios críticos de algunas medidas económicas, pero que ven con simpatía las propuestas de Memoria, Verdad y Justicia y, en general, las políticas de expansión de derechos. Antes que una discusión dogmática sobre las Veinte Verdades del justicialismo o una convocatoria que, negando los profundos conflictos de intereses que hoy vive la sociedad argentina, llama a terminar con la polarización, el verdadero debate se plantea en torno de la necesidad de seguir avanzando para consolidar los logros de esta década de transformación.

Sobre finales de año se produjo el hecho de mayor impacto social, la sedición de las policías, que alcanzó a más de una decena de provincias. El acuerdo firmado en Córdoba por el gobernador De la Sota, quien difícilmente podrá alegar que no advirtió los efectos que habrían de producirse, se extendió de inmediato y, en muchos distritos, al acuertelamiento se sumó la participación de los efectivos policiales en la promoción de los saqueos. Los medios opositores alentaron un gran escándalo nacional que debería producirse por la conjunción de los cortes de luz y los reclamos sindicales. Nada de esto ocurrió y es saludable comprobar que el Gobierno actuó con eficacia y desarmó así el discurso que pretendía asimilar el presente a la Argentina de diciembre del 2001, situación incomparable no sólo por la diferencia entre los dirigentes que ocuparon la presidencia entonces y ahora, sino porque aquella sociedad que conocía niveles inéditos de pobreza y desempleo, que rechazaba la convertibilidad neoliberal y repudiaba en bloque a la política poco tiene que ver con ésta que viene de una década de recuperación de la vida política y profunda transformación social.

La llamada de atención más seria tiene que ver con el alzamiento policial. Las fuerzas de seguridad que administran el delito en muchos distritos no pueden acompañar el proceso de la expansión de derechos y lo ocurrido en estos años así lo demuestra. El gatillo fácil, la violencia institucional y el maltrato en las cárceles siguen mostrando a diario las asignaturas pendientes de la democracia, y la creciente vinculación con el narcotráfico genera hoy un cuadro aún más preocupante. Ya no pueden aceptarse discursos que legitiman las respuestas de mano dura y menos aún podría tolerarse retrocesos como los que, en dos oportunidades, desvirtuaron la reforma policial en la provincia de Buenos Aires. La transformación de las fuerzas de seguridad para asegurar su subordinación al poder político y la democratización de sus prácticas y criterios operativos se ha constituido en una prioridad absoluta y es muy bueno que así lo haya proclamado el gobierno nacional.


El Papa, la fragilidad de la Presidenta y los medios
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Raúl Argemí
Entrevista. Luis Alberto Quevedo.
Para Luis Alberto Quevedo, sociólogo de Flacso, en un análisis del año que termina no se puede dejar de lado la elevación al papado del cardenal Jorge Mario Bergoglio, transformado, desde ese momento, en el papa Francisco. “Creo –señala Quevedo– que el papa Francisco marca un nuevo estilo, con mayor vitalidad y permite esperar que haya cambios de fondo, necesarios, en el Vaticano. Hace poco estuve en Italia y pude percibir, entre la gente, una mirada distinta hacia la figura de un papa más distendido, menos lejano”.

En cuanto a lo que se puede esperar del nuevo conductor de la Iglesia Católica, Quevedo puntualiza que, “por ahora, el papa Francisco no ha entrado de lleno en la agenda más pesada, pero ha mostrado un nivel de independencia que desmonta las presunciones que se hicieron acerca de que batallaría contra el gobierno de Cristina Fernández, o que intervendría más en la política interna de Argentina”. Con lo que el analista pone el acento en un horizonte menos ceñido a las fronteras internas, y más vinculado con aspectos políticos internacionales.

En ese sentido, subraya que la elección de un Papa latinoamericano fue una buena noticia “no únicamente para los católicos o los cristianos, sino porque también ha establecido puentes más llanos en la relación con la gente. Inspira confianza, y es de esperar que avance sobre temas que son importantes no sólo para los miembros de su iglesia, como es la actitud ante los sacerdotes pedófilos, que hasta hoy no ha sido clara”.

La Iglesia Católica, en especial durante el mandato de Benedicto XVI, cuando florecieron las denuncias por pedofilia en medio Occidente, mostró una actitud poco definida que recibió muchas críticas de sus propios practicantes.

El segundo hecho destacable del año, por sus implicaciones directas y porque ha dejado un cuota de expectativa y duda en el ciudadano medio, es la combinación entre la salud de la Presidenta Cristina Fernández y las elecciones de octubre.

Para referirse a este tema, Luis Alberto Quevedo recurre a la referencia clásica de los “dos cuerpos del rey”, que fundamentó las coronas en la edad media, y que sigue manifestándose, aunque sea indirectamente, en las democracias. El rey, el gobernante, tiene una identidad de “doble cuerpo”, es alguien que puede enfermarse o morir como cualquier hijo de vecino pero, al mismo tiempo, como parte del Estado, es una figura de quien se espera que sea ajena a las debilidades humanas.

“La enfermedad de la Presidenta hizo presente la fragilidad humana de la persona y, de alguna manera, reflotó un aire de tragedia que parece acompañar a los Kirchner. Néstor Kirchner murió con 60 años, los mismos que cumplió este año Cristina. Y el accidente que tuvo que tuvo la Presidenta, más la intervención posterior, reavivó ese halo de sino trágico, que no tiene asidero racional, pero que no se puede evitar”, dice Quevedo, agregando que “si bien la Presidenta se ha reintegrado a la actividad después de 45 días, se sigue sintiendo una cierta fragilidad, una ausencia de la persona”.
En este último sentido marca una diferencia entre la presencia personal y la política: “En su retorno se ve que la Presidenta ha tomado en cuenta las elecciones de octubre, el mensaje que contiene sus resultados, porque sus decisiones y los cambios producidos van en esa dirección. De todas maneras, su salud abre un interrogante para el año que empieza, porque la sociedad la nota como algo lejana de su perfil habitual”.

Puesto a elegir un tercer hecho destacable, cosa que siempre es difícil porque significa dejar afuera otras opciones, Quevedo se queda con el fallo de la Suprema Corte legitimando la ley de medios, “porque puso en evidencia que la Justicia, que algunos esperaban que se enfrentara con el gobierno, tiene un sentido de la responsabilidad claramente republicano; como lo demuestra convalidando una ley que marcará un antes y un después en la historia de los medios de comunicación en Argentina”.

Abunda sobre el tema cuando recuerda que algunos grandes medios hicieron especulaciones que suponían a la Suprema Corte de su lado, “pero se equivocaron –dice Luis Alberto Quevedo– y me alegra por el buen funcionamiento de las instituciones de la República”.
Para el sociólogo, todo lo que implica democratizar la información y evitar el monopolio y manipulación de la misma es, en tanto se convierte en leyes, un fenómeno de trascendencia que abre un camino hasta hoy inédito.

“Esta ley –dice Quevedo– no tiene la transitoriedad de un acuerdo de precios, o un aumento de impuestos, algo cuyos efectos se aprecian de inmediato, de hoy para mañana, pero modifica la relación de la gente con la información y los canales por los que llega o se propaga, con lo que abre nuevos caminos”.


El año que terminó de dejar en el pasado a las dictaduras
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Raúl Argemí
politica@miradasalsur.com
Entrevista. Jorge Taiana.
Jorge Taiana, ex canciller de Argentina y, ahora, legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, refleja una mirada más allá de las fronteras cercanas en su análisis del año. Cuando le preguntamos por los tres hechos o personajes que sobresalían en el 2013, recurrió a algo así como una metáfora simbólica en que la muerte es la mensajera.

“En este año en que cumplimos 30 años de democracia continuada –dijo Taiana– pienso que la muerte, en este mismo período, de Jorge Rafael Videla y José Martínez de Hoz tiene un valor destacable. No en sí por sus muertes, que eso depende de la edad y otras contingencias, sino porque murieron repudiados por el pueblo. Ellos apoyaron la aplicación de los planes neoliberales más duros sobre una dictadura cívico militar genocida, con lo que destruyeron las bases económicas de Argentina, y sembraron el país de desaparecidos”.

Puesto en ese plan, y libre de ataduras de frontera, Taiana recordó la muerte, también coincidente con el año y también simbólica, de la mujer que fue la proa rompehielos del neoliberalismo en el mundo: Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher de Kesteven. La mujer política que supo decir, en el súmmum de la arrogancia:

“La sociedad no existe”, al tiempo que articulaba una alianza entre la clase media y los ricos para estrangular al proletariado británico.

No fueron pocos los países que tomaron ejemplo de las privatizaciones en Gran Bretaña y que, más tarde, tuvieron que lamentar los mismos resultados de falta de eficiencia y alto costo en la calidad de vida.
“Margaret Thatcher, que en su momento fue para muchos el ejemplo a seguir, murió poco menos que en la oscuridad, porque no sólo los británicos sufrieron los resultados de un modelo de acumulación para pocos, muy alejado de la justicia social”, señala Jorge Taiana. “Por otra parte, no quiero dejar de lado que en los últimos 10 años de democracia, desde Néstor Kirchner hasta hoy, con la recuperación económica y lo logrado en derechos humanos, el 2013 es como el cierre de un ciclo que deja en el pasado las dictaduras”.

Por otra parte, el ex canciller rescató, por su significación como reconocimiento a América latina, la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como Papa. Para Jorge Taiana, es el signo de un cambio de orientación en la Iglesia hacia un mayor compromiso con los que menos tienen; “no olvido, dice, que Juan Pablo II fue uno de los impulsores, a nivel mundial, del neoliberalismo más duro. Con Benedicto XV hubo algo así como una transición, que espera un cambio con el papa Francisco. De alguna manera es el reflejo de los encuentros del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano), desde el ’68 en Medellín hasta el 2007 en Aparecida, Brasil, y su posicionamiento social.

“En todos hubo cambios –señala– menores o mayores, según quién estuviera al frente del Vaticano, pero en general ha sido una progresiva aproximación a los menos favorecidos.”
En ese sentido es inevitable preguntarse qué influencia o relación pudo tener la integración económica regional en el nombramiento de un Papa no europeo por primera vez en la historia de la Iglesia Católica.

“Creo que todo está estrechamente vinculado –apunta Taiana–. El agrupamiento, especialmente en Suramérica, en espacios económicos solidarios que se oponen a la hegemonía mundial que tiene el neoliberalismo, demuestra que hay otros caminos posibles, y que plantearse que haya mayor desarrollo y justicia social es una alternativa viable.”

Con la reivindicación del proyecto de integración latinoamericana, el legislador porteño arribó al tercer hecho que considera destacable del año: la muerte de Hugo Chávez. Sobre ese hecho puntualiza que “los agoreros quisieron ver, primero con la muerte de Néstor Kirchner y este año con Hugo Chávez, que la integración entraba en decadencia. Pero todo indica lo contrario, porque en Chile acaba de ganar las elecciones Michelle Bachelet, que llega al gobierno con un programa mucho más avanzado que en su etapa anterior. Lo que demuestra que, más allá de las figuras impulsoras, la integración latinoamericana, el caminar hacia democracias más participativas, es una realidad irreversible, no un hecho pasajero”.


Un 2013 en que se avanzó en democratizar la información
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Raúl Argemí
politica@miradasalsur.com

Entrevista. Florencia Saintout.
Para Florencia Saintout, decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad de La Plata, los hechos más destacables del año que termina tienen tres planos diferenciados, pero, a un mismo tiempo, complementarios, en lo nacional e internacional.

Por un lado, y en primer lugar, destaca la participación de más de 10.000 estudiantes de todo el país en la reparación de los daños dejados por la feroz inundación que sufrió la ciudad de La Plata. Ante el desbordamiento de las previsiones y organismos oficiales, muchos jóvenes se volcaron sobre la capital provincial para paliar los daños del meteoro.

“No fue solamente un hecho de solidaridad –señala Florencia Saintout–, lo que ya hubiera sido importante, fue una expresión de militancia juvenil organizada. Los jóvenes se movilizaron orgánicamente, como parte de una toma de posición ante la realidad.”

En ese sentido también señala la incorporación de la juventud, y el ala izquierda del panorama político chileno, al proyecto de gobierno de Michelle Bachelet, que acaba de ganar las elecciones generales en Chile. “Creo –dice Saintout– que desde el gobierno de la Concertación, muy limitado en sus posibilidades, hasta hoy se ha avanzado mucho y se puede avanzar más, porque queda mucho por hacer.” Un nuevo gobierno de Michelle Bachelet, menos acotado hoy por los fantasmas del pinochetismo, prometería un nuevo tiempo para la sociedad trasandina.

“La juventud chilena demostró, con su oposición activa al gobierno que ahora cesa, que era necesario un cambio, que había llegado el momento del cambio, y Bachelet ha entendido ese mensaje, incorporando su fuerza al proyecto de gobierno.”

Florencia Saintout no puede dejar de vincular este segundo hecho destacable del año, con el proceso que se desarrolla en Ecuador, bajo el gobierno de Rafael Correa, un hombre al que considera “comprometido con su pueblo y un proyecto de patria grande”, hacia una legislación que garantice el respeto a la pluralidad cultural.

“La pluralidad cultural, la convergencia de culturas, es una característica propia, innegable, de América latina. Con lo que asegurar que los medios de acceso y difusión de la cultura sean plurales –señala Saintout– es muy necesaria.”

En Ecuador –agrega–, “han incorporado la figura de linchamiento mediático, a lo que nosotros llamamos manipulación de la información, con lo que van más allá que nuestra ley de medios.”

Puesta a comparar la realidad Argentina con sus paralelas latinoamericanas, Florencia Saintout establece algunos parámetros que les son comunes: “Parece que todos los movimientos populares chocan contra el mismo escollo, los monopolios mediáticos, que uniforman, allanan, la riqueza plural de nuestros países”.

Como podría desprenderse de sus observaciones anteriores, la decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación platense, señala como tercer hecho o conjunto de hechos a destacar de este año el fallo de la Corte Suprema, en la legislación que garantiza la independencia de ideas y el derecho a la comunicación como un bien cultural de los argentinos.

“Es necesario que la legislación proteja y facilite el flujo de la información. No puede haber lugar para una democracia participativa si la información y la cultura quedan en manos de unos pocos”.


Andrés Calamaro
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Andrés Calamaro. Músico
contacto@miradasalsur.com
Opinión.
Andrés Calamaro, músico y estrella, no puede apartarse del ritmo a la hora de evaluar los hechos o personajes más destacados en 2013. Aquí van sus respuestas, de tiro rápido:

1) Invasiones musicales positivas: nuevo grupo; nuevo disco, gira panamericana y dos mil nuevas grabaciones disponibles en el streaming de soundcloud.com/a-k-25

2) El arte y la amistad: Seguir aprendiendo. Los amigos ausentes, y los nuevos amigos para toda la vida.

3) Apocalipsis Now: las plagas bíblicas: el ataque de las palometas asesinas, ola de calor y cortes de luz, tormentas e inundaciones, saqueos zombies.

4) Uruguay, mejor país del mundo (según The Economist), marihuana libre como símbolo de libertad y civilización.

5) Lo mejor de la música: Nuevos descubrimientos y confirmar la buena salud del arte musical a pesar de la indiferencia del establishment. Beats de París, talentos de 19 años, el buen estado del rock.


Frases y hechos en 365 días
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Miradas al Sur
politica@miradasalsur.com
Enero.
“Acá no había sirenas, allá había buitres y acá había unos caranchos que graznaban y no escuchamos a ninguno, sino que escuchamos el clamor de nuestro pueblo, que pide por sobre todas las cosas respeto y dignidad al pabellón nacional y a los derechos de la Patria” (Cristina Fernández de Kirchner, en Mar del Plata, al regreso de la Fragata Libertad luego de haber sido retenida 78 días atracada en Ghana. La Presidenta hacía referencia a sectores de la oposición y medios que reclamaban que la Argentina pagara sus deudas con los fondos buitre. Algunos políticos llegaron a sugerir “hacer una vaquita” para liberar la fragata).

Febrero.
“Si fuera presidente, eliminaría Fútbol para Todos, porque el fútbol se organizaba muy bien” (Mauricio Macri, jefe de Gobierno porteño). La respuesta del jefe de Gabinete nacional, Juan Manuel Abal Medina, no tardó en llegar: “Macri quiere una salud para pocos, educación para pocos, trabajo para pocos, industria para pocos. En definitiva, cuando Macri dice que eliminaría Fútbol para Todos demuestra la visión de país que tiene, que es para unos pocos, sus amigos, los que se beneficiaron con las políticas de ajuste”.

“Pido a la oposición que no mezcle las cosas y que tenga la honestidad de discutir seriamente” (senador kirchnerista Marcelo Fuentes, encargado de defender el acuerdo por el memorando de entendimiento con la República de Irán para avanzar en el esclarecimiento del atentado a la AMIA).

“Es entendible que durante la obra haya dudas. Los árboles están, en muchos casos se han corrido unos metros; están trasplantados” (Horacio Rodríguez Larreta, respecto de la tala y trasplante de 305 árboles por las obras del sistema de transporte Metrobús en la avenida 9 de Julio).

“No existe razón legal alguna para que Hidalgo Garzón esté gozando el beneficio otorgado” (el fiscal Gerardo Fernández y los jueces Carlos Rozansky, Pablo Jantus y Pablo Vega, respecto del beneficio del arresto domiciliario concedido por el juez federal Ariel Lijo al represor imputado en más de 200 delitos que salía a pasear y había sido visto andando en bicicleta).

Marzo.
“Antes de bendecirlos a ustedes les pido que oren por mí” (ya papa Francisco, y hasta entonces cardenal de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, constituyéndose en el primer latinoamericano en ocupar ese cargo).

“Recibimos la información más dura y trágica que podamos transmitir a nuestro pueblo: ha fallecido el presidente de Venezuela. Al comandante le llegó la hora del reposo y a nosotros la de la lucha por siempre” (Nicolás Maduro, al anunciar la muerte de Hugo Chávez Frías que murió a los 58 años, en Caracas, donde estaba internado peleando contra el cáncer). En su despedida, Cristina Fernández de Kirchner observó:

“Hombres como Hugo Chávez no mueren, se siembran”.

Abril.
“Desde anoche recorriendo los centros de evacuados” (intendente de La Plata, Pablo Bruera desde su cuenta de Twitter junto a una foto que lo mostraba con unos bidones de agua... pero estaba en Brasil).
“El pueblo de Venezuela le ha dicho al mundo que la Revolución Bolivariana continúa con más fuerza” (Nicolás Maduro, luego de ganar las elecciones con el 50,66% de los votos en una elección que asegura al chavismo más del 80% de los municipios).

“Partícipe necesario”, así fue visto el ex titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, por el juez Horacio Díaz, titular del TOC 21, quien ordenó una pena de 15 años de prisión por el asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra, que murió de un disparo en el abdomen el 20 de octubre de 2010, durante un intento de corte de vías en el Roca).

Mayo.
Murió Jorge Rafael Videla, a los 87 años, el 17 de mayo por la mañana, “de muerte natural”, en el módulo 4 del Complejo Penitenciario Federal 2, de la ciudad de Marcos Paz, cumpliendo su condena a prisión perpetua por la comisión de delitos de lesa humanidad. Luego de la autopsia y por la negativa de los habitantes de la localidad de Mercedes, adonde sus familiares querían enterrarlo por tener allí una bóveda, fue llevado a un cementerio privado de Pilar; el mismo donde enterraron a Martínez de Hoz. “Pinochet murió en libertad, Franco murió en libertad, Hitler se suicidó en libertad, Enver Pashá –masacrador del pueblo armenio– murió en libertad, José Stalin murió en libertad, todos los presidentes estadounidenses que masacraron pueblos murieron en libertad... Jorge Rafael Videla murió preso”, remarcaban en carteles militantes de la democracia.

Junio.
“¿Dónde querrán llevar el Teatro Colón? Hagamos la lista de posibles lugares” (tuit de Patricia Bullrich que creyó que el Gobierno Nacional pretendía trasladar el Teatro Colón en lugar del monumento a Colón ubicado detrás de la Casa Rosada. Del mismo nivel fue la apreciación de Rodríguez Larreta: “Si dejamos que pase, nos afanan el Obelisco”).

Julio.
“Mucho se ha hablado del convenio entre YPF y Chevron, y hay que aclarar que tenemos trabajadores, tenemos tecnología, tenemos los recursos nacionales y necesitábamos las inversiones para enormes yacimientos” (Jorge Sapag, gob. de Neuquén, en el acuerdo entre YPF y Chevron por los recursos no convencionales en Vaca Muerta).

Agosto.
“Es una medida de efecto inmediato. Se aplica sobre los sueldos de agosto, por lo que los trabajadores recibirán el beneficio en sus remuneraciones de septiembre. Las empresas están haciendo las liquidaciones en estos días” (Ricardo Echegaray, titular de AFIP, al anunciar la suba a $ 15 mil del techo no imponible del impuesto a las Ganancias).

Septiembre.
“Lo que yo llamo el círculo rojo quería unirnos” (Mauricio Macri, jefe de Gobierno porteño, en enigmática referencia a “un grupo de personas del ámbito del hacer y del pensar” que querían verlo formando una alianza junto al gobernador Daniel Scioli y al intendente Sergio Massa para terminar con la “chavización de la Argentina”).

Octubre.
“No se pueden comparar elecciones de medio término con una presidencial. Así y todo, logramos los 12 diputados que habíamos sacado en 2009 en la provincia y, en el orden general, sacamos cinco diputados más. O sea, tenemos quórum en Diputados y en Senadores. No está mal. Somos la primera minoría. El que debería temer al síndrome de 2009 es Massa. Porque si uno mira cómo le fue a De Narváez, lo digo con todo respeto, que en 2009 lo presentaban como a un rey. La diferencia que puede haber con aquel momento es que hay 20 intendentes que están trabajando con él. Eso será a su favor, pero ahora, ¿qué va a hacer estos dos años Massa como diputado?” (diputado Héctor Recalde, analizando el resultado de las elecciones)

“Tenemos Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se demoró, pero hace ya mucho aprendimos que si a uno lo asiste la razón la única opción posible es el tiempo” (Gabriel Mariotto, vicegobernador de la provincia de Buenos Aires).

Noviembre.
“Hitler era un tipo espectacular” (Jaime Durán Barba, asesor ecuatoriano del gobierno de Macri, frase de la que quiso despegarse primero acusando a los periodistas tergiversar sus palabras y, ante la exposición del audio completo, intentó con la falacia de que en su país “espectacular no tiene una connotación positiva”; los archivos terminaron mostrándolo a él mismo y a otros ecuatorianos utilizando esa palabra con una connotación positiva).

“Hemos vuelto a enamorar a muchísimos jóvenes que se han vuelto a acercar a la política. Este mundo globalizado tiene que ver con la pérdida de las utopías. Cuando las sociedades creen que es imposible crecer, terminan siendo capturadas por las peores cosas y los que tienen recursos también son atrapados por estas cosas” (Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la Argentina, luego de 47 días de reposo por su internación).

Diciembre.
“El contrato de concesión no prevé ningún corte en el servicio, con lo cual, una vez terminada la ola de calor, vamos a multar a las empresas y otorgar una compensación económica a cada uno de los usuarios que haya sufrido un corte” (ministro Julio De Vido, respecto de los cortes de electricidad que en algunos casos padecieron por más de 20 días con temperaturas superiores a los 30º).

“De acuerdo con la Constitución Nacional argentina, el país adopta un sistema representativo, republicano y federal, es decir que existen autonomías de las provincias para el desenvolvimiento de determinado tipo de cuestiones básicas, esenciales e indelegables, y la seguridad pública es una de ellas” (Jorge Capitanich, jefe de Gabinete nacional, sobre un conflicto que comenzó como un reclamo salarial pero que adoptó forma de extorsión cuando la Policía liberó zonas y hasta estuvo involucrada en saqueos desestabilizadores).



“Era necesario festejar los 30 años de democracia”
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por R.A. Periodista
politica@miradasalsur.com

Alejandra Darín. “Mandela fue un ejemplo de integridad.”
Alejandra Darín no oculta su preocupación ante los transgénicos, rescata a Mandela y celebra que nuevas generaciones crezcan libres.

Alejandra Darín, actriz de profesión y la figura que preside la Asociación Argentina de Actores, feliz de haber festejado en 2013 los 30 años de democracia sin interrupciones, no duda en colocar este hecho en primer lugar entre lo más destacado del año.

“No tengo ninguna duda, lo más importante fue ese festejo, porque significa –puntualiza– que un par de generaciones han nacido o se han formado en la libertad de pensamiento y de expresión. Esa es una experiencia de vida que nunca tuvimos los que hoy tenemos más de treinta años. Había que festejarlo, no sólo porque no nos había sucedido nunca antes, sino también porque es una reafirmación de la voluntad de dejar atrás las dictaduras.”

Luego, mostrando ser coherente en su manera de ver y pensar, Alejandra Darín recuerda la muerte de Nelson Mandela, el dirigente sudafricano que sufrió veinte años de cárcel por la defensa de los derechos de igualdad entre las personas, sin diferenciación del color de su piel.

“Nelson Mandela no sólo vivió su encarcelamiento con gran dignidad, negándose a negociar su libertad a cambio de dejar sus ideales, sino que salió de la cárcel sin renunciar a su reclamo de igualdad entre las personas. Para mucha gente que no tenía clara su figura –subraya Alejandra Darín– su muerte fue la oportunidad de descubrir y rescatar un ejemplo de constancia, de resistencia y defensa de valores que son fundamentales, que son parte de una lucha que no se puede abandonar.”

Inmediatamente, como consecuencia lo uno de lo otro, la mujer que encabeza los reclamos sectoriales del gremio de actores señala la “resistencia de la gente que, afectada por los productos de Monsanto en las zonas agrícolas, no deja de luchar por un control efectivo. A estas alturas ya no quedan dudas de los daños que producen los agroquímicos, hay muchas pruebas, pero además no se pueden prever los resultado futuros”.

“Creo –afirma Darín– que los afectados y los grupos que denuncian esta situación deberían ser más escuchados por los organismos que pueden hacer algo.” En ese sentido se permite comentar, con un dejo de ironía, que quien dice esto puede ser “acusado de ecologista, como si fuera un insulto”.

“Yo no soy ecologista, no me defino como ecologista. Sencillamente pienso, me preocupa la falta de control sobre productos transgénicos que contradicen la naturaleza, y que pueden producir cambios imprevisibles.

Por eso creo que cuando miles de personas se unen para protestar por ese tema, deben ser oídas y tenidas en cuenta.”

La actriz, recientemente denominada para los premios Florencio Sánchez de la temporada teatral 2013, por Tierra del Fuego, hace, en resumen, un balance optimista del curso de la democracia en la Argentina.


Luces y sombras en la economía de 2013
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Julián Blejmar
politica@miradasalsur.com
Balance del año. El año económico que pasó estuvo marcado por la continuidad en la protección al empleo y a los ingresos. Al mismo tiempo, no se pudieron revertir una serie de factores estructurales que dificultan los avances y abren las puertas a políticas regresivas.

La heterodoxia la tiene mucho más difícil que la ortodoxia. La segunda tiene un libro de recetas que todos podemos deletrear, esto es, bajar salarios, bajar jubilaciones, ajustar el gasto público, endeudarse con el extranjero, subir la tasa de interés, devaluar fuertemente la moneda para resolver los problemas de la balanza comercial (diferencia de saldo entre importaciones y exportaciones) y después “dale que va”. Es un recetario muy sencillo, la panacea que resuelve todas las enfermedades, porque se aplica en toda circunstancia, sea en crisis o en prosperidad, y en cualquier economía del mundo. Las causas de la crisis también son de manual: los salarios altos, el elevado gasto público, un Banco Central que no se rige por los dictados del sector financiero, los bancos que no tienen total autonomía y los capitales internacionales que no tienen una puerta giratoria para entrar y salir. La heterodoxia, en cambio, la tiene más complicada, porque no hay un recetario sino simplemente la realidad, los problemas concretos e ideas claras sobre qué es lo que hay que defender. En este caso, está claro que no es ni más ni menos que la gente, el pueblo, los trabajadores, que son los que están indefensos, porque no pueden mudarse de donde viven, no pueden fugar sus capitales ni tienen negocios alternativos cuando la mano viene mal”.

Así se refirió el actual ministro de Economía, Axel Kicillof, a los diagnósticos y recetas que plantea la ortodoxia económica –actualmente enarbolada por varios sectores del centroderecha y del autodenominado centroizquierda–, y al complejo desafío de instrumentar en su lugar políticas económicas heterodoxas. Estas “complicaciones” de la heterodoxia, que se traducen en políticas económicas que muchas veces prescinden de manuales precisos, arrojaron en los hechos para el equipo que comandó la economía a lo largo de este año resultados dispares, con logros y también materias pendientes.

Entre los primeros, se puede mencionar el cumplimiento de la Ley de Movilidad Previsional sancionada en 2008, que implicó un aumento de las jubilaciones y pensiones del 15,18% en marzo y del 14,41% en julio, superando cualquier índice inflación y manteniendo la cobertura previsional más alta de la región, con cerca del 95% de adultos mayores beneficiarios. Asimismo, el Informe de Coyuntura Nº 14 el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) publicado en octubre pasado, exhibe que durante el primer semestre los sueldos ganaron poder adquisitivo, pues el incremento salarial, en gran medida debido a las paritarias, estuvo por encima de los niveles de inflación, la cual calculan en el orden del 25% para el primer trimestre y del 22% para el segundo, mientras que el desempleo y subempleo quedaron situados en las cifras más bajas para los últimos veinte años, siendo del 7,2% y el 6,7%, respectivamente. El último índice de desocupación difundido por el Indec –de 6,8% en noviembre– demuestra que continuó la tendencia en esta materia. En cambio, las estadísticas de los centros provinciales, que arrojan una inflación cercana al 27% para todo el año, demuestran que puede haberse reducido, aunque levemente, el poder adquisitivo de los salarios.

Los trabajadores de medianos ingresos, también se vieron favorecidos con las actualizaciones de la cuarta categoría del Impuesto a las Ganancias, que en enero implicaron un aumento del mínimo no imponible del 20%, y en septiembre posibilitó que dejaran de tributar el millón y medio de trabajadores y jubilados que cobran hasta 15 mil pesos, y que vieran reducida su quita, en un 20%, aquellos que ganaban entre 15.001 y 25.000 pesos. Parte de esa merma en la recaudación fue compensada con impuestos parciales a la renta financiera.

Con todo, en relación con la fuerza laboral, no se logró avanzar significativamente en la disminución del trabajo no registrado. De hecho, Según el Indec, para junio de este año el 34,5% de los trabajadores argentinos desarrollaba una labor no registrada, es decir cerca de 4 millones de personas sobre el total de 12 millones y medio que conforman la fuerza laboral del país, lo cual representaba además una cifra levemente superior a la del primer trimestre, situada en el 32%. Asimismo, desde el Estado se realizaron otras acciones tendientes apuntalar a los sectores de medianos y bajos ingresos. De acuerdo con fuentes de Economía, el Plan Procrear de acceso a la primera vivienda permitió el inicio de la construcción de 87 mil hogares. Mientras, se sostuvieron programas sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH), que a partir de junio aumentó en un 35,3% y los planes Argentina Trabaja para desocupados, que a diferencia de la AUH y las jubilaciones, sí perdió poder adquisitivo, pues sólo aumentó un 15%. En relación con estos planes, es interesante la observación que realizó el actual rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), Dr. Víctor Manuel Fernández, el pasado 17 de julio durante la presentación del Barómetro de la Deuda Social que realiza el Observatorio de la Deuda Social Argentina de esta Universidad. Según señaló, entre 2009 y 2012 “gracias a programas de transferencia de ingresos y a su actualización anual, la crisis se resiente muy poco en los hogares más pobres”.

Algunas de estas políticas sociales tuvieron que ver con el déficit fiscal producido a lo largo del año, que de acuerdo con Economía, fue de 25.000 millones de pesos (0,7% del PBI) y de $ 87.000 millones (2,9%) si se suman los pagos de la deuda. Según un informe del ministerio de Economía que presentó el pasado jueves el diario Página/12, este déficit forma parte de las herramientas del Gobierno para alcanzar sus objetivos económicos prioritarios, como lo son el crecimiento, el empleo, el gasto social, y la mejora del salario real, sosteniéndose además que “bajo ningún punto de vista, el éxito de una política fiscal debe medirse de acuerdo con el resultado que arrojen las cuentas públicas”. Con todo, también se incluyeron en estos gastos los millonarios subsidios a la energía y el transporte, que este año llegarán a cerca del 17% del PBI. Los mismos, si bien representaron una importante aporte para la industria, y una asistencia social para sectores de medianos y bajos recursos, al no estar discriminado implicaron también el esfuerzo de muchos contribuyentes para favorecer a quienes no los necesitaban.

Donde sí se mantuvo el superávit, fue en la balanza comercial, en gran medida gracias a la administración estatal de las importaciones. De acuerdo al Indec, durante los primeros 10 meses del año el saldo comercial fue positivo en 7.851 millones. Una cifra que de todas formas exhibe una disminución con respecto a la de 2012, que para el mismo período del año se encontraba por encima del los 10.000 millones de dólares.
Todo esto fue en un contexto de desendeudamiento con el sector privado. Actualmente, el Estado tiene uno de los menores endeudamientos de la historia, con compromisos que representan el 40% del PBI, pero que deducidos los mantenidos con el sector público (deuda intra-estado) es de poco más del 11% del PBI.
Asimismo, como resultado de las políticas instrumentadas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de Naciones Unidas estimó que el PBI creció del 2,2% en 2012 a 4,5% en 2013.

Interrogantes a futuro. Con todo, estas políticas de defensa del empleo, los salarios y de los sectores más desprotegidos –que como se vio tuvieron resultados favorables en su mayor parte–, difícilmente puedan sustentarse en el largo plazo, pues la actual estructura económica posee varios frentes deficitarios. Durante 2013, la industria, la energía y el turismo demandaron más divisas de las que lograron ingresar al país. En el caso de la primera, se observó que los principales rubros exhibieron una continuidad, cuando no un aumento, de sus déficits operativos. De acuerdo con el Centro Cifra, en 2012 los bienes de capital (maquinas para producción industrial) tuvieron un déficit de 6.850 millones de dólares, y el sector automotriz de 4.391 millones de dólares. Pero durante los primeros 8 meses de este año “las piezas y accesorios para bienes de capital treparon el 13,1%, y los bienes de capital el 9,6%”, mientras que las compras al exterior que mayor expansión registraron fueron las de vehículos finales “que, aun sin contabilizar las autopartes, crecieron el 31,2% respecto de iguales meses de 2012”. También se mencionó el importante déficit del sector ensamblador de Tierra del Fuego.

Este cuadro representa el resultado del modelo de desindustrialización neoliberal implementado en nuestro país a partir de 1976, cuya destrucción del tejido productivo implicó la necesidad de importar insumos y artículos industriales, pero también, de un déficit en las actuales políticas industriales, para lograr el desarrollo de productos nacionales que sustituyan dichas importaciones. Además, incidió en esta situación la fuerte extranjerización de la economía, que en 2010 (año de la última la Encuesta Nacional a Grandes Empresas (ENGE) del Indec), exhibía que sólo el 35% de las mayores empresas argentinas era íntegramente de capital nacional.

Por el lado de la energía, se calcula que el déficit llegó este año a 8.000 millones de dólares, es decir más del triple del año anterior. Aquí se conjugan las demandas industriales y el mayor consumo, junto a la falta de inversión durante los últimos años por parte de Repsol en YPF. Si bien luego de la nacionalización comenzaron a ampliarse las inversiones y a mejorar la extracción de crudo y gas, de acuerdo con las autoridades de la petrolera el autoabastecimiento no se podrá lograr antes de los cinco años.

De todas formas, el mayor déficit sectorial correspondió en 2013 al turismo, que le costó este año a los argentinos 10.000 millones de dólares. El dólar “barato”, junto a ineficaces políticas en esta materia, dio como resultado que el Estado subsidiara a sectores de medianos y altos ingresos, en una actividad que no tiene ningún beneficio económico para el conjunto de la población.

Todo lo anteriormente expuesto implicó caídas en las reservas del Banco Central. En enero de este año las mismas se encontraban por encima de los 43.000 millones de dólares, pero finalizaron el 2013 con poco más de 30.500.Se trata de un nivel que de todas formas aleja el fantasma de una crisis cercana: a fines de 2005, cuando el gobierno de Néstor Kirchner decidió cancelar la deuda con el FMI abonando con reservas la suma de 9.810 millones de dólares, las mismas quedaron en 16.990 millones, sin afectar por ello el normal funcionamiento de la economía.

Sin embargo, de no revertirse esta tendencia, podrán volverse a experimentar crisis de envergadura. En este sentido, el Gobierno desarrolló una serie de iniciativas para recomponer las divisas y el crédito internacional, entre las que se pueden enumerar los arreglos con multinacionales que litigaban contra Argentina en el Ciadi, convenios de créditos con el Banco Mundial (BM), acuerdos con la petrolera Chevrón para la explotación de combustibles no convencionales, con Repsol para la compensación de las nacionalizaciones de YPF, y un principio de entendimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para un nuevo índice de precios, además de las iniciativas de repatriación de capitales que tuvieron un resultado dispar.

Los acuerdos fueron coherentes con las palabras de la Presidenta en su discurso del 11 de agosto, cuando señaló que “el otro día escuchaba que hay dinero barato en el mundo para endeudarse. Endeudarse para qué. Endeudarme para hacer una obra pública, fantástico. Ese endeudamiento le sirve al país porque es para capitalizar. ¿Es ése el endeudamiento del que me están hablando o es el endeudamiento del roll over, que es cuando se te vence deuda financiera, y cada vez que vos financiás un vencimiento sin pagarlo, pagás comisiones a los que intervienen y además más intereses a los bancos”.

En ese mismo discurso, afirmó también que “tocar el tipo de cambio es devaluación, ¿y sabés dónde se te va tu salario cuando devalúan? Ya la vimos esta película”. Pero lo cierto es que la presión de los grupos concentrados ligados a la exportación, junto a la fuga de capitales, forzaron a que desde el Gobierno se decidiera poner más énfasis en la preservación de las reservas. Así, el Banco Central subió la tasa de devaluación de un 35% a mediados de noviembre a más del 80% para fines de septiembre, siempre en términos anualizados.

Se trató, en definitiva, de un año en que la política económica heterodoxa del Gobierno volvió a enfocarse en instrumentar acciones orientadas al crecimiento económico y de la asistencia social, como vía de protección de la clase trabajadora, pasiva, y de los sectores menos favorecidos. El hecho de que los niveles de empleo –y gran parte de los de ingresos– de estos segmentos de la población hayan aumentado, exhibe logros parciales en esta política, ya que todavía son amplias las deudas sociales, entre las que se destacan la inmensa masa de trabajadores sin derechos laborales. Pero además, queda a la vista también que existe una gran cantidad de desafíos estructurales para los que todavía no parece haber respuesta, los cuales dificultan los avances y amenazan a muchos de estos logros, abriendo además la posibilidad de retorno de políticas económicas regresivas, como las experimentadas durante el neoliberalismo.


“La inflación argentina responde a varias causas”
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Julián Blejmar
politica@miradasalsur.com
Entrevista. Mario Blejer. Economista. Con una mirada que conjuga el escenario internacional con el local, el actual vicepresidente del Banco Hipotecario ofrece su visión sobre los principales logros y desafíos de la economía argentina.

Con cada recambio en la dirección del ministerio de Economía o del Banco Central, su nombre suena fuerte como candidato. La última vez no fue la excepción, aunque Mario Blejer –actual vicepresidente del Banco Hipotecario–, señala en diálogo con Miradas al Sur que “a diferencia de las anteriores oportunidades, esta vez nadie se comunicó conmigo”. Con todo, este economista cordobés –que posee los títulos de licenciado y master en Economía por la Universidad Hebrea de Jerusalén, doctor en la misma disciplina por la Universidad de Chicago, y ha desarrollado asimismo una extensa carrera que incluyó entre otros los cargos de presidente del Banco Central de la República Argentina, consejero senior para Asia y Europa en el Fondo Monetario Internacional y director del Banco de Inglaterra–, posee varias definiciones sobre la economía nacional, en las que combina su vasta experiencia en los centros financieros internacionales con una mirada local que valora algunos de los rasgos de la política económica desarrollada durante la última década en la Argentina. Es así que define al modelo surgido en 2003 como un “modelo de equilibrios”, aunque advierte que “está claro que no es lo mismo lo que sucedió entre 2003 y 2006, con lo que vino después, ni con lo que está pasando ahora”.

–¿Cómo describiría estas diferentes etapas?
–La primera etapa estuvo muy basada en los dos pilares de equilibrio fiscal y en las cuentas externas (Nota de la R: Ausencia de déficit entre los ingresos y egresos del Estado y en el comercio con el mundo), con un crecimiento acelerado, una acumulación de reservas y baja inflación. Luego, con el surgimiento de la crisis internacional, estos equilibrios empezaron resquebrajarse, pero se pudieron sostener en cierta forma porque los precios internacionales eran buenos y porque la Argentina estaba algo aislada de los flujos financieros, así como también gracias a los aportes de la Anses y el Banco Central, lo cual para algunos está mal y para otros está bien, pero está claro que no es lo mismo que no utilizarlos. También comenzaron a surgir problemas energéticos, y fiscales en ciertas regiones, junto a la pérdida de reservas. Hoy, lo que se advierte es que la actual pérdida de reservas es la expresión del desequilibrio en las cuentas externas, y que la inflación surge en parte a raíz del desequilibrio fiscal, pero que de todas formas, nominalmente, los equilibrios se mantienen. Pareciera entonces que el Gobierno, para evitar el costo social de un ajuste, tiende a adaptar este modelo a la nominalidad, y ese sería el nombre para esta tercera etapa, donde se intenta, por ejemplo, que la inflación, los salarios, la emisión de dinero o el gasto público suba al 18% en lugar del 25%. Es como estar con algo de fiebre pero controlada, en algún momento hay que bajarla, pero mientras tanto se puede estar así. Muchos países han usado este sistema de nominalidad, Colombia mantuvo este sistema por 25 años, creciendo bien, y también otros países, pero hay que ser muy prolijo, sobre todo teniendo en cuenta que en la Argentina nunca se salió bien de la nominalidad, como pasó por ejemplo con la convertibilidad. Hasta el momento, lo importante es que Argentina no entró en recesión.

–El año que viene se proyecta que seguirá siendo bajo el índice de crecimiento de la economía mundial. ¿Cree que esta situación generará mayores restricciones para la colocación de productos argentinos?
–Por fuera de la Zona Euro, tanto para los países avanzados como emergentes la crisis mundial en principio ha terminado, aunque es cierto que la recuperación es magra, modesta y viene para abajo. De todas formas, para nuestro país lo más importante es lo que pasa con nuestros principales socios comerciales, China y Brasil, y en parte México, más allá de que también se comercializa biodiésel con Europa, o que el sector oleaginoso se exporta también a India e Irán. Y aquí, el problema es que China y Brasil están en un proceso hacia abajo. China lo está manejando, pero Brasil está complicado, y ése es el principal riesgo para nuestro país, ya que puede pegar fuerte.

–¿Acuerda con las medidas que está llevando adelante el Gobierno para evitar el drenaje de divisas?
–Creo que Argentina tiene el desafío de reingresar al mercado de capitales, lo que no significa endeudarse, ya que no hay contradicción entre volver al mercado e incluso desendeudarse, y para eso no basta con los positivos acuerdos del Ciadi y por YPF, sino que también es necesario arreglar con el Club de París, los holdouts (Fondos Buitre) y el FMI. Necesitamos, como todo el mundo, una tarjeta de crédito, más allá de que no la usemos. Eso permitirá que las reservas no tengan un papel tan central y que las empresas puedan acceder a más crédito y a más bajas tasas de interés.

–La Presidenta dijo que no tiene problemas con los créditos productivos, sino con la renovación de deuda financiera, y también se manifestó contra la inserción del FMI en la política económica…
–Está claro que los créditos productivos, como los del Banco Mundial, son lo más importante, pero para lograrlos con más facilidad lo mejor es estar dentro del mercado de capitales. Con respecto al FMI, yo no creo que Argentina tenga que volver a tomar deuda con este organismo, ya que no tiene ninguna necesidad de hacerlo. Sí en cambio normalizar la relación, lo que tiene que ver con acordar la visita anual que el Fondo hace en casi todos los países del mundo, incluyendo Estados Unidos, para observar las condiciones económicas. Sus conclusiones sólo son vinculantes si se le piden préstamos, lo cual, repito, hoy Argentina no necesita.

–En relación con la presión sobre el dólar, ¿cree que existen motivos estructurales para la misma o tiene que ver con las expectativas?
–Creo que en la Argentina la gente piensa en dólares porque durante muchos años hubo una inflación crónica, y esta moneda fue el método que se encontró para proteger sus activos, sobre todo en quienes no acceden a formas más sofisticadas de negocios. Eso hizo desaparecer el peso como unidad de medida, y esto es parte de esta cuestión estructural. Cuando yo estaba en el Banco Central, el dólar llegó a cuatro pesos, y muchos decían que era imposible que baje porque nunca había bajado, pero nosotros lo bajamos a menos de tres pesos, ofreciendo la posibilidad de invertir los pesos en títulos con 100% de interés, bajo la idea de que la codicia iba a superar al miedo, pero también bajando las expectativas de inflación.

–Entiendo entonces que para usted las expectativas inflacionarias son claves…
–Sí, porque la gente recurre al dólar para proteger sus ahorros de la inflación.

–Yendo a las causas de la inflación, desde la ortodoxia se plantea que la misma tiene que ver principalmente con los aumentos salariales, la alta emisión monetaria y las bajas tasas de interés, mientras que desde la heterodoxia se menciona la inflación inercial, la inflación importada del dólar, los monopolios y la remarcación de precios en lugar de la inversión. ¿Por qué causas se inclina usted?
–Es un componente de varias de estas causas, pero es importante resaltar algunas cuestiones. En relación con los monopolios, seguramente expliquen una inflación inicial, pero no continua. Sucede que ellos tienen poder de mercado y pueden hacer subir el precio garantizando que va a ser más alto que en situación de competencia, pero llega un momento en que esta suba de precios les resta ventas, con lo que no lo seguirán haciendo por mucho más tiempo. Entonces, estoy de acuerdo con que los monopolios aumentan el nivel de precios, pero no pueden sostener una inflación de forma continua, a menos que sean tan ineficientes como para aumentar de a poco en lugar de maximizar sus ganancias desde el principio. También, lo de la falta de inversión es cierto, pero no lo veo como una confabulación, sino que tiene relación con las políticas instrumentadas. El tema de la inflación importada por el dólar es asimismo importante, y con respecto a la inflación inercial, ésta también influye, pero la emisión monetaria que está por detrás en algún punto la sostiene.

–Lo que se plantea en muchos ámbitos en relación con la emisión, es que no está clara cuál es la medida en que provoca inflación…
–Existen estudios pero no diría que son fantásticos, lo que es claro es que hay una relación causal, aunque no es única. Por caso, el tema de la inercialidad es una causa verdadera, pero este factor no monetario no puede perdurar sin un apoyo monetario, ya que en algún punto la emisión está por detrás de esta inflación inercial, o si no, no alcanzaría el dinero para los aumentos. Pero claro, parar la inflación desde el punto de vista monetario hace correr el riesgo de entrar en una recesión, porque al bajar la cantidad de dinero se enfría la economía, es decir, que cae el consumo y el empleo, por lo que hay que encontrar otros mecanismos menos agresivos.

Bilaterales
Entre Argentina e Israel
Durante el 2013, el nombre de Mario Blejer no sólo sonó para dirigir el Banco Central argentino sino también el israelí. En este último caso, recibió incluso un ofrecimiento formal, de parte del Primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Según señala Blejer, “fui oficialmente el candidato por parte de Netanyahu y formé parte de una terna que integraban otros dos aspirantes, todos los cuales realizamos y superamos los chequeo del Comité de ética. Luego, como el ministro de Economía Yair Lapid tenía también su candidato y no se pusieron de acuerdo con Netanyahu en el nombramiento, se ascendió a quien era la vicepresidenta del Banco, Karnit Flug, a quien conozco bien porque fue alumna mía.

Valor agregado
El aporte de los derivados de la soja
Desde el Foro PAIS (Productores Agro Industriales de Soja) que Mario Blejer preside, se busca difundir información sobre los alcances productivos de la cadena agroindustrial de la soja. Según Blejer “la idea de este foro es explicar que con la soja, en la Argentina se producen mercaderías de alto valor agregado y muy sofisticadas. Según señala Gustavo Grobocopatel, de cada 10 empleados que contrata, 6 o 7 trabajan en laboratorios, porque nuestro país tiene una ventaja comparativa enorme en el valor agregado de la soja, incluso más que en su cultivo. Gracias a la tecnificación que hay aquí, una tonelada de harina de soja se logra producir en la Argentina de forma más económica que en cualquier lugar del mundo”.

De todas formas, se plantea que tanto la agricultura como las manufacturas agropecuarias no pueden dar empleo en conjunto a más del 30% de la masa laboral, lo que implica también baja distribución del ingreso…

Lo del empleo es verdad, no es una industria intensiva en mano de obra, pero ése es otro problema, que tiene que ver también con que todo está altamente tecnificado. Está claro que el país no puede ser únicamente sojero, pero es necesario que se comprenda que sus productos tienen en la Argentina un alto valor agregado.


El efecto 2013
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Juan José Becerra. Escritor
contacto@miradasalsur.com
¿Cuánto dura un año? No lo sabemos. No lo supo el novelista del tiempo, Marcel Proust, para quien la experiencia de la vida no bailaba la danza de la cronología; ni su maestro Henri Bergson, para el que un hecho que sucede hoy no dejará de suceder nunca. Así que no se puede decir que acaba de pasar 2013, última exhalación conocida de todas a los que no tiene acostumbrados la eternidad, sin advertir que este año, que no dejará de pasar nunca, quizás ya haya pasado antes.

El primer ejemplo que se me ocurre para ilustrar con algunas manchas metafísicas este racconto es la operación de Cristina. Un golpe en la cabeza en agosto derivó en un hematoma subdural finalmente evacuado en octubre. Pero el hecho desencadenado fue el del tratamiento del caso por parte de periodistas patólogos, médicos eminentes egresados del ISER y mensajeros del futuro que vieron la oportunidad de emplear, mientras se atropellaban entre sí en la ronda de apuestas, las palabras “acefalía”, “descerebrada”, “estado vegetativo”, “desgobierno”, “renuncia”, “Síndrome de la Ubre”, etc. Para no ahondar en las olas de tweetitos, esas eyaculaciones precoces de tres tiros que marcan el paso del ingenio nacional ni, mucho menos, en los ya antediluvianos comentarios al pie de los diarios digitales que van armando delirios nuevos, a tal punto que si uno busca a Cristina por su nombre en Google, el primer puesto de la búsqueda relacionada es “Cristina Fernández de Kirchner es judía”, lo que no parece ser una indexación impulsada por sus fans.
De pronto, una densa nube de interpretaciones neorrománticas se ramificaron y ya no estábamos en 2013 sino en 1975. En ese repliegue histórico, Cristina fue designada por alguien, durante la ausencia de su posoperatorio, como “la nueva Estela Martínez de Perón”, el título con el que les faltaba diplomarla a aquellos que le cuestionan hasta el aire que respira. Otra cosa es el infumable Caso Milani –hay que ser demasiado peronista de superestructura para entender eso–, pero rebajar a Cristina a la figura de una protegida de Roberto Galán, o insinuar que se “autooperó” para saltar por arriba del triunfo de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires es no reconocer que hay algo que se llama cuerpo humano y del que, por el momento, los presidentes no pueden prescindir.

Si para Eric Hobsbawn el siglo XX fue corto porque no se puede decir que haya comenzado antes de la Primera Guerra, ni que haya continuado luego de la caída de la URSS, el año político de la Argentina 2013 es el no va más de la brevedad. Empezó el 8 de octubre, el día que operaron a Cristina, y terminó el 29, cuando la Corte Suprema falló a favor de la ley de medios. En el medio, el triunfo de Massa comenzó a mover el bondi 2015. Sus efectos, ligeramente retardados, fueron la presentación de un par de ministros parlantes, especie que habíamos dado por extinguida.

El año social, por decir así, duró un poco más. Cuanto menos, desde las inundaciones en La Plata del 2 de abril hasta los levantamientos policiales de diciembre. Pero todo eso, que se manifestó en 2013, fueron fenómenos acumulados durante varias épocas. Fueron hechos de espesor histórico. En primer lugar, la lluvia de doble pechuga que se desplomó en dos tandas de una hora cada una sobre La Plata tiene sus antecedentes lejanos en la primera ducha fría que recibió, hace millones de años, esta bola recalentada sobre la que estamos parados en falsa posición vertical. También de esa época –año más, año menos– son los desagües de la ciudad, constantemente colapsados por verdaderas selvas de propiedad horizontal que se fueron implantando en los últimos años entre canales del ancho de una manga de camisa. ¿Es justo decir que esa inundación ocurrió únicamente en un solo día de 2013?

Lo mismo pasó con las paritarias “outdoor” de las policías provinciales. Aunque la extensión del rango de semejante asunto incluye una mayor cantidad de variables, todas originadas en causas remotas. Si hay algo que faltó en la crisis fue actualidad. Nada de lo ocurrido sucedió hoy. Más bien se viene desmoronando desde hace décadas. Tenemos desde bolsones enormes de policías híbridos –con dos empleadores simultáneos: el Estado y el mundo del delito, preferentemente en su modalidad narcogerencial–, hasta verdaderos ejércitos de proletarios, sin dudas los más numerosos, que cobran sueldos humillantes para un servicio que podemos resumir como de exposición constante a la muerte al voleo.

Si pasamos a las novedades del fútbol, no se podría reportar ninguna sin caer en la exageración del “pasó algo”. Fue un año demasiado elástico que equivale a una Historia Universal del Tedio. Que haya habido un campeón –San Lorenzo– es una manera de decir que no se declaró desierto, cosa que sí ocurre piadosamente con otras competencias que castigan el demérito.

Lo que sí duró cada día de la temporada 2013 –acá sí tenemos un año largo– fue la inflación, que corre sobre ruedas. Y con esto doy por finalizado el resumen de un año que empezó hace mucho y todavía no terminó, y que acepté hacer por estricta fidelidad a mi desconocimiento en la materia, y también con el fin de sentirme un gerente de noticias que dice “esto va”, “esto no va”, es decir, un editor de la memoria social en pleno ejercicio –arbitrario– de sus funciones.

Pero, ¿cómo puede ser que me olvidé de Jorge Bergoglio, nombre secular del Pope Francisco? Tal vez no tuve en cuenta su figura porque todo va tan rápido que su unción gloriosa apenas alcanza a verse detrás de las montañas de comentarios asombrados y panegíricos que le sucedieron. Es como si hubiera nacido Papa. Pero, además, una pregunta: su papado, ¿es un hecho del calendario argentino 2013? No. Es otra cosa, una cosa global y trascendente. Tan grande y aceptable es la fuerza papal que sopla sobre la Argentina que parece proceder de una fuerza natural delicada, como una brisa “a punto”.

De Jorge Bergoglio “do nascimento”, alias Francisco, se bifurcan dos sendas por las que discurren dos procesos paralelos destinados a la construcción de la imagen: uno va formando la imagen de la imagen en un sentido beatle (vuelta en Renoleta por el Vaticano, celebración de su cumpleaños con homeless, buena onda con los niños y los enfermos, rechazo a sentar su nalgamen en el trono de oro macizo, etc.); en el otro, se forma la imagen de las palabras (extraordinarias frases anticapitalistas, nada de vergüenza si se lo acusa de simpatizar con Marx, ataque frontal a los curas pedólatras, refreshing de los aspectos más socialistas del discurso cristiano, renuncia a juzgar a los gays “por lo que son”, etc.). Sin embargo, hay una tercera senda: la de los actos políticos puertas adentro, la rosca del poder religioso y lo que en esa rosca es arrojado a la hoguera de la concesión, asuntos de los que no sabemos nada.

Del ascenso de Bergoglio debe extraerse, para anotarlo en la cuenta de 2013, el desfile recalcitrante de amanuenses importantes a la Plaza San Marcos. Si extrapoláramos hacia una idea general –¿por qué no hacerlo en favor de una advertencia?– ese impulso que arrojó a los poderosos argentinos a los brazos de “Francisco”, habría que pensar que existe la costumbre de que el poder se reporta siempre al poder. Por supuesto: ¿por qué no ir? Pero ir así, desesperadamente, tantos, por no decir todos, y cada cual con su camarita de fotos, no fue un hecho bonito.

Después está la compulsión al “sí Francisco”. El hombre dice cosas agradables. De eso no hay ninguna duda. Su repertorio es el de una música políticamente correcta, tan correcta que yo mismo coincido con el 99% de lo que dice, mientras me quedo pensando: ¿no es esto, hasta la manija, el abc del discurso populista más clásico, es decir el populismo ecuménico? Es la versión ultra pópuli de la vox dei, en la que fieles y paganos encuentran su satisfacción particular. Y, por otra parte, ¿la única literatura, la única bibliografía política en la que se habrán de inspirar los políticos argentinos de ahora y para siempre será la basada en la franciscomanía? ¿No habrá, nunca más, un por afuera de lo que sienta, piense y pida “Francisco” aun cuando no abra la boca, en la mejor tradición de todo lo que emanaba desde el silencio el Perón de Guardia de Hierro?

Luego está el efecto del aura, lo que le da un sentido más profundo a cada palabra que el Papa pronuncie en cualquier circunstancia. Por ejemplo, si entra a un Starbucks de Roma con, digamos, el Momo Venegas, y pide una dona con un té verde, ¿cuántos segundos pasarían hasta que el mundo entero bautizara la infusión con el nombre de “Desayuno de Francisco” y todos los políticos argentinos –todos, hasta Jorge Altamira– ordenaran a sus secretarias eliminar el café y copiar los gustos de Su Nuevo Jefe?

Cierta vez, antes de su consagración internacional (antes de que él mismo fuera Papa), y lastimado por la melancolía del genio ensombrecido por el anonimato, Borges se refirió a las opiniones de los papas como fuentes de festejos masivo aun cuando dijeran cualquier cosa, o nada. Por debajo del reproche, se asomaba la envidia del máximo poder del Vaticano: el de la comunicación.
Fuente:MIradasalSur

El repaso y el horizonte
Los ejes principales de la política en el año. La continuidad democrática, el hecho central. Las elecciones, confirmaciones, irrupciones y escenarios futuros. La bipolaridad del pueblo, una hipótesis VIP. Ahora todos piensan y creen en las primarias. El rol y el lugar de la Presidenta. La agenda del Gobierno hacia adelante. Y un par de líneas sobre medios, poder y democracia.
Por Mario Wainfeld

Imagen: Leandro Teysseire
Treinta años continuos de vigencia del sistema democrático: he ahí tres décadas ganadas por todos los argentinos, con especiales méritos de su sociedad civil. Cuando se conmemoró el aniversario, la atención se centró mucho en los festejos, en el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner o en su baile en el palco ante la muchedumbre congregada en la Plaza. También se perturbó por una inédita sedición policial, que puso en vilo al conjunto de la población con secuelas terribles e irreparables. Las viñetas del día a día son interesantes porque aluden a la subsistencia (que es lo esencial) tanto como a la crónica coyuntural que siempre enriquece la mirada. También devela los riesgos que acechan en un país cuya historia sobreabunda en golpes de Estado, dictaduras, conatos destituyentes o minorías irresponsables dotadas de poder económico o de fuego.

La historia, sintetiza mucho este cronista, combina esos elementos. Los relatos cotidianos se fijan más en lo ostensible, la lógica mediática acicatea la tendencia. La referencia metafórica a “la foto y la película” ronda esa idea, con una bruta salvedad que no siempre se detecta. Tomada del cine y de la pulsión por la imagen, subestima o solapa lo que está fuera de cuadro y no se edita. A menudo pierde de vista o desencuadra los procesos profundos, lo que emerge sin ser ostensible, lo sostenido. Todos “pierden” proporción frente a los sucesos descollantes, los que salen en la foto.

Un balance anual, se puede suponer, es imperativo y distorsionante a la vez. Acaso sea mejor hacer un repaso selectivo de lo sucedido y de los potenciales escenarios futuros. En esta columna, el análisis se sesga hacia la esfera política local, un recorte siempre parcial.

El primer punto, se porfía, es la estabilidad del sistema político. Es digna de mención la de un Gobierno que lleva diez años con firme (sí que fluctuante) apoyo popular. La apertura de alternativas opositoras viables, merced al voto popular, es otro aspecto interesante.
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El vaso medio término: hubo contadas elecciones para cargos ejecutivos, empezando por las gobernaciones de Corrientes y Santiago del Estero. Se confirmó la primacía de los oficialismos, lo que también cundió en las intendencias que cambiaron autoridades, por ejemplo, Bariloche o la ciudad de Corrientes. Gobernar no es un lastre de cara al padrón de votantes, un dato de la época que rige desde 2003.

Claro que la compulsa más importante fue la de cargos legislativos nacionales. Es un acumulado complejo por definición ya que suma resultados parciales en 24 provincias diferentes. El resultado tampoco es lineal. Distintas fuerzas opositoras consiguieron victorias en las provincias más grandes goleando o dejando muy atrás al Frente para la Victoria (FpV). Se potenciaron dirigentes que llegan al rango de “presidenciables”, lo que es un punto de partida de una maratón con obstáculos y no de llegada.

El peronista “federal” bonaerense Sergio Massa fue la figura más inesperada, la que obtuvo el triunfo más resonante. No sólo por la magnitud de la diferencia, sino por hacerlo concitando a cuadros políticos y sectores sociales que apenas ayer revistaban en el FpV o lo apoyaban. El socialista santafesino Hermes Binner y el radical mendocino Julio Cobos revalidaron credenciales y se colocan en carrera.
El FpV consiguió la mayor suma nacional de adhesiones y quedó bien colocado en la distribución de las bancas en el Congreso. Con muñeca para sumar aliados contingentes, podrá llegar a armar mayorías para sancionar las leyes.

Sería un exceso de organicismo atribuir al conjunto de la ciudadanía haber establecido esa primacía institucional, que le valdrá de mucho a un gobierno que sabe mandar y es muy activo. Lo cierto es que “la gente” también lo hizo y que su dictamen es irrefutable en ese sentido, también.

Republicanos inconsistentes, especie que prolifera en estas pampas, encontraron novedad y hasta milagro en estas elecciones. Predican que “la gente” se esclareció, dictó una sentencia de condena perpetua al “ciclo K”. Años atrás el mismo colectivo les parecía una caterva de necios, colonizados por la miopía, el clientelismo, la sensiblería o Fuerza Bruta. Para esta vertiente ideológica, el pueblo ha de ser bipolar, característica que sus catecúmenos también atribuyen a la Presidenta.

Quién sabe, por ahí la explicación es más sofisticada y, en principio, más variable. El pueblo todo no cambia tanto ni pasa de la anuencia pasiva de borregos a la clarividencia. Sus preferencias fluctúan al compás de la realidad y de su percepción de los intereses propios. Si así fuera (así lo supone el cronista), la secuencia de elecciones libres, con alta participación y sin incidentes brutales, es un logro fenomenal, de resultas del cual nadie tiene la vaca atada ni cuenta con apoyos eternos.
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Una oportunidad para las PASO: la Presidenta, el gobernador Daniel Scioli y el jefe de Gobierno Mauricio Macri terminarán sus mandatos en 2015, las normas vigentes no les permiten buscar la reelección. Son tres protagonistas centrales, gobiernan desde 2007: su mera salida es un cambio de tablero impuesto de antemano. Scioli y Macri ambicionan llegar a la Casa Rosada. Cristina Kirchner deberá buscar (ya está buscando) como reperfilar y reubicar su liderazgo.

El FpV construyó una envidiable saga electoral, única desde 1983. Una sola vez obtuvo mayoría absoluta, fue en las presidenciales de 2011. Los dos plebiscitos que logró Cristina arrojaron una marca llamativa que fue la sideral distancia con sus adversarios. Una de sus causas fue la diseminación de las ofertas alternativas, más amplia hace dos años que hace seis.

Hoy día, el oficialismo cuenta con el voto de un tercio del padrón, lo que es un piso interesante pero insuficiente. Su estricta valía depende de la capacidad de crecer del FpV tanto como del modo en que se reorganizan los partidos y referentes opositores, si no quieren tropezar por tercera vez consecutiva con la misma piedra.

Los resultados de octubre alientan la perspectiva de construir coaliciones opositoras. Las más claras y más mentadas son el peronismo “federal” y el espectro pan radical y socialista. Macri no tiene clara cabida en ninguna de ellas. La dirigencia opositora maquina acudir a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias como mecanismo para aunarse y dirimir supremacías.

Dentro del oficialismo es hoy moneda corriente pensar parecido, puertas adentro. Sin reelección, muchos compañeros intuyen en sus mochilas el bastón de mariscal. Ahí también, las primarias podrían ser el medio para “contar las costillas”.

La reforma política es una ambiciosa innovación institucional que, hasta ahora, mejoró algo la competencia electoral. La apertura de espacios parejos para publicidad, los adelantos técnicos en el escrutinio son avances palpables. La dirigencia, mayormente, no le “tomó la mano” a las primarias. Hubo quienes apelaron a ellas y no les fue nada mal a la hora del recuento de boletas.

Con un escenario nuevo, muchos participantes de distinto palo esperan valerse de ellas la próxima vez. Una cosa es querer y otra poder, nadie es dueño del futuro, pero las percepciones compartidas algo indican.
Si las PASO fueran en 2015 una clave para la reestructuración de partidos y alianzas, crecería la utilidad de la reforma. Sin arriesgar profecías, que son insalubres, el cronista considera viable esa hipótesis. Como poco, son apresuradas o atolondradas las críticas a un cambio institucional que no tiene por qué rendir frutos de inmediato. Es moneda corriente despotricar contra el cortoplacismo y la falta de reglas de juego. Pero, cuando se regulan normas para el mediano plazo, las exigencias corren el riesgo de caer en los defectos que se critican. Habrá que ver y esperar para emitir ponderaciones definitivas.
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En el centro, en otro registro: la presidenta Cristina sigue siendo la figura central del sistema político. Lo es por su cargo pero sobre todo por el modo en que lo ejercita. También por su liderazgo indiscutido en la fuerza más numerosa. Las penurias de salud que atravesó conmocionaron en la esfera política sin tener secuelas de ingobernabilidad ni sobresaltos de gestión. Su elenco se manejó sin su presencia cotidiana, en buena medida porque saben captar cuáles son sus directrices aun sin tener contacto más que diario con ella.
Recuperada y en funciones, la mandataria optó por relanzar la gestión definiendo relevos y entradas en el gabinete. Su nuevo rol también es diferente. Imposible deslindar cuánto se debió al resultado electoral insatisfactorio, cuánto a sus condiciones de salud, cuánto a la necesidad de modificar instrumentos o herramientas de gobierno. Seguramente cada factor habrá tenido su incidencia: saber leer los mensajes de la sociedad, las dificultades del “modelo” y hacer de la necesidad, virtud, habrán formado un combo que impulsó decisiones lúcidas y audaces.

Contra lo que proclama el credo mediático opositor, todo indica que Cristina jamás pensó seriamente en la re-re. Testimonios de protagonistas que dialogaron con ella hace un año o dos describen que tenía muy claro el horizonte. Las acciones tácticas realizadas desde la reelección van en el mismo sentido. La Presidenta reformuló alianzas resignando la amplitud de su base política en provecho de la coherencia o la homogeneidad. Esa opción es discutible tanto como el modo en que se aplicó. El cronista piensa que el FpV se ensimismó en demasía, se replegó en exceso, se privó de aliados o de guiños a sectores sociales que los habían acompañado y engrosaban su número. Pero esto son interpretaciones... volviendo al núcleo, es patente que Cristina no “construyó” una base sólida para modificar la Constitución, sino que jugó a consolidar la identidad de su fuerza.

Uno de los objetivos de la movida, que contiene ingredientes personales y de lectura histórica sobre lo que cuesta “estar en el candelero” tantos años, era evitar que la interna propia detonara antes de fin de este año. En gran parte el objetivo se logró, aunque pagando un costo alternativo alto que fue generar un espacio virtual para opositores peronistas. Ese fue el terreno que ocupó Massa, con sensible sentido de la oportunidad.

Sostener la gobernabilidad en contingencias propicias o aciagas es una virtud que suele adornar a los peronistas, ni qué hablar al kirchnerismo. Ahora le toca hacerlo en una etapa desafiante en lo político, sin el recurso fortísimo de candidatear a su líder y afrontando un contexto socioeconómico complicado. Los rivales políticos y los enemigos corporativos dan por sepultado al kirchnerismo, lo que describen (y tratan de incitar) con el eslogan “fin de ciclo”. De nuevo, una cosa es querer y otra poder. El juego sigue abierto, varios competidores tienen chances y ninguno el éxito asegurado.
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Lo nuevo, lo reconfigurado,lo de siempre:los límites del “modelo” dejaron de ser argumento exclusivo de las oposiciones para integrar el repertorio de preocupaciones y medidas del Gobierno. No los traducen igual que sus adversarios, pero sí los toman en cuenta y reformulan instrumentos y hasta modos de pensar.

La inflación, la baja de las reservas en divisas, el déficit habitacional, el hacinamiento urbano forman parte del repertorio de tareas urgentes del último tramo del mandato presidencial. Los servicios públicos, el sistema de tarifas y subsidios, la insatisfacción lógica de los ciudadanos usuarios son un reto para el Gobierno.

Las demandas crecen, en parte como producto de nuevas necesidades. Hay reclamos de “segunda generación”. La estructura de clases es otra después de diez años, crecen las distancias entre los trabajadores formalizados y los informales cuya proporción lleva mucho tiempo cristalizada.

El ascenso social compartido se distribuyó de modo desparejo y tanto los más beneficiados como los relegados reclaman mejoras. Todos están en su derecho y es saludable la capacidad de protesta de la sociedad argentina. Algunas mejoras podrán insumir años. Otras, como la de tener suministro de energía eléctrica, no están en el piso de la ciudadanía sino por debajo de su subsuelo.

Los gobiernos democráticos están, por lo común, “condenados” a ser validados o relevados por sus desempeños, juzgados por el pueblo soberano. Podría decirse que el kirchnerismo se benefició por esta regla y ahora está puesto a prueba nuevamente.
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La protesta y el saludo: “No somos ni gremialistas ni piqueteros...” autorretrataba un insurrecto policial días atrás. Hablaba en medio de un reclamo sindical, ejercitando una medida de fuerza mucho más lesiva que casi todos los piquetes. E ilegal. La coherencia no sería su fuerte pero su mirada sociológica es interesante. La propensión nacional a la acción directa se expande: es un dato del siglo XXI. En el último cuarto del siglo anterior la dictadura y los arrasadores resultados de los gobiernos democráticos (algunos involuntarios, otros deliberados) apaciguaron bastante la proverbial capacidad de lucha de los argentinos. La era K las estimuló porque mejoró la posición, la autoestima y el poder de la mayoría de los estamentos sociales. Y generó las condiciones para que se tuvieran fe para salir a las calles o pugnar en las paritarias, con menos miedo que el habitual a la represión. Es saludable, aunque no siempre se ejercite con pleno equilibrio. Y no es sencillo administrar el conflicto, aunque se lo promueva en la praxis y se lo ensalce en el discurso.

Gobernar cualquier país en estos tiempos es una labor abrumadora y estresante. Se lleva puestos a muchos dirigentes incluso en países del centro del mundo. La Argentina no hace excepción, más bien al contrario.
El fin de año trae el agobio, carencias imbancables para miles de argentinos. También las Fiestas, las vacaciones masivas, el disfrute y el consumo amplificados. Nada es unívoco ni puede ser pintado en blanco y negro.

Una mínima tradición de esta columna es repetir a su modo una entrañable costumbre nacional: saludar a sus lectores. El cronista disfruta del privilegio de escribir en el medio que eligió y trata de ser consciente de los deberes que eso entraña, Agradecido por la compañía levanta la copa virtual y ofrece un brindis por un año en el que se satisfagan sus necesidades y sus mejores deseos.


Hechos y noticias
Por Mario Wainfeld


La pintura realizada en la nota central es sumaria y enfocada parcialmente. Su autor asume ese límite y se propone repararlo en parte en futuras columnas, si el verano concede una pausa en la actualidad candente. 

El cuadro general será, todo modo, insuficiente pero en menor medida... si hay suerte, laburo y destreza. Por caso, (se) promete hablar del contexto internacional y el sudamericano, elecciones inclusive. También de la irrupción del papa Francisco y de la pérdida de Hugo Chávez, líder regional difícil de sustituir. Ninguna reseña puede soslayarlos ni minimizar su influencia.

En las líneas que quedan se insinuará otra faceta de la realidad política, que también da para abordajes más extendidos.
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En horas de balance es común preguntarse cuáles fueron “las noticias del año”. Lo hacen los periodistas, de cajón, pero también se formula así en mesas de café, quinchos familiares o tertulias de trabajo. Es curioso aunque no parezca a primera vista porque se llaman “noticias” a los hechos. No son lo mismo ni es justa la preeminencia concedida a la difusión sobre lo real. Quizá sea una prueba de la influencia que tienen los medios en las percepciones de la gente del común y en su lenguaje.

Hace mucho tiempo que académicos e intelectuales discurren sobre la incidencia de los medios o respecto del poder de los conglomerados que dominan buena parte de la industria de la información, el esparcimiento y la comunicación en general. En Argentina, al menos, esas polémicas pasaron a ser menú frecuente de mucha gente de a pie en los últimos cuatro o cinco años. Es un avance significativo porque es imposible interpretar el funcionamiento de un sistema democrático sin reparar en el peso político de los poderes concentrados. Ni leer el panorama sin tener capacidad de analizar los mensajes que se emiten y descifrar la información, conociendo los intereses de las fuentes que la emiten.

Ese progreso adviene en un envoltorio tumultuoso, como suele ser la política doméstica. Produjo novedades notables, como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA). Un progreso institucional de buena factura, que coronó con la sentencia de la Corte Suprema de Justicia reconociendo su constitucionalidad resistida sin derecho ni razón por el Grupo Clarín.

El fallo, moroso en su gestación como es regla en los tribunales pero en este caso de excepción justo, tiene proyecciones que van mucho más allá del expediente. Preserva el derecho del Estado a regular la competencia, fija límites a la propiedad privada, considera a la información un bien social. Muchos gobiernos futuros podrán desempeñarse con más soltura bajo el paraguas de la LdSCA y su convalidación, mucho más allá de la esfera mediática.

Ah... y volviendo al principio de esta breve nota: también sería imperioso poder analizar con más detalle todo lo sucedido en el Poder Judicial este año en el que se abrió el debate en un universo hermético, sectario y afecto a la oscuridad. Y aristocrático como ningún otro poder del Estado.
Fuente:Pagina12





2014: posibilidades y restricciones
Durante 2013, se confirmaron las previsiones sobre un repunte del ciclo económico corto. 


Por: Eduardo Curia
Gracias a factores exógenos, la salida del agro de la sequía, y el aporte de algún otro elemento, como la obra pública. La inversión subió, y el consumo ratificó su activismo. El desempleo se mantuvo bajo, aunque la creación de empleo se centró en el sector estatal. 

De todos modos, la expansión debe habérselas con las gruesas limitantes en el horizonte que irradia el sector externo, muy agrietado, dado un fuerte retraso cambiario real, y sufriendo en el año un rudo drenaje de reservas internacionales. La restricción externa se instaló, y el cepo cambiario es una terapia disfuncional al respecto.  

A esta altura, las distorsiones que presenta la macroeconomía –sin olvidar otras más puntuales–, son profundas y de amplio alcance. 

Jugando la simbiosis entre el retraso cambiario y la alta inflación efectiva, como eje del sensible espectro. Por ende, la perspectiva para 2014 –extensible a 2015- dependerá visceralmente del tenor de la respuesta de las autoridades a aquellas distorsiones.

Como suelo decir, la severidad de la situación ameritaría una cirugía mayor, la que, claro, es, prima facie, contraindicada por obvios motivos políticos y sociales. Aquí tallan, entonces, los márgenes para  los ensayos gradualistas. Algunos planteos de las nuevas autoridades devenidas de los cambios ministeriales, más el accionar del Banco Central, dan un aliciente en el sentido de una disposición a usar esos márgenes. 

En este plano, lo clave del reto, radica en la delicadeza del cuadro de fondo. Intentos gradualistas que demoren mucho su implementación global, o desprovistos de rasgos básicos de cierta congruencia, seriedad y continuidad, quizás zafen al inicio de las contraindicaciones aludidas, pero, con el tiempo, pueden caer en la inocuidad y soportar mayores presiones de las “soluciones de mercado”, anárquicas y muy costosas. Hay un sutil combo de posibilidades, restricciones y asechanzas.   
Fuente:TiempoArgentino

2014, el año que viene
Volver al futuro
Por Adrián Murano

27.12.2013
Perspectivas, claves y desafíos económicos, políticos y sociales de la Argentina que está llegando.  

Dieciocho meses. Cuando esta revista esté en la calle, restarán dieciocho meses para que se disputen las candidaturas presidenciales en las PASO de 2015. Al calor –agobiante– de este diciembre cargado de tensiones y urgencias, el dato puede parecer irrelevante, hasta ofensivo. Pero el calendario político es implacable y el espacio temporal que media entre ahora y las primarias determinará cada movimiento político que ocurra en el año que llega, el 2014, el año que viviremos entre la conclusión de transformaciones en marcha, las llagas en carne viva de las asignaturas pendientes y la expectativa por lo que vendrá.
Pero primero, claro, habrá que pasar el verano. Y si se mantiene la inercia de este diciembre infernal, la temporada estival será pródiga en novedades políticas de esas que sacuden el tablero con efecto en el corto plazo, y más allá. Por rol, peso, costumbre y necesidad, el Gobierno retendrá la iniciativa desde la gestión con una agenda reclinada hacia la economía. El bolsillo, se sabe, es el órgano más sensible del homo electoralis.

Esa certeza, el derrape electoral de octubre y el bache que atraviesa el país en su extendido ciclo de crecimiento llevó a boxes al kirchnerismo para un cambio de piezas. Los retoques dispuestos por la presidenta Cristina Fernández aligeraron una maquinaria que venía desgastada por el paso del tiempo, averiada por decisiones desafortunadas y recargada de internas paralizantes. En noviembre salió a pista, entonces, un equipo económico más ligero, comandado por el Jefe de Gabinete Jorge Capitanich y el ministro Axel Kicillof, que en lo que lleva de rodaje expuso su ambiciosa hoja de ruta: capear la inflación, sostener el empleo, conjurar la amenaza cambiaria, equilibrar las cuentas fiscales y mantener el crecimiento. Un Dakar al cubo.
El elenco K jugará las simultáneas de ese ajedrez económico con una batería de medidas que, en esencia, ya se lanzó. El Gobierno afirma que la Argentina no vive un proceso inflacionario clásico, regido por la suba generalizada de precios, sino una larga puja distributiva que presiona al alza el valor de bienes, salarios e insumos varios. No miente, pero la diferencia resulta sutil para una sociedad sensibilizada por su trágica historia de hípers, corridas y depreciaciones salvajes del poder adquisitivo. Con esos antecedentes frescos en la memoria emotiva, es natural que las mayorías –y los sectores medios en particular– traduzcan cualquier escalada de precios como inflación, y actúen en consecuencia, alimentando la tormenta de la que se buscan cubrir. Y mientras tanto, claro, los formadores de precios pescan renta extraordinaria en ese río revuelto, esmerilando la recuperación del poder adquisitivo y empujando los lógicos reclamos paritarios de los trabajadores que, naturalmente, se niegan a sacrificar sus salarios en el altar de la “competitividad”.

En el último lustro, el Gobierno logró arbitrar en esa puja alentando el consumo, iniciador de la cascada virtuosa que le permitió al país superar la crisis internacional viviendo “con lo nuestro”, como propiciaba uno de los inspiradores del modelo, el profesor Aldo Ferrer. Hoy, sin embargo, hasta el mismo Ferrer dice que lo que sirvió para surfear la crisis externa puede transformarse en un ancla si el país no da el paso que va de la sustitución de las importaciones vía protección arancelaria a la sustitución por calidad y escala. El viejo sueño desarrollista que hasta acá no pudo superar el rango de utopía.
Para acelerar la agregación de valor en origen –portador sano de múltiples beneficios que van de la creación de empleo de calidad al desarrollo soberano y sustentable– el Gobierno anunció la inyección de 113 mil millones en crédito para la inversión productiva. A la cabeza de ese paquete está la ampliación del cupo en el programa que otorga fondos provenientes de depósitos existentes en bancos privados y estatales por un volumen total de 22 mil millones de pesos para el período enero-junio de 2014. La tasa de interés para esta línea de crédito pasará del 15 actual al 17,5% a partir de enero próximo, y el plazo mínimo de repago seguirá siendo de tres años. La cifra representa un incremento comparada con los $ 51 mil millones otorgados a pymes y grandes empresas en los tres semestres anteriores, y al igual que desde el inicio de este programa –fines de 2012–, el cupo que deberán cumplir los bancos es igual al 5% de los depósitos existentes a finales de noviembre de este año.

Esta política, instrumentada por el Banco Central, fue una de las maneras que en su momento encontró el Gobierno para movilizar fondos que dormían en las arcas de los bancos y que, por decisión comercial de las entidades, no eran transferidas al sector productivo. El bajo o nulo acceso al crédito por parte de las pymes –el sector que más empleo genera en el país– fue un histórico cepo al desarrollo de una industria nacional. La contracara de ese impedimento fue, precisamente, el crecimiento de la especulación financiera, un casino donde los apostadores se juegan la renta acumulada en períodos de bonanza y la banca, como es usual, siempre gana.

Para evitar que se repita la historia trágica de créditos blandos productivos que se pierden en la canaleta de la especulación, el Gobierno participa a la banca privada de este programa que, desde 2014, ampliará su oferta a grandes empresas e incluso a particulares que inviertan en construcción. Los ladrillos, claro, son dinamizadores naturales de la economía, y después de un primer semestre difícil en 2013, terminó el año con un repunte esperanzador.

Según un informe realizado por la consultora de comunicación Tandem Strategic Group, en el 2014 se consolidará la venta en pesos y el valor del metro cuadrado tenderá al alza. “El escenario cambió, las reglas del juego se modificaron y hoy día el mercado inmobiliario está mucho más concentrado y segmentado que años atrás. Lanzamiento por etapas, emprendimientos a gran escala y el surgimiento del comprador final fueron tres de las principales características que protagonizaron el 2013”, resumió la consultora en un detallado informe sobre el mercado de Real State. “Ahora bien, el 2014 tendrá al peso como moneda protagonista y el primer trimestre del año será clave para confirmar si el repunte de las ventas ocurridas entre los meses de octubre, noviembre y diciembre logra consolidar el presente del mercado”, concluyó Tandem Strategic Group.

Afectado en su momento por la restricción al acceso de dólares, el mercado inmobiliario cedió clientes a las concesionarias de autos de alta gama, que vivió una superprimavera de ventas gracias a una distorsión cambiaria que el Gobierno se propuso corregir aumentando el impuesto a la compra de bienes suntuosos. Abel Bomrad, presidente de la Asociación de Concesionarias (ACARA), admite que sentirán el impacto, aunque no dramatiza: “Estamos previendo para el año próximo una caída en la demanda, producto de la exigencia del Gobierno de limitar el 20% de las importaciones, y la suba impositiva del 30% y el 50% para las unidades de más de $ 170.000. Si bien es muy difícil hablar de números exactos porque dependerá de cómo se acomode el mercado a los nuevos impuestos, creemos que se colocarán entre 750.000 y 800.000 unidades. Es un mercado bueno, no es algo desesperante, pero genera un sentimiento encontrado luego de los niveles récord de los últimos años”. En este caso, como en cualquier nicho del mercado, será clave la recomposición salarial que los trabajadores obtengan en las paritarias que vienen. ¿Cómo mantener el poder adquisitivo sin estimular la natural tendencia empresaria a trasladar a precios el más mínimo impacto en su estructura de costos? El dilema no es nuevo. La novedad, en tal caso, es la decisión gubernamental de terciar en esta pulseada pensando más en moderar las expectativas inflacionarias que en estimular el consumo, lo que despertó especulaciones sobre porcentajes, pisos y techos que por ahora ningún actor convalidó.

Como suele ocurrir en los años previos a una elección presidencial, la economía reinará sobre la agenda política del 2014. Pero no será lo único que ocurrirá. La aplicación plena de la Ley de Medios, las posible reestructuración de las policías, la ampliación de derechos consagrados en el nuevo Código Civil y otras delicias de la vida política cotidiana como el internismo, las defecciones, las traiciones y los amores súbitos e inexplicables animarán un año sobre el que sólo se puede anticipar con certeza una cosa: no nos aburrirá .

Un año de acomodamientos
Por Ricardo Rouvier
Sociólogo
Restan dos años de mandato presidencial y todo gobierno le teme al debilitamiento cuando entra en su período final. Por eso, la atención se concentrará en mantener un gobierno firme. En 2014 estará en juego la solidez de la gobernabilidad, pero no la gobernabilidad, y se enfrentarán desafíos muy importantes en lo económico. La puja distributiva entre los trabajadores y los empresarios, donde el Estado deberá jugar un papel de árbitro, inteligente y fuerte, manteniendo la solidez de sus decisiones. Inteligente porque tiene que estar abierto a las mesas de negociación y de acuerdos económicos sociales. El Gobierno deberá tomar decisiones muy trascendentes en cuanto a las reservas, al tipo de cambio y a la inflación.
En cuanto a lo político, como la Presidenta no puede ser candidata, es obvio que cualquier postulante que tenga el kirchnerismo no será igual. Es una obviedad que merece ser elaborada, hay que metabolizarla. Habrá que ver si las PASO son el mecanismo de resolución de la sucesión. En general, 2014 será un año de fuertes acomodamientos y alineamientos políticos.

Tenemos que generar riqueza
Por Oscar Andreani
Presidente de OCA
El año 2013 resultó excelente. Crecimos en volumen y en facturación. Para 2014, en una economía con algunos avatares, esperamos crecer también en volumen y facturación. Políticamente va a ser un año convulsionado el 2014, pero la política es para los políticos. Los empresarios tenemos que generar riqueza y dar trabajo. Pero esto no puede influir en el aspecto empresarial. Cada uno en su empresa debe seguir trabajando como si fuera el día siguiente. La política pasa y las empresas quedan.

Profundizar la distribución de la riqueza
Por Beto Pianelli
Metrodelegado
Un desafío importante que se plantea es profundizar la distribución de la riqueza. Para eso se debe frenar esta escalada que impusieron los formadores de precios y después que haya una buena paritaria para poder recomponer los salarios. Profundizar la distribución tiene que ver también con el rol que vaya a jugar el Estado en la recuperación de empresas que en algún momento fueron públicas, como fue dándose con el Correo Argentino, Obras Sanitarias, Aerolíneas Argentinas e YPF. Pero todavía padecemos el pésimo servicio que ofrecen las que siguen en manos privadas. En estos días lo sufrimos con el caso de las empresas eléctricas y los cortes de luz. También se planea como desafío avanzar en la democratización de las fuerzas de seguridad. Hay una estructura provincial que lo único que hace es administrar los ilícitos, siendo a la vez parte. Es necesario también que cuenten con condiciones salariales y laborales dignas. El gran problema de la clase trabajadora argentina es que los sectores que tienen salarios magros son los que están en negro y sufren la precarización laboral. Será responsabilidad de los sindicatos enfrentar ese problema e imponer en las paritarias cláusulas que impidan ciertas prácticas patronales.

Candidaturas a la cabeza
Por Sergio De Piero
Politólogo
El año empieza discutiendo candidaturas. Que Cristina haya negado una supuesta candidatura india que ella sigue marcando el territorio  y ni siquiera los ultrakirchneristas pueden hablar por ella. CFK va a jugar planteando la posibilidad de que las candidaturas se definan a través de las PASO. Ella no tiene el dedo de oro para definir al candidato e irá abriendo puertas a ver quién ocupa ese lugar. Por ahora varios candidatos se siguen planteando como continuadores del kirchnerismo. En cuanto a la oposición, es difícil ver por fuera del peronismo quién logrará acaparar al electorado. Los radicales parecen estar decididos a no hacer un frente y Macri tiene un gran problema: Massa, que le está comiendo el discurso y el electorado. 

Nuevos desafíos externos
Ramiro Castiñeira
Economista Jefe de Econométrica
El primer gran desafío que se le plantea a la economía argentina en 2014 tiene que ver con el sector externo ya que el viento de cola que estamos acostumbrados a que nos empuje se empieza a poner de frente. No es para asustarse, pero ya no tenemos las condiciones favorables de los últimos diez años. Estados Unidos está reviendo su política monetaria y disminuye su ritmo mensual de compra de manera notoria.

A su vez, Brasil muestra más ganas de ajustar que de crecer. En tanto que la soja tiene más ganas de bajar que de subir. Todo esto hace que el escenario cambie y por lo tanto, si la Argentina consigue mantener durante el 2014 el mismo nivel de exportación que este año, ya es todo un logro.

Cuidar los dólares y principalmente el nivel de las reservas va a ser un gran desafío para el 2014. Los pagos de la deuda van a insumir casi 6.000 millones de dólares.

Con respecto a la inflación, el acuerdo de precios que estableció el Gobierno con el sector de la
alimentación puede ayudar a ganar tiempo. Pero si ese tiempo no se ocupa en encarrilar la macroeconomía, la inflación que no se dio antes aparece después. 

Reordenar la macroeconomía en lo que tiene que ver con el déficit fiscal y el atraso cambiario y hacerlo en un contexto de crecimiento será un gran desafío para las autoridades económicas el año que viene.
Una nueva etapa de vinculación
Agustín Rossi
Ministro de Defensa
Hace casi siete meses la presidenta Cristina Fernández de Kirchner me convocó para integrar el gabinete como ministro de Defensa. Entonces trazó un objetivo que marca nuestra gestión y desafía a todos los argentinos: abrir una nueva etapa de vinculación entre la sociedad civil y las Fuerzas Armadas, para integrarlas definitivamente a un proyecto de Nación. 

Desde ese momento, nuestra gestión se dedicó a fortalecer los puentes entre el mundo militar y el pueblo argentino. Uno de ellos es la Industria para la Defensa. Estamos convencidos de que la ciencia, la tecnología y la producción para la Defensa pueden constituirse en verdaderos puntales para el desarrollo nacional. Otro puente que vincula a las FF.AA. con la sociedad es el accionar militar en situaciones de emergencia. Lo vimos durante las inundaciones de La Plata, en la tragedia de Rosario y en los incendios forestales de Yacanto. 

El trabajo de nuestros militares en operaciones de paz de Naciones Unidas es otro eje privilegiado, junto con los programas específicos para que todos los soldados voluntarios terminen sus estudios secundarios y se capaciten en oficios. Ahora nos encaminamos hacia un nuevo objetivo: la Universidad de la Defensa. También estamos trabajando en mejorar la infraestructura y el equipamiento de los quince hospitales militares del país y en unificar las obras sociales de cada una de las fuerzas.  

El trabajo de vigilancia y control aeroespacial y de fronteras terrestres y marítimas se suma a lo realizado, junto a la tarea logística en la Antártida Argentina. Todo sin renunciar a lo actuado en materia de derechos humanos. Para constatar este compromiso recordemos el reciente hallazgo de documentación original de la dictadura militar en el Edificio Cóndor. 

Como vemos, los objetivos son diversos pero la meta es una sola. No queremos Fuerzas Armadas marginadas del enorme desafío de diseñar una Patria para todos, ni que sean meras espectadoras en la construcción de la Nación. Queremos Fuerzas Armadas comprometidas con la democracia. 
Suelo decir siempre en mis permanentes visitas a las unidades del interior del país que en estos 30 años de democracia se habló mucho de la cuestión militar y poco de la política de defensa. Los argentinos nos debemos este debate.
El futuro ya llegó
Por Carlos Tomada
Ministro de Trabajo
Como dicen Los Redondos, el futuro llegó hace rato. No es que me esté convirtiendo en comentarista de rock. Pero esta frase cae como anillo al dedo para definir la actual estructura laboral de la Argentina. En 2008 comenzamos a poner el esfuerzo en el empleo del futuro. O aunque suene a juego de palabras ocuparnos del futuro con el empleo. No fue una tarea solitaria. Porque la gran mayoría tomó como suya la propuesta de Néstor Kirchner. Poner el trabajo en el centro de las políticas públicas fue el resultado natural de las expectativas de quienes tenían un pensamiento nacional y popular. Todas las frustraciones del pasado nos convencían de que el motor de la economía no eran las especulaciones ni el “financierismo” sino el trabajo.

A veces pienso que algunos analistas creen que el empleo que se creó en estos años nació mágicamente, no de claras decisiones y de opciones político técnicas que los gurús cuestionaban. O, lo que es peor, quieren que creamos eso. Se olvidan de dónde venimos. Pensemos que en plena crisis mundial –mientras muchos países aumentan o luchan con su desempleo– nosotros nos mantenemos alrededor del 7%.

Así como no es bueno estacionarse en el pasado, tampoco lo es hacerlo en el presente. Porque los argentinos estamos construyendo futuro. Nos hemos planteado un plan que llega hasta el 2015, con la creación de 300 mil puestos por año a través de créditos e incentivos. Una meta alcanzable. Que no lo dice sólo la propuesta de un gobierno. Lo expresa un país que en 10 años generó 6 millones de empleos. También lo manifiesta una Argentina que está entrando en otra etapa de combate final contra la informalidad laboral. Para que no sólo quede atrás el casi 50% que encontramos en 2003, sino también este 34,6 de hoy.

Con un proyecto integral y abarcador. Todo esto sumado a la capacitación, a la lucha contra el trabajo infantil y a la ampliación de derechos de colectivos laborales largamente olvidados, al desarrollo de paritarias con una fuerte decisión de controlar los precios más la vigencia del Consejo del Salario Mínimo, nos dan la pauta de hacia dónde vamos.

Como dijimos, el futuro ya llegó. Hacia atrás quedan logros fundamentales para los trabajadores, el crecimiento y la competitividad. Hacia adelante, los desafíos. Esos que hay que enfrentar como pendientes. Que tienen que ver con más empleo. Con el poder de los salarios. Con seguir ampliando derechos. Y con profundizar la inclusión.

Seguridad y precios, en la mira
Por Analía del Franco
Directora de Analogías
En lo que respecta a la opinión pública, las expectativas para el 2014 siguen siendo las mismas con las que cerramos el año. Se observan dos problemas: estabilizar el tema de la seguridad y el de la inflación o aumento de precios. También, la renovación del Gabinete y la apertura de las paritarias estarán presentes. El 2014, sin duda, será un año de importantes demandas tanto para el Gobierno nacional como para los provinciales.
Al no haber elecciones, lo político será secundario, aunque estará estimulado por los medios y por los dirigentes que ya se referencian como candidatos. En ese marco, la mirada estará puesta sobre Cristina Fernández, sobre el desempeño del Gobierno y sobre el nuevo gerenciamiento que se instaló.
Sustituir importaciones 
Por Oscar Romero
Dirigente SMATA y diputado FPV
Disminuir el trabajo en negro es el gran desafío que todos aquellos que estamos involucrados en el ámbito laboral tendríamos que plantearnos para el 2014. Vivimos una realidad en la que al menos uno de cada tres trabajadores está fuera del sistema legal de trabajo. Atacar este problema es una tarea que nos corresponde tanto a los sindicatos, como a los empresarios y el Estado.
Con respecto a nuestro sector en particular, el gran desafío es lograr una mayor competitividad para poder profundizar la política de sustitución de importaciones y que de esa manera la gran actividad que mueve la industria automotriz se traduzca en nuevas pymes de capital nacional, que a su vez generen nuevos puestos de trabajo en nuestro país.
Más obras, más trabajo
Por Gustavo Weiss
Presidente de la CAC
La industria de la construcción está completando un año positivo, ha venido creciendo en un nivel más que aceptable que calculamos que será superior al 5% anual  y con buenos niveles de ejecución de las grandes obras públicas. Hay dos grandes ejes impulsados por el Gobierno nacional que son los que movilizan de manera sostenida nuestro sector. Por un lado el avance y la implementación de las distintas etapas del programa Procrear para la construcción de nuevas viviendas, para aquellos que tengan un terreno donde realizarlas. El otro gran eje es el Plan Federal de Viviendas de la Secretaría de Obras Públicas que el secretario José Lopez desarrolla de manera permanente junto a intendentes y gobernadores de todo el país.

Vislumbrando el año próximo, prevemos mantenernos en estos mismos niveles de incrementos, incorporando cada vez más trabajadores a la actividad. Es mucho lo realizado hasta el momento pero tenemos que hacer muchas más escuelas, caminos, puertos, fábricas, hospitales, viviendas, etc. 

Las expectativas de crecimiento son buenas  y están avaladas en diferentes indicadores, por ejemplo el cemento, y que va a finalizar este año con un nivel de producción récord. Esta venta será acompañada por un comportamiento similar en el resto de los materiales. Esto es algo que impacta de manera directa en más trabajo para todo el sector.
Se continuará creciendo
Por Walter Steiner
Presidente de Zanella
Basados en el comportamiento histórico del mercado, que aumenta en mayor proporción que el PBI, y en los estudios de distintos economistas que predican con un aumento de este índice, sostenemos que el mercado seguirá creciendo. A nuestras plantas de Caseros (provincia de Buenos Aires), Cruz del Eje (Córdoba), San Luis y la recientemente inaugurada planta en Mar del Plata, posiblemente se sume una nueva en el Gran Buenos Aires. Seguiremos proveyendo al mercado de utilitarios de 3 ruedas y lanzaremos el primer scooter eléctrico del país. Zanella seguirá apostando y cree que con esfuerzo, tenacidad y dedicación se puede lograr el objetivo de ser el fabricante que ofrezca una moto para cada necesidad.

Volver a los mercados 
Por Cristiano Rattazzi
Presidente de Fiat Argentina
El balance del 2013 es buenísimo. Me despido como presidente de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) con récord de producción, récord de exportación y de ventas en el mercado interno. Si bien tengo algunas inquietudes como la inflación, que me preocupa hace ocho años, pero que se hable de eso es una buena señal. La Argentina tiene que volver a los mercados de crédito, me parece bien el acuerdo con el CIADI, pero es necesario cerrar con el Club de París, eso trae inversiones y estabilidad institucional. La integración nacional crecerá cuando hagamos un acuerdo de libre comercio con Europa, cuando podamos ser más competitivos y exportemos a México, van a estar más estabilizados los mercados a los que vendamos y no vamos a depender sólo de Brasil. Si bien hay que reconocer el hecho de que los activos argentinos hayan subido, muestra que hay un clima positivo hacia la Argentina en general.

Volver a ser razonables 
Por Gabriela Michetti
Senadora Nacional (PRO)
Hace casi treinta años, Borges escribía “hombres del centro de Europa...han tomado la extraña resolución de ser razonables…” ¿Podremos volvernos razonables en el 2014? En primer lugar, necesitaríamos reconocer la realidad. Resulta paradójico que habiendo experimentado los estragos de la inflación, aún no hayamos aprendido que es la máquina de generar pobreza. Y asumo que reducir la pobreza es la primera de todas las responsabilidades de un gobierno. Reconocer la realidad impactaría en un sinnúmero de otras áreas críticas. Señalar sólo una que debe estar al tope de prioridades, es la educación. Hoy la mitad de nuestros chicos, no entienden lo que leen. ¿Qué educación les podemos dejar con esos índices? ¿Y qué futuro? 

Volviendo a la idea de Borges, cuando pienso en ser razonables, no estoy pensando sólo en el gobierno sino también en la oposición. El gobierno debiera reconocer que tiene problemas importantes, muchos de los cuales los ha creado él mismo. Pero la oposición, debe reconocer que el gobierno también ha hecho cosas bien. ¿Tan difícil es? ¿La vanidad de los dirigentes está por encima de millones de argentinos en problemas? Ojalá que podamos, como decía en Los Conjurados, “olvidar las diferencias y acentuar las afinidades”. El futuro llegó hace rato.
Paritarias y unidad sindical
Por Andrés Rodríguez
Secretario general UPCN
Las paritarias serán el desafío más grande que nos espera para el año que viene. Pero de acá a marzo –cuando comienza a discutirse en serio– va a correr mucha agua bajo el puente. Puede suceder que las medidas que viene tomando el Gobierno permitan que se aquieten las aguas y que eso genere un marco de contención mucho más firme. El sector provincial posiblemente sea el que tenga una complicación mayor. A partir de noviembre hubo una remarcación fuerte de precios. Esperemos que el acuerdo genere un clima mejor para iniciar paritarias. La unidad sindical es otro de los desafíos que los dirigentes tenemos por delante. La dispersión se va a seguir manteniendo hasta que el peronismo resuelva su fórmula para el 2015.

El eje en el empleo
Por Omar Plaini
Diputado Nacional 
El desafío para 2014 es encontrar mesas de diálogo y consenso donde poder resolver los temas estructurales del país. En materia sindical, vamos a tener un año complicado en las negociaciones colectivas producto del conflicto con las fuerzas de seguridad y del aumento desmedido de precios.
Los legisladores del movimiento obrero también debemos estar atentos a estimular y promover aquellos proyectos que estimulen la generación de empleo. Pero, sin duda, el desafío mayor será cambiar la lógica de diálogo político que se instaló en la Argentina hace algunos años, donde si no pensás igual pasás a ser enemigo o antimodelo. 
Cruzado por 2015
Por Roberto Bacman
Director de CEOP
Hay tres grandes expectativas. La económica, la inseguridad, que fue uno de los factores que influyeron en el resultado adverso que tuvo el gobierno en la provincia de Buenos Aires, y la política. Por más que sea un año de transición, Cristina dijo que no va a ser candidata, por lo cual el 2014 va a estar cruzado por el 2015. ¿Cómo se va a adaptar el kirchnerismo a una elección sin el apellido Kirchner por primera vez en más de 10 años? ¿Habrá un candidato oficial? ¿Qué pasará con Scioli y con Capitanich? ¿Massa peleará la interna peronista? ¿Qué hará Macri? ¿Habrá un acuerdo entre la UCR y el FAP? Y mientras tanto, la Argentina deberá revisar las asignaturas pendientes en temas de energía y transporte.
Fuente:Veintitres

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